¿Masoquismo o ignorancia? Por Cristina Bajo

En 1861, tras el retiro de Justo José de Urquiza en Pavón, Bartolomé Mitre se apoderó del gobierno nacional, que trasladó a la ciudad Buenos Aires, y se dispuso a someter a las provincias. A aquéllas en las que era fuerte el sentimiento federal, envió ejércitos de ocupación con instrucciones de reducirlas por la fuerza.

En Córdoba, la represión estuvo a cargo de Wenceslao Paunero, quien se acantonó en las afueras de la ciudad y obligó a la Legislatura, el 16 de diciembre, a designar como gobernador al tucumano Marcos Paz. El 28 de enero de 1862, Paunero en persona lo reemplazó. Desde el gobierno, persiguió a los auténticos federales y llegó a separar de sus cátedras universitarias a conspicuos profesores, como Clemente Villada, Jerónimo Cortés, Clodomiro Oliva y Marcos Figueroa, y hasta le quitó la jubilación al doctor José Severo de Olmos, ex ministro de la Nación.

Esas arbitrariedades, sumadas a la presencia amenazante del ejército porteño, no hicieron sino exacerbar los ánimos. Una fracción del entonces Partido Liberal logró imponer la convocatoria a elecciones y obtuvo el triunfo del doctor Justiniano Posse, quien asumió el 16 de marzo. Paunero lo hostilizó de mil maneras, pero, por fortuna, en julio se retiró a Villa Nueva, donde permaneció hasta fines de 1862.

Derrotas de “el Chacho”. Durante el gobierno de Mitre, los levantamientos en las provincias fueron constantes, como también su represión a sangre y fuego. El régimen de terror impuesto por las tropas de ocupación provocó reacciones en varias de ellas. Desde La Rioja, se levantó el general Ángel Vicente Peñaloza, antiguo federal antirrosista, más conocido como “el Chacho”. Tras varios encuentros con las fuerzas mitristas, se logró un acuerdo de paz en La Banderita, el 29 de mayo de 1862, gracias a la intervención del rector de la Universidad de Córdoba, doctor Eusebio de Bedoya.

La feroz persecución que le hizo el gobernador de San Juan, Domingo Faustino Sarmiento, llevó al “Chacho” a retomar las armas y el 20 de mayo de 1863 se enfrentó en Lomas Blancas con el coronel uruguayo Ambrosio Sandes, que lo derrotó.

El 10 de junio de 1863 se produjo en Córdoba una revolución contra el gobernador Posse, encabezada por el federal Simón Luengo, que designó gobernador a José Pío Achával.

Peñaloza marchó hasta aquí en apoyo de este último y el 13 de junio entró en la ciudad, donde fue recibido con alborozo. Paunero vino en su búsqueda y el 28 de ese mes se enfrentaron en Las Playas, lugar donde en la actualidad está la Fábrica Argentina de Aviones (Fadea).

El combate fue encarnizado y “el Chacho” cayó otra vez y debió huir a San Luis. Las crueldades cometidas en esa ocasión por el coronel Sandes se inscriben entre las páginas más siniestras de nuestra historia. Terminada la batalla, hizo ejecutar a los oficiales, dejó los cadáveres allí tirados y llevó a pie a los prisioneros hasta el Bajo de López (hoy barrio General Paz), donde mandó a degollar a 80 jóvenes, en su mayoría estudiantes universitarios que se habían ofrecido como voluntarios.

Otra vez sería vencido Peñaloza el 30 de octubre en Puntilla del Caucete, San Juan, por el mayor Pablo Irrazábal, tras lo cual “el Chacho” se refugió en el pueblo riojano de Olta. Hasta allí lo persiguieron y, luego de apresarlo, Irrazábal lo asesinó a sangre fría de un lanzazo. Su cadáver fue vejado y su cabeza expuesta por ocho días en la plaza de Olta. Su mujer fue robada y humillada, mientras Sarmiento y Paunero aplaudían y celebraban el crimen.

En nuestra provincia, en tanto, la presión de Paunero contra Posse se volvió insoportable. El 17 de julio de 1863, el gobernador se vio obligado a renunciar, denunciando la actitud del “hombre que hoy humilla a Córdoba”. El invasor era consecuente con las disposiciones de su jefe Mitre, para quien los “13 ranchos” no merecían sino ser humillados.

En carta a Marcos Paz, el 10 de enero de 1862, le decía: “Por aquí todo va bien. Corrientes se puso a mi entera disposición y creo que pronto imitará el ejemplo de Córdoba, que se humilla cada día más y, como el Divino redentor (en lo humano, no en lo divino) pone la mejilla izquierda cuando le pegan en la derecha”.

Otra vez un gobernador se vería obligado a renunciar a su cargo a causa de Paunero y Mitre. El 3 de noviembre de 1863 debió dejar la gobernación Benigno Ocampo –a pesar de haber sido elegido por influencia de Paunero–, por haber pedido a Mitre que el ejército porteño se retirara de la provincia.

Mitre mandó nuevamente invadir a Córdoba en 1867. Esta vez fue su procónsul José Miguel Arredondo –también uruguayo, como Paunero y Sandes–, quien llegó al extremo de interrumpir una sesión de la Legislatura en la que debía elegirse gobernador; la disolvió y designó una nueva de su agrado, con la que logró imponer el nombramiento del mitrista Félix de la Peña.

Por masoquismo o por ignorancia, dos calles de nuestra ciudad llevan los nombres del hombre que nos humilló y de la batalla en que nos derrotó, luego de la cual fueron asesinados tantos conciudadanos. El 28 de diciembre de 2005 solicitamos por nota al entonces viceintendente Daniel Giacomino el cambio de los nombres de las calles hoy llamadas Wenceslao Paunero y Las Playas. Nunca merecimos una respuesta

Solicitamos en 2005 el cambio de nombre de las calles Wenceslao Paunero y Las Playas, que humillan la historia de Córdoba. No tuvimos respuesta.

Cristina Bajo.

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