GENERACIÓN ARGENTINA DE 1940

RESUMEN INTRODUCTORIO

La generación argentina de 1940 -la de los nacidos entre 1888 y 1902- fue la de mayores riquezas individuales de nuestra historia: pensadores, escritores, artistas, políticos, juristas, economistas. Esta generación fue la protagonista de una gran transformación económico-social, de la revalorización de nuestras raíces culturales, consagró el revisionismo histórico. Tuvo a la justicia social como su valor dominante, acompañado por la soberanía integral, en lo político-económico y en lo cultural. Muy especialmente la década del 40 fue de esplendor para la música popular rioplatense.

Sin embargo, esta generación no alcanzó a completar su ciclo histórico, su misión quedó trunca. Los graves sucesos de 1954 y 1955 marcan una fractura que signa a la Argentina por casi tres décadas. Este trabajo es un ensayo de reflexión e interpretación sobre las luces y sombras de un período crucial de nuestra historia.

INTRODUCCIÓN

El año del Libertador General San Martín -1950- fue de plenitud histórica. Es cierto que desde el punto de vista económico habían surgido nubarrones en el horizonte, pero el pueblo argentino gozaba mayoritariamente de un alto nivel de vida, confiaba en el liderazgo carismático de Perón y Evita, se multiplicaban las obras públicas con contenido social (hospitales, viviendas, escuelas, hogares de niños y ancianos) y, sobre todo, se sentía el inmenso orgullo de la argentinidad. El país crecía, distribuía sus riquezas, tenía una lúcida política internacional, y en múltiples manifestaciones culturales afianzaba su sentir nacional: la década del 40 fue de oro para la música nacional, el cine y el deporte, y el revisionismo histórico avanzaba en forma vertiginosa a través de la infatigable labor de historiadores y ensayistas. Así lo registro en mi memoria (en 1950 ingresé en la escuela secundaria), pero lo confirmo a través de la investigación histórica.

A partir de 1940, y muy especialmente en 1943, se advierte el decidido paso al primer plano del protagonismo histórico de la generación Xª de la historia argentina, de acuerdo a la cronología propuesta por Jaime Perriaux, inspirado en el pensamiento de José Ortega y Gasset(1). La generación Xª es la de los nacidos entre 1888 y 1902, tiene su etapa de formación entre 1910 y 1925 (“juventud de la generación”), la de gestación entre 1925 y 1940 y la de gestión entre 1940 y 1955. Dejo constancia de que, salvo expresa aclaración, los protagonistas aquí nombrados pertenecen a la generación Xª. También en algunos casos considero como pertenecientes a esta generación a hombres nacidos en 1887 (Edelmiro J. Farrell, Armando Discépolo y Xul Solar) y a otros nacidos en 1903 (Juan Atilio Bramuglia, Antonio Benítez, Luis Gay y Eduardo Mallea), dado que según el criterio de análisis generacional, el año “fronterizo” entre una y otra generación es difuso, de transición: no se trata de un criterio cuantitativo sino cualitativo, de adhesión a determinadas ideas-fuerza y de una sensibilidad vital compartida(2). No tendré en cuenta para el criterio generacional a los extranjeros aquí citados, salvo que hayan residido en forma permanente en la Argentina, pues este método supone compartir no sólo el tiempo histórico, la coetaneidad, sino también un mismo ámbito geográfico. De cualquier modo es interesante señalar a latinoamericanos con una similar “sensibilidad vital” a la de Juan Domingo Perón: el peruano Víctor Manuel Haya de la Torre y el ecuatoriano José María Velazco Ibarra, que son de su misma generación (Haya de la Torre nació el mismo año que Perón, 1895, y Velazco Ibarra en 1893).

Esta generación, a mi entender la de mayor riqueza en individualidades de la historia argentina, es valorada en su etapa juvenil o de formación por Ortega y Gasset, quien en 1924 decía que sus mayores esperanzas estaban puestas en la juventud argentina -más aún que en la española-, aunque percibe en ella falta de disciplina y rigor mental. Decía así Ortega: “Son ustedes más sensibles que precisos y mientras esto no varíe, dependerán íntegramente de Europa en el orden intelectual”(3). Afirma más adelante que la nueva generación necesita completar sus magníficas potencias con una rigurosa disciplina mental. Tras su segundo viaje a la Argentina en 1928 -finales de la presidencia de Marcelo T. de Alvear- escribe en un breve ensayo: “Me he estremecido al pasar junto a una posibilidad de alta historia y óptima humanidad con tantos quilates como la Argentina”(4).

Efectuando una rápida ojeada sobre la juventud argentina de 1924, en la cual Ortega depositaba tantas esperanzas, nos encontramos con los siguientes nombres (señalo la edad en 1924): los filósofos Carlos Astrada (30), Tomás Casares (29), César Pico (29), Nimio de Anquín (29), Leonardo Castellani (25), Ángel Vasallo (22), Luis Farré (22). Entre los pedagogos, Celia Ortiz de Montoya (29), Juan Emilio Cassani (28), Juan Mantovani (26). Entre los escritores del grupo denominado “Florida”, Jorge Luis Borges (24), Francisco Luis Bernárdez (24), Eduardo González Lanuza (24), Leopoldo Maréchal (24), Eduardo Mallea (21). Entre los del grupo “Boedo”, Roberto Arlt (24), Armando Cascella (24), Nicolás Olivari (24), Leonidas Barletta (22). Historiadores como Rodolfo Irazusta (27), Julio Irazusta (25), Ernesto Palacio (24). Volviendo a escritores y ensayistas: Ezequiel Martínez Estrada (29), Raúl Scalabrini Ortiz (26), Arturo Jauretche (23). Un poeta popular como Enrique Santos Discépolo (23). Políticos como Gabriel del Mazo (26), Arturo Illia (24), Vicente Solano Lima (23), Crisólogo Larralde (22). Militares que tuvieron gran trascendencia política, como Juan Domingo Perón (29), Eduardo Lonardi (28), Domingo A. Mercante (26). Economistas: Federico Pinedo (29) y Raúl Prebisch (23). Periodistas: Alberto Gainza Paz (25) y Roberto Noble (22). Artistas plásticos: Aquiles Badi (30), Héctor Basaldúa (29), Lino Spilimbergo (28), Horacio Butler (27), Enrique Policastro (26), Ramón Gómez Cornet (26), Raquel Forner (22), Demetrio Urruchúa (22). Músicos como Juan José Castro (29) y Luis Gianneo (27). Dejo constancia de que sólo consideré algunos de los más representativos de los nacidos entre 1894 y 1902, dejando de lado a los que en ese entonces tenían más de treinta años (nacidos entre 1888 y 1893). La nómina completa podrá consultarse en la cronología que anexo, que incluye a los grandes cultores de la música popular rioplatense.

IDEAS-FUERZA DE LA GENERACIÓN Xª
Idea-fuerza es la conjunción de ideas, sentimientos y acción que dan sentido al destino de una comunidad. ¿Cuáles fueron las ideas-fuerza comunes a la generación Xª, o a la mayor parte de ella? A mi entender: el estatismo, el nacionalismo económico y cultural, la justicia social, la soberanía política, la revolución estética, la renovación del catolicismo, la revalorización del pensar filosófico y el anti-liberalismo.

ESTATISMO: la valoración eminente del Estado como impulsor principal de las necesarias transformaciones económico-sociales. Ortega y Gasset, con su fina percepción, ya lo había destacado en su visita del último trimestre de 1928 a la Argentina. Decía que le sorprendía el grado de madurez que había alcanzado entre nosotros la idea del Estado, al mismo tiempo que alertaba contra los peligros del intervencionismo estatal(5). Un destacado político conservador, Manuel Fresco, gobernador de la provincia de Buenos Aires entre 1936 y 1940, resumía así la concepción estatista en discurso a la Legislatura de la provincia, en 1937:

“Viejos conceptos liberales que han entrado en crisis ante la complejidad creciente de la vida social contemporánea, pugnan por sobrevivir, y sirven de argumento para organizar la resistencia encubierta o expresa contra la intervención cada día más vasta, cada día más urgente del Estado en las diversas manifestaciones de la actividad social.”(6)

Los vientos que corrían en el mundo eran estatistas y no sólo en los regímenes totalitarios como el nacional-socialismo alemán, el fascismo italiano y el comunismo soviético, sino en los mismos Estados Unidos, con el “New Deal” del presidente Franklin Roosevelt. El intervencionismo estatal llegará a sus extremos en Argentina a partir de 1943 con la creación de la Secretaría de Trabajo y Previsión, y el Consejo Nacional de Posguerra en 1944. Se sucederán la legislación laboral, la nacionalización del Banco Central, de los ferrocarriles y empresas telefónicas, la creación de Gas del Estado y de Aerolíneas Argentinas, del Banco Industrial y del I.A.P.I., todos jalones sucesivos de un fuerte estatismo, que en parte al menos había sido precedido por el pensamiento y la acción de Federico Pinedo como Ministro de Hacienda de Agustín P. Justo y Ramón S. Castillo (ambos de la generación IXª). La diferencia fundamental entre Perón y Pinedo está, sin duda, en que el primero apuntaba a la independencia económica, mientras que la posición de Pinedo era la respuesta coyuntural a la crisis de 1929 primero y luego a la Segunda Guerra Mundial, y a la necesidad de ubicar a la Argentina en un realineamiento de fuerzas a nivel internacional.

INDUSTRIALISMO: el despegue industrial o “take-off”, de acuerdo a la terminología de Walt W. Rostow(7), se desarrolla en Argentina entre 1933 y 1952, es decir que abarca dos generaciones, la IXª y la Xª, con sus epónimos los generales Agustín P. Justo y Juan D. Perón. Pero es con este último, entre 1944 y 1955, que la industrialización es asumida en forma planificada y con decisión política, al servicio de la justicia social y la plena ocupación. La figura clave del proceso de industrialización es el general Manuel Savio, gran impulsor de la siderurgia desde Fabricaciones Militares, y cuyas ideas fueron asumidas por Perón desde la presidencia, y por el Congreso Nacional que en 1947 convierte en ley el Plan Siderúrgico Argentino.

NACIONALISMO ECONÓMICO: en la década de 1930, y muy especialmente a partir del gobierno del general Justo, se desarrolla un vigoroso pensamiento económico nacionalista. Ya en 1931 Raúl Scalabrini Ortiz escribía:

“Dos fuerzas convergentes en su punto de aplicación, pero divergentes en la dirección de sus provechos apuntalan la prosperidad del país. Una es la tierra y lo que a ella está anexado y es su índice, otra, el capital extranjero que la subordina y explota”(8), y continúa más adelante: “Ahora estamos frente a una soberbia peor, el capital extranjero está en el poder”. Esto lo escribía Scalabrini siendo presidente provisional el general José Félix Uriburu (generación VIIIª), jefe triunfante de la sublevación del 6 de septiembre de 1930 que derrocó a don Hipólito Yrigoyen (generación VIIª). Esta asonada, que según algunos analistas “olía a petróleo”, habría sido impulsada por la Standard Oil norteamericana, como reacción ante el proyecto de nacionalización del petróleo de Yrigoyen(9). El gobierno de Uriburu marca un intento de fortalecimiento de los intereses de Estados Unidos en la Argentina, en primer lugar porque no se sigue adelante con la iniciativa de nacionalizar el petróleo, y además, por la Ley de Vialidad Nacional que posibilitó la construcción de una gran red caminera nacional que favorecía a Estados Unidos y perjudicaba a Gran Bretaña(10).

A partir del gobierno del general Justo la balanza de la lucha entre los imperialismos por prevalecer en nuestra patria, iniciada en las postrimerías de la Primera Guerra Mundial, se vuelca netamente a favor de los ingleses. El pacto Roca-Runciman de 1933, la creación de Juntas Reguladoras de la Producción Agropecuaria, la creación del Banco Central en 1935, la Ley de Coordinación de Transportes, constituyen en conjunto lo que Arturo Jauretche denominó “El Estatuto del Coloniaje”. Jauretche y Scalabrini participaron activamente en el levantamiento cívico-militar radical de Paso de los Libres a fines de 1933; el primero va a prisión y el segundo al exilio en Europa. Desde la cárcel, Jauretche escribe versos al estilo hernandiano, que son publicados en 1934, donde dice:

“y así metiéndose van
estas nuevas invasiones;
el oro de otras naciones
hace conquistas sin guerra
y aura ocurre que en la tierra
hay pueblo que están de piones
[…]
a la patria se la llevan
con yanquis y con ingleses,
al pueblo mal le parece
pero se hacen los que no oyen.
¡Desde que falta Yrigoyen
la han sacado de sus trece!”(11)

También en 1934 los hermanos Rodolfo y Julio Irazusta publican un libro clave: La Argentina y el Imperialismo Británico. Eslabones de una cadena, que marca una lúcida denuncia del imperialismo británico y al mismo tiempo siembra las semillas del revisionismo histórico. Scalabrini Ortiz, a su regreso de Europa, inicia una infatigable tarea a través de artículos periodísticos, conferencias y los célebres cuadernos de F.O.R.J.A., que luego son recogidos en dos libros fundamentales: Política Británica en el Río de la Plata, e Historia de los Ferrocarriles Argentinos, ambos de 1940. F.O.R.J.A. (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina) surge como una disidencia interna dentro del radicalismo, un grupo juvenil disconforme con la conducción de Marcelo T. de Alvear, que llevaba a alguna forma de acuerdo con el gobierno de Justo a través del levantamiento de la abstención electoral. El 3 de enero de 1935 la U.C.R. levanta la abstención y el 29 de junio del mismo año se realiza la asamblea constitutiva de F.O.R.J.A., que en su primera declaración lanza una consigna que es toda una definición programática:

“Somos una Argentina colonial, queremos ser una Argentina libre”.

Entre sus fundadores están Arturo Jauretche, Gabriel del Mazo (uno de los líderes de la Reforma Universitaria de 1918) y Luis Dellepiane. También cabe mencionar a destacados miembros de otras generaciones: Manuel Ortiz Pereyra (generación IXª) y Homero Manzi (generación XIª). Scalabrini Ortiz no tenía militancia radical pero colabora intelectualmente con F.O.R.J.A. y en la redacción de sus Cuadernos; el primero de ellos, de 1936, es de su autoría y se llama Política Británica en el Río de la Plata, constituyendo la base del libro del mismo nombre. A fines de la década del 30 un insobornable periodista se sumará a las denuncias sobre el estado colonial de nuestro país: José Luis Torres, cuyos artículos periodísticos y cartas abiertas serán recogidas en obras como Los perduellis (1943) y La Década infame (1944). Torres saludará alborozado el movimiento militar del 4 de junio de 1943, para pasar a denunciar rápidamente a los sectores del gobierno militar que eran servidores del interés extranjero.

NACIONALISMO CULTURAL: la revalorización de la cultura hispano-criolla -ya iniciada principalmente por Manuel Gálvez y Ricardo Rojas-, y más concretamente el rescate del prototipo gaucho del Martín Fierro por Leopoldo Lugones (los tres grandes escritores son de la generación IXª), pasó a ser tema central de la generación Xª. Scalabrini Ortiz y Jauretche enfatizarán que nuestra dependencia económica está sólidamente basada en la dependencia cultural. El “espíritu de la tierra” del que habla Scalabrini(12), así como el “mito gaucho” de Carlos Astrada(13) y la original revalorización del Martín Fierro de Leopoldo Maréchal(14), son jalones literarios que marcan una actitud vital generacional frente a la tradicional “anglofilia” y “francofilia” de las clases dirigentes tradicionales. Las denuncias del imperialismo y la oligarquía vernácula de los hermanos Rodolfo y Julio Irazusta, Ernesto Palacio, Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, Ramón Doll, Diego Luis Molinari y José Luis Torres, entre otros, así como el movimiento del revisionismo histórico que tiene como adalides a los ya mencionados hermanos Irazusta y Ernesto Palacio -el Instituto “Juan Manuel de Rosas” de Investigaciones Históricas es fundado en 1938-, consolidan un corpus de inteligencia nacional que expresa al mismo tiempo una toma de conciencia de las grandes mayorías del país.

Los bellos paisajes de La Boca de Benito Quinquela Martín y los motivos camperos de las caricaturas de Florencio Molina Campos conectan la belleza visual con el sentimiento popular. ¿Hay acaso artistas plásticos, pintores o dibujantes tan populares como Quinquela o Molina Campos? Con justicia se ha dicho que los almanaques de este último eran “la pinacoteca de los pobres”. Esta nueva sensibilidad de minorías y mayorías se ve reflejada también en el protagonismo de esta generación en el desarrollo de la música popular argentina: la mención de Carlos Gardel, Ignacio Corsini, Agustín Magaldi, Azucena Maizani, Rosita Quiroga, Esteban Celedonio Flores, Francisco Canaro, Pascual Contursi, Enrique Cadícamo, Enrique Santos Discépolo, entre tantos otros, exime de mayores comentarios. El teatro nacional tuvo a Armando Discépolo, Alberto Vacarezza, Samuel Eichelbaum, Luis Arata, entre otros destacados cultores. Juan Alfonso Carrizo y Carlos Vega hurgarán en las raíces de nuestro folklore. Carlos Gilardi, Luis Gianneo y Juan José Castro seguirán la línea de las dos generaciones anteriores en la expresión del llamado “nacionalismo musical”.

JUSTICIA SOCIAL: con los precedentes de la legislación obrera impulsada por los socialistas desde comienzos de siglo, y la política obrerista de Yrigoyen, pensadores como Ernesto Palacio escriben a favor de la justicia social y la necesidad de un socialismo no marxista en NUEVO ORDEN; también la prédica de F.O.R.J.A. está cargada de esa connotación. Manuel Fresco la exalta como uno de los objetivos básicos de su gobierno en la provincia de Buenos Aires. Dice el historiador norteamericano Richard J. Walter:

“Parecía preocuparse de veras por los menos privilegiados. Tal vez impulsado por sus experiencias de médico, y desde el gobierno provincial, procuró sancionar y poner en práctica una amplia gama de leyes sociales, destinadas a los trabajadores urbanos y rurales. Ideó planes tendientes a mejorar la salud de la población, estimular la construcción de viviendas para obreros y elaborar un programa de reforma agraria y colonización apoyada por el Estado.”(15)

Agrega que los resultados con frecuencia fueron ambiguos y que no obtuvo una base auténtica de apoyo popular; de hecho gobernó impulsando el fraude electoral, al ver socavados sus vínculos con los grupos terratenientes tradicionales del conservadorismo. Es oportuno señalar, de cualquier modo, la ruptura de Fresco con el Partido Demócrata Nacional, su excelente relación con el movimiento del 4 de junio y con José Luis Torres, a quien brindó datos para sus denuncias de negociado, e incluso su apoyo a la candidatura de Perón en 1946. De igual modo el progresista gobernador radical de Córdoba Amadeo Sabattini (1936-1940) fue precursor en materia de legislación social.

LA SOBERANÍA POLÍTICA: tanto la prédica de F.O.R.J.A. como la del semanario NUEVO ORDEN -donde se destacaban Ernesto Palacio, Rodolfo y Julio Irazusta y Ramón Doll- era por un neutralismo en la Segunda Guerra Mundial basado estrictamente en el interés nacional, y no por el alineamiento en uno u otro de los bandos en pugna. En NUEVO ORDEN Rodolfo Irazusta critica el neutralismo del presidente Castillo, pues afirma que es favorable a los intereses británicos; asimismo hay críticas al “filo-fascismo” y a los admiradores de Hitler, Mussolini y Franco. Scalabrini Ortiz en el diario RECONQUISTA aboga resueltamente por el neutralismo:

“Nosotros somos y seremos anti-ingleses dentro de los límites de los intereses nacionales, en la misma medida en que ellos son anti-argentinos. Gran Bretaña está acorralada por otros enemigos actualmente. La historia nos demuestra que son precisamente éstos los momentos en los que los pueblos débiles aprovechan para zafarse de la guerra de los poderosos […]. No admitamos medias tintas: o se ESTÁ CON LA PATRIA o se ESTÁ CONTRA LA PATRIA.”

También decía: “En el orden interno argentino somos decididos adversarios del nazismo y del fascismo. Hemos demostrado y demostraremos que son formas gubernamentales perjudiciales para nuestro país”(16). Recibe ofertas de financiamiento de RECONQUISTA por parte de la embajada alemana, que Scalabrini rechaza, y finalmente se ve obligado a cerrar el diario por dificultades económicas: había comenzado a publicarse el 15 de noviembre de 1939 y duró solamente 41 días.

REVOLUCIÓN ESTÉTICA: el surgimiento del grupo “Florida” con diversas publicaciones, entre las que sobresale “Martín Fierro”, fue el canal de expresión de un vigoroso y pluralista movimiento cultural generacional, con el vanguardismo literario de Jorge Luis Borges, Leopoldo Maréchal, Oliverio Girondo, Ernesto Palacio, Eduardo González Lanuza, Conrado Nalé Roxlo, Francisco Luis Bernárdez entre otros, y el vanguardismo pictórico de Emilio Pettoruti y Xul Solar. También en artes plásticas el “Grupo de París”, vanguardista, nucleará a Aquiles Badii, Héctor Basaldúa y Horacio Butler. Hay en todos ellos una ruptura con las formas consagradas, una “nueva sensibilidad”. En cambio, en el llamado grupo “Boedo” -que reunía a socialistas, comunistas y anarquistas- se expresará la revolución política, aunque a través de formas tradicionales (realismo, naturalismo). Así Álvaro Yunque, Elías Castelnuovo, Roberto Arlt, Nicolás Olivari, Armando Cascella, Enrique González Tuñón. Raúl Scalabrini Ortiz tendrá afinidades con “Florida”, Armando y Enrique Santos Discépolo, así como Benito Quinquela Martín las tendrá con “Boedo” a través de la influencia del artista plástico Guillermo Facio Hebecquer.

Dentro de esta generación es insoslayable la mención de Ezequiel Martínez Estrada, Alfonsina Storni y Eduardo Mallea, así como la de Victoria Ocampo y  la destacada proyección cultural de su revista SUR. Para finalizar con el tema de la revolución estética es oportuna la cita del crítico uruguayo Emir Rodríguez Monegal, quien menciona a Jorge Luis Borges y a Leopoldo Maréchal, junto a otros escritores latinoamericanos, como profetas de una nueva estética en la década del 40:

“La narración latinoamericana sale de manos de estos fundadores hondamente transformada en sus apariencias, pero también en sus esencias. Porque ellos son, sobre todo, renovadores de una visión de América y de un concepto del lenguaje americano”.(17)

RENOVACIÓN DEL CATOLICISMO: la creación de los Cursos de Cultura Católica en 1922, cuyos fundadores fueron Tomás Casares, Atilio Dell’Oro Maini y César Pico; la aparición de la revista CRITERIO en 1928 con Dell’Oro Maini y colaboradores tales como Tomás Casares, César Pico, Faustino Legón, Eduardo Mallea, Jorge Luis Borges, Francisco Luis Bernárdez, Julio Irazusta, Samuel W. Medrano, Ricardo Molinari, Ernesto Palacio, Emilio Pettoruti, entre otros; la celebración del Congreso Eucarístico Internacional en 1934, en Buenos Aires. Todos estos acontecimientos marcan un vigoroso resurgimiento de la Iglesia Católica, tanto en lo pastoral cuanto en lo cultural, que culmina con la Ley de Enseñanza Religiosa en las escuelas, decretada en diciembre de 1943 y reafirmada por el Congreso Nacional en 1947. Recordemos que, por otra parte, Perón afirmaba que la doctrina social de la Iglesia era fuente inspiradora del Justicialismo.

REVALORIZACIÓN DEL PENSAMIENTO FILOSÓFICO: la superación del positivismo dominante en las generaciones VIª y VIIª (1880-1910) fue iniciada por Alejandro Korn (generación VIIIª) y por Coriolano Alberini y Saúl Taborda (generación IXª). En la generación Xª se destacarán Francisco Romero, Nimio de Anquín, Carlos Astrada, Tomás Casares, Leonardo Castellani, César Pico, Luis Juan Guerrero, Ángel Vasallo y Luis Farré. El primer Congreso Nacional de Filosofía, realizado en Mendoza en 1949, fue un reflejo de la lozanía del pensamiento nacional. Allí pronunció Perón su célebre conferencia recogida en libro como La comunidad organizada, en cuya redacción habría sido asesorado por Carlos Astrada y Nimio de Anquín. En el mencionado Congreso son de destacar la presencia y las ponencias enviadas por los pensadores más eminentes de la época.

ANTI-LIBERALISMO: hay en esta generación un fuerte rechazo de la democracia liberal, que por otra parte era invocada formalmente y violada sistemáticamente a través del fraude electoral en la década del 30. Ernesto Palacio señala que el gran error inicial de Yrigoyen en su primera presidencia fue no haber disuelto el Parlamento(18); el mismo error le achaca Raúl Scalabrini Ortiz(19). Para estos pensadores, como para los hermanos Irazusta, Ramón Doll, Arturo Jauretche y otros, lo fundamental era la Nación, sus intereses y los de su pueblo; la democracia era sólo instrumental y subordinada a la anterior. Ernesto Palacio decía en Catilina:

“La verdad es que el recurso revolucionario para resolver una situación política no puede considerarse malo por sí mismo, sino como un bien o como un mal, según la circunstancia de cada caso […]. Antes de juzgar una actitud de violencia es menester, pues, establecer previamente si el estado del organismo exigía el tratamiento por el hierro y el fuego.”(20)

El mismo Jorge Luis Borges escribía en 1934: “La patriada (que no se debe confundir con el cuartelazo, prudente operación comercial de éxito seguro) es uno de los pocos rasgos decentes de la odiosa historia de América. Si fracasa le dicen chirinada -y casi nunca deja de fracasar”. De este modo iniciaba el prólogo del libro que Jauretche dedicó a la rebelión cívico-militar de Paso de los Libres(21). (Continúa en GENERACIÓN ARGENTINA DE 1940. GRANDEZA Y FRUSTRACIÓN, II)

INTELIGENCIA NACIONAL Y PERONISMO

Entre 1924 -fecha de la fundación de la revista MARTÍN FIERRO- y 1940 se despliega la etapa creativa y de gestación de la generación Xª de la historia argentina; a partir de 1940 y hasta 1955, su etapa de gestión. En esta parte voy a enfatizar los protagonistas de esta generación que fueron precursores, con su pensamiento, arte, militancia política o periodística, del fenómeno político-social del Peronismo, y que además, durante los primeros gobiernos militares surgidos a partir del 4 de junio de 1943 o a lo largo de los dos primeros gobiernos peronistas, influyeron y ocuparon responsabilidades gubernativas.

Claro está que no todos los miembros representativos de esta generación tuvieron una posición homogénea. La Guerra Civil Española y luego la Segunda Guerra Mundial provocaron una grave fractura en la inteligencia nacional: los hermanos Irazusta, Ernesto Palacio, Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz, Leopoldo Maréchal, Leonardo Castellani entre otros, se definirán en una posición “nacionalista” o “nacional” a secas, y salvo los Irazusta, adherirán al Peronismo. Otros, como Jorge Luis Borges, Ezequiel Martínez Estrada o Victoria Ocampo se definirán como “democráticos” o “liberales” y serán abiertamente antiperonistas. Dentro de los nacionales hay una variada gama, desde el “Nacionalismo Popular” de F.O.R.J.A. -que compartían Raúl Scalabrini Ortiz y Arturo Jauretche- hasta el “Nacionalismo Republicano” de los Irazusta, Ernesto Palacio y Ramón Doll, el “Nacionalismo Católico” de Tomás Casares, Leopoldo Maréchal y Leonardo Castellani, el “filo-fascista” de Nimio de Anquín, el “Yrigoyenista” de Diego Luis Molinari…. También tuvieron militancia nacionalista Carlos Astrada y Armando Cascella. Incluiré en la nómina al general Manuel Savio, a quien no vacilo en calificar como “nacional”, aunque no hay evidencias de ningún tipo de militancia nacionalista. También incluyo a Enrique Santos Discépolo, que no pasó por ninguna de las variantes nacionalistas, influenciado en su juventud por el grupo “Boedo” y el anarquismo. Iré analizando a estos destacados exponentes de la inteligencia nacional según el grado de influencia que tuvieron sobre la Revolución del 4 de junio y el Peronismo.

RAÚL SCALABRINI ORTIZ: figura junto a José Luis Torres como autor de ensayos recomendados para la lectura en el BOLETÍN nº 5 del grupo Obra de Unificación (G.O.U.), después del pronunciamiento del 4 de junio(22). Conoce personalmente a Perón a mediados de 1944 en La Plata, y allí estrechan relaciones. Su influencia ideológica sobre las nacionalizaciones de servicios públicos es indudable, especialmente en el caso de los ferrocarriles. No acepta cargo alguno de gobierno (le ofrecen la presidencia de Ferrocarriles Argentinos), aunque apoya la obra de gobierno peronista a través de libros y conferencias. A partir de 1952 pasa a un voluntario ostracismo, marginado por la corte de “adulones y obsecuentes” del segundo gobierno de Perón(23). Derrocado éste, primero desde EL LÍDER (órgano periodístico de la C.G.T. durante el gobierno del general Lonardi) hasta su clausura, luego en EL FEDERALISTA y en DE FRENTE retorna a su incansable lucha, como le había dicho a Leopoldo Maréchal pocos días después de la caída de Perón: “Hay que empezar a hacer todo de nuevo, todo otra vez”(24).

Junto a Jauretche, son de los primeros en vislumbrar la posibilidad de un acuerdo con la U.C.R.I. y con Arturo Frondizi (generación XIª), y coinciden en esta posición proclive a una salida pacífica, de transición, con el coronel Domingo A. Mercante, exiliado en Montevideo. Scalabrini, a partir de junio de 1956, comienza a escribir en QUE, revista semanal dirigida por Rogelio Frigerio (generación XIª). El 31 de diciembre de 1957, desde Caracas, Perón le envía una carta donde le pide que encabece la formación de un movimiento de intelectuales para luchar contra la oligarquía. En un párrafo le dice textualmente: “A usted le cabe el honor del precursor, el formador de una promoción que alimentó a la Revolución Nacional”(25). Ya en el gobierno Frondizi -catapultado por el acuerdo con Perón-, Scalabrini al igual que Jauretche se desengaña muy pronto de su orientación económica, especialmente por los contratos petroleros firmados con compañías norteamericanas. Al renunciar a la dirección de la revista QUE, en su último artículo del 5 de agosto de 1958 explica las razones de su alejamiento, dos semanas después del anuncio de la “Batalla del Petróleo” por el Dr. Arturo Frondizi. Scalabrini fallece en 30 de mayo de 1959.

ARTURO JAURETCHE: a diferencia de Scalabrini, que es fundamentalmente un intelectual, tiene vocación política. Así es como encabeza las “300 Boinas Blancas” de F.O.R.J.A. en apoyo al pronunciamiento del 4 de junio de 1943. Busca acercamiento con los dos oficiales jóvenes que aparecen como hombres fuertes del G.O.U., logia nacionalista de creciente influencia a lo largo del crítico año de 1943. Ellos eran los coroneles Juan D. Perón y Enrique P. González. Jauretche percibe inmediatamente en Perón al “hombre de la revolución”; establece contactos con Amadeo Sabattini tratando de acercarlo a Perón, contactos de los que surge la designación de Santiago del Castillo como interventor en la Coordinación de Transportes. Del Castillo había sido gobernador de Córdoba sucediendo a Sabattini, y era hombre de su mayor confianza. El acercamiento Perón-Sabattini finalmente no prospera, llevándose a cabo tan sólo una entrevista personal. Jauretche no cejará en su intención de “radicalizar la revolución y revolucionar el radicalismo” y presenta a Perón, a mediados de 1944, un plan para designar un interventor militar de prestigio en la provincia de Buenos Aires, el cual deberá designar intendentes de origen radical. Es designado el general Juan Carlos Sanguinetti, con una línea de acción distinta, lo que motiva un alejamiento temporario entre Jauretche y Perón.

F.O.R.J.A. fue disuelto el 11 de noviembre de 1945. Jauretche fue su último presidente, y luego la mayoría de sus integrantes se incorporaron activamente en apoyo de la candidatura de Perón. Varios prominentes hombres de F.O.R.J.A. pasan a integrar el equipo de colaboradores del coronel Domingo A. Mercante como gobernador de la provincia de Buenos Aires. Jauretche se desempeña como presidente del Banco Provincia entre 1946 y 1950. Con posterioridad no ocupa cargos públicos, manteniendo una actitud crítica hacia la orientación económica del gobierno de Perón a partir del alejamiento de Miguel Miranda en 1949. En 1973 es designado presidente de la editorial universitaria, E.U.D.E.B.A., cargo que desempeñó hasta su muerte, el 25 de mayo de 1974. Caído Perón en 1955, junto con Scalabrini Ortiz son los primeros en rehabilitar la Revolución Justicialista y denunciar el plan oligárquico de la Revolución Libertadora. Comienza entonces una muy valiosa y prolífica tarea de escritor. Mencionemos entre otros ensayos: El Plan Prebisch. Retorno al coloniaje (1955), Ejército y Política (1958), El medio pelo en la sociedad argentina (1966), Los profetas del odio y la yapa. La colonización pedagógica (1967), Manual de zonceras argentinas (1968).

ERNESTO PALACIO: al igual que Rodolfo y Julio Irazusta y el grupo de la “Nueva República” fundado en 1927 -entre los que estaban César Pico, Juan Carulla, Tomás Casares y otros-, son “Uriburistas” y participan en la creación del clima que conduce al derrocamiento de Yrigoyen. Incluso Palacio es designado Ministro de Justicia e Instrucción Pública de la intervención en San Juan. Pero ya en 1931 se desengaña del movimiento Septiembrino, de acuerdo a su testimonio en su ensayo Catilina, que comienza a escribir en ese año pero que publica en 1935:

“Mi conocimiento de los entretelones del régimen restaurado el 6 de septiembre y mi contacto íntimo con los triunfadores -ávidos de usufructo- completaron mi harto imperfecta educación política. Comprendí que el patriotismo y el honor me vedaban seguir una carrera provechosa en las filas de quienes mostraban tan a lo vivo su falta de sensibilidad nacional. Y renunciando a mis obvias posibilidades de éxito y de lucro fácil, decidí romper con los conmilitones de la víspera, abandonar la mesa del infame festín y solidarizarme en la calle con los vencidos.”(26)

Palacio, al igual que los Irazusta, revaloriza el Yrigoyenismo tras su caída y repudia el régimen conservador restaurado por la fuerza, al cual había contribuido involuntariamente llevado por el impulso idealista juvenil (este grupo rondaba los 30 años de edad).

En 1940, en plena Guerra Mundial, Palacio dirige un excelente órgano de opinión, NUEVO ORDEN, que dura tres años y cuyo cuerpo de redacción integran, entre otros, los Irazusta, Ramón Doll y Armando Cascella. Son nacionalistas y neutralistas, pero diferenciándose netamente de otras variantes del nacionalismo como el “Doctrinario” y el “Filo-fascista”, de acuerdo a la denominación de Enrique Zuleta Álvarez. Ellos expresan el Nacionalismo Republicano, se encuadran en la Constitución Nacional y no se deslumbran por los nacionalismos europeos triunfantes en los campos de batalla, o por los occidentalismos abstractos que no profundizan en lo nacional. En 1945 Palacio dirige el semanario POLÍTICA, que aparece hasta la asunción de la presidencia por Perón; colabora entre otros Ramón Doll y es, según la opinión de Félix Luna, “acaso la mejor publicación de índole política que se haya hecho nunca en el país”(27), agregando: “fue la primera voz del peronismo que intentó formular el entronque conceptual del movimiento con las grandes corrientes de la historia argentina”.

Palacio es elegido diputado nacional por la Capital Federal -se había incorporado a la Unión Civica Radical Junta Renovadora-, y se desempeña como tal hasta 1952. Asimismo es designado presidente de la Comisión Nacional de Cultura. Es él quien presenta a Perón a Manuel Ugarte (generación IXª), el gran teórico y difusor de la Patria Grande por toda América. Perón designa a Ugarte embajador en México y luego en Cuba. Palacio se distancia de Perón antes de 1955; sin duda el conflicto con la Iglesia Católica que estallara a fines de 1954 fue decisivo al respecto. En la segunda edición de su Historia de la Argentina publicada en 1957 escribe:

“[…] en los comienzos de 1950 había declinado mucho por la transformación de una de sus líneas esenciales en la opuesta. La subordinación a la religión católica que caracterizó dicha política se había convertido en tendencia de odio y persecución, una de las cuales tuvo su expresión en la forma solapada en la que se separó la Iglesia del Estado.”(28)

DIEGO LUIS MOLINARI: fue un destacado historiador, pionero del revisionismo histórico, distinguido docente universitario. Militó desde su juventud en la Unión Cívica Radical; al asumir Yrigoyen en la primera presidencia fue designado subsecretario de Relaciones Exteriores y Culto, participando activamente junto al canciller Honorio Pueyrredón (generación IXª) en los debates de la Liga de las Naciones tras la Primera Guerra Mundial. Fue designado presidente del Departamento Nacional del Trabajo en 1922, siendo electo diputado nacional de 1924 a 1928 y senador nacional desde 1928 a 1930. En la década del 30 participó de varias conspiraciones para derrocar al régimen conservador. En 1936 funda el Partido Radical del Gorro Frigio, cuyo programa tenía contenidos que luego serían incorporados al peronismo. Es ideólogo influyente en el proceso político instaurado el 4 de junio de 1943, y se incorpora al peronismo a través de la Unión Cívica Radical Junta Renovadora, siendo electo senador nacional por la Capital Federal, cargo que desempeña hasta 1952. A partir del derrocamiento de Perón en 1955 se desvincula de la política y de la docencia.

TOMÁS CASARES: destacado filósofo y jurista de sólida formación tomista, fue uno de los puntales del movimiento de renovación católica. Participó desde su juventud en diversos centros intelectuales y así, tras las visitas a la Argentina de José Ortega y Gasset en 1916 y de Eugenio D’Ors en 1918 y bajo el patrocinio de sus ideas, se funda en Buenos Aires el Colegio Novecentista, entre cuyos animadores está Casares, y donde también encontramos entre otros a Julio Irazusta y Vicente Sierra.

Ya netamente dentro del movimiento de renovación católica, en 1917 se crea el Ateneo Social de la Juventud, fundado entre otros por Tomás Casares, Atilio Dell’Oro Maini y Octavio Pico Estrada. En 1922 se crean los Cursos de Cultura Católica -ya mencionados-, donde Casares es figura protagónica. Los Cursos tuvieron gran influencia en la vida de la Iglesia Católica en Argentina y constituyeron el antecedente más valioso para la creación de la Universidad Católica Argentina en 1959. Es colaborador de CRITERIO desde 1928, habiendo sido uno de los fundadores de LA NUEVA REPÚBLICA, en 1927.

Por su adhesión al movimiento Uriburista de 1930 es designado Ministro de Gobierno en Corrientes, bajo la intervención de Dell’Oro Maini. Distinguido jurista y docente universitario, fue interventor de la Universidad de Buenos Aires entre 1943 y 1944. En este último año el presidente general Farrell lo designa miembro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en la cual permanece hasta 1955 y cuya presidencia desempeña entre 1947 y 1949. Es el único integrante de este alto tribunal que permanece en su cargo al ser removido el resto por el Congreso de la Nación en 1947. El rol de Casares como Juez de la Suprema Corte fue fundamental para el proceso justicialista, tal como lo testimonia Arturo Sampay (generación XIª):

“Mientras rigió la Constitución de 1949, el sabio jurista Tomás D. Casares elaboró en su carácter de ministro de la Corte Suprema la jurisprudencia que, al otorgar prevalencia a la justicia del bien común sobre los derechos adquiridos en los cambios conmutativos, siguiendo los preceptos de la nueva constitución, supera la concepción del liberalismo económico que informó siempre, en lo esencial, a la jurisprudencia del alto tribunal”, y más adelante continúa:

“Realizada la reforma de 1949, la jurisprudencia de la Corte Suprema, inspirada siempre y elaborada en la parte fundamental por Casares, interpreta orgánicamente sus preceptos de sentido con una conceptualización y coherencia filosóficas admirables.”(29)

A partir del conflicto peronista con la Iglesia Católica, sin duda Casares sufre una delicada crisis de conciencia motivada por su profunda fe católica, su insobornable vocación jurídica y su adhesión política al peronismo. El domingo 12 de junio de 1955 la Catedral de Buenos Aires es atacada por manifestantes, enfrentando a un numeroso grupo de católicos -entre ellos Casares- que estaban en su interior. Éste intenta pacificar pero su esfuerzo es infructuoso; la Catedral no es invadida pero hay gran número de detenciones entre quienes la defendían. Casares fue denunciado por el Poder Ejecutivo ante el Congreso por interferir la labor policial dentro del templo, se solicitó juicio político para separarlo del cargo pero la solicitud no prosperó, y Casares se desempeñó como ministro de la Suprema Corte hasta la caída de Perón.

MANUEL SAVIO: el general Manuel Savio fue la figura clave de una generación militar que tuvo como idea-fuerza la industrialización del país; su nombre es inseparable del desarrollo de la siderurgia. Hasta 1930 es Jefe del Curso Superior y Especial del Colegio Militar y profesor de Servicios de Ingeniero y Organización Industrial Militar. Participa en el movimiento de Septiembre de 1930 como Jefe de la Sección Informaciones y Orden del Estado Mayor en Jefe revolucionario. Ya presidente, el general Uriburu crea la Escuela Superior Técnica por pedido de Savio, sobre la base del Curso Superior y Especial. Se funda el 6 de noviembre de 1930 y su primer director es Savio. Impulsa la ley que en octubre de 1941 crea la Dirección General de Fabricaciones Militares, de cuyo Directorio es nombrado presidente. En ese mismo mes de octubre de 1941 se efectúa un planteo militar al presidente Ramón Castillo; el oficial comprometido de mayor jerarquía, según la versión de José María Rosa, era el entonces coronel Manuel Savio(30). Los que entrevistan a Castillo son los tenientes coroneles Franklin Lucero, Gregorio Tauber y Joaquín Saurí, en representación de las guarniciones de Campo de Mayo, Palermo y Liniers. Le presentaron un planteo de ocho puntos, de los cuales Castillo accedió al mantenimiento de la neutralidad en la Guerra, la clausura del Consejo Deliberante de Buenos Aires y la declaración del estado de sitio. Según Rosa, de este planteo a Castillo surgió el G.O.U.; si bien Savio no perteneció a esa logia militar, tanto Lucero como Tauber y Saurí tuvieron roles protagónicos en el proceso iniciado el 4 de junio de 1943, del que el G.O.U. fue inspirador. Savio, que no era peronista, es ascendido a general de división el 31 de diciembre de 1946. Impulsa el Plan Siderúrgico Argentino, que obtiene el apoyo de Perón y de su ministro de guerra el general José Humberto Sosa Molina. El Plan se convierte en ley el 21 de junio de 1947. Savio es nombrado presidente de S.O.M.I.S.A. con retención de la presidencia del directorio de Fabricaciones Militares, cargos que desempeña hasta su fallecimiento el 31 de julio de 1948.

RAMÓN DOLL: de origen político socialista, Julio Irazusta lo consideraba un precursor de las ideas del nacionalismo, al que se incorpora en 1936(31). En 1937 apoya intelectualmente a la Alianza de la Juventud Nacionalista, que en 1941 cambiará su nombre por el de Alianza Libertadora Nacionalista. De entrañable vocación periodística, es una de las plumas mayores de NUEVO ORDEN, que dirigía Palacio entre 1940 y 1942, de LA VOZ DEL PLATA, cuyo director era Rodolfo Irazusta entre 1942 y 1943 y también del semanario peronista POLÍTICA, cuyo director fue Ernesto Palacio hasta 1946. A partir de 1938 es colaborador de la revista del Instituto de Investigaciones Históricas “Juan Manuel de Rosas”. En 1939 se publica un libro clave de su autoría: Acerca de una política nacional, donde critica al liberalismo argentino, especialmente a la generación que elaboró la Constitución Nacional de 1853, a la que describe como una minoría extranjerizante que gobernó sin base popular, convirtiendo al Estado en “[…] una especie de gerencia o agencia local de grandes empresas financieras y organizaciones internacionales”(32). Tienen gran vigor en el libro citado sus denuncias a los privilegios de la prensa, especialmente los grandes diarios. También sus referencias a un vicio de la política argentina: el “curialismo” o “gobierno de los abogados”. Dice así Ramón Doll:

“He aquí el triángulo de la oligarquía curialesca, he aquí el cuerpo trifacetado del más poderoso organismo destructor que acaso forma el grueso de las fuerzas plutocráticas lanzadas contra el país desde el extranjero: bufete, estrado, Facultad.”(33)

Doll apoyó activamente tanto a la revolución del 43 como a los gobiernos peronistas, ocupando cargos públicos. En 1943, el Ministerio de Hacienda de la intervención de Tucumán; entre 1944 y 1945 es rector interventor de la Universidad de Cuyo; desde 1946 hasta 1955 se desempeña como asesor letrado de la Fiscalía de Estado de la provincia de Buenos Aires, y asesor letrado de Transportes de la Capital Federal. Su actuación pública cesó a partir de la Revolución Libertadora y decayó su actividad intelectual. A partir de la aparición del semanario AZUL Y BLANCO en 1956, dirigido por Marcelo Sánchez Sorondo (generación XIª), colabora con artículos fieles a la línea fundamental de su pensamiento.

ARMANDO CASCELLA: en su juventud literaria adscribió al grupo “Boedo”; adhiere al nacionalismo en la década del 30, desarrollando actividad periodística militante en RECONQUISTA, junto a Scalabrini Ortiz, y en NUEVO ORDEN, junto a Ernesto Palacio. Durante el primer gobierno de Perón co-dirige una excelente revista: SEXTO CONTINENTE (revista de cultura para América latina), cuyo sugerente título expresa la intención integracionista, contando con valiosos corresponsales como José Vasconcelos en México, colaboradores como el español Ramón Gómez de la Serna y el boliviano Carlos Montenegro. En el número 3-4 de octubre/noviembre de 1949 publica un valioso trabajo de Raúl Scalabrini Ortiz: “Palabras de esperanza para los que pueden ser mis hijos”. En el número 5 de septiembre de 1950 publica “Versos de la Cantata Sanmartiniana” de Leopoldo Maréchal, y del propio Armando Cascella: “La revuelta del hombre amarillo”. Son los dos únicos ejemplares que he podido compulsar, pero la diferencia entre los números 4 y 5 -nueve meses-, tratándose de una publicación mensual, sugiere dificultades de índole financiera o tal vez política. Esta última es la opinión de Norberto Galasso, que las atribuye a la publicación del trabajo de Scalabrini Ortiz, quien habría caído “en desgracia” ante algunos colaboradores de Perón(34). Se desempeñó como director del diario EL ARGENTINO desde 1946, y fue secretario general de la Comisión Nacional de Cultura desde 1954 hasta 1955.

LEOPOLDO MARÉCHAL: es protagonista, junto a Borges, Girondo, González Lanuza, Bernárdez, Palacio, Ricardo Molinari y otros, del gran movimiento literario de vanguardia denominado “Florida” o, como prefiere Beatriz Sarlo, el movimiento “Martinfierrista”; decía Maréchal que lo que identificaba al movimiento no era una estética común sino una voluntad renovadora, un imperativo de poner al día las letras y las artes en nuestra patria. Este vanguardismo no es imitativo, sino que hay una búsqueda de una expresión auténticamente nacional, no es casual la elección del nombre “Martín Fierro” para su revista más representativa. Se trata de un programa de renovación estética, procurando sintetizar nacionalismo cultural y vanguardia.

En 1927 Maréchal y Borges, entre otros escritores del grupo “Florida”, adhieren a la candidatura de Yrigoyen para la segunda presidencia a través del Comité Yrigoyenista de Intelectuales Jóvenes. En París, en 1930, inicia su gran novela Adán Buenos Ayres, que será editada en 1948. Esta obra mayor de nuestras letras expresa desde su vivencia y amor por el barrio de Villa Crespo hasta las más elaboradas posturas filosóficas y teológicas. La búsqueda del ser nacional es una de sus constantes. Varios grandes de su generación aparecen en la ficción: Jacobo Fijman como Samuel Tesler; Xul Solar como el astrólogo Schulze; Scalabrini Ortiz como el petiso Bernini; tal vez Borges como Pereda(35). Maréchal, por su gran apertura a lo popular, trasciende a “Florida”. Dice así David Viñas:

“No sólo interpreto y valoro Adán Buenos Ayres como magna síntesis de los comunes denominadores más decisivos de Florida y Boedo (al impostar biografías y anécdotas en paradigmas y símbolos), sino también como culminación y clausura hacia 1948 del grotesco ‘criollo’ vigente entre el 20 y el 30.”(36)

El 17 de octubre de 1945 adhiere al peronismo y sostendrá esta militancia sin claudicaciones hasta su muerte en 1970. Desempeña diversos cargos públicos durante el gobierno militar surgido en 1943 y los gobiernos peronistas posteriores: Director General de Cultura designado en 1944; Director General de Enseñanza Superior y Artística desde 1948. Esto, en el ámbito nacional. También fue presidente de la Comisión Nacional de la Tradición y el Folclore desde 1947.

LEONARDO CASTELLANI, NIMIO DE ANQUÍN Y CARLOS ASTRADA: incluyo estos tres nombres en un solo ítem, por tratarse de eminentes pensadores que pertenecen a la línea de lo que denominé con anterioridad “Inteligencia Nacional” y, si bien tuvieron algún tipo de relación con el peronismo, no tuvieron actuación política ni ocuparon cargos públicos durante los gobiernos de Perón.

LEONARDO CASTELLANI, teólogo, filósofo y poeta jesuita, a juicio de un destacado filósofo actual, Héctor Mandrioni -quien fuera discípulo suyo-, “fue la inteligencia más brillante que produjo la Iglesia Argentina”(37) y fue también en buena medida desaprovechado por ésta. Sin duda, su independencia de juicio y actitudes personales propias de las personalidades excepcionales lo llevaron a un grave conflicto con la Compañía de Jesús, que primero lo recluyó en Manresa (Cataluña) durante dos años (1947-1949) y luego lo expulsó de la Orden el 18 de diciembre de 1949(38). Como sacerdote es admitido en la diócesis de Salta -no podía ejercer su ministerio en otras diócesis- y recién en 1966, por gestión del Nuncio Apostólico Lino Zanini, se le restituyó plenamente el ministerio sacerdotal.

Filósofo tomista, pero también admirador del danés Sören Kierkegaard, luterano (quien había tenido un conflicto similar con su iglesia), su vocación política nacionalista lo llevó a colaborar asiduamente con diversas expresiones de esa corriente en la década del 40: CABILDO y NUESTRO TIEMPO, por ejemplo, y a partir de octubre de 1945 lo hace en TRIBUNA, que apoya la candidatura de Perón a la presidencia. En las elecciones del 24 de  febrero de 1948 es candidato a diputado nacional en segundo lugar por la Capital Federal a través de la Alianza Libertadora Nacionalista, que lleva su propia lista pero apoya la fórmula Perón-Quijano. No es electo y entre los años 1947 y 1951 vive los momentos de crisis con la Compañía de Jesús y de reinserción en la Iglesia Católica. En 1951 el gobierno de Perón expropia el diario LA PRENSA, que pasa al dominio de la C.G.T., siendo director el escritor César Tiempo (generación XIª); allí Castellani colabora en el suplemento literario. En 1955 es dejado cesante en sus cátedras secundarias, en lo que el mismo Castellani denomina “el sarampión anticlerical de Perón”(39).

Para centrar en un punto el riquísimo pensamiento político de Castellani me voy a basar en una obra suya, Las canciones de Militis, que firma con en seudónimo de Jerónimo del Rey, la cual recoge artículos publicados en CABILDO entre 1943 y 1944, de una orientación a la que permanece fiel toda su vida, como lo testimonia “Esencia del liberalismo”, que recoge una conferencia en la librería Huemul de 1960. A mi entender el tema central del pensamiento político de Castellani es el anti-liberalismo o, tal vez mejor, desde la fe y el pensamiento católico juzga al liberalismo como una etapa del proceso de destrucción de la Cristiandad iniciado por la reforma protestante, continuado con la Ilustración y la Revolución Francesa, y que engendra al comunismo. El liberalismo ha hecho mucho mal en Argentina y otros pueblos católicos:

“Una herejía medio católica, medio protestante y medio atea […] vino a la vida justamente cuando nosotros los argentinos veníamos a la independencia. Nos hizo tanto mal como una damajuana de caña en una jaula de monos: y no nos arruinó del todo, porque por gracia de Dios aquí había fuertes vitaminas españolas. Y también había hombres que no eran monos.”

Párrafos anteriores decía:

“Esa obsesión  de la libertad propia de un loco vino a servir maravillosamente a las fuerzas económicas que en aquel tiempo se desataron, y al poder del Dinero y de la Usura, que también andaban con la obsesión de que los dejasen en paz”(40), marcando una conexión necesaria entre liberalismo y capitalismo salvaje, que engendra el colectivismo marxista. Tras la caída de Perón, Castellani retoma su vocación periodística principalmente en AZUL Y BLANCO y en una revista cultural dirigida por él: JAUJA. Por iniciativa del Cardenal Antonio Quarracino se inició una revalorización del padre Castellani, plasmada en la edición de sus obras completas.

NIMIO DE ANQUÍN, al igual que Carlos Astrada, fue un filósofo cuyo prestigio trascendió nuestra frontera. Sin duda, fueron éstos dos de los pensadores más profundos que produjo nuestra patria. Nimio de Anquín dirigió en su Córdoba natal una filial del Partido Fascista Argentino -que hacia 1936 pasa a denominarse Unión Nacional Fascista-, lo cual me exime de mayores comentarios respecto de su ideología. En un acto realizado en Córdoba decía Nimio de Anquín:

“Las generaciones pasadas no tienen lugar en nuestra arena, primero porque carecen de la virtud de la fuerza, luego, porque no pueden entender los principios con que combatimos, y tercero, porque no las queremos y las rechazamos absolutamente.”(41)

El pensamiento de Nimio de Anquín tenía una raíz nietzscheana y mussoliniana. Su nacionalismo, a la vez, está enraizado en el Cristianismo:

“Podemos con justicia hablar de un nacionalismo cristianamente vivificado y nos arrogamos la posición de sus principios y la custodia de sus banderas. Aparte de la aceptación de las nociones en que se funda, exige el nacionalismo nuestro de quienes lo profesan una disposición biológica para el combate.”(42)

A partir de 1938 colabora en la revista cultural nacionalista SOL Y LUNA y desde 1940 en NUEVA POLÍTICA. Producido el movimiento de 1943, se incorpora a funciones públicas hasta 1945. Desde 1946 hasta 1955 se desempeña en la docencia universitaria, siendo expulsado de sus cátedras a la caída de Perón.

Hice mención anteriormente de la aseveración de Juan Manuel Palacio (generación XIIIª) en el sentido de que Nimio de Anquín y Carlos Astrada habían sido los asesores de Perón en la redacción de su discurso de clausura del Congreso de Filosofía de 1949. Considera verosímil esta afirmación por cuanto quien la hace es hijo de Ernesto Palacio, en ese entonces diputado nacional, que sin duda le transmitió esa información.

A fines de 1955 Nimio de Anquín escribe un opúsculo, en primera redacción luego corregida, para un periódico de Buenos Aires que dejó de aparecer antes de incluirlo en sus columnas(43). Por la coincidencia de fecha conjeturo que se trataba de EL LÍDER, órgano de la C.G.T., que fue clausurado a la caída de Lonardi el 13 de noviembre de 1955. En su dedicatoria reza así: “A la memoria de mis ilustres comprovincianos Leopoldo Lugones (el de la madurez) y Teniente Coronel Oscar L. Cogorno, caído gloriosamente por el bien común de la patria”(44). Cogorno (generación XIIª) había sido fusilado por la Revolución Libertadora tras el fracaso del levantamiento cívico-militar encabezado por el general Juan José Valle (generación XIª) el 9 de julio de 1956. Mito y política, tal el nombre con que fue editado en 1957 el opúsculo antes mencionado, es un breviario de filosofía política -calurosamente recomendado por el padre Castellani en Esencia del liberalismo- del cual destacaré un aspecto del pensamiento del filósofo cordobés, que constituye un cambio sobre la base del pensamiento anti-liberal que permanece firme:

“La libertad como mito lleva fatalmente al anarquismo, o sea, al solipsismo político: es el Desorden, pues si la libertad de cada uno debe ser absoluta, no será posible el Estado […] La libertad es formalmente instrumental, no tiene un fin por sí.”(45)

Critica elípticamente a la Revolución Libertadora por restaurar la Constitución de 1953: “Resucitar una Constitución es una tarea tan macabra como inútil, propia de la mentalidad mitolátrica, retrógrada y antihistórica”(46).

Lo nuevo en el pensamiento de Nimio de Anquín es la constatación de la inoperancia política del Cristianismo en nuestra época, el proceso de secularización de la sociedad moderna y la reaparición analógica de las formas políticas de la antigüedad griega:

“[…] el cristianismo es ya inoperante: el hombre está solo y solitario y Dios ‘con los ángeles y los gorriones’. El hombre en su soledad excogita nuevas formas de pensamiento, de vida y de organización, y éste es el estado actual del mundo.”(47)

Estados Unidos domina al resto de América a través de la economía y de la supertécnica, este dominio es fuerza e interés temporales, que conduce al estancamiento y a la explotación. Habla de la necesidad de una resistencia revolucionaria, “pero hacia fuera, no hacia dentro”(48). Dice que debe dejar de ser “guerra civil” y transformarse en “guerra hostil” (de hostis: enemigo extranjero). Agrega que esta guerra no puede ser material -porque por ahora el dominio es invencible- sino espiritual. Sin duda el pensador cordobés pone el énfasis -es una constante en su pensamiento, al igual que en el de Castellani- en la preeminencia de los factores religioso y ético, antes que en lo político y lo económico.

CARLOS ASTRADA, también cordobés, tuvo una militancia nacionalista que quedó registrada en su participación en el Congreso Nacionalista realizado en Buenos Aires el 16 de diciembre de 1942 y del cual participaron, entre otros, Nimio de Anquín, Ramón Doll, César Pico y Vicente Sierra. No hay constancia de colaboraciones suyas en el periodismo nacionalista de las décadas 1930/40, pero Zuleta Álvarez lo señala entre las escasas excepciones de un nacionalismo no católico (como es el caso de Scalabrini Ortiz). Carlos Astrada, al igual que Nimio de Anquín, en el período 1946-1955 se dedica exclusivamente a la docencia universitaria, y al igual que él fue cesanteado a la caída de Perón. Con respecto a su relación con el peronismo dice Mario Casalla (generación XIIIª): “movimiento político al que -como buen dialéctico- reconoció y criticó simultáneamente”(49).

Las etapas de su pensamiento son, siempre según Casalla, primero existencial, con influencia de la filosofía de Heidegger, desde 1918 a 1952, y luego dialéctica, desde 1952 hasta 1970, fecha de su fallecimiento. El mito gaucho es un magnífico ensayo de búsqueda del ser nacional, que Astrada elabora sobre la base del Martín Fierro de Hernández, y que es publicado en 1948; esta fecha no es ninguna casualidad, porque como señala uno de sus discípulos dilectos: “La tensión especulativa se vuelve hacia lo vernáculo con el deliberado propósito de subsumir y fundar dentro de la tradición autóctona los fines y proyectos de un pueblo que aspira a recuperar su contacto con las raíces de su historia y a mostrar, a la vez, el fondo ontológico del que surge su fuerza espiritual y su libertad”(50). Se trata, nada más y nada menos, que de elaborar una filosofía de la argentinidad.

ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO: dejé para el final a “Discepolín”, porque se trata de una personalidad y de una influencia muy especial, dentro de la brillante constelación de la “Inteligencia Nacional”. Poeta y músico mayor de Buenos Aires, dramaturgo, actor, director cinematográfico, gozaba de una gran popularidad a la llegada del peronismo al poder. Conoció a Perón en Chile cuando éste se desempeñaba como agregado militar y llegó a trabar amistad con él, la admiración era mutua. La actividad gremial de Discépolo a través de S.A.D.A.I.C., de la que fue uno de sus creadores, acrecentó su relación con el líder. Pero estrictamente nunca tuvo militancia política; sus letras, tan amargas y escépticas la mayoría de ellas, humorísticas otras, no reflejan toma de posición política alguna. Sus grandes creaciones de la década del 30: Yira… yira (1930), Qué “sapa” señor (1931), Tres esperanzas (1933), Cambalache (1935), Tormenta (1939), son expresión de dolores y frustraciones personales o denuncias de un estado universal de confusión y crisis. En Cambalache, tal vez su obra más popular, la referencia es “al mundo” y no a la Argentina concreta, aunque la incluye. No hay en él, como algunos pretenden, una denuncia de la llamada “década infame”, sino más bien de la crisis de la modernidad y la deshumanización consecuente. Donde hay, sí, una referencia concreta a la Argentina es en Qué vachaché, de 1926 (gobierno de Marcelo T. de Alvear):

“[…]
el verdadero amor se ahogó en la sopa.
La panza es reina y el dinero es Dios.
¿Pero no ves, gilito embanderado,
que la razón la tiene el de más guita?
¿que la honradez la venden al contado
y a la moral la dan por moneditas?
¿Que no hay ninguna moral que se resista
frente a dos pesos moneda nacional?
Vos resultás -haciendo el moralista-
un disfrazao… sin carnaval…”

No se trata, claro está, de una crítica al gobierno de Alvear, pero sí a la escala de valores de la sociedad argentina de la época. Al año siguiente, 1927, Roberto Arlt publica El juguete rabioso, pintura sórdida de ambientes y personajes de Buenos Aires. El gobierno de Alvear tuvo características que lo convierten en uno de los mejores que tuvo la Argentina: prosperidad, progreso en todos los campos, prestigio internacional, florecimiento cultural, vigencia de la democracia política. Tal vez Discépolo y Arlt, con su genialidad, leían bajo el agua y percibían la cercanía de una crisis inevitable si no cambiaba el modelo de país vigente hasta esa fecha, es decir, el proyecto de la “generación del 80”: el país agro-exportador unido íntimamente al Imperio Británico, lo que fue descripto magistralmente por Julio Irazusta: “La presidencia de Alvear acababa […] entre lo que podríamos llamar los esplendores de una puesta de sol, que parece más grande cuando está más cerca de ocultarse bajo la línea del horizonte. Los que vivimos nuestra primera juventud en aquella época sabemos que el lustro de 1922 a 1927 fue tal vez el más brillante de la historia nacional”(51).

Volviendo a Discépolo, en 1950 es designado director del Teatro Nacional Cervantes, que acepta a condición de que fuera ad honorem, y en 1951 participa del ciclo “¡Pienso… y digo lo que pienso!”, por la cadena oficial de radioemisoras, que se transmitió entre mayo y noviembre de 1951, como parte de la campaña electoral para la reelección presidencial de Perón, y en el que tomaron parte sucesivamente otras diez grandes figuras del cine, el teatro y la radio nacionales. Los programas de Discépolo sobresalieron netamente sobre el resto, y constituyeron todo un acontecimiento de éxito radial y modelo de propaganda política. Tuvo treinta y siete programas a su cargo y si bien no era el autor de los textos, les imprimió su sello personal. Así dice Sergio Pujol (generación XIVª):

“Discépolo participó en aquellas páginas corrigiendo y agregando frases de su cosecha, pero su gran aporte estuvo cifrado en el modo de interpretación. Supo inyectar cada oración en los oídos de millones de argentinos a lo largo de todo el país. Con el transcurso de las emisiones el actor se fue afirmando en su espacio y los textos de los libretistas pasaron a ser meros esquemas desde los cuales empezar a hablar.”(52)

Y agrega más adelante:

“Nunca antes se había asistido en el país a una propaganda política tan bien hecha. No se recordaba la apología de un gobierno expresada con tanto ingenio y talento. Y era evidente que muchas de las cosas que Discépolo decía eran ciertas. La propaganda no se alejó tanto de la realidad como para que no resonaran unas cuantas verdades cada vez que la radio era sintonizada por millones de argentinos.”

En varias de sus charlas se dirigía a “Mordisquito”, prototipo del “contrera” opositor contumaz. “Mordisquito” perdió las elecciones, el triunfo de Perón fue abrumador, pero se vengó de Discepolín a través del llamado anónimo, la difamación; incluso muchos amigos le dieron la espalda. Esto lo sumió en un estado depresivo, una especie de anorexia que lo llevó a la muerte el 23 de diciembre de 1951. La tragedia discepoliana de algún modo anticipaba la de la muerte de Evita seis meses después, la violencia de 1953 y la cuasi-guerra civil de fines de 1954 y 1955.

La pluma de Marcelo Sánchez Sorondo (generación XIª) sintetiza magistralmente la conexión entre la doctrina peronista y la inteligencia nacional:

“En cabeza de Perón y a través del peronismo la prédica nacionalista se convirtió en doctrina nacional. Todo el país políticamente mensurable se reconoce desde entonces en ese espejo que algunos pretenden fragmentar. Por la ancha convicción del pueblo nuestro país descubre que es nacionalista con San Martín, Rosas y Perón.”(53)

EL PERONISMO EN EL PODER
La periodización que proponen Floria y García Belsunce(54) divide los dos primeros gobiernos de Perón en tres etapas: a) ascendente, de 1946 a 1949; b) de tensión, de 1949 a 1952; c) de fatiga y crisis, de 1952 a 1955. Me parece acertada, aunque introduciré una corrección y consideraré como etapa ascendente la que va de 1943 a 1949 por cuanto, más allá del acto electoral de 1946, hay una continuidad fundamental en el proceso político, económico, social y cultural que tiende un sólido puente entre el 4 de julio de 1943, el 17 de octubre de 1945 y el 4 de junio de 1946, fecha en que Perón asume la primera presidencia. Por otra parte así lo confirma la percepción popular, que extiende inclusive una primera etapa del peronismo en el poder hasta 1952, año en que Perón asume la segunda presidencia y muere Evita; y efectivamente, a partir de ese año se inicia una crisis política irreversible, aunque paradójicamente las dificultades económicas fueron superadas a partir de 1953 y a la caída de Perón las perspectivas eran excelentes en la materia(55).

El ascenso de Perón al poder comienza a gestarse a fines de 1942 y surge de ideas por él concebidas y que comparte con el entonces teniente coronel Domingo A. Mercante, que pasará a ser su más eficaz colaborador. Nace el G.O.U. (Grupo Obra de Unificación), logia nacionalista que nucleaba a oficiales del ejército y que tendrá un gravitante rol en el levantamiento militar del 4 de junio de 1943 y en los hechos posteriores. Es de destacar que en el cuerpo directivo del G.O.U. al 10 de julio de 1943, sobre 25 integrantes, 19 habían nacido entre 1888 y 1902, sólo 6 pertenecían a la generación siguiente. El G.O.U. es el primer escalón del ascenso político de Perón: Ejército y Movimiento Obrero son los pilares fundamentales del peronismo, pero fue en el ejército donde debió concentrar su habilidad política prioritariamente el futuro presidente. Los coroneles Juan D. Perón y Enrique P. González eran las dos figuras sobresalientes del G.O.U.; Perón, tras la asunción de la presidencia por el general Pedro Pablo Ramírez (generación IXª), es designado Jefe de la Secretaría del Ministerio de Guerra, cuyo titular era el general Edelmiro J. Farrell, en tanto González pasa a ser Jefe de la Secretaría de la  Presidencia. Otros dos hombres fuertes del G.O.U. eran los coroneles Eduardo Ávalos y Emilio Ramírez: el primero pasa a ser Jefe del poderoso acantonamiento de Campo de Mayo, y el segundo, Jefe de la Policía Federal.

Desde el 4 de junio de 1943 hasta el 23 de febrero de 1944, en que es disuelta, la logia copa gradualmente espacios de poder militares y políticos, al tiempo que se producen roces y conflictos internos, que son causa y efecto a la vez de los que se producen en el seno del gobierno del general Ramírez hasta su renuncia el 24 de febrero de 1944. En sus últimos meses de existencia el G.O.U. había incorporado a la dirección a cuatro nuevos miembros, entre los que es necesario señalar al coronel Juan Filomeno Velazco(56), quien reemplazará a Ramírez como Jefe de la Policía Federal y será uno de los hombres importantes del equipo de Perón. En 1947 es designado interventor federal en Corrientes, única provincia donde el peronismo no había ganado; se desempeña como gobernador electo de la misma provincia entre 1948 y 1952. Sin agotar la lista de los directivos del G.O.U., la trayectoria de los más destacados incluye al teniente coronel Arturo Saavedra, interventor en Santa Fe en 1944, el coronel Alfredo Arguero Fragueiro, secretario de gobierno en la provincia de Buenos Aires el mismo año; el teniente coronel Aristóbulo Mittelbach es elegido gobernador de Santiago del Estero en 1946, al igual que Mercante en la provincia de Buenos Aires. El teniente coronel Alfredo Baissi ocupó un cargo destacado en el Consejo Nacional de Posguerra. Los tenientes coroneles Héctor Ladvocat y Julio A. Lagos, tras ocupar cargos políticos entre 1943 y 1945, continuarán su carrera militar hasta 1951 y 1955, respectivamente. El teniente coronel Oscar Uriondo proseguirá asimismo su carrera militar hasta 1955, año en que integra la Junta Militar que sucede a Perón. Otros miembros del G.O.U. se enfrentarán a Perón en diversas circunstancias, por lo que “quedan en el camino”: tal es el caso de Emilio Ramírez, Eduardo Ávalos y el teniente coronel Tomás Duco. Mención especial merece Enrique P. González, quien tras el enfrentamiento producido por el derrocamiento del general Ramírez, se reconcilió con Perón y retirado del servicio activo ocupó funciones públicas: Director Nacional de Migraciones y de Investigaciones Técnicas (1948/50), Secretario General de la Comisión Nacional de Energía Atómica y luego Director Nacional de la misma hasta 1952. Más allá del G.O.U., Perón anudó sólidas relaciones con otros oficiales del ejército, que ocuparán hasta 1955, en forma sucesiva, cargos políticos de trascendencia o jefaturas militares gravitantes. Tal el caso de José Humberto Sosa Molina, Franklin Lucero, Juan Carlos Sanguinetti, Ángel J. Solari, José D. Molina, Oscar R. Silva, Isidro I. Martini, Joaquín Saurí, Ramón Albariño, Carlos Wirth, Emilio Forcher, Audelino Bergallo, entre otros.

La mayoría de sus más importantes colaboradores civiles hasta 1952 son también de la misma generación: Juan Atilio Bramuglia junto a José Figuerola y Domingo Mercante son los principales colaboradores de Perón en la Secretaría de Trabajo y Previsión desde su creación, el 2 de diciembre de 1943; Bramuglia será interventor en la provincia de Buenos Aires en 1945, atrayendo a varios dirigentes radicales del interior de la provincia; tendrá destacado papel en la unificación de los partidos que apoyaron a Perón en 1946 (Partido Laborista, U.C.R. Junta Renovadora y Centros Independientes), y entre 1946 y 1949 será Ministro de Relaciones Exteriores, ocupando la presidencia del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en difíciles circunstancias. José Figuerola, nacido en Cataluña, había desempeñado importantes funciones en España durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera hasta su caída en 1930; emigrado luego a la Argentina, realizó una brillante labor como experto en planificación y legislación laboral. En octubre de 1944, al organizarse el Consejo Nacional de Posguerra, es designado secretario general de esta entidad que sentó las bases del Primer Plan Quinquenal. Entre 1946 y 1949 fue Secretario de Asuntos Técnicos.

En las horas cruciales en torno al 17 de octubre de 1945 surge con perfiles nítidos la figura de un dirigente sindical honesto y capaz, Luis Gay, que es elegido presidente del Partido Laborista a su creación, el 24 de octubre de 1945, y secretario general de la C.G.T. entre noviembre de 1946 y enero de 1947, fecha en que es desplazado por una maniobra tendiente a reemplazar una conducción de la C.G.T. autónoma por otra más dócil(57). El secretario del sindicato del vidrio, José María Freire, desde la Secretaría de Trabajo y Previsión -Ministerio a partir de 1949- será fiel instrumento de esa estrategia. Miguel Miranda fue designado como presidente del Banco Central en 1946, y de hecho como un Ministro de Economía con grandes poderes. Se trataba de un industrial dinámico y astuto, ligado a la segunda línea de la Unión Industrial Argentina (antiperonista en sus cuadros dirigentes); Miranda, sin títulos universitarios, poseía una aguda inteligencia y sentido práctico, que le permitieron encabezar “años de oro” desde el punto de vista económico, entre 1946 y 1949.

Otros colaboradores destacados de Perón, de su misma generación, fueron Oscar Ivanissevich, embajador en los Estados Unidos primero y Ministro de Educación de la Nación entre 1948 y 1950; Jerónimo Remorino, canciller entre 1951 y 1955, fue un estrecho colaborador de Perón en la política de integración latinoamericana que tuvo destacados relieves en sus tres últimos años de gobierno. Antonio Benítez, diputado nacional desde 1946 y presidente de la Cámara entre 1953 y 1955. Ex-radicales con destacada actuación fueron Juan Isaac Cooke, Ministro de Relaciones Exteriores entre 1945 y 1946, embajador en Brasil desde 1947 hasta 1954 y ante las Naciones Unidas desde 1954 hasta 1955. Ernesto Bavio fue senador nacional entre 1946 y 1952, y embajador en Uruguay hasta 1955. Miguel Tanco fue senador nacional entre 1946 y 1952 y convencional constituyente en 1949. Ya mencioné con anterioridad a Diego Luis Molinari. Con más bajo perfil cabe mencionar a Oscar Nicolini, Ministro de Comunicaciones entre 1949 y 1955, y al mayor (R) Carlos D. Aloé, secretario administrativo de la Presidencia de la Nación entre 1948 y 1952, y gobernador de la provincia de Buenos Aires entre 1952 y 1955.

Dos figuras unánimemente señaladas como de negativa influencia sobre Perón, especialmente en la génesis del conflicto con la Iglesia Católica, fueron el contralmirante Alberto Teisaire y Armando Méndez San Martín. Teisaire fue importante para la relación de Perón con la Marina, ministro de esta arma y del Interior en 1944, senador nacional por la Capital Federal en 1946, fue electo vicepresidente de la República en 1954, desempeñándose asimismo como presidente del Partido Peronista. A la caída de Perón efectuó declaraciones públicas en que descalificaba a Perón. Méndez San Martín fue Ministro de Educación desde 1950 hasta 1955; tuvo un rol principal en la creación de la U.E.S. (Unión de Estudiantes Secundarios), que más allá de las exageraciones de la oposición, contribuyó decisivamente para el desgaste del prestigio de Perón. Asimismo Méndez San Martín impulsó la eliminación de la enseñanza religiosa en las escuelas.

Entre 1943 y 1955 la mayoría de las figuras gravitantes en los elencos de Perón fueron de su generación, pero sería incompleto obviar que Evita era de la generación XIIª, Hortensio Quijano y el general Juan Pistarini de la generación IXª, Ángel Gabriel Borlenghi, Ramón Carrillo y el brigadier Juan Ignacio San Martín de la XIª, lo que confirma la regla general. De cinco integrantes de la Suprema Corte de Justicia entre 1946 y 1955, cuatro fueron de la generación Xª: Tomás Casares, Luis Longhi, Atilio Pessagno y Felipe Santiago Pérez. En la Junta Militar que sucedió a Perón, integrada por los generales de división que en mayor o menor grado eran adictos a Perón, sobre dieciocho integrantes trece eran de la generación Xª. Entre las figuras más destacadas del antiperonismo, a su vez, predominan también los integrantes de esa misma generación. En la Unión Cívica Radical: Amadeo Sabattini, Santiago del Castillo, Crisólogo Larralde, Emilio Ravignani, Silvano Santander, Santiago Fassi, Ernesto Sanmartino, Arturo Illia, Gabriel del Mazo. Del partido Demócrata Nacional: Vicente Solano Lima, Reinaldo Pastor, Federico Pinedo, Adolfo Vichi, José Aguirre Cámara, Rodolfo Corominas Segura. Del partido Socialista: Américo Ghioldi, Carlos Sánchez Viamonte, Juan Antonio Solari. Partido Demócrata Progresista: Luciano Molinas, Julio A. Noble.

FATIGA Y CRISIS
La declaración del estado de guerra interno tras la fracasada asonada del general Benjamín Menéndez (generación IXª) del 28 de septiembre de 1951 significó un pronunciado endurecimiento político del gobierno de Perón; se instaura una “dictadura democrática”, democrática por el evidente apoyo mayoritario de que gozaba, evidenciado en todas las elecciones, pero dictatorial por el ejercicio del poder.

La muerte de Eva Perón el 26 de julio de 1952 significó un duro golpe para Perón, tanto en lo personal cuanto en lo político. No hay duda de que episodios como el de la U.E.S. y la influencia de personajes como Armando Méndez San Martín no hubieran sido posibles de vivir Evita; tal vez el conflicto con la Iglesia podría haberse evitado. El 15 de abril de 1953 se producen hechos de inusitada violencia, con responsabilidad compartida por el oficialismo y la oposición: en un acto convocado por la C.G.T. en Plaza de Mayo, y mientras hablaba Perón desde el histórico balcón, estallaron bombas que provocaron numerosos muertos y heridos, lo que provocó una belicosa arenga del presidente. Al finalizar el acto, bandas enardecidas saquearon e incendiaron la Casa Radical, la Casa del Pueblo y el Jockey Club. Sin embargo, a partir de junio del mismo año hay gestos de una y otra parte que tendían a la pacificación del país; esto coincide con cambios en la política económica y exterior de la Argentina, tendientes a un acercamiento a los Estados Unidos, especialmente a partir de la asunción del gobierno norteamericano por el general Dwigth Eisenhower. Su hermano Milton visita Argentina en junio de 1953, ese mismo mes se presenta al Congreso un proyecto de nueva ley de inversiones; el gobierno inicia los pasos necesarios para el desarrollo de las industrias petroleras y siderúrgicas a través de las inversiones extranjeras y créditos internacionales, abandonando en buena medida la dogmática sostenida a lo largo del primer gobierno y del artículo 40 de la Constitución de 1949. La pacificación política parece avanzar a través de la ley de amnistía dictada en la víspera de la Navidad de 1953: cientos de detenidos recuperan su libertad, aunque la amnistía es limitada y no se levanta el estado de guerra interno decretado en 1951.

Los años 1953 y 1954 están signados por la mejora de la situación económica y por la distensión política hasta que estalla la crisis con la Iglesia Católica; sobre las causas se puede leer con sumo provecho un libro del actual obispo auxiliar de Quilmes, monseñor Farrell(58). Los hechos se desencadenaron como un aluvión irracional: agresivos actos públicos el 10 y el 25 de noviembre de 1954 -en el primero habla Perón a los gobernadores, en el segundo entre otros oradores lo hacen Perón y Teisaire-, anticlericalismo verbal que se refleja en actos concretos de gobierno: ley de divorcio, apertura de prostíbulos, cesantía de profesores católicos, derogación de la enseñanza religiosa en las escuelas, proyecto de separación de la Iglesia del Estado. La Iglesia responde con los actos multitudinarios del 8 de diciembre (fiesta de la Inmaculada Concepción) y 9 de junio (Corpus Christi). El 16 de junio de 1955 se produce el despiadado bombardeo de la aviación naval sobre la Plaza de Mayo y edificios públicos cercanos, con su secuela de víctimas; fracasada la revuelta, sobreviene el sacrílego saqueo e incendio de la Curia Eclesiástica y nueve de los históricos templos de Buenos Aires. El 16 de septiembre del mismo año el general Eduardo Lonardi inicia el tercer y definitivo intento de derrocar a Perón: las fuerzas leales al gobierno son superiores en número y posición en el ejército y la aeronáutica, no así en la armada. El bombardeo de los depósitos de petróleo en Mar del Plata por parte de la Flota de Mar al mando del contralmirante Isaac Rojas (generación XIª) y la amenaza de ejecutar la misma medida con la destilería de La Plata y depósitos de Dock Sur doblegaron la voluntad de Perón, quien delegó el gobierno en una Junta Militar compuesta por generales adictos, junto con el ofrecimiento de una renuncia que, tras varios cabildeos, la Junta transformó en renuncia real. Estrictamente hablando, quien depone a Perón es la Junta Militar de generales peronistas, que luego negocia con los jefes rebeldes la entrega del poder. El enfrentamiento fratricida había terminado con la victoria de uno de los bandos, la fractura generacional culmina en una fractura del país, que proseguirá y se ahondará en las dos generaciones siguientes a lo largo de casi tres décadas, pese a los nobles intentos, frustrados, de los presidentes Eduardo Lonardi, Arturo Frondizi (generación XIª) y Arturo Illia. La “hostilidad” interna, de acuerdo a lo que decía Nimio de Anquín, primó sobre los intereses nacionales. Así analizaron Floria y García Belsunce el enfrentamiento de 1954 y 1955:

“Peronismo y antiperonismo fueron, al cabo, dos ‘polos’, no dos ‘partidos’. Ambos terminaron por desinteresarse de las reglas del juego del sistema bipartidista y mientras el peronismo aspiraba a la totalidad del poder, el antiperonismo quería la supresión, por cualquier medio, del peronismo.”(59)

Por su parte Marcelo Sánchez Sorondo dice:

“Así el falso juicio en el que se estancaron tanto Perón como el antiperonismo derivó de no advertir que la solución no consistía en reemplazar la antinomia radicales-conservadores por otro juego equivalente de antagonismos que mantuviera la hostilidad de las posiciones contrapuestas, sino en comprender que la unión nacional no se compadecía con la dialéctica amigo-enemigo aplicada a la política interna.”(60)

El conflicto con la Iglesia fortaleció a la oposición y debilitó al gobierno. Los síntomas de crisis internas que se advertían ya desde 1950/51 se convirtieron en fractura e inmovilización por la agresión a la fe mayoritaria. Nada mejor que ejemplificarlo con lo acontecido con las figuras claves que adhirieron al proyecto de Perón desde sus inicios. Ya hice referencia anteriormente a cómo valores eminentes de la “Inteligencia Nacional” como Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche y Ernesto Palacio toman distancia del gobierno varios años antes de su derrocamiento. Lo mismo ocurre con militares ex-directivos del G.O.U. como el coronel Domingo A. Mercante y los coroneles Héctor Ladvocat, Julio A. Lagos y Oscar Uriondo. Mercante, mano derecha de Perón en la organización del G.O.U. y en el ministerio de Guerra en 1943, anudando contactos secretos con dirigentes gremiales, colaborando con Perón en la Secretaría de Trabajo y Previsión, hombre clave en la jornada del 17 de octubre, candidato triunfante en las elecciones de gobernador de la provincia de Buenos Aires en 1946 y 1950, presidente de la Convención Constituyente de 1949, cae en desgracia ante Perón y Evita en parte por su crecimiento político en 1950(61), y porque se le adjudicó la ambición de ser candidato a presidente en 1952. Según testimonio transmitido por su hijo(62), Mercante no tenía tal ambición, pero algunos ex-forjistas lo empujaban en ese sentido. Es sugerente que dos ministros forjistas de Mercante, Julio César Avanza y Miguel López Frances (ambos generación XIª) hayan sido encarcelados sin causa justificada a partir de 1952; a su vez, Arturo Sampay debió exilarse. El mismo Mercante fue investigado por el gobernador mayor Aloé y expulsado del Partido Peronista. A la caída de Perón, Mercante retomó desde el exilio de Montevideo su militancia, intervino activamente en las negociaciones que condujeron al pacto Perón-Frondizi, y en tal ocasión Perón le envió de obsequio desde Caracas su libro Los Vendepatrias, con una dedicatoria que rezaba: “Al leal D. Domingo Mercante con gran afecto”, fechada el 15 de enero de 1958.

Ladvocat, que había sido secretario de prensa durante el gobierno del general Ramírez, prosiguió su carrera militar hasta 1951. Con el grado de general de brigada se desempeñaba como director del Colegio Militar al producirse la rebelión de Menéndez en 1951; Menéndez invita a Ladvocat a plegarse, cosa que éste rechaza pero no lo detiene(63), lo que es considerado falta grave y le cuesta la destitución. La actitud de Ladvocat, fiel seguidor de Perón durante ocho años, es sintomática de un estado de crisis y dudas en el ejército. Lagos, a su vez, llega al grado de general de división; ferviente peronista, se afilia al partido y tiene actitudes públicas de adhesión que provocan molestias entre sus camaradas de armas(64). Jefe del Ejército de los Andes, el conflicto con la Iglesia lo lleva a una crisis de conciencia que lo vuelca a una acción revolucionaria, siendo uno de los hombres claves del ejército para el derrocamiento de Perón. Designado comandante en jefe del ejército en septiembre de 1955, apoya el derrocamiento de Lonardi y el proyecto de “desperonización”. Pese a ello, no gozaba de la confianza del antiperonismo recalcitrante, por lo que renuncia a su cargo pocos días antes de la rebelión cívico-militar peronista del 9 de julio de 1956, que fuera sangrientamente reprimida.

Uriondo aparece siempre íntimamente ligado a Perón desde su designación en el ministerio de Guerra en 1943. En su carrera militar alcanza el grado de general de división; fue director de la Escuela Superior de Guerra entre 1953 y 1954 y cuartelmaestre general del ejército entre 1954 y 1955. En septiembre de 1955 integró la Junta Militar en la que delega Perón el gobierno y ante la que pone a disposición su renuncia.

Tras la caída de Perón, destacados integrantes de lo que denominamos “inteligencia nacional” se reagruparon en diversas entidades. Es sintomática al respecto la integración del grupo directivo del Instituto “Juan Manuel de Rosas” de Investigaciones Históricas en agosto de 1971: el presidente era Julio Irazusta, y entre los consejeros encontramos a Alberto Baldrich, padre Leonardo Castellani, padre Guillermo Furlong, Arturo Jauretche, Samuel W. Medrano, Ernesto Palacio y Vicente Sierra, de la generación objeto de nuestro estudio, junto a otros de la generación siguiente(65).

De este modo he intentado sintetizar la trayectoria de grandeza y frustración de la generación Xª de la historia argentina: su misión quedó inconclusa, pero con sus luces y sombras, queda como testimonio y lección para que emulemos sus aciertos y no repitamos sus errores.

CRONOLOGÍA
A continuación transcribo la nómina, separada de acuerdo a la fecha de nacimiento, de los exponentes más destacados de la generación Xª. El orden en que están ubicados es arbitrario y responde, de acuerdo al criterio del autor de estas líneas, a la importancia o significación histórica de cada protagonista, sin tener en cuenta distinción entre las diversas actividades; así, Carlos Gardel aparecerá encabezando el año 1890. Destaco aparte la cronología de los integrantes del grupo directivo del G.O.U. al 10 de julio de 1943, y de los integrantes de la Junta Militar que reemplazó a Perón en 1955.

1888 Manuel Fresco – Xul Solar – Ricardo Finochietto – Mons. Fermín Lafitte – Alberto Vacarezza – Evar Méndez – Francisco Canaro – Pascual Contursi – Enrique Banchs – Elvio Anaya – Miguel Tanco – Luciano Molinas – Juan E. Carulla – Benito Sueyro – Vicente Greco – Manuel Arostegui.

1889 Guillermo Furlong – Diego Luis Molinari – Mons. Antonio Caggiano – Rafael Bielsa – Gilardo Gilardi – Alejandro Bustillo – Miguel Ángel Cárcano – Álvaro Yunque – Arturo Capdevila – Guillermo Facio Hebecquer – Atilio Pessagno – Felipe Santiago Pérez – Héctor Vernengo Lima – Santos Rossi. 1890 Carlos Gardel – Benito Quinquela Martín – Carlos von der Becke – Pedro Héctor Blomberg – Carlos Obligado – Arturo de Bassi – Juan C. Sanguinetti – Ramón Albariño.

1891 Victoria Ocampo – Florencio Molina Campos -Oliverio Girondo – Francisco Romero – Ignacio Corsini – Miguel Miranda – Alberto Teisaire – Juan F. Velazco – Pablo Curatella Manes – Rodolfo Corominas Segura – Alfredo Domingo Calcagno – Manuel Romero – José Domenech.

1892 Manuel Savio – Amadeo Sabattini – Alfonsina Storni – Emilio Pettoruti – Alfredo Guido – Eduardo Arolas – Enrique Loncán – Jorge Max Rhode – Arturo Cancela – Carlos Sánchez Viamonte – Ángel J. Solari – Luis Longhi – Aldo Cantoni.

1893 José Humberto Sosa Molina – Octavio Pico Estrada – Edmundo Guibourg – Alfonso de Laferrère – Elías Castelnuovo – Vicente Sierra – Alfredo Gramajo Gutiérrez – Ivo Pelay – Orlando Peluffo – Isidro I. Martini.

1894 Carlos Astrada – Ramón Doll – Aquiles Badi – Samuel Eichelbaum – Juan Filloy – Alfredo Fortabat – Guillermo Barbieri – Bartolomé de la Colina – Leandro Rafael Reynés – Gregorio Tauber – Fernando Estrada – Fortunato Giovanonni.

1895 Juan Domingo Perón – Ezequiel Martínez Estrada – Tomás Casares – Atilio Dell’Oro Maini – Federico Pinedo – Nimio de Anquín – César Pico – Juan José Castro – Juan Alfonso Carrizo – Héctor Basaldúa – Luis Arata – Celia Ortiz de Montoya – Juan Carlos Cobián – Juan Isaac Cooke – Oscar Ivanissevich – Fidel Anadón – Silvano Santander – Ambrosio Vago – Enrique Delfino.

1896 Eduardo Lonardi – Lino Spilimbergo – Emilio Cassani – José Fioravanti – Emilio Ravignani – Pablo Rojas Paz – Anselmo Aieta – Esteban Celedonio Flores – Ernesto Bavio – Virgilio Filippo – Arsenio Cavilia Sinclair.

1897 Rodolfo Irazusta – Horacio Butler – Luis Gianneo – Faustino Legón – Franklin Lucero – Gerardo Mattos Rodríguez – Osvaldo Fresedo – José Figuerola – Eustaquio Méndez Delfino

1898 Raúl Scalabrini Ortiz – Juan Mantovani – Domingo Alfredo Mercante – Gabriel del Mazo – Agustín Magaldi – Jacobo Fijman – Lucio Moreno Quintana – Ramón Gómez Cornet – Enrique Policastro – Conrado Nalé Roxlo – Alfredo Bigatti – Ricardo Molinari – Carlos Vega – Eduardo Busso – Benjamín Rattenbach – Augusto Rodríguez Larreta – Alfredo Brandán Caraffa – Francisco de Caro – Albero Baldrich – Aníbal Ponce – Luis Franco – Joaquín Saurí.

1899 Jorge Luis Borges – Leonardo Castellani – Julio Irazusta – Mons. Enrique Rau – Samuel W. Medrano – Luis Juan Guerrero – Julio de Caro – Francisco García Jiménez – Américo Ghioldi – Rosita Quiroga – Alberto Gainza Paz – José Luis Pedroni – Horacio Rega Molina – Guillermo Battaglia – Oscar Nicolini – José Emilio Visca.

1900 Leopoldo Maréchal – Ernesto Palacio – Roberto Arlt – Francisco Luis Bernárdez – Arturo Illia – Nicolás Olivari – Eduardo González Lanuza – Armando Cascella – María Rosa Oliver – Enrique Cadícamo – Pedro Maffia – Carlos di Sarli – Juan D’Arienzo – Alfredo Le Pera – Mario Soffici – José Aguirre Cámara – Adolfo Vichi – Carlos V. Aloé

1901 Arturo Jauretche – Enrique Santos Discépolo – Raúl Prebisch – Vicente Solano Lima – Enrique González Tuñón – Carlos Mastronardi – Julio A. Lagos – José Luis Torres – Tania – José María Freire – Julio V. Canessa.

1902 Crisólogo Larralde – Raquel Forner – Demetrio Urruchúa – Roberto Noble – Ángel J. Battistesa – Leónidas Barletta – Arturo Osorio Arana – Ernesto Sammartino – Jerónimo Remorino – Azucena Maizani – Francisco Petrone – Luis Farré – Ángel Vasallo – Pedro Laurenz – Armando Méndez San Martín – Osvaldo Horacio Dondo – Luis César Amadori – Carlos S. Toranzo Montero – Carlos Schlieper – León Bouché – Roberto Fugazot.

CUERPO DIRECTIVO DEL G.O.U. AL 10 DE JULIO DE 1943

1891
Agustín Emilio Ramírez – Alfredo Arguero Fragueiro.

1892
Eduardo J. Ávalos.

1894
Juan Carlos Montes.

1895
Juan Domingo Perón – Urbano de la Vega.

1896
Enrique P. González – Aristóbulo Mittelbach.

1897
Agustín de la Vega – Arturo Saavedra.

1898
Domingo A. Mercante.

1900
Héctor Ladvocat.

1901
Julio A. Lagos – Oscar Uriondo – Tomás Ducó – Severo Eizaguirre – Bernardo Menéndez – Mario Villagrán.

1902
Alfredo Baissí

INTEGRANTES DE LA JUNTA MILITAR QUE REEMPLAZÓ AL PRESIDENTE PERÓN EN SEPTIEMBRE DE 1955

1895
Emilio Forcher – Oscar R. Sacheri (Auditor General).

1896
José D. Molina.

1897
Audelino Bergallo.

1899
Juan José Polero.

1900
Ángel Juan Manni.

1901
José C. Sampayo – Adolfo Botti – Oscar Uriondo – Guillermo Streich – Héctor M. Torres Queirel.

1902
Carlos Wirth – Ramón E. Herrera

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