Los méritos y el fracaso de FORJA

Por Ernesto Adolfo Rios

“… digo que mis cantos son / para los unos, sonido, / para otros, intención…”
Martín Fierro

Cinco días después de que la muerte convirtiera en mito la voz de Carlos Gardel -70 años ha- el subsuelo de la Avenida Corrientes casi Callao era escenario y testigo del nacimiento de F. O. R. J. A.
Con la presencia patriarcal de Juan B. Fleitas –ex Ministro de Irigoyen- y de Manuel Ortiz Pereyra –el único miembro del Poder Judicial que renunciara el 6 de septiembre de 1930- una miríada de jóvenes radicales, agitando las banderas revolucionarias que había popularizado el yrigoyenismo, constituía la “Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina”.
Allí estaban Arturo Jauretche, Luis Dellepiane, Juan Luis Alvarado, Juan Molasterán, Abel Sánchez Uncal, Conrado Miguens, Oscar Correa, Gabriel Del Mazo, Atilio García Mellid, Horacio Maldonado, Héctor y Carlos Maya, Néstor Banfi, Alberto Ansó, Oscar Hasperué Becerra, entre otros, combatiendo la conducción partidaria de Alvear.

El Manifiesto inicial de F. O. R. J. A. –obra de Jauretche- marcaba claramente la acendrada conciencia nacional de la agrupación que surgía: “Somos una Argentina colonial, queremos ser una Argentina Libre”.
Un sinnúmero de verdades –hoy hasta el hartazgo conocidas- eran descubiertas y develadas finamente en el subsuelo de Corrientes y en el sótano de la calle Lavalle, donde F. O. R. J. A. debió recalar por falta de fondos para el alquiler. Las mesas del “Campoamor”, donde se juntaban las moneditas para pagar el único café consumido en horas de estadía, también eran improvisadas tribunas desde las que se ponía al descubierto la “política invisible” y los intereses extranjeros que manejaban sus hilos.

Mientras el Régimen de la “Década Infame” desenvolvía sus acciones proscriptivas y la gestión de la cosa pública se hacía en beneficio de los capitales extranjeros, la casi inaudible prédica de F. O. R. J. A. –obligada al sótano de Lavalle, al Campoamor, y a los cajoncitos de manzana usados como escenario en las esquinas de Buenos Aires- atrajo a un conjunto de nuevos adeptos: René Orsi, Francisco José Capelli, Miguel López Francés, Basilio Ruiz, Oscar Meana, Vicente Trípoli, Libertario Ferrari, Fernando Estrada, Juan Carlos Cornejo Linares, Mario Pascale, Luis Peralta Ramos, Homero Manzi, Mario Roberto, Enrique Millán, Horacio Aragón, Roque Raúl Aragón se cuentan entre ellos.
Pero es la figura de Raúl Scalabrini Ortiz, invitado a disertar en el sótano sobre sus descubrimientos ferrocarrileros, la que se convertirá en el alma de F. O. R. J. A., inspirador de sus “Cuadernos”, norte ideológico de sus reflexiones…

Hacia 1940, la unidad de F. O. R. J. A. se desarticuló. Luis Dellepiane y Gabriel Del Mazo abandonaron la conducción, y con ellos se alejó un numeroso grupo de militantes que prefirieron volver a dar la lucha en las estructuras del Partido Radical.
Jauretche asumió entonces la presidencia de F. O. R. J. A., secundado por las huestes juveniles… Pero no fue ya lo mismo.
Raúl Scalabrini Ortiz renunció a su afiliación en 1943.

Tras los cinco iniciales años, a partir de su fundación, en los que la alegría del batallar suplía estrecheces y resquemores, F. O. R. J. A. comienza a languidecer.
La sangría de los alejamientos –Del Mazo y Dellepiane y su grupo, primero, Scalabrini Ortiz después- debilita al Movimiento. La Revolución del 4 de junio de 1943 confunde a los adeptos. La figura creciente del coronel Perón, también…

Sólo Jauretche sigue imparable, supliendo mínimamente con su acción personal el otrora gran activismo del conjunto. Los actos callejeros de antaño dejan lugar a las conversaciones diarias del presidente de F. O. R. J. A. con el militar que está al frente de la Secretaría de Trabajo y Previsión: el frustrado intento de un acuerdo político entre ambos para establecer un Gabinete en la provincia de Buenos Aires resquebraja, sin embargo, la relación.
Jauretche intenta entonces el camino del Radicalismo, buscando terciar entre el régimen juniano y Amadeo Sabattini. La caída del hasta entonces hombre fuerte del gobierno le da nuevas esperanzas; pero Sabattini deja escapar la oportunidad que la historia colocó en sus manos…

En esos días de octubre de 1945, “… el desaliento, húmedo y rastrero, caía … como un ahogo de pesadilla”, rememoraba Scalabrini Ortiz. Pero la historia obraría el milagro.
Y en el milagro colectivo de ese día 17, donde al conjuro del nombre de Perón se presentaba el espíritu de la tierra corporizado en la multitud, convergía otro milagro, pacientemente trabajado durante una década por un pequeño ejército de patriotas: las “briznas de multitud” que encarnaban “el substrato de nuestra idiosincrasia y de nuestras posibilidades colectivas” ese 17 de octubre, coreaban unánimemente las consignas que F. O. R. J. A. había lanzado durante diez años, y que parecían caídas en el vacío…
Era el triunfo de F. O. R. J. A…. y paradójicamente su final.

El 15 de diciembre de 1945, la Asamblea General de F. O. R. J. A., en virtud de la existencia de “un movimiento popular en condiciones políticas y sociales que son la expresión colectiva de una voluntad nacional de realización”,  decidió disolverla. Firmaban la Resolución Arturo Jauretche, Presidente, y Darío Alessandro, Secretario de la Asamblea. Muchos afiliados a F. O. R. J. A. no fueron anoticiados de la reunión. El Secretario General de F. O. R. J. A. conoció la disolución posteriormente y no la hubiese firmado… Muchos forjistas podrían hacer suyas las palabras de Francisco Capelli: “Mi vida fue F. O. R. J. A., y con ella terminó la fuente y el motor que animó la necesidad que sentí siempre por servir a nuestro país”

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El alejamiento de Scalabrini Ortiz de F. O. R. J. A. parece una consecuencia de su desilusión en cuanto a la posibilidad de crear un grupo revolucionario. Se había opuesto a la vuelta al Partido Radical, naturalmente estaba en el polo opuesto a Dellepiane y Del Mazo; pero también se opuso al ingreso al peronismo, cosa que sólo admitió cuando Perón había desaparecido. Su alejamiento de Jauretche –en esos momentos- no es sólo de principios sino de estilo. El también le hallaba un fondo comiteril. Jaurteche quería una política maniobrera, aunque se valiera de trucos retóricos, como el de “radicalizar la Revolución y revolucionar al radicalismo”; Scalabrini prefería las antítesis heroicas: “Somos una Argentina colonial, queremos ser una Argentina libre”. Y, por una curiosa ironía, Scalabrini, el intelectual, entró profundamente en las masas y Jauretche, el político, es un tema de los intelectuales…

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¿Qué fue, en definitiva, F. O. R. J. A.?
Para empezar, no fue lo que se propuso ser: un grupo de patriotas que se quedara con el Partido radical mediante el artilugio de dar el nombre de Yrigoyen a un conjunto de reclamos nacionalistas. En ese aspecto fracasó: los partidos tienen una estructura y una dinámica independientes de las ideas que expresan. Toda esa tentativa de orientación radical de la Joven Argentina fue una quimera, aunque haya costado mucha abnegación y miles de actos callejeros que para el Régimen fueron como el zumbido de una mosca. El manifiesto inicial y la obra de Scalabrini Ortiz fue el aporte incuestionable del grupo a la política nacional (un aporte literario) En el terreno de la acción, se salva del olvido por lo que pudo hacer bajo la batuta de Miguel López Francés…

Después, se creó el mito de Jauretche… y hasta consiguieron que él mismo representara el papel que le atribuían. Ese falso Jauretche ha perdido vigencia.
Es necesario rescatar al verdadero, que es menos importante, pero más aprovechable por su patriotismo, su coraje, su fuerte personalidad y su honradez.

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