SARMIENTO Y EL LECHO DE PROCUSTO

Por Eduardo Rosa

Eléusis, ciudad cercana a Atenas, era la ciudad sagrada y hasta allí se llegaba en peregrinación..
Pero en algún momento se instaló en los caminos un bandido llamado Procusto.
Procusto era un maniático de la uniformidad.  Algo parecido a los militares con respecto al largo del pelo de los hombres.

A Procusto le preocupaba que los hombres no fuesen todos iguales.  Iguales de altura.
Procusto no toleraba ni los petizos ni los altos.
Él quería imponer la igualdad.  Era una especie de comunista utópico de su época.

Viajero que se atrevía a los caminos de Eléusis y caía en manos de Procusto era primeramente desvalijado (Una primera forma de imponer la igualdad, aún en vigencia), y luego acostado en una cama, que pasó a la historia con el nombre de “el lecho de Procusto”.

Si el infeliz cabía exactamente en la cama, podría dejar de serlo y retirarse felizmente.  Pero si era más petizo era dolorosamente estirado hasta alcanzar el tamaño del famoso lecho y si era más alto, se lo emparejaba serruchando las piernas de la víctima en aras del noble emparejamenieto.

Todo terminó cuando Teseo, el mismo que venció al minotauro en Creta, lo capturó y, como no podía ser de otra manera, lo sometió al emparejamiento en su propio lecho.

Por eso se suele decir “el lecho de Procusto”, cuando alguien pretende forzar la realidad para que quepa en su modelo ideal.

Como lo pensaba Alberdi cuando decía:
“Hemos de componer la población para el sistema de gobierno, no el sistema de gobierno para la población… necesitamos cambiar nuestras gentes incapaces para la libertad”.
El tucumano era un fiel discípulo del Griego.

¿Qué tiene que ver Sarmiento con esto?

Sarmiento pensaba mas o menos como Alberdi. (Pese a que Alberdí no lo quería nada y en “Peregrinación de Luz del día”, a Tartufo, el apóstol de la educación que representaba a Sarmiento le hace decir  que no enseñaba porque: “(para dar educación), es preciso haberla recibido.
Aquí conviene aclarar que Alberdi, mentor de nuestra constitución no tenía más título universitario que un doctorado “honoris causa”. (nadie es perfecto).

Sarmiento muere en Asunción en 1888.  Se lo pone en un cajón de humilde madera, como se acostumbraba en el Paraguay de la post-guerra.

El embajador Argentino se incomoda y considera que un ex-presidente requería un cajón de mejor categoría y encuentran uno adecuado pero ¡Mas chico!.
Como era más importante la apariencia que el respeto (una derivación de la idea que es más importante la ley que el sentido común), para hacerlo caber hay que cortarle las piernas.

Y así, 3000 años después vuelve a cumplirse el destino de Procusto.

Eduardo Rosa
Setiembre 2005

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