AL MAESTRO CON CARIÑO- EN HOMENAJE A CLAUDIO DIAZ

Cuando quien abraza esta noble profesión de informar pierde a su maestro y amigo cuesta encontrar las palabras justas que puedan rendir  homenaje a quien fuera en vida Claudio Díaz, teniendo en cuenta que destacadas plumas del periodismo militante han sabido explicar con acertadas palabras lo que significa su desaparición física.

Cuando era un chico fanático del fútbol, nunca pude imaginar que esa circunstancial pasión haría que mi vida encuentre su rumbo. Promediaba la década del ochenta y las circunstancias de la vida, hicieron que Claudio y yo fuésemos vecinos. Siendo ambos fanáticos de Boca, el primer tema de charla ya estaba instalado, digo el primero por que a lo largo de casi 25 años de amistad las charlas serían cada vez más enriquecedoras, fructíferas e interesantes. Sucedió durante ese período que Claudio y su hermana, Mónica, habían comprado plateas en La Bombonera.

Cierto día, como tenía una entrada disponible, me invitó a  ver al equipo de la ribera.  En el viaje de Haedo hasta La Boca, pude apreciar lo que era un profesional que amaba  su carrera y que le inculcaba ese amor a todas las personas que conversaban con él,  en ese trayecto hubo largas charlas acerca de diversos temas: actualidad, historia, geografía, política, etc. Todo ese bagaje intelectual que poseía Claudio, me marcó para siempre y en ese mismo momento, supe lo que quería ser, quería llegar a ser como él, quería aprender de su capacidad, leer para alcanzar sus conocimientos, defender con fuerza mis convicciones; sin dejar de lado su sencillez y su gran humildad.

De visita en su casa,  pude observar un cuadro donde Fidel Castro le estaba entregando un premio, me habló de esa foto y de su estadía en Cuba, además me explicó como llevó adelante el trabajo de investigación. Claudio no solo amaba lo que hacia, sino que del periodismo hacia docencia de cómo pensar  uno mismo la realidad y no de observarla a través de la lente deformada de algún comunicador malintencionado.

Él pregonaba incansablemente, el pensamiento critico, al mejor estilo de su ídolo “Jauretche”. Me acuerdo patente su crítica a los medios, como éstos engañaban a la gente, presentándose como guardianes de la libertad de expresión, cuando la construcción de su discurso se basaban en proteger los intereses de las grandes multinacionales que están detrás de las empresas periodísticas.

La falta de profesionalismo de algunos colegas quedó de manifiesto cuando en los varios y merecidos homenajes que  tuvo por la prensa escrita  en todos los medios, se recalcó que a la tierna edad de 12 años ganó el concurso Odol responde lo que le facilitó poder comprarle la casa a la madre, siendo este dato no de todo cierto, ya que se alzó con dicho concurso a la edad de 21 años, es decir, se repitió varias veces ese error sin chequearlo previamente como un buen profesional hubiese hecho.

Previo a otra salida a la cancha pude observar que en su abultada biblioteca sobresalía un libro, este tenía como tapa la foto de Menem y Bush padre, en ese momento le pregunté: “¿Qué hacés con esto, justo vos?, a lo que ni lerdo ni perezoso pero con la tranquilidad de los que saben  me dijo: “Siempre hay que conocer lo que piensa el enemigo. Más tarde cuando leí: “La ultraderecha en la Argentina”, y el “Manual del antiperonista ilustrado”, supe a que se refería.

Con la renuncia a Clarín, y su crítica abierta a lo que Claudio llamaba mediocracia, el uso de lo medios de comunicación como herramientas de dominación por parte de los grandes grupos económicos, no solo sentí orgullo por él sino que la distinción de la que fuera objeto por parte del Secretario General de la C.G.T como héroe civil nunca estuvo mejor dada.

El año pasado de la mano de mi mentor, tuve la gran oportunidad de poder colaborar, en elaboración del libro “El movimiento obrero argentino”, historia y lucha de los trabajadores y la CGT. Había llegado la oportunidad de trabajar al lado de quien ya era un periodista reconocido, el monstruo que enfrentó al multimedio más grande de habla hispana, y como a lo largo de todos estos años además de disfrutar de hacer la labor de periodismo de investigación, seguí aprendiendo al lado del maestro.

Tu muerte me llenó de un inmenso dolor al igual que todos los que te conocimos, el vació que deja el amigo, el compañero y el maestro, no va a ser llenado jamás. Pero el ejemplo que fuiste en vida marca el camino a seguir del cual uno no debe apartarse, tus principios, coherencia,  lucha,  sacrificio, honestidad intelectual y la defensa de las cosas buenas argentinas; con la humildad que vos tuviste, la de los buenos tipos.

Tarde o temprano nos volveremos a cruzar para  alimentar nuestra pasión por la historia, y  nuestra inquietud por descubrir algunas verdades escondidas. Adiós maestro, hasta siempre amigo y hasta la victoria siempre compañero.

Eugenio Tadic

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