LOS PIANTAVOTOS DE ZBIGNIEW BRZEZINSKI. Por Cesar González Trejo

Cristina Fernández de Kirchner está a punto de ser reelecta, con amplio apoyo popular. No se trata, exclusivamente, del buen momento económico por el que atraviesa el país, o de algunas posturas ideológicas adoptadas por Néstor y Cristina desde el 2003.

Se trata de algo más profundo: la sabiduría del pensamiento popular, que aunque negado por los sectores del privilegio económico y cultural, existe esencialmente como capacidad de auto-afirmación. Una voluntad de ser anterior a la política, pero que se expresa en nuestra historia de manera clara y contundente entre otras cosas, con la elección de sus conductores.

Cristina Fernández de Kirchner no ha sido ungida por el pueblo argentino como una mera administradora del Estado Nacional, sino como relevo generacional del principal líder que tuvo nuestra Nación en el siglo pasado, el General Juan Domingo Perón.

En las elecciones primarias pasadas, el pueblo comprendió cabalmente la dimensión sacrificial de Néstor y Cristina, abriendo nuevamente su corazón a la esperanza, la misma que le fuera defraudada tantas veces.

Nuestro pueblo sabe reconocer a quien le habla – con sus voces, con sus gestos, pero también con sus actos-, de manera clara y con su mismo lenguaje. A quien levanta las mismas banderas trascendentes.

Una de ellas, es la Causa de nuestras Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, por las que el pueblo argentino, anónima y silenciosamente, viene sembrando adoratorios en cada rincón de la inmensa geografía patria, según la excelente definición de Pancho Pestanha.

No se trata solamente, como pretenden algunos, de la pertenencia de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández a la región patagónica, que vivió más intensamente el conflicto armado de 1982. Además, se trata de la visión acerca de esa Causa como “el ADN de la Patria”, al decir de Ana Jaramillo. Quien no comprende esto, no comprende al pueblo argentino.

Cristina Fernández de Kirchner no sólo lo comprende cabalmente, sino que lo siente hasta los tuétanos. Basta analizar cada una de sus declaraciones –no de ahora como Presidenta, sino en todo tiempo-, para comprobar esta afirmación.

La Causa de Malvinas, a pesar de su jerarquía constitucional y del amplio arraigo popular, es un terreno de disputa de ideas entre las élites culturales. Disputa que sin dudas tiene a la potencia usurpadora como presencia invisible y sutil, pero que actúa a través de la subsistencia de una superestructura cultural que Arturo Jauretche definía como colonización pedagógica, y que atraviesa e impregna incluso a sectores que se proclaman kirchneristas.

En ese sentido, a Cristina Fernández de Kirchner le pasa lo mismo que al Gral. Perón con los nacionalistas ultramontanos, que atacaban sus políticas centrales pese a que ocupaban muchos cargos en su gobierno. Perón, con sarcasmo, los descalificaba tratándolos de “piantavotos de Felipe II”.

En este caso, bien podríamos definir que estos nuevos piantavotos no vienen de la derecha política, y tampoco del marxismo, sino – por su dependencia ideológica y hasta en algunos casos, económica-, de Zbigniew Brzezinski, pensador de la globalización polaco-estadounidense, Consejero de Seguridad Nacional de James Carter e integrante del CFR (Council on Foreign Relations) y co-fundador de la Trilateral Commission.

Brzezinski predijo la caída inexorable de la Unión Soviética por implosión, y sugirió en varios de sus ensayos – especialmente en “La Era Tecnotrónica”- que el Mundo Uno subsistente sería la síntesis de la cultura marxista y la economía capitalista.

Por eso, estos piantavotos de Zbigniew Brzezinski, son los responsables de las derrotas locales que sufrió el kirchnerismo en distintos distritos, siendo Cristina Fernández de Kirchner la única responsable del triunfo a nivel nacional.

A pesar de esa evidencia, pretenden dictarle a Cristina el sentido de sus políticas estratégicas y han decidido enfrentar abiertamente a la Presidenta de la Nación con una política desmalvinizadora, a pesar de ocupar importantes cargos en el Estado Nacional.

El más paradójico y reciente, es el de Vicente Palermo, laureado hace pocos días con el Premio Nacional de Cultura por su ensayo Sal en las heridas, las Malvinas en la cultura argentina contemporánea (Edit. Sudamericana, 2006).

En la página 25 del mismo, Palermo confiesa que el propósito de ese libro es “contribuir modestamente a algo que creo necesario: detonar la causa de Malvinas, hacerla estallar en mil pedazos”.

Este investigador principal del CONICET, organismo creado por Juan D. Perón por Decreto Nº 9695 del 17 de Mayo de 1951, que se financia con dineros públicos y que tiene entre sus objetivos promover estudios e investigaciones para el interés nacional, no sólo no defiende este interés, sino que se arroga la decisión individual de desconocer la Disposición Transitoria Primera de la Constitución Nacional, a la que considera “un extremo absurdo en el plano legal”.

Cuando en el año 2010, la Presidenta de la Nación dictó el Decreto Nº 256, con el propósito de limitar la navegación por la jurisdicción marítima nacional de buques que participen en las tareas de exploración petrolera ilegal en los mares adyacentes a Malvinas –medida lógica, necesaria, aunque insuficiente-, Vicente Palermo la criticó  caracterizándola como un eslabón más de la cadena con la que estamos enrollando nuestras piernas”.

Continúa el laureado “investigador”: En el tema Malvinas, hay demasiado oportunismo y demasiado silencio. La política oficial es desatinada, pero la oposición, hasta ahora, poco y nada ha hecho para contribuir al desarrollo de un enfoque original”. (La Nación, 18 de febrero de 2010).

¿Será oportunismo, para Vicente Palermo, las palabras de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner del 2 de abril de 2010, cuando desde Río Gallegos, proclamó?:

“… y vamos a seguir reafirmando en todos los foros internacionales, en todos los ámbitos la vigencia del derecho internacional para solucionar conflictos, el cumplimiento del mandato de Naciones Unidas para que la Gran Bretaña cumpla lo que ha ordenado en votación Naciones Unidas y se siente a negociar con la República Argentina en los términos que así se han establecido en las distintas resoluciones de Naciones Unidas…”.

Otro caso a estudiar, es el del profesor de historia Federico Lorenz. Su contribución a la desmalvinización es más abundante aunque de menor nivel académico que la de Vicente Palermo.

Desde sus inicios como “escalador de la pirámide” – como solía definir Alberto “Tucho” Methol Ferré a este tipo de personajes-, Lorenz colaboró con proyectos difusivos y culturales de la BBC. Lo hace en la actualidad, además de haber ocupado su tiempo como director del Programa de Educación y Memoria del Ministerio de Educación de la Nación y encargado por la misma cartera para la “conmemoración” de los 30 años del conflicto armado por Malvinas. Tan altos méritos lo han llevado, también, a dictar en la actualidad un seminario en el ISEN (Instituto del Servicio Exterior de la Nación), para formar a los futuros diplomáticos argentinos sobre sus ambiguas y confusas interpretaciones sobre el impacto de la guerra en la sociedad argentina.

En su libro “Las guerras por Malvinas” (Edhasa, 2006), Lorenz analiza los discursos de postguerra, y pretende historizar acerca de la identidad y evolución de las organizaciones de los Ex Soldados Combatientes en Malvinas. Ignorando los más elementales métodos de la investigación histórica, como son la toma de testimonios de los protagonistas, el acopio de pruebas documentales, sonoras, fílmicas o gráficas, hace que “tergiverse hechos, situaciones, sustituya actores y discursos. Llegando a conclusiones erróneas por carencia de prueba documental cierta, a la cual, no un historiador, un mero estudiante de periodismo hubiese accedido de haberse propuesto escribir un artículo sobre el origen de las organizaciones de ex combatientes de Malvinas. Por todo esto surgen algunos interrogantes: ¿Federico Lorenz es un historiador poco serio? ¿Por qué no consultó a las fuentes? ¿No sabe que existen las guías de teléfono? (el texto entre comillas pertenece al artículo de Jorge Omar Vázquez, fundador del primer Centro de Ex Soldados Combatientes en Malvinas y de la Coordinadora Nacional de Centros de Ex Combatientes, que publicara en 2006 bajo el título “Federico Lorenz ¿Historiador?”).

En vísperas de los viajes que los Familiares de los Caídos realizaron entre los días 3 y 10 de octubre de 2009 para inaugurar el Monumento emplazado en el Cementerio de Darwin, y que contaron con el apoyo y el acompañamiento de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, Federico Lorenz escribía un artículo bajo el título “La herida de Malvinas aún no cierra” (Clarín, 24 de Septiembre de 2009):

“La experiencia de la guerra de Malvinas, un hecho bélico en una época signada por el terrorismo de Estado, no debería ser despachada mediante la apelación al discurso patriótico que funcionó durante décadas, y que cayó por su propio peso tanto en los sótanos de la ESMA como en las islas del Atlántico Sur. La muerte iguala, pero no el análisis. Al llevar sin más la guerra de Malvinas al panteón de las guerras por la patria ofendemos a los ciudadanos conscriptos que marcharon a combatir sin las manos manchadas de sangre de compatriotas. A la inversa, ofrecemos un refugio sagrado a quienes la invocan para amparar aún hoy esos crímenes.  Hoy, las apelaciones a la patria no deberían poder ser semejantes a las que se hacían antes de esas dos heridas profundas en la memoria nacional. ¿Qué patria imaginamos en vísperas del Bicentenario? A contrapelo de los aniversarios redondos, que invitan a las idealizaciones, el homenaje a los muertos por la patria es la pregunta permanente, aunque incomode”.

Contrastemos estas afirmaciones del funcionario de Educación y docente en la Cancillería Federico Lorenz, con las de la Presidenta de la Nación del día 3 de octubre de 2009, en el acto de despedida del primer contingente de Familiares de Caídos que viajó a inaugurar el Monumento en Darwin:

“Ustedes van a rendir honor no solamente a sus muertos, sino también a los nuestros, porque los muertos de ustedes son también nuestros muertos. Quiero que vayan con mucha fuerza, con mucha entereza, y que sepan que hay cuarenta millones de argentinos que les rinden homenaje a Ustedes. Y que un día de este siglo, un presidente argentino va a ir a rendirles homenaje en nombre de los derechos irrenunciables e inclaudicables que tenemos sobre esas islas. Deberán comprender que no pueden subsistir enclaves coloniales en pleno siglo XXI. ¡Gloria y honor a los Caídos en Malvinas!”

O con el párrafo siguiente, perteneciente al discurso que Cristina brindó el pasado 2 de abril:

“Nosotros -y cuando hablo de nosotros hablo de los argentinos- debemos saber diferenciar las cosas que ocurrieron, poder separar quienes gobernaban bajo formas no democráticas, del hecho en sí que es el ejercicio de la soberanía nacional y el rechazo al colonialismo que aún avergüenza a la humanidad en el siglo XXI. Es imprescindible que los hombres y mujeres que tenemos responsabilidades institucionales y fundamentalmente también todos los argentinos, aprendamos, hagamos el duro aprendizaje de poder diferenciar las cosas y saber comprender que la patria y sus derechos están por sobre toda otra cualquier circunstancia o episodio que nos haya tocado vivir a cada uno de nosotros”.

Pero, a pesar de todo, Lorenz enfrenta la política trazada por la Presidenta de la Nación, y apenas un día después de ese extraordinario mensaje de Cristina en Río Gallegos, bajo el título “La tierra baldía” publica el 3 de abril de 2010 en Página 12:

“…La inercia de ciertos relatos, la inacción crítica de algunos actores, la acción consciente de otros, está llevando la discusión política sobre Malvinas de la mano de los protagonistas de la guerra y sobre todo de sus muertos, al terreno de lo sagrado e intangible…hay una imposibilidad de emplazar a los muertos de Malvinas en un lugar políticamente claro. No debería alcanzar con decir que murieron por la patria, porque esa patria, en 1982, era una madre genocida…”

“…Desde esa certeza es que pensamos la guerra de Malvinas como una disputa política en función de la forma que la narremos, pensando en un futuro que entre otras cosas reconozca a sus justos y castigue a sus culpables”.

Aquí se hace evidente que la disputa política de Federico Lorenz, de Vicente Palermo y de unos cuantos más, es con la Presidenta de la Nación y con la inmensa mayoría del pueblo argentino, al que no comprenden, y sobre el cual reinciden en proponerse como “vanguardia esclarecida”.

Casi como respondiendo a su soberbia la Presidenta afirmaba el día anterior ante el pueblo santacruceño, los Familiares de los Caídos y los Veteranos de Guerra de Malvinas:

“También vamos a disponer, vamos a pedirles a cada una de las provincias argentinas, que en cada uno de sus colegios, una de sus aulas lleve el nombre de alguno de los combatientes que murieron, soldados, oficiales o suboficiales, su historia y su fotografía, porque no puede llamarse a un país Nación, si no reconoce y recuerda a quienes murieron por ella”.

Federico Lorenz, como Fortunato Malimaci, pretenden que al 30 aniversario de Malvinas se lo recuerde con una semana que comience el 24 de marzo y finalice el 2 de abril de 2012, como dos hechos fatídicos de la dictadura militar. Como si el pueblo argentino no hubiera sabido reivindicar, a la par de la soberanía nacional en las Malvinas, la soberanía popular en todo el continente argentino.

En vísperas de conmemorar los 30 años del conflicto armado contra Gran Bretaña por la recuperación de Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, anunciamos que recordaremos a nuestros compañeros Caídos en Malvinas e islas y mares adyacentes, con diversas acciones que incluirán una semana que comenzará el 30 de Marzo, cuando la Confederación General del Trabajo que conducía Saúl Ubaldini desafió a la dictadura cívico-militar bajo la consigna “Paz, Pan y Trabajo”, sin perjuicio que tres días después reivindicase la recuperación de nuestras Islas australes bajo la consigna “Las Malvinas son de los trabajadores, y no de los torturadores”.

Es tiempo de respetar la voluntad popular, disponernos a acompañar a nuestra Presidenta en las grandes batallas que se avecinan, y ayudar a liberar al Estado Nacional de los servidores del Imperio, que siguen usufructuando privilegios inmerecidos y que utilizan para atacar los intereses del pueblo y de la Patria.

(*) Ex soldado combatiente en Malvinas

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