DE LA UNIVERSIDAD INSIGNIFICANTE A LA FORMADORA DE SIGNIFICADOS De la universidad que capacita empleados a la que forma líderes Por Walter A. Moore

(fragmentos de su libro inédito “La Argentina Evolucionaria)

Nada expresa más claramente el proceso de pérdida de soberanía cultural de la Argentina que la historia de sus universidades en el siglo 20.

La evolución de la guerra civil que se lleva a cabo entre los Populares Evolucionarios y los Liberales Entregadores se hace evidente cuando se registra la relación entre los saberes generados en la Universidad y su utilización en el funcionamiento de la sociedad.

Por su naturaleza, al formar parte de todo el sistema educativo, las universidades son una etapa de preparación para el futuro, y cuando se la ubica en el campo de la Guerra Prolongada entre nuestra Nación y el Imperio Global, se la tiene que considerar como un recurso estratégico, destinado a configurar un país libre o una colonia sumisa.

En otras palabras, existe un modelo de Universidad para la sumisión de nuestro Pueblo y otro para la Universidad que requiere un proyecto de liberación.

Una breve descripción de ambos modelos, y de los atractores[1] que conforman nuestro futuro, nos permitirá discernir como debe modificarse el modelo universitario para detener su vertiginosa decadencia.

EL MODELO DE LA DEPENDENCIA IMPERIAL

La extraordinaria fortaleza del Modelo de Dependencia Imperial en los países del Cono Sur Americano tiene sus raíces en la configuración misma de nuestras naciones, surgidas por el desembarco invasivo de tropas extranjeras que arrasaron con toda la resistencia impuesta por los pueblos originarios. Debían pasar siglos desde esta derrota para que se configurara una “Conciencia Criolla”, que está en el basamento del actual modelo de liberación conformado en la lucha de los Movimientos Populares Evolucionarios.

El modelo de la Colonia Sumisa se instaló apenas los primeros fortines de los invasores comenzaron a poder vencer a los resistentes de los siglos 16 al 20. Siempre  que pudieron sustituyeron la sumisión violenta por la sumisión basada en la persuasión, primero complementando la guerra física con la guerra psicológica, y luego reforzando los mecanismos de la guerra psicológica para impedir las lógicas reacciones contra el saqueo a que eran sometidos nuestros pueblos y territorios.

Marcelo Gullo, en su libro “La insubordinación fundante”, explica como nuestras naciones, en su forma actual, se constituyeron cuando nuestros pueblos se insubordinaron ante el orden colonial instalado. Orden colonial que pierde batallas, pero siempre conserva una masa de población autóctona que participa del Pensamiento Entreguista y facilita su reinstalación en el poder. Este Pensamiento destinado a soportar y facilitar el saqueo está instalado en capas muy extensas y variadas de nuestra población, continuamente alimentado por las Corporaciones Mediáticas asociadas a los beneficios del saqueo y deseosas de ser reconocidos socialmente por las aristocracias de los invasores.

La extraordinaria habilidad con la cual logran esto se puede comprender cuando leemos a Sun Tzu, en su milenario texto “El arte de la guerra”, donde describe como una de las victorias más eficaces a la que logra que los enemigos se hagan a sí mismos lo que costaría muchos esfuerzos, a veces imposibles, si lo tuvieran que realizar los atacantes. En esto consiste la gigantesca eficiencia de la Guerra Psicológica.

Los españoles comenzaron esta invasión con los instrumentos de la Guerra Física enmascarada con la Evangelización, un eficaz instrumento de guerra psicológica que ha servido durante siglos, cambiando de formato, pero siempre aprovechando una carencia que las superiores culturas originarias tenían entonces, pero que ya asimilaron al mismo tiempo que los países invasores lo perdían: La enseñanza del Amor al Próximo, y la característica principal del Reino Humano: La Conciencia del Mundo, del cual carecen los otros Tres Reinos[3].

La expansión europea en el resto del planeta no puede separarse del desarrollo del capitalismo noratlántico, siempre vinculado a las actividades de saqueo y piratería, ampliamente justificadas mediante complejas elaboraciones intelectuales generadas en sus ámbitos universitarios. Así lograron imponer a los pueblos sometidos la idea de que algo es verdadero si puede ser justificado mediante razonamientos que lo vinculan con el saber establecido (que no es otro que el saber universitario), mientras que las culturas originarias de América, sostenían que era verdadero aquello que produce felicidad y falso aquello que genera lo contrario, considerando a la Felicidad como Armonía con Todo lo Existente.

Así mientras la Verdad Europea es un asunto de la Mente, la Verdad Americana es un asunto del Espíritu. El Saber Universitario posibilita así las actividades vandálicas en las cuales toda actividad de saqueo está inmersa. Vandalismo contra las personas y vandalismo contra el Medio Ambiente, o sea destrucción sin culpa de lo Viviente.

No es raro que el Saber Universitario Europeo se encuentre en una encerrona sin salida cuando el tema central de la preocupación de la Humanidad es la Vida de las Personas y la Continuidad de la Vida Natural. Ha sido la fanática creencia en que la Verdad era un problema de Congruencia la que la ha dejado sin respuestas a la enorme crisis actual.

Esto invalida el modelo central del Pensamiento Universitario, pero que en nuestro país ha sido agravado al permitir la hegemonía del economicismo más salvaje, que convierte a los médicos en promotores de la industria química, a los sociólogos en investigadores de mercado, a los arquitectos en constructores de abominaciones urbanas, a los psicólogos en confesores posmodernos, y a las universidades en general en depósitos de jóvenes esperando un trabajo que no llega, porque el saqueo impide que elijamos en qué y cómo queremos trabajar, impide que seamos justamente remunerados e impide todo crecimiento intelectual pues puede fortalecernos ante su indudable parálisis intelectual.

Hoy la Universidad Argentina se encuentra en una situación paradojal, controlada desde casi siempre por los miembros del Liberalismo Entreguista, cuyo principal mérito fue siempre interpretar los deseos de sus amos que ahora ni siquiera saben que desear, y toda su formación y estructura operacional estaba al servicio de un sistema de saqueo que no pueden sostener porque se encuentran en un proceso de Quiebra Globalizada.

Teniendo ante sus narices toda la riqueza del saber ambiental originario de América, en el momento en que es preciso definir de nuevo el sistema productivo, la organización social, el modelo curativo, el sistema político organizativo, todos los cuales han sido estructurados en América en forma muy diferente a las propuestas del Economicismo Europeo, la Universidad Argentina no puede pensar, no se atreve a recorrer otras fuentes de conocimiento diferentes a las que les bajaron siempre desde los países saqueadores.

En un país donde los pensadores fueron asesinados, expulsados y ninguneados en forma sistemática, donde los burócratas ocuparon los cargos relevantes para impedir cualquier cambio, donde la creatividad fue sistemáticamente robada o destruida con un furor que sólo puede provenir de los sentimientos más bajos, como la envidia o el reconocimiento de la propia miserabilidad, es lógico que la Universidad Argentina, salvo muy escasas y muy honrosas excepciones, (sean financiadas por el Estado o sostenidas por mercaderes del saber), se encuentren en un estado casi catatónico, donde la actividad cerebral ha quedado destinada solamente a mantener funcionando el sistema vegetativo.

Cuando celebran el éxito que algunos argentinos tienen en otros países, en lugar de protestar enérgicamente porque no se les ha dado aquí el lugar que les correspondía, no puede pensarse otra cosa de que los miembros de la Universidad Argentina han perdido la vergüenza; como dice Martín Fierro “Cuando la vergüenza se pierde, es difícil que se la vuelva a encontrar”. Entonces se disimula esta miseria moral con discursos floridos, declaraciones que pretenden ser inteligentes y profundas y que difícilmente digan algo novedoso, y mucho menos algo original.

La Universidad Argentina padece la falta de un Modelo de un Nuevo País[4], o si prefieren decirlo así, de un Proyecto de País, esto es responsabilidad de la dirigencia política, pero también es responsabilidad de los que son pagados para pensar en el futuro, pues para eso se han creado las Universidades, para recopilar lo que se sabe y para proponer lo qué debe hacerse y cómo debe realizarse en forma óptima.

Un breve recorrido de lo que ha sucedido con la Universidad Argentina en el anterior medio siglo, puede servirnos para saber desde donde debemos partir para reconstruirla, desde donde debemos empezar a pensar sobre los saberes que necesitamos para enfrentar el futuro, pues no hay dudas de que este es un momento de cambio de paradigmas en todo el planeta, lo cual sucede tanto por la evolución tecnológica, como por la transformación de la estructura poblacional, los problemas ambientales y el agotamiento de la cultura capitalista europea.

Con esta realidad imposible de negar, podría esperarse una efervescencia del pensamiento en la actividad universitaria es, pero nada de eso está sucediendo, y parece adecuado pensar por qué sucede esto, y la Universidad argentina puede ser considerada como un caso testigo, pues lo mismo sucede en el resto de Suramérica.

UNA HISTORIA DE LA DECADENCIA UNIVERSITARIA

La estructura actual de nuestras universidades tuvo su última actualización en 1917. Durante los 40 años posteriores funcionó relativamente bien, hasta que la asunción del poder político por los sectores liberales generó una secuencia de saltos de decadencia, cuyos principales hitos son los siguientes:

·        El 1955 se hizo una expulsión masiva de profesores peronistas en muchas facultades siendo sustituidos por los profesores liberales que habían desplazado por concursos. A esto se sumó una creciente persecución a los estudiantes no liberales.

·        El presidente Frondizi le abre las puertas a las universidades privadas, con lo cual se pierde el principio de la enseñanza universal y gratuita, al mismo tiempo que comienza el proceso de destrucción de la industria nacional y de extranjerización de nuestra economía.

·        El golpe militar que entronizó al General Onganía genera la persecución de los profesores liberales progresistas y destruye la universidad líder de Sudamérica en la llamada “Noche de los bastones largos”, y comienza un desgaste sistemático de las Escuelas Técnicas acorde con la política de destrucción financiera de las pequeñas y medianas empresas, que eran las que absorbían a la masa principal de personas así capacitadas.

·        Durante la breve primavera del Tercer Gobierno Peronista, la situación en las universidades empeoró, en este caso, no por la represión policíaca propia del gobierno de Onganía, sino por el libertinaje propiciado por los grupos de extrema izquierda, que a falta de ideas constructivas, se dedicaron a destruir lo poco que quedaba de saberes.

·        El Plan Cóndor desarrollado en Estados Unidos e instalado por el Proceso  termina expulsando a lo que quedaba de la elite universitaria argentina, impulsando un desarrollo extraordinario de las universidades extranjeras y grandes restricciones presupuestarias a las universidades estatales, convertidas en cotos de caza de dirigentes populares, aumentando exponencialmente la fuga de cerebros.

·        Los gobiernos electos posteriores no modifican en nada esta estructura, y la lucha de los docentes se ha centrado en lograr un justo aumento de sus sueldos, y la de los estudiantes en estudiar menos. Hasta  el actual gobierno peronista, los profesores habían fracasado, pero los alumnos siempre han triunfado en sus esfuerzos. Así es como hoy se cursan doctorados… para aprender lo que antes se enseñaba en los primeros años del curso de grado.

·        El proceso de “democratización” universitaria parece consistir en que los estudiantes instalan la reivindicación de estudiar menos, asimilando su situación a la de los trabajadores, que insisten con justicia en que deben trabajar menos por la miseria que les pagan. Esta reivindicación propia de una Universidad destinada a capacitar empleados, donde la universidad estatal prepara a la masa que luchará por obtener un puestito, mientras que las universidades de los empresarios, preparan al futuro personal jerárquico, es una muestra de las miserabilidades en las que se debate el sistema actual de generación y difusión de saberes.

LOS CAMBIOS EN MARCHA

El Tercer Milenio nace con una abrumadora cantidad de cambios estructurales en todo el planeta: Cambios culturales, políticos, tecnológicos, ambientales y demográficos que configuran un mundo completamente diferente al del siglo 20, y también al del Segundo Milenio. Así como la caída del Imperio Romano creó los mil años de estabilidad y construcción evolutiva de la Edad Media, la caída del Imperio Global, (también llamado Imperialismo Internacional del Dinero o Usurocracia Dominante) es posible que tenga estas mismas características, donde el hiperactivismo economicista sea sustituido por el disfrute de la vida.

Esto nos invita a realizar un gigantesco esfuerzo intelectual destinado imaginar el mundo nuevo.

Desde el Comando de Operaciones de la Guerra Psicológica del Imperio Global, también llamado Hollywood, nos llega una visión apocalíptica, miles de producciones se dedican a describir cómo será el fin del mundo. En realidad ellos nos transmiten que han llegado al “Fin de Su Mundo”, el mundo del capitalismo, que no podrá sobrevivir en su forma actual al impedírsele que siga saqueando a todo el planeta en un afán insensato de destrucción de la naturaleza para convertirla en billetes color verde o cifras de computadoras de los centros financieros.

Como las opciones marxistas, a pesar de la perseverancia de algunos que se niegan a pensar de nuevo, han quedado también en un cajón perdido de la Historia, este es el momento de Pensar Sin Miedo en el futuro, en que sociedad queremos, y en consecuencia, que Universidad necesitamos para edificar esa Nueva Sociedad.

Tal vez sea muy incómodo que no nos digan qué hacer los europeos, como lo han hecho los últimos siglos, pero esta incomodidad es superada con creces por enorme campo que ahora podemos explorar, a partir de nuestra historia como criollos americanos. Ahora ha llegado el momento de dar forma al sincretismo de las ideas de nuestros antepasados, llegados en los barcos, con las de los pueblos originarios de estas tierras. De esta alquimia cultural pueden salir las líneas de pensamiento que regirán las cabezas de nuestros descendientes en muchas generaciones.

Que lo que sucede en las universidades ya no es relevante para establecer el futuro de nuestras naciones no es una afirmación novedosa, pero revisemos

EL PAISAJE UNIVERSITARIO ACTUAL

Salvo honrosas excepciones, repito, salvo honrosas excepciones, hoy la universidad es un enorme nido burocrático del que participan tanto los docentes, los estudiantes, los egresados y los no docentes. A ninguno de ellos se les cae una idea, y como esto sigue funcionando para fabricar empleados y “free lances” que bajan los costos corporativos, se ocupan de las tareas más o menos ilegales y en el mejor de los casos “se las rebuscan” para sobrevivir.

Es así como los alumnos se han convertido en clientes, que buscan terminar sus carreras para obtener unos puntos más en los recibos de sueldo, y los profesores en empleados que buscan incrementar sus horas de cátedra mal pagadas, mientras las universidades estatales consumen enormes presupuestos y las universidades privadas afinan sus técnicas para esquilmar a sus alumnos.

En fin, todos están dentro del NEGOCIO D E LA EDUCACIÓN, que como tal, está regido por la lógica del “Costo-Beneficio”.

En consonancia con esta lógica, el internismo ocupa gran parte de las energías de sus miembros, que luchan por ocupar mayores espacios, con lo cual todo el sistema se vuelve más insignificante aún. Esto sucede porque la lógica intrínseca del comportamiento grupal utiliza la limitada energía disponible en el proceso de lucha interna por el poder, lo cual deja al sistema universitario sin la energía necesaria, tanto  para crear como para realizar la actividad que vincula a los claustros con el contexto externo que le da sentido a su actividad y existencia.

Buenos Aires, septiembre de 2011

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