INDUSTRIALIZACIÓN DE LA RURALIDAD Y MICROCIUDADES AUTOSUFICENTES.Por Walter Moore

El Plan Estratégico Agroalimentario y Agroindustrial 2010 – 2020, lanzado por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, el pasado 5 de septiembre en Rosario, es un programa de desarrollo con inclusión social mediante la generación de más y mejores puestos de trabajo en el ámbito rural, siempre en el marco de la sustentabilidad ambiental y el equilibrio territorial.

Este proyecto, sin dudas, implica un cambio de paradigma: cambia la idea del “Granero del mundo” propuesto por el Imperio Británico como nuestro destino, desplegando el concepto de Soberanía Alimentaria y país proveedor de productos elaborados de gran calidad y alto valor agregado.

También implica un nuevo concepto geopolítico, que implica descomprimir la presión de las migraciones hacia las grandes ciudades, para impulsar la población armónica de todo nuestro país, para lo cual se requiere una transformación de la actual infraestructura de transportes de cargas, basada en el costoso sistemas de camiones, cuya tonelada transportada cuesta 5 veces más que la transportada por ferrocarril y 15 veces más que la llevada en barcos.

LOS GRANDES DESAFÍOS

El primer gran problema a solucionar para llevar a cabo estas transformaciones es convencer a la gente que vive en las ciudades, para que se mude al campo. En realidad la gente se queda en las metrópolis lo hace porque tiene acceso a servicios, trabajo y posibilidades de futuro que no encuentran hoy en el campo, y pagan eso con desarraigo.

Los quinientos clubes de campo y proyectos campestres de ciudades dormitorios que existen en los alrededores de la ciudad de Buenos Aires, son una prueba que  la vida resulta más agradable en lugares más amplios y campestres que en los recargados centros urbanos. El problema que estas instalaciones no resuelven es que allí sólo se gasta, sus pobladores no consiguen recursos económicos, ni fuentes de trabajo bien remunerados.

El proyecto de las Microciudades Autosuficientes no sólo brinda una alta calidad de vida, propia de las instalaciones urbanas, permite que todos sus habitantes tengan ingresos permanentes y solventes, y propone un sistema de vida comunitaria seguro y altamente satisfactorio, más allá de satisfacer las necesidades materiales.

La autosuficiencia de las Microciudades se basa en el desdoblamiento de su sistema económico: La economía para el Autoabastecimiento y la Economía para el Intercambio.

Mientras el sistema de autoabastecimiento es un sistema cerrado, que utiliza una moneda propia de cada comunidad, y la materia prima para su producción proviene de sus propios campos, quintas y artesanías familiares, gracias a las cuales se abastece la mayor parte de las necesidades de todos sus habitantes de alimentos, indumentaria, servicios y bienes básicos.

La economía para el Intercambio utiliza dinero bancario,  se estructura mediante uniones productivas con empresas capaces de distribuir bienes, servicios y conocimientos en los mercados externos. Estas empresas proveen las materias primas y equipamiento productivo y los habitantes realizan la producción. Un tercio de la fuerza de trabajo puede dedicarse a estas actividades.  El resto se ocupa en el autoabastecimiento. Toda la estructura productiva está conformada con formas especiales de cooperativismo.

EL PROYECTO GEOPOLÍTICO

Así como al iniciarse el siglo 20, entre 1900 y 1930[1], se fundaron 207 nuevas poblaciones, en este inicio del siglo 21 podemos modificar el mapa urbano de la Argentina construyendo varias líneas de nuevas Microciudades ubicadas por ejemplo a largo de las rutas nacionales 3 (en la costa atlántica hasta Tierra del Fuego) destinada al desarrollo de las actividades navales y marítimas, en la ruta 40, a lo largo de la cordillera, con ciudades destinadas al desarrollo minero y energético, o a lo largo del aprovechamiento integral del río Bermejo para desarrollar nuestra región semitropical, además de las líneas a lo largo de los ríos mesopotámicos. También necesitamos otra Troncal Multimodal[2] que recorra el centro de la Argentina desde La Quiaca a Ushuaia.

EL FINACIAMIENTO DE LAS MICROCIUDADES AUTOSUFICIENTES

Hoy, el principal problema de la economía mundial es el exceso de dinero inventado y el déficit de nuevas instalaciones para generar riqueza real. Los inversores aprendieron la dura lección de las pérdidas por garantías hipotecarias. Hoy los ladrillos no garantizan el retorno de las inversiones. Lo que garantiza el repago de cualquier deuda es que los deudores tengan ingresos sostenidos, y eso es lo que proveen las Microciudades.

Por ese motivo, es factible conformar un fondo fiduciario integrado por el Estado al que se sumen los potenciales inversores que requieran mano de obra en el sistema de Economía para el Intercambio de cada nueva Microciudad. Entre ambos pueden aportar los fondos para su construcción. El incremento del PBI generado por estas nuevas ciudades devolverá al Estado los fondos invertidos, y las empresas inversoras son parte del sistema, verificando cómo se comporta.

EL MODELO CHINO Y EL POTENCIAL MIGRATORIO

El modelo de construcción de nuevas ciudades con la finalidad de generar progreso económico ha probado ser extremadamente exitoso en la República Popular China, que hoy tiene un programa para construir 20 ciudades nuevas por año.

Por otra parte, debemos tomar en cuenta que la prosperidad de nuestro país será un imán para las poblaciones que buscan un futuro, tanto en los países hermanos de Suramérica, como en los desarrollados que se encuentran en “vías de subdesarrollo”.

Así como al iniciarse el siglo 20, la población argentina se duplicó por la inmigración, fundamentalmente europea, es muy factible que al iniciarse el siglo 21 presenciemos el mismo fenómeno, y debemos prepararnos para resolverlo. Las Microciudades y el Programa de Soberanía Alimentaria son instrumentos adecuados.

El Programa completo de las Microciudades Autosuficientes puede consultarse en http://es.scribd.com/doc/20721676/MICROCIUDADES-AUTOSUFICIENTES

Buenos Aires, 8 de noviembre de 2011

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