De cómo Hipólito Vieytes influyó decisivamente en el combate de la Vuelta de Obligado y en el triunfo de la guerra del Paraná. ????Por Daniel Brión

Noviembre 2011

Hace un tiempo, charlando con un amigo –el Cnl. Gustavo Fernandez Perotti- me interesé en tratar de comenzar una investigación sobre este héroe de la construcción de nuestra patria. Muchos nombres han pasado al bronce y a la memoria de los argentinos como fundamentales de la historia nacional, otros, como el de Hipólito Vieytes, son recordados por alguna característica o anécdota en especial –en el caso, la famosa jabonería-; pero si queremos recuperar la historia completa hay que hacer este ejercicio, el de rescatar a todos aquellos que dejaron grabado su paso con su sangre, con su carne, con sus ideas, en definitiva, aquellos que han entregado todo, y han muerto –en la mayoría de los casos- en el destierro o en el olvido de la historia liberal, pero el pueblo –que nunca olvida- finalmente los trae a la memoria y lo ubica en el lugar donde siempre estuvieron, en el de los padres y héroes de la patria.

Es este un pequeño trabajo, como mi personal homenaje a los Patriotas de la Guerra del Paraná y a los héroes del Combate de la Vuelta de Obligado, pero también a quienes tuvieron la inteligencia de prever, 34 años antes, cual era el mejor lugar estratégico –tal el caso de Hipólito Vieytes- donde hacerles frente y poder gritarles como hizo Lucio Mansilla, héroe de Obligado, arengando a sus hombres:

“¡Allá la tenéis! Considerad el insulto que hacen a la soberanía de nuestra Patria al navegar, sin más título que la fuerza, las aguas de un río que corre por el territorio de nuestro País. ¡Pero no lo conseguirán impunemente! ¡Trémola en el Paraná el pabellón azul y blanco y debemos morir todos antes que verla bajar de donde flamea!”

O escribir, como el Libertador don José de San Martín, con orgullo nacional, a su amigo y confidente Tomas Guido:

“Ya sabía la acción de Obligado; ¡Que inequidad! De todos modos los interventores habrán visto por esta muestra que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que abrir la boca. A un tal proceder no nos queda otro partido que el de no mirar el porvenir y cumplir con el deber de hombres libres sea cual fuere la suerte que nos depare el destino, que en intima convicción no sería un momento dudosa en nuestro favor si todos los argentinos se persuadiesen del deshonor que recaerá en nuestra patria si las naciones europeas triunfan en esta contienda que en mi opinión es de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de la España”.

En marzo de 1849, Rosas contestó una carta al Libertador en los siguientes términos:

“Nada he tenido más a pecho en este grave y delicado asunto de la intervención, que salvar el honor y dignidad de las repúblicas del Plata, y cuando más fuertes eran los enemigos que se presentaban a combatirlas, mayor ha sido mi decisión y constancia para preservar ilesos aquellos queridos ídolos de todo americano. Usted nos ha dejado el ejemplo de lo que vale esa decisión y no he hecho más que imitarlo. Todos mis esfuerzos siempre serán dirigidos a sellar las diferencias existentes con los poderes interventores de un modo tal que, nuestra honra y la independencia de estos países, como de la América toda, queden enteramente salvos e incólumes.

No puedo concebir que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempos de la dominación española. Una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer.”

Posteriormente antes de fallecer en 1850, San Martín determinó como una de sus últimas voluntades

“El sable, que me ha acompañado en toda la guerra de la Independencia de la América de Sur, le será entregado al general de la República Argentina, don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarnos.”

También años después, seguimos cantándoles:

“…Qué los parió los gringos

una gran siete;

navegar tantos mares,

venirse al cuete,

qué digo venirse al cuete.”

Por eso, en honor, homenaje y reivindicación de todos esos héroes y patriotas que la historia no ha mostrado como debiera, hoy quiero agradecer u sumar al triunfo en la Guerra del Paraná a quién descubrió el lugar exacto donde debía atacarse una flota enemiga:  Hipólito Vieytes.

Él fue uno de los próceres de nuestra historia, el primer periodista argentino, militar, político, patriota y revolucionario.

Su nombre completo es Juan Hipólito Vieytes, nació en  San Antonio de Areco, Provincia de Buenos Aires, y es el orgullo del pueblo.

Llevan su nombre una calle, una escuela y el cine-teatro; frente a su solar natal su estatua corona la Plaza Principal desde la Rotonda, viendo como su pueblo crece y prospera año tras año.

En donde se levantó la casa natal en 1757 -que fuera demolida en 1900- una estela señala el lugar donde vio la luz uno de los fundadores de la nueva nación.

La vivienda de la familia Vieytes se hallaba ubicada en la calle Real N° 133 (hoy calle Ruiz de Arellano) frente a la plaza céntrica.

Nació el 13 de agosto de 1762,  hijo de Don Juan Vieytes y de Petrona Mora Fernández de Agüero.

Pasó su infancia en San Antonio de Areco hasta los 8 o 9 años, cuando sus padres lo trasladaron a Buenos Aires, donde comenzó a cursar estudios superiores en el Colegio Real de San Carlos de los Padres Jesuitas, junto a su hermano Ramón -que llegó a ordenarse sacerdote católico-.

Ambos tuvieron una destacada actuación en el Cabildo Abierto de 1810.

El mejor título del Dr. Vieytes a la atención de la posteridad del país, es su aplicación apasionada al estudio de las cuestiones económicas é industriales, á que tan poco se inclinaban (en la época) los hombres de carreras liberales.

Promover la riqueza del país por la libertad del comercio, (recordemos que en aquellos tiempos la tendencia de las potencias dominantes: España, Inglaterra, Francia, era el Monopolio del mismo), por la difusión de las ciencias aplicables, y por el cultivo inteligente de la tierra; tal fue el pensamiento constante de la buena cabeza de este ilustrado patriota.

El 1º de septiembre de 1802, Vieytes, reitero, el primer periodista criollo, publicaba – con el apoyo de Manuel Belgrano, en ese momento Secretario del Real Consulado de comercio en Buenos Aires, una de las obras más brillantes-  con el titulo de “Semanario de Agricultura, Industria y Comercio”, que tendría una corta etapa y que cubrió una de las más ricas épocas de nuestra historia.

El semanario, que Vieytes hace publicar los días miércoles, impreso en la Imprenta de los Niños Expósitos, con etapas buenas y otras no tanto, siguió su camino hasta las invasiones inglesas, cuando se interrumpe a consecuencia que Juan H. Vieytes debe hacerse cargo del Real Consulado por ausencia de Manuel Belgrano, reaparecerá después, solo para tener una breve tarea y finalizar en 1807 su publicación.

La maquina imprenta, donde se hizo su impresión, hoy se encuentra en el Museo Histórico Nacional, donde se la resguarda luego de una interesante vida útil, pasando por Misiones, Córdoba y Buenos Aires.

Solo las atenciones de la defensa del país en 1807 contra el enemigo exterior, pudieron arrebatar la pluma a la mano incansable de Vieytes. Cinco años consecutivos y sin tregua, combatió contra la pereza, contra los abusos, contra las ideas extraviadas, y otros tantos años empleó en derramar ideas sanas y buenos principios que al fin fructificaron á pesar del mal preparado terreno en que caía la excelente semilla.

Sus contemporáneos le hicieron justicia, y el Virrey Liniers en comunicación de Setiembre de 1806, pidiéndole su cooperación para la defensa contra las fuerzas británicas, le decía: “los escritos de V. no respiran mas que el mas puro patriotismo, amor á las artes, y mas acendradas ideas morales.”

Llegará día en que los agricultores de Buenos Aires levantarán una estatua á Vieytes como al primero de nuestros escritores que, por medio de la prensa trató de ennoblecer y de alentar el arte de cultivar la tierra. Antes que Grigera (Tomás José Grigera (Grijera o Griguera) destacado agricultor de comienzos del siglo XIX en las Provincias Unidas del Río de la Plata. Extremadamente popular entre los habitantes de los suburbios de la ciudad de Buenos Aires tuvo un papel protagónico en el llamado “movimiento de los orilleros” del 5 y 6 de abril de 1811, en apoyo de la facción del presidente de la Junta Grande Cornelio Saavedra, uno de los sucesos que mayor influencia tendría en el desarrollo político de la revolución.) publicase su cartilla rural, que aun se reimprime como un prontuario útil (Manual de agricultura. Buenos Aires, Imprenta de la Independencia, 1819, libro existente en la Biblioteca de la Soc. Rural Arg.), había llenado Vieytes la misma necesidad bajo una forma más didáctica y con más método, guardando el sencillo proceder de preguntas y respuestas.

Por su participación durante la Reconquista de Buenos Aires, en las Invasiones Inglesas, logró el grado de capitán.

En los años siguientes formó parte del “carlotismo”, partido político que pretendía coronar a Carlota Joaquina de Borbón como regente, en nombre del rey Fernando VII en el Virreinato del Río de la Plata.

Carlota Joaquina de Borbón, hermana de Fernando VII, rey de España, era esposa del Príncipe Regente de Portugal, el futuro Juan VI, perteneciente a la casa Braganza. Luego de la invasión napoleónica a los estados ibéricos, la casa real portuguesa se había trasladado al Brasil. Entonces Pedro Carlos de Borbón, hijo de Gabriel de Borbón, hermano del Rey Carlos IV, fue uno de los autores de “La Justa Reclamación” (19 de agosto de 1808), por la cual suplicaban al Regente de Portugal que se dignase atender, proteger y conservar los sagrados derechos que esa augusta casa tenía al trono de España e Indias, y que el emperador de los franceses había despojado, mediante la violencia más atroz, de las manos del Rey Carlos IV.

Tal reclamación fue aceptada por Juan VI. Seguidamente Carlota Joaquina pretendió ser reconocida como regente de los reyes españoles en Indias. Y sus documentos haciendo explícitos tales propósitos, llegaron a Buenos Aires en setiembre de 1808, y fueron rechazados por Liniers y el Cabildo, pero interesó a varios dirigentes como Belgrano, Castelli, Paso, Pueyrredón, Vieytes, Berutti y Nicolás Rodríguez Peña, entre otros, quienes entrevieron la posibilidad de establecer una monarquía en Buenos Aires. Carlota era una fórmula aceptable, transitoria, para una independencia ordenada, con la que se podía derrotar al grupo de comerciantes monopolistas encabezados por Martín de Álzaga.

Seguramente tal posibilidad también habría significado que el Virreynato del Río de La Plata formase parte del Brasil. El plan a posteriori se frustró. Carlota estuvo a punto de trasladarse a Buenos Aires (octubre de 1808), pero la influencia británica en el Río de La Plata impidió ese viaje. Ése fue el final del “carlotismo”.

Saavedra y Liniers no apoyaban ese plan. El tratado Apodaca-Canning otorgaba a Inglaterra facilidades en el comercio con América, y a la vez era aliada de España en Europa contra Napoleón. Mantener el statu quo era lo más conveniente para los factores de poder en juego. Así el “carlotismo” devenía una quimera.

D. Hipólito Vieytes sobrevivió apenas cinco años á la revolución de Mayo, no obstante, tuvo en ella una parte muy principal. El Deán Funes lo coloca en la lista de aquellos “hombres atrevidos en quienes el eco de la libertad hacia una impresión irresistible”.

La casa del Dr. Vieytes en la calle de Venezuela (dice un testigo presencial) -la jabonería se encontraba en la esquina de las actuales calles Tacuarí y Venezuela- servía frecuentemente de punto de reunión á los iniciados en el pensamiento de formar un gobierno independiente de la antigua metrópoli.

La “jabonería de Vieytes” al introducirse la política en la vida social, la misma comienza a formar parte de las llamadas “tertulias” (o sea, reuniones en salones de casas privadas donde se conversaba sobre distintos temas). Una de las sedes más conocidas de estas reuniones en la época, fue la llamada “jabonería de Vieytes”, en lo que era una fábrica de jabón, Vieytes fue socio de Nicolás Rodríguez Peña y en la jabonería se comenzaron a reunir los hombres que integraban la Sociedad Patriótica que culminaría en la Revolución de Mayo (Belgrano, Castelli, Moreno, Paso y French).

Los papeles públicos de los primeros años de la revolución abundan en rasgos generosos del carácter del Señor Vieytes. Dotó generosamente de varias obras de su uso á la biblioteca pública de Buenos Aires, y como las dádivas del hombre de juicio tienden á ser fecundas y se hacen con discreción, donó entre aquellos libros, en lengua española, el tratado mas extenso y de mejor doctrina que sobre la industria rural era conocido en aquellos tiempos. El ejemplar del diccionario de Agricultura de Rozier que pertenece á aquel establecimiento público conserva todavía el nombre respetable de su primer poseedor.

En 1810 apoyó la Revolución de Mayo y asistió al cabildo abierto del 22 de mayo.

Actuó también en la formación del ejército del Ejército del Norte.

Lo que sería luego el Ejército del Norte tuvo su origen en las tropas reunidas por el vocal Juan José Castelli por orden dada por la Primera Junta el 14 de junio de 1810, para combatir al antiguo virrey Santiago de Liniers, que encabezaba un movimiento contrarrevolucionario en la Intendencia de Córdoba. La orden de la Junta respondía al cumplimiento del acta de formación de la misma el 25 de mayo, que la obligaba a enviar una expedición a las provincias.

La Junta comenzó una colecta en Buenos Aires para pertrechar a la expedición y se reunió un ejército de 1.150 hombres. Las tropas salieron del Retiro el 7 de julio de 1810 para ser revistada en el cuartel-campamento de Monte de Castro el día 9 (entonces a tres leguas de la aún pequeña ciudad de Buenos Aires).

El mismo 9 de julio de 1810 las tropas comenzaron la marcha por la ruta de Córdoba al mando del coronel de Arribeños; Francisco Ortiz de Ocampo (como comandante general), secundado por el teniente coronel Antonio González Balcarce (como mayor general), al que se dio una formación apresurada en dos meses.

A semejanza de los ejércitos de la Revolución francesa, ambos jefes iban acompañados por el representante de la Junta (mando político), Hipólito Vieytes como comisionado y por el auditor de guerra Feliciano Chiclana, quien alcanzó al ejército el 28 de julio en Fraile Muerto y continuó hacia Salta, pasando por la de San Miguel de Tucumán, con una escolta, en la ciudad de Salta fue nombrado gobernador intendente de Salta del Tucumán. Juan Gil era el comisario de guerra. El mando militar estaba sujeto al político y éste a la Junta a través de la Secretaría de Guerra que ocupaba Mariano Moreno. Vieytes llevaba instrucciones de dejar que en cada provincia el pueblo eligiera diputados para incorporarse a la Junta.

Ortiz de Ocampo, González Balcarce, Vieytes y el secretario Vicente López formaban un junta en comisión, que por mayoría debía tomar las resoluciones.

El 14 de julio la fuerza llegó a Luján, continuando luego por Salto, Pergamino, Guardia de la Esquina de Buenos Aires, que era el límite con Córdoba, y Fraile Muerto, entre el 20 y el 30 de julio. En la Guardia de la Esquina la expedición recibió noticias de que Liniers había partido con sus fuerzas rumbo al norte, por lo que González Balcarce se adelantó con 300 hombres en su búsqueda.

En Córdoba, Liniers y Juan Gutiérrez de la Concha alistaron milicias urbanas y varios cientos de milicianos reclutados en la campaña por el coronel Santiago Allende, armados con boleadoras y lanzas. El 8 de julio Liniers escribió a Paula Sanz que contaba con 600 hombres armados, la mitad con fusiles y el resto con lanzas, además de artillería. Cuando la expedición se acercó a la ciudad, parte de los milicianos desertaron y los jefes con 300 ó 400 hombres y 9 piezas de artillería, huyeron el 31 de julio en dirección al Alto Perú. El día 5 ingresó en Córdoba un destacamento de 300 hombres en busca de Liniers y los demás jefes, 225 soldados permanecieron en la ciudad y los otros 75 iniciaron la persecución, alcanzando a Liniers al día siguiente en el paraje Piedritas, luego de que estos se habían dispersado y escondido, abandonando los cañones y todo lo transportado. El día 7 fueron capturados Gutiérrez de la Concha, el obispo de Córdoba Rodrigo de Orellana, Allende, el asesor Rodríguez y el secretario Moreno.

Ocupada Córdoba el 8 de agosto por el resto del ejército, fue reemplazado su cabildo y Juan Martín de Pueyrredón fue nombrado gobernador intendente, asumiendo a mediados de ese mes, luego la marcha siguió en dirección al Alto Perú, donde el general español José de Córdoba y Rojas estaba al mando de las tropas realistas.

A Vieytes, nombrado auditor de guerra, por el primer gobierno patrio se le confió una comisión importante al lado del general D. Francisco Antonio Ocampo, jefe de la expedición auxiliadora á las provincias del interior del Virreinato. Intervino con esta ocasión en el famoso suceso de la prisión de Liniers, cargo del que fue separado por negarse a fusilarlo –cómo podía él, hombre de códigos y principios, responder a la línea fusiladora Mayo/Caseros, fusilando a Liniers junto al que había defendido con éxito a Buenos Aires contra la invasión inglesa y con quien había combatido codo a codo contra ellos-, es reemplazado por Juan José Castelli quien ordenó la ejecución de inmediato.

Por orden de la Junta, González Balcarce comandó la vanguardia de las tropas que continuaron hacia el norte, mientras que Ortiz de Ocampo organizaba los contingentes de retaguardia y milicias provinciales. Juan José Viamonte fue nombrado tercer jefe y en sustitución de Vieytes, Juan José Castelli ocupó el cargo de delegado y Bernardo de Monteagudo el de auditor. French y Nicolás Rodríguez Peña integraban también el nuevo comité político. Ortiz de Ocampo permaneció al mando nominal de la expedición quedando en Santiago del Estero y luego en Tucumán para reunir milicias y remitirlas a González Balcarce.

En Salta también recibió tropas, encabezadas por Martín Miguel de Güemes. En Santiago del Estero se formó un Batallón de Patricios Santiagueños comandados por el coronel Juan Francisco Borges, con 3 compañías con 317 hombres, que fueron incorporados al Regimiento N° 6 de Infantería.

El 4 de septiembre de 1810 González Balcarce llegó con el ejército a Yavi.

El 6 de septiembre de 1810 la Junta dispuso que Castelli asumiera el mando de la expedición, nombrándolo representante de la Junta.

Tras el fallecimiento de Mariano Moreno, Vieytes lo reemplazó como secretario de la Primera Junta, hasta 1811.

En el año 1811, poco después de la Revolución de Mayo, Hipólito Vieytes recorrió la costa del río Paraná buscando un sitio ideal en donde poder montar una defensa contra un hipotético ataque de naves realistas. Justamente por su participación en el “carlotismo” Vieytes junto a Belgrano y sus compañeros, eran conocedores de las intenciones de España, Gran Bretaña y Francia, de dirigir ataques contra nuestro territorio. Así como llevaron adelante las ideas que culminaron en la junta del 25 de Mayo, también desarrollaron el pensamiento de organizar la Patria contra esos previsibles ataques que en cualquier momento sufriría por parte de tales potencias.

Asi es que, nuevamente Vieytes, se sube al proyecto y sale en la búsqueda del lugar óptimo para hacerles frente con posibilidad de doblegar sus intenciones.

Recorrió palmo a palmo el Río Paraná, cada recodo, cada costa, con la perseverancia de saber indispensable su objetivo.

Luego de reconocer tantos kilómetros, incansable, llegó a uno que le pareció el óptimo para la defensa ante la posible invasión naval de las potencias enemigas, no sólo lo reconoció, también escribió en su bitácora (En la marina mercante, se conoce con el nombre de cuaderno de bitácora al libro en el que los marinos, en sus respectivas guardias, anotan el estado de la atmósfera, los vientos que reinan, los rumbos que se adoptan, la fuerza de las máquinas con que se navega o aparejo largo en los de vela, la velocidad del buque y las distancias navegadas, observaciones astronómicas para la determinación de la situación del buque, así como cuantos acontecimientos de importancia ocurran durante la navegación. Un ejemplo, el cuaderno de bitácora que utilizó Cristobal Colón, que aunque se piense que es de tipología de diario personal, la inmensa mayoría de los historiadores dicen lo contrario.

Antiguamente, cuando los buques carecían de puente de mando cubierto, era costumbre guardar este cuaderno en el interior de la bitácora para preservarlo de las inclemencias del tiempo, y de ahí su nombre, así como más información de ella.

Del contenido del cuaderno de bitácora se sirve el capitán para rellenar el diario de navegación.) y en sus anotaciones personales todos los datos necesarios para la exacta ubicación del sitio.

Para este propósito consideró al recodo de la Vuelta de Obligado como el sitio ideal, por sus altas barrancas y la curva pronunciada que obligaba a las naves a recostarse para pasar por allí.

Rosas, estudioso, inteligente, dispuesto y decidido, estaba al tanto de las anotaciones de Vieytes, decidió respetarlas y preparar las defensas en dicho sitio, el que Vieytes recomendara allá por 1811, nada más ni nada menos que 34 años antes de la invasión anglo francesa.

Obtuvo otros muchos empleos que dan testimonio de la generalidad de sus conocimientos y de la confianza que inspiraba á sus compatriotas.

Fue miembro de la Cámara de Apelaciones en 1812. En noviembre de este mismo año le nombró el Gobierno para que con otros ciudadanos preparasen las materias que habían de ventilarse en la Asamblea Nacional que estaba convocada para el próximo Enero. Según el tenor de la circular gubernativa, el Señor Vieytes y sus asociados debían “trabajar muy particularmente en la ilustración metódica de los ramos relativos á la prosperidad general y común seguridad de estas provincias, formando al mismo tiempo un proyecto de constitución digno de someterse al examen de los Representantes de ellas, y de llevar á estos países al punto de elevación y grandeza á que les llama el destino.”

Reunida la Asamblea general en 1813, tomó asiento en ella como diputado por Buenos Aires, y desempeñó la Secretaria de eso cuerpo legislativo acompañado del Sr. Dr. D. Valentín Gómez.

Hombre de este carácter no podía mantener esclavos á su lado ni con permiso de la ley y del hábito.

Cuando se formó una Compañía de Castas para engrosar con ella las filas del ejército del Perú, el Sr. Vieytes dio la libertad al único esclavo que poseía y le colocó bajo las banderas de la patria.

El Dr. Vieytes tuvo un hermano, canónigo de la Catedral de Buenos Aires, no menos decidido que él por la causa de la revolución desde sus primeros síntomas. Era aquel sacerdote un hombre de talento é instrucción y, aseguran, escribió y publicó por los años de 1812 una cartilla ó catecismo político que no hemos llegado a ver.

Hipólito Vieytes también, junto con Juan Larrea, redactó el reglamento policial y se desempeñó como Jefe de Policía siendo capitán del Regimiento Patricios.

Estuvo casado con Josefa Torres y con ella adoptó dos hijos: José Benjamín y Carlota Joaquina.

Hicieron la Revolución de Mayo, construyeron los cimientos de la democracia y entraron por la puerta grande en la historia de los próceres. Pero chocaron con las internas de una patria en pañales y convulsionada. Juan Larrea, Nicolás Rodríguez Peña e Hipólito Vieytes, tres patriotas fundacionales de la gesta de mayo, fueron castigados por su participación política. Y la pena que debieron cumplir fue el destierro en la provincia de San Juan, sin un peso y bajo una celosa vigilancia.

Tras la formación de la Junta Grande, del 25 de mayo de 1810, el tipo de gobierno a definir seguía siendo tema de discusión. Después de las disputas internas del 5 y 6 de abril de 1811, se instauró como gobierno la Junta Superior y les quitaron su cargo les embargaron sus bienes. Fue tras ese alzamiento que, por orden del nuevo gobierno, Larrea, Rodríguez Peña y Vieytes fueron condenados al destierro en San Juan.

A fines de junio de 1811, al cabo de más de dos meses de viaje y de cubrir trescientas leguas llenos de mil trabajos y penalidades, llegaron a San Juan los desterrados porteños. Juan Larrea venía destinado a la ciudad de San Juan, Hipólito Vieytes en tránsito para Jáchal, y Nicolás Rodríguez Peña rumbo a Guandacol en los confines con La Rioja”. La Junta Superior le “trocó por San Juan -y no Jáchal- el lugar de su ostracismo” a Vieytes el 1 de agosto. El 19 de septiembre siguiente, se ordenó lo mismo para Rodríguez Peña. Las instrucciones al gobierno sanjuanino provenían de la Junta de Buenos Aires, que, entre otras cosas, ordenaba vigilar “muy a las miras” a los patriotas castigados.

En 1811, en San Juan,  los gobernantes locales no sabían si intervenir o no las cartas que recibían y enviaban los desterrados. La respuesta llegó con una notificación de la Junta Superior, fechada el 3 de septiembre, que libraba “a la discreción de esa Junta Subalterna el examen de sus correspondencias”, pero que insistía en la orden de vigilarlos “conforme a los verdaderos intereses de la patria”.

El destierro duró algunos meses. En septiembre de 1811 volvió a formarse un nuevo gobierno en Buenos Aires, el Primer Triunvirato, que le volvió a abrirles espacio.

Entre fines de ese año y principios de 1812, los tres ya estaban de regreso en Buenos Aires. Les esperaban muchos años más de luchas políticas y todos morirían antes de ver concretado su sueño de una patria unida.

Nuevamente y pese a haber sido un hombre tan importante en la formación de nuestra Patria, tras la caída del Director Supremo Carlos            María de Alvear, fue desterrado al pueblo de San Fernando, sus bienes fueron confiscados,  murió el 5 de octubre de 1815.

Se cuenta que a lo único que le temía Juan Hipólito Vieytes era a ser cobarde… escribió en su periódico: “Mientras permanezca entre nosotros esta frialdad por los intereses de la Patria, seremos el digno objeto del desprecio y de las burlas del resto de las naciones cultas”.

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Fuentes:

La vida de Vieytes

según:

  • Miguelangel Gasparini
  • Francisco Juarez
  • Lic. E. Ariel Rodríguez Goberna
  • Victoria Camarasa
  • Horacio Videla

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