HACE 29 AÑOS LA HISTORIA COMENZABA A CAMBIAR LA HISTORIA . Por Enzo Alberto Regali

El 2 de abril de 1982, un gobierno que hasta ese momento sólo se preocupaba de ser un buen aliado de Estados Unidos y los prósperos países de Europa, es decir de “Occidente”, que despreciaba al llamado Tercer Mundo y que miraba a América Latina para hacer tratados sobre la represión interna, en otras palabras que se dedicaba a espiar, encarcelar y torturar a connacionales, resuelve recuperar las islas Malvinas y este hecho aunque sus ejecutores no lo supieran iba a cambiar la historia nacional e influir en las relaciones internacionales.

Suponían que, seis años de servilismo a la gran nación del norte y las relaciones tejidas con la “culta y progresista Francia” -que en este caso enseñaba a matar y torturar tal como ellos mismos lo habían hecho en Argelia contra aquel pueblo que deseaba la liberación nacional-, el alejamiento de América Latina y del tercer mundo, iba a servir para que Estados Unidos apoyara o fuera neutral en una disputa con Gran Bretaña [1].
¡Qué ilusión! Ya lo dijo Margaret Thatcher y lo avaló Alexander Haig, el Secretario de Estado norteamericano de aquel tiempo: la rebeldía argentina era un problema de “Occidente”, no solo de la “vieja raposa” [2]…y el rebelde debería pagar por ello. Así fue.
Es de destacar como curiosidad, que en sus memorias Haig admite que Kissinger le recomendó tratar de eludir la responsabilidad de actuar de mediador en el conflicto. No pudo o no quiso hacer caso al experimentado diplomático y el conflicto “se lo llevó puesto”, debió renunciar a su cargo el 5 de julio de 1982 y cuando intentó llegar a presidente fracasó nuevamente. Una biógrafa de Ronald Reagan cuenta que este general Haig -cuatro estrellas, ex combatiente de Corea y Vietnam- supo recomendarle, al actor devenido en presidente de los EE. UU., acerca de Cuba: “Give me the word and I will turn that island into a fucking parking lot”, (“Déme la orden y convertimos a esa Isla en un estacionamiento de mierda”).

Es interesante subrayar que Haig en sus Memorias, al relatar su llegada a la Argentina en 1982, describe la popularidad de la recuperación y cómo, todo el trayecto desde el aeropuerto a la Casa Rosada debió hacerlo en medio de manifestaciones de apoyo a la medida adopta por la Junta Militar. También relata que había muchos de aquellos manifestantes “que coreaban el nombre de Perón”.

Lo cierto es que nuestras fuerzas armadas padecían -al igual que muchos de nuestros medios de comunicación y alguna parte de la intelectualidad de izquierda, derecha o centro- de un pensamiento europeizado, colonizado, que sólo veía a través de ideas absorbidas EE. UU. o en la culta Europa. Así, la Guerra Fría era asumida como “propia” y la propia realidad como lejana o secundaria. Enceguecidos y convencidos, apoyados por los peores sectores del imperio se convirtieron aquellos militares y civiles que tomaron el poder en 1976 en voluntarios agentes de las políticas extranjeras.
No obstante este diagnóstico, la Historia nos muestra que las nacionalidades no redimidas o artificialmente insatisfechas suelen reaparecer inesperadamente y a través de los agentes menos previstos. Si dudamos de lo dicho sólo echemos una ojeada a la ex Unión Soviética, los Balcanes o Europa Central y cómo resurgieron los nacionalismos después de 70 años de dominio o influencia soviética. Entre las diversas razones que existieron para que un gobierno como aquel, nacido del golpe del 24 de marzo, tomara una medida “nacional” como la recuperación de Malvinas, estuvo esa subliminal conciencia de que la Argentina tenía esta cuestión nacional pendiente.

Así, aquellas fuerzas armadas que encabezaron una de las dictaduras más represivas de la historia y pusieron en práctica una política de liberalismo económico antinacional, se lanzaron, sin saberlo, a una acción que modificaría todos los paradigmas de época. Se peleó con bravura por las islas, con sacrificio, con gran inexperiencia en guerras modernas y desigualmente si tomamos en cuenta que enfrentamos a los imperialismos británico, europeo y estadounidense, juntos. A pesar de lo cual y contra todo lo que los analistas exponen, rozamos una victoria… Esto lo afirman nuestros enemigos y los aliados de nuestros enemigos pero en las guerras es la política la que sella la derrota o la victoria y nuestros militares, como algunos civiles estaban mentalmente vencidos.

No pudo ser, pero el solo hecho de que la Argentina despertara de un largo letargo para defender su territorio con las armas en la mano, sirvió para descongelar la política interna hasta ese momento prohibida y más aun para reencontrarnos con Latinoamérica. La derrota apresuró la retirada de las fuerzas armadas del gobierno, lideradas por varios de los generales que ni habían peleado ni habían estado de acuerdo en recuperar las islas. Por cierto hasta el día de hoy EE. UU. debe soportar que Latinoamérica “le pase la factura” de su apoyo a Gran Bretaña. El TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca) así como la Doctrina Monroe del siglo XIX –América para los americanos- quedaron maltrechos.

La constitución nacional aprobada en 1994 en la primera disposición transitoria ratificó nuestros derechos sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes y en 1991 en un acto que constituye la ratificación plena de nuestra voluntad de lucha se creó la Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur. Cómo si esto fuera pocos meses toda América Latina y el Caribe apoyó el reclamo argentino y Lula, ese gran estadista-obrero surgido de la industria metalúrgica brasileña (¡Vaya si es simbólico!) defendió mucho mejor que nuestra intelectualidad acobardada la causa argentina, golpeando incluso a la ONU por su vergonzosa debilidad para hacer cumplir a Gran Bretaña las disposiciones de negociar.
Las heroicas acciones de la aviación argentina y el uso inesperado que nuestro país dio a alguna tecnología armamentística, logrando averiar y/o hundir a una parte importante de la flota expedicionaria, obligaron a la OTAN a estudiar esta guerra y cambiar algunos paradigmas hasta ese momento vigentes.
Las fuerzas armadas latinoamericanas fueron lentamente cambiando sus hipótesis de conflicto ya que antes la mayoría planeaba y/o realizaban guerras internas con el “comunismo internacional” o externas con sus vecinos. A partir de 1982 estuvo presente la posibilidad de conflicto con los grandes países desarrollados y es de destacar que todavía no había caído la URSS.

Por último es preciso resaltar que el 2 de abril de 1982, moría la dictadura denominada Proceso de Reorganización Nacional. Comprender esto es fundamental. Ignorar que en el momento en que se puso en marcha la recuperación de las islas Malvinas y el general Galtieri se negó a dar la orden de volver atrás, que le exigía un amenazante Reagan por teléfono, estaba dando por extinguida, sin siquiera imaginarlo, aquella ominosa dictadura; es cuando menos pecar de un pasmoso desconocimiento de los fundamentos básicos de la dialéctica por la que transitan los procesos históricos.

Lamentablemente algunos intelectuales, a sueldo del gobierno –tal el caso de Federico Lorenz ex empleado del ministerio de educación de la nación- no logran superar mediocres análisis de moda, desprovistos de toda complejidad. Sólo atinan a producir una mescolanza de conceptos, que mezcla el Bicentenario, el golpe del 24 de marzo de 1976 y la recuperación de las Malvinas. La esencia deplorable de sus teorías es que la “Recuperación de Malvinas” fue una medida más del Proceso y que los muertos por la Patria en aquel helado territorio del sur son “más desaparecidos”… ¿Cómo es posible confundir los desaparecidos por la represión con aquellos que luchaban contra el imperialismo con armas en la mano? ¿Qué papel hubieran jugado estos acobardados plumíferos en las invasiones inglesas del siglo XIX?

Es destacable que esta visión sobre la guerra de Malvinas que solo tiende a desprestigiar en bloque todo lo realizado desconocen, olvidan o ignoran que todas las guerras de independencia del mundo, tuvieron, desgraciada pero inevitablemente su tributo de sangre joven. Antonio José de Sucre general de Ayacucho tenía al momento de la batalla que decretó la libertad de América del Sur del imperio español, solo 29 años, Manuel Sanz, compañera de Bolívar que participó de la misma 27, otro general, José María Córdoba 25 y entre los soldados había numerosos adolescentes. Si Lorenz, Vicente Palermo y otros hubieran tenido en aquellos momentos puestos de conducción política –afortunadamente Dios es sabio y no lo permitió- todavía hoy los americanos rendiríamos vasallaje al rey de España.

Este grupo que se autodenomina “progresista” y vive de su academicismo (lo que de ninguna manera es criticable…hay que trabajar) promueven el olvido de quienes murieron por la patria –soldados, oficiales y suboficiales-, ocultan detrás de una prosa por momentos inentendible, que su sacrificio no fue estéril y dejan de lado que la mayoría de los veteranos afectados psicológicamente por las secuelas de guerra, lo están porque nuestra sociedad ha sido hasta ahora incapaz de reconocer que Malvinas es causa nacional pendiente y que no es locura gritar ¡Volveremos!. Para los veteranos de guerra, el olvido y el descrédito con que fueron tratados al regreso y durante los años posteriores, es tan conmocionante y de tal magnitud la angustia post bélica que ya hubo más de 350 suicidios entre ellos. La aparente debilidad de un país para tener éxito en un reclamo de soberanía, no puede llevarnos a dejarlo de lado y mucho menos a olvidar la heroica guerra del Atlántico Sur en la que enfrentamos a Gran Bretaña y EE. UU. coaligados.

Desafío a la polémica, a que revisemos la historia, a salir de la historia oficial que hoy ya no es la de Mitre o López sino la que crea alguna intelectualidad en ocasiones al servicio de grandes empresas de información y comunicación que detrás de ciertos discursos “progresistas” y un aparente humanismo occidental, encubren un pensamiento conservador del orden mundial y congelan todo pensamiento crítico sobre los hechos más trascendentes de la historia contemporánea de América Latina. Es preciso superar el discurso único de moda para simplemente pensar de acuerdo a nuestros intereses nacionales.
Córdoba, 25 de marzo de 2011.

POEMA DE ARTURO ARROYO
A los que pelearon
A los que murieron
A los que alzaron el puño
A los que mordieron los dientes
A los que volverán

EL GIGANTE DE LAS MALVINAS

Y hubo en
Las Islas
una guerra
entre civilización
y barbarie.

Y de entre
la turba y el mar
se levantó ese gigante
azteca, inca, tehuelche.

Y hubo en
Las islas
Una guerra
Entre civilización
Y barbarie,
Entre gaucho e inmigrante
Español de la conquista
Corajudo y delirante
Entre roto chileno
Y su hija y su madre
Entre obrero de las minas de Potosí o de Madryn
Entre oficial de Villa
O paraguayo cadáver
Con rostro medio moreno
O muy negro o casi mate
Pero latino en el medio
Justo donde le nace
Esa mirada de cobre,
De palo santo de carne,
De bananas de maíz,
Hasta de petróleo
Y sangre

Una mirada terrible
Le nacía a ese gigante
Una mirada
De ojos como millones
De pares,
Como miles , como cientos
De millones de estandartes
En Bogotà, en Caracas
En Lima en Buenos Aires,
Cabezas negras retintas
O mulatas casi mate
Pero todas muy latinas
Como el alma del gigante
Como la roca de puños
Como la turba de carne
Y la niebla de su boca
Que comía todo el aire
Con las voces argentinas
Que quedaron en combate
De los muchos correntinos,
Chaqueños o tucumanos,
Jujeños, santafesinos
O de cualquier otra parte de esta
Patria milenaria
Del Polo Sur al Río Grande.

Y era esa
La barbarie
Que quería liberarse
De tanta civilización
De tanto gris vasallaje
De la digna y rubia Albiòn
De asesinos de linaje.

Y fue que al fin
Se paró sobre sus pies
El gigante
Y dijeron basta todos
Con Pucaràs, Bandeirantes,
Marineros bolivianos
En submarinos nucleares
Y un pueblo
De piel ardiente
Y con alma de gigante.

Y hubo en las
Islas
Una guerra…

Hubo en la tierra
Una grande,
Una grande conmoción
Al hundirse la barbarie
De esa civilización
Anglosajona y salvaje
En el más piadoso olvido
Sin ofrendas, ni homenajes
Ni sangre, sudor ni lágrimas
En jornadas memorables
De luces francas,
Radiantes
Para los hijos e hijas
Para la estirpe triunfante
De los nuevos Ayacuchos
De las vastas heredades
Del legendarios gigante.

ARTURO ARROYO
05-03-83
Tucuman

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