En la Academia se argumenta y se discute, no es una batalla de insultos y epítetos.por Ana Jaramillo

Vemos con preocupación que en el debate histórico, metodológico, teórico,  político e ideológico, los argumentos se han transformado en insultos, epítetos y adjetivaciones, con la consecuente imposibilidad de profundizar la discusión sobre un modelo propio de sociedad, de democracia y distribución de la riqueza material,  cultural, social y política.

Los múltiples y reiterados ataques al Instituto Manuel Dorrego nos llaman la atención por su falta de argumentación y por la proliferación de insultos o premoniciones, por la suposición  de intenciones ajenas actuales o históricas así como por adjetivaciones que no deberían formar parte de un debate académico, siendo que quienes se dedican a denostar tanto al Instituto como a sus miembros, provienen muchos de la academia.

El último artículo reproducido por el diario Clarín del  historiador Luis Alberto Romero con respecto a los miembros del  Instituto que denomina “adeptos” es prolífico en insultos, agravios premoniciones y suposiciones o conjeturas sobre su quehacer.

El historiador sostiene que la visión de los miembros “ alimenta lo peor y más enfermo de la cultura política argentina”, que su perspectiva es “un conjunto de muletillas y consignas anquilosadas”, que “Nadie defiende en la escuela una versión  maniquea del pasado, salvo la del nuevo  maniqueísmo revisionista, que hoy llevan a las aulas, el Estado difunde a través de sus canales televisivos y el Instituto Dorrego investigará”;  en lo que anuncian  “hay mucho pescado podrido: suelen limitarse a difamaciones panfletarias y a trivialidades conocidas tomadas de Billiken”; la versión es “conspiracioncita y paranoica”; “no resisten ni a la lógica ni a los hechos”; es una versión “fantasiosa pero bien vendida”; “ si se rasca con la uña a cualquiera de sus adeptos brotan inmediatamente los eslóganes y consignas del populismo nacionalista” , si se frota más enérgicamente…  aparece “el enano nacionalista”.

Antes de este artículo, algunos otros, académicos o ensayistas y periodistas dijeron que sus miembros eran sicarios y peligrosos, pero Romero predice que “los vencedores de hoy, serán los vencidos de mañana” y también imagina o supone que “Rosas si viviera hoy es probable que fuera muy prudente con Malvinas”. Finaliza su larga lista de adjetivaciones diciendo que es hora “de que revisemos críticamente la historia oficial del revisionismo”.

En algo tiene razón el historiador que sostiene que “los relatos históricos se relacionan con percepciones e intereses de distintos actores sociales”. Estamos de acuerdo, su relato también. Yo le agregaría que la historia también se relaciona con las pasiones.

Los miembros del Instituto somos entonces peligrosos, paranoicos, mercenarios, maniqueos, panfletarios, conspiracioncitas, triviales, sicarios, fantasiosos, enanos nacionalistas, (supongo que no se atrevió a decir ya enanos fascistas como hacen otros) y muchos etcéteras agraviantes con los cuales ha calificado al Instituto Dorrego y a sus miembros. Dichos agravios  no constituyen argumentación alguna para entablar una discusión sobre el pasado y menos aún para predecir el futuro de la derrota del gobierno, del proyecto nacional en marcha, ni de los miembros del Instituto que lo defienden, ni de la falsedad o transitoriedad de una perspectiva.

No creo en las predicciones, ni en imaginar supuestas actitudes que tendría un personaje del pasado sobre la actualidad.  Dichas posturas nada tienen que ver con la metodología de la investigación histórica. No creo que la historia de los pueblos tenga leyes universales ni soluciones idénticas a sus problemas  ya que son siempre diversos, complejos y múltiples. Menos aún identificar la investigación histórica con una avalancha de epítetos.

Pero estoy convencida, como este historiador, no sólo que la perspectiva histórica está cruzada por los intereses de los distintos actores sociales y políticos, sino que la historia transcurre también a partir de confrontaciones, intereses y también pasiones de los hombres y mujeres que la hacemos. No se homologan ni son universalizadles etapas históricas, ni sistemas políticos ni costumbres nacionales  y populares.

Tengo clara la prudencia con la cual el Gobierno encaró el mandato constitucional en defensa de la soberanía sobre las Islas Malvinas buscando el diálogo, el cumplimiento de las resoluciones de las Naciones Unidas, el reconocimiento de quienes lucharon en el momento y su merecido homenaje.

También tengo claro que el peronismo accedió al gobierno siempre, cuando no estuvo proscripto, democráticamente a través del voto popular.

Como no supongo, y ya que estamos todos en condiciones de decir a qué intereses estamos defendiendo, me interesaría  saber ¿qué intereses defienden los argentinos que proponen como solución al conflicto sobre la soberanía de Malvinas la autodeterminación de los habitantes como lo hace Cameron y no el cumplimiento de las resoluciones de Naciones Unidas?, ¿ qué intereses defienden aquellos que mataron con la indiferencia  a más de cuatrocientos veteranos que se quitaron la vida?, ¿ qué intereses defienden quienes  quieren hacer aparecer a los veteranos como víctimas de la dictadura y no como patriotas que lucharon en una guerra y a la población en general que apoyó y apoya los derechos sobre las Islas como manipulados e irreflexivos ?, ¿ qué intereses defienden aquellos que desconocen el mandato constitucional y la Ley de educación que nos indica la necesidad de enseñar la historia de Malvinas con perspectiva latinoamericana y defender nuestra soberanía?, ¿qué intereses defienden quienes se asustan y sostienen que es peligroso divulgar y difundir  el pensamiento y la historia de aquellos que hasta hace muy poco tiempo eran desconocidos por la mayoría de los jóvenes que ingresaban a las universidades?

También me interesaría saber que significa que llegó la hora de revisar críticamente la historia oficial revisionista. ¿Será investigar la teoría del revisionismo o será investigar a los investigadores que se dedican a investigar la historia silenciada ya fuera por los medios de comunicación, por los profesores de historia, por la quema de libros o por las balas genocidas que asesinaron a tantos pensadores, poetas, escritores, periodistas, militantes sociales y políticos?

Revisar e investigar al investigador ya lo hicieron los militares y decidieron que eran peligrosos. Los encarcelaron, los exiliaron o los asesinaron. En España, acaban de evitar que el Juez Garzón investigue los crímenes del franquismo.

Pero como nosotros estamos en plena democracia ampliando día a día los derechos ciudadanos, yo puedo en forma reflexiva pero también apasionada decir qué intereses defiendo y defendí: son la democracia, la libertad, la patria (dentro de la cual están las Islas Malvinas) y la justicia social o sea  la distribución del poder y la riqueza cultural, política y económica.  Pero sería bueno que la revisión en serio del revisionismo se haga con alguna metodología de las ciencias sociales y no con una balacera de agravios. Siempre luché contra las dictaduras que asolaron a nuestro país, y particularmente contra la última y más genocida.

Mientras tanto recordamos la preocupación de José Hernández en 1869 sobre quién defendería la causa Malvinas y nos escribía:

“Los argentinos, especialmente, no han podido olvidar que se trata de una parte muy importante del territorio nacional, usurpada a merced de circunstancias desfavorables, en una época indecisa, en que la nacionalidad luchaba aún con los escollos opuestos a su definitiva organización.

Se concibe y se explica fácilmente ese sentimiento profundo y celoso de los pueblos por la integridad de su territorio, y que la usurpación de un solo palmo de tierra inquiete su existencia futura, como si se nos arrebatara un pedazo de nuestra carne. La usurpación no sólo es el quebrantamiento de un derecho civil y político; es también la conculcación de una ley natural.

Los  pueblos necesitan del territorio con que han nacido a la vida política, como se necesita del aire para libre expansión de nuestros pulmones. Absorberle un pedazo de su territorio, es arrebatarle un derecho, y esa injusticia envuelve un doble atentado, porque no sólo es el despojo de una propiedad, sino que es también la amenaza de una nueva usurpación. El precedente de injusticia es siempre el temor de la injusticia, pues si la conformidad o la indiferencia del pueblo agraviado consolida la conquista de la fuerza, ¿quién le defenderá mañana contra una nueva tentativa de despojo, o de usurpación?

El pueblo comprende o siente esas verdades, y su inquietud es la intranquilidad de todos los pueblos que la historia señala como víctimas de iguales atentados. Allí donde ha habido un desconocimiento de la integridad territorial, hemos presenciado siempre los esfuerzos del pueblo damnificado por llegar a la reconquista del territorio usurpado”.

El Instituto Dorrego, como todo el pueblo argentino, seguirá defendiendo la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas.

*  Miembro del Instituto Dorrego

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