ACTIVIDAD POLITICA INCLUSIVA O EXCLUYENTE . Por Walter Moore


Uno de los aportes intelectuales más interesantes de postguerra, surgido de los antiguos imperios, son los referidos a las diferencias entre significante y significado.

Marshall McLuhan los hizo en el campo de las comunicaciones masivas[1], Ferdinand de Saussure y Charles Morris[2] en el campo de la epistemología, Claude Lévi-Strauss[3] en el de la Antropología.

Todos coinciden con el antiguo aforismo de Jesús: “Por sus obras los conocerás”, o con el más gauchesco de Juan Perón: “Al rengo se lo descubre al verlo caminar”.

Cuando aplicamos esta idea de la importancia del significante a la política, podemos establecer nuevas categorías políticas observando el comportamiento de determinados partidarios (o adherentes) a determinadas posiciones político-doctrinarias.

Es en este análisis del significante donde se puede determinar que la capacidad de inclusión hace a un grupo político democrático y la tendencia a las  conductas excluyentes es la que revela la matriz autoritaria (o sea observando lo que se hace y no lo que se dice). Debemos diferenciar el comportamiento, y separarlo del discurso, (el significado).

Las grandes sorpresas que nos han brindado las caídas de los regímenes socialistas, o la manifiesta impotencia de países como Cuba para brindar progreso económico a su pueblo, no serían tan incomprensibles, si en lugar de escuchar sus discursos, hubiéramos estudiados sus comportamientos en el sistema inclusión-exclusión.

En la otra punta ideológica, lo mismo sucedería con el publicitado éxito de países como Chile, hoy a borde de la bancarrota, o de la convulsionada España, que ocultó cuidadosamente, detrás de un inconsistente exitismo económico, la involución política que implicó derrocar a una República para instalar una monarquía.

Desde este punto de vista “inclusión-exclusión” de los distintos factores sociales en el desarrollo de una actividad política, la diferenciación del discurso político (enmarcado en las convencionales “izquierda-derecha”) aparece como irrelevante, si queremos comprender la esencia de un modelo político, que podemos comprender si observamos el comportamiento real de sus dirigencias.

Podemos cuantificar, en base a la cantidad de actividades que excluyan a otros, de la participación política, cuanto más autoritario es el sistema, con independencia del discurso que manifieste su simpatía o no ante cualquier actividad popular. La sabiduría ancestral nos dice que: “Del dicho al hecho hay largo trecho”.

Así que veamos los hechos.

Es muy fácil criticar el comportamiento de los que ejercen el poder, cuando no se tiene ninguno. Pero esas críticas serán consistentes y tomadas en cuenta cuando los grupos marginados del poder, puedan ejercerlo, y demuestren cual es la diferencia, entre los llamados “autoritarios” y los “progresistas”, pues normalmente los “autoritarios” permiten una mayor participación popular que detestan tanto los “izquierdistas” como los liberales, pues se trata de grupos que confunden dádivas con participación.

Existe una multiplicidad de lograr la exclusión.

Se puede logar usando un lenguaje más o menos incompresible, una indumentaria distintiva, la exhibición de determinados objetos simbólicos, que permitan que se los identifiquen como miembros afines a las elites de poder de cada ámbito, el uso de determinados espacios, reales o virtuales, todas actividades que van dando formas   exclusivas. Normalmente, estos grupos hacen fervientes protestas de vocación democrática,  pero solo para encubrir sus verdaderas intenciones.

A veces, este uso de pieles de cordero, ocultan a lobos muy temerosos de enfrentar a otros grupos que pueden disputarles el poder que disfrutan. Personajes que rehúyen los primeros planos, al tiempo que ponen el énfasis en el uso de modales que les permitan sostener su “maqueta” democrática. Este disfraz se desmoronaría en una confrontación abierta con otros que les disputen la conducción o los privilegios, y perderían la ventaja comparativa que es presentarse como “buenos y limpios” ante una oposición “mala y sucia”.

Pero llevando a cabo este análisis el Movimiento Peronista es el sistema político que más capacidad de inclusión ha demostrado: todo el espectro político, todas las clases sociales, todas las comunidades tienen cabida en su seno. En el otro extremo, el de los grupos excluyentes, encontramos tanto a los que despliegan un discurso de izquierda (y forman grupos que tienen más facilidad para dividirse que las amebas), o los del otro extremo, la oligarquía, que no deja entrar a nadie a sus grupos vinculados por “sangre y soja”.

Vivimos en un siglo donde estamos viendo cambios enormes, cualitativamente tan o más importantes que los que diferenciaron al siglo 19 del siglo 20. Los temas que fueron relevantes en el siglo 20, se van convirtiendo en tan pasados de moda como la discusión del sexo de los ángeles. Las universidades actuales son instituciones tan vetustas e inoperantes como las estructuras de los poderes judiciales y legislativos, y a todas ellas, la realidad las convertirá, como a la mujer de Lot, en estatuas de sal, por empecinarse en mirar hacia atrás.

En esta época de grandes cambios, o se participa de la alegría de la creación, o se congela la mente en lugares, más o menos coquetos, donde nada pueden brindar a su descendencia o a sus congéneres. Pero parece haber más personas dedicadas a hablar que a escuchar, y hoy, escuchar al mundo, a la increíble cantidad de buenas nuevas que están llegando, es la tarea más importante que pueden realizar los seres pensantes, dejando atrás mezquindades inútiles, tengan poder o lo estén buscando.

Buenos Aires, 14 de marzo de 2012

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