Reflexiones acerca del socialismo de café, en torno a la cuestión Malvinas. Por Emanuel Bonforti*


La izquierda hace 30 años durante el último conflicto bélico argentino en Malvinas, mantuvo posiciones que en mayor parte entraron en sintonía con el sentimiento expresado históricamente por las fuerzas del campo popular, quienes siempre consideraron a Malvinas como causa nacional.Tendencias trotskistas, leninistas, stalinistas y prochinas en sus diferentes variantes apoyaron la guerra con distintas interpretaciones políticas del proceso y sus consecuencias e impactos en la arena política de ese periodo.Pasadas tres décadas de la contienda, nos encontramos ante una situación diferente a la vivida en 1982, asistimos a un restablecimiento político de la democracia, y un movimiento nacional en el gobierno revitalizado por el ultimo proceso eleccionario en el cual obtuvo mas de un 54%.En paralelo la posición de la izquierda con respecto a Malvinas en un momento en que se está logrando revertir la tendencia desmalvinizadora del periodo de transición democrático, dicha izquierda, comienza a deambular por el éter de lo abstracto y su internacionalismo y moralismo principista la vuelven a conducir a un análisis desacertado del periodo histórico, nuevamente la izquierda se encuentra ante el hecho maldito del país burgués, en la cual reproduce posiciones y convive con espacios intelectuales cercanos al liberalismo “entreguista y extranjerizante” como son las expresiones de las cartas de los intelectuales de las corporaciones nacionales e internacionales que bogan por la autodeterminación de los kelpers, es decir, al coquetear conceptualmente e historiográficamente con los intelectuales sicarios del imperio no hacen mas que reproducir la superestructura cultural en la cual se encuentran atrapados en una malla de argumentos británicos.Vale recordarles a los jóvenes del trotskismo, que ahora son las clases populares quienes toman las banderas nacionales de Malvinas, en un país que a diferencia del ’82 se encuentra en un proceso de ampliación de derechos y democracia.
Existe en la izquierda una intención permanente de forzar comparaciones, una tendencia simplificadora y reduccionista que equipara a gobiernos nacionales que desarrollan un programa progresivo que pretende incorporar a los sectores populares, con expresiones políticas conservadoras y reaccionarias que gobernaron la mayor parte de nuestra historia, tanto bajo sus formas corporativa militar como bajo su velo pseudo democrático y que llevaron un programa de entrega y enajenación del patrimonio nacional.A partir de esto es posible leer y escuchar que el yrigoyenismo, el peronismo, el kirchnerismo no lograron modificar la estructura económica, no tocaron los intereses de los sectores mas concentrados del capital nacional, es decir, no se diferenciaron en términos de políticas materiales de las oligarquías y corporaciones a las cuales dicen enfrentar y diferenciarse.Históricamente la izquierda lleva a cabo esta lógica comparativa, en parte debido a su concepción centralista, eminentemente porteña no logra mas que reproducir esquemas de interpretación del cambio social traídos desde Europa sin contemplar la realidad histórica de nuestras masas populares, de esta manera adhieren sin proponérselos a los valores propagandísticos que supo forjar la oligarquía con su maquinaria mas perfecta que fue la superestructura cultural, la dominación mas silenciosa y efectiva.Los gestos de soberanía a lo largo de la historia, por parte de las expresiones políticas populares, siempre fueron rechazados y ninguneados por la izquierda, desde la posición neutralista de Yrigoyen durante la Primer Guerra Mundial, hasta el compromiso de éste para con Republica Dominicana ante la invasión de EEUU, como también la decisión del primer presidente elegido por el voto popular, de defender a Uruguay o al Paraguay ante una invasión extranjera, la izquierda parlamentaria bloquearía cualquier iniciativa que tenga como fin el refuerzo de la soberanía territorial y continental, el mismo Yrigoyen tendrá para esta izquierda los atributos de un conservador del viejo orden del fraude venal, hasta llegar a ser considerados como fascista por la FUBA.Por esta misma situación pasaba el gobierno de Juan Domingo Perón quien desarrolla un programa nacionalista e interviene en una economía hasta ese momento semicolonial, atravesada por la influencia británica, la nacionalización de los ferrocarriles es un ejemplo de esta actitud, la izquierda de ese momento apuntaba sus dardos soviéticos a la suma pagada por la recuperación de los ferrocarriles, recurso estratégico en toda economía independiente.Este accionar de discutir medidas de corte nacional y de comparar a gobiernos populares con precedentes oligárquicos aparece en el conflicto de Malvinas, esto lo vemos al igualar las motivaciones de la junta militar con las del gobierno democrático del Cristina Fernández de Kirchner, según el trotskismo, ya en 1982 la cuestión Malvinas estuvo ligada a las posibilidades de explotación petrolera y pesquera. Sucede que cuesta imaginar puntos de comparación con un gobierno democrático el cual se destaca por su política de derechos humanos, haciendo cumplir la ley, entre otros frente a los que tuvieron participación directa en Malvinas 82.Cuando se habla de explotación petrolera, el trotskismo directamente lo vincula a una cuestión de caja, como también de distracción ante un escenario de ajuste que evidenciaría un palpable fracaso del modelo económico kirchnerista.Conviene mencionar en este punto el doble tipo de dominación que existe por parte del imperio, por un lado se atenta contra el principio de soberanía e integridad territorial de los estados, reclamos histórico que queda rubricado en la resolución 2065 de la Asamblea General de Naciones Unidas, por otro lado, la búsqueda y la explotación de recursos naturales de forma exclusiva producto de una invasión, no hace mas que reforzar la vieja lógica de división internacional del trabajo, donde existen proveedores de materias primas a los cuales les “alcanza” para el desarrollo económico con sus pasturas y vacas, mientras hay otros con un desarrollo industrial consolidado que necesitan del petróleo para activar su actividad y su ciclo económico, esta ultima dominación la llevaría a la Argentina a seguir ocupando un rol de granja de la metrópolis londinense y pasiva receptora de productos ingleses.La respuesta al trotskismo cuando nos dice que Malvinas es tan solo una cuestión económica, es en parte si, porque toda cuestión nacional es económica, como también política y cultural. La posibilidad de tener acceso a incrementar los recursos petroleros, es fundamental para cualquier proceso industrialista en expansión y nos evitaría caer en el famoso cuello de botella.El petróleo siempre fue motivo de disputas por las grandes corporaciones internacionales, desde la primera guerra, Inglaterra y EEUU boicotearon cualquier tipo de iniciativa soberana en materia petrolera, impidiendo la adquisición de maquinaria pesada para la extracción petrolera, como puede ser los trépanos de perforación y equipos a fines para la explotación.Por eso saludamos cualquier posibilidad que tenga que ver con una intervención directa del estado en materia de producción petrolera.Persistir en un modelo de desarrollo industrial, generará más empleo, distribución, motorizará otras esferas de la actividad económica, alentará al consumo, a partir de esto queda respondida la pregunta que se hace el trotskismo: ¿Cuál es el interés del proletariado en Malvinas?La otra parte de la respuesta es que los trabajadores saben identificar entre un gobierno popular que creo 5 millones de puestos de trabajo de una junta militar que implico la mayor derrota de la clase trabajadora. La historia se repite en forma de farsa, en el 45 calificaban al Coronel Perón de nazi, pero las masas populares no conocían al nazismo, en cambio conocían al imperio anglosajón (J.A. Ramos, La era del Peronismo, pág 64)Otro de los aspectos de este análisis de socialismo de café –como diría, Norberto Galasso- es la constante referencia a la actitud entreguista y negociadora, de ahí que la izquierda ante cualquier posición soberana acuse de pro-ingles o norteamericano. Situación similar se vive en el proceso de nacionalización de ferrocarriles, como dice Galasso, los años de posguerra son de dura y difícil tramitación para el gobierno argentino (biografía de Perón, Colihue 443). Para la izquierda en el 43 la adquisición de los ferrocarriles implico una concesión irreparable y ubicaban a Perón en el lugar de pro-imperialistaCualquier intento de emancipación efectiva sea económica o en este caso de dominación territorial supone una larga negociación, ya que las acciones bélicas no premeditadas como las del 82 llevaron a un desenlace rápido, debido a nuestra inferioridad en armamentos.Los trotskistas de hoy, consideran el pronunciamiento de Hilary Clinton como un guiño del imperio para con el gobierno entreguista, como también el apoyo circunstancial de Obama es parte de la vocación colonial de los funcionarios. Cabe mencionar dos aspectos importantes, en primer lugar, los latinoamericanos en términos de memoria histórica recuerdan el quiebre de EEUU durante el conflicto del 82, más allá del Tratado Interamericano de Asistencia Reciproca, firmado en Rio de Janeiro en 1947, EEUU ponderó en 1982 su rol de miembro activo en el Consejo de Seguridad de la OTAN y se pronunció en contra de la recuperación Argentina de Malvinas. Por otro lado los eruditos universitarios de la izquierda de salón, olvidan el contexto sudamericano, donde determinados sucesos como el bloqueo continental a los barcos de bandera pirata, como también los diferentes pronunciamientos de bloques continentales como son el Mercosur y el flamante CELAC muestran una fraternal sintonía en defensa de los intereses nacionales, estos acontecimientos configuran un nuevo escenario en comparación al del 82, al cual el cipayaje tanto se encarga de traer al presente con sus forzosas comparaciones. El trotskismo internacionalista lejos esta de considerar a Malvinas como una cuestión nacional, para ellos, esto es la realización de tareas que debe llevar a cabo una revolución burguesa, entre las que se incluyen la construcción de un estado nacional, una unificación económica mercantil con hegemonía burguesa, continuando con la mirada europea de América, sostienen que Argentina logro completar las tareas burguesas en el periodo 1860-80, y no tiene tarea revolucionaria democrática a resolver.Dos cuestiones surgen de este enfoque dogmático y de esta inercia que empapa al trotskismo, por un lado retomando a Vivian Trias, la nación es una forma de organización que adoptan las sociedades cuando llegan a cierto grado de madurez (Trias, J. M. Rosas, ed Banda Oriental, pág. 110) Existen 4 comunidades que se conjugan en una nación, la económica, las tradiciones históricas, la idiomática, la territorial.Dice Trias, que la nación resulta mucho más integrada y consolidada si posee la unidad territorial, precisamente la resolución 2065 establece que Inglaterra debe devolver a su verdadero dueño las islas afirmándose en el principio de integridad territorial. Con lo cual la causa Malvinas pasa a ser una cuestión nacional y una tarea burguesa a resolver, ya que formaría parte del debe dentro de las tareas territoriales esperadas para la construcción de una nación.El otro elemento que se empalma en esta crítica es que las tareas burguesas se resuelven en el periodo 1860-80, sucede que la usurpación de Malvinas es de 1833.En países semicoloniales las tareas democráticas no se dan de forma lineal y todas en un mismo periodo de forma esquemática, algo así, como lo que pasa con las formaciones económicas sociales, donde conviven diferentes modos de producción.Desconocer estos hechos que se dan en un periodo de expansión colonialista como es el del siglo XIX, es ignorar la situación semicolonial argentina de otrora, en donde todavía podemos percibir sus secuelas, para esto conviene citar a Lenin: “el punto central en el programa social demócrata debe ser la división entre naciones opresoras y oprimidas(..) establecer las diferencias entre las tareas concretas de la social democracia de las naciones opresoras y de las naciones oprimidas” (Aportes críticos la historia de la izquierda en la Argentina, Galasso, Nuevos Tiempos, pag 37)El gesto nacional por parte de la izquierda trotskista ante la recuperación de las islas en 1982 durante la dictadura fue noble y soberano, pero en la actualidad su antiperonismo visceral lo lleva a posiciones antinacionales, el rechazo ante cualquier avance en términos de negociación por la causa Malvinas, es una señal de posicionamientos principistas ante un conflicto nacional que lleva 170 años sin resolución.El levantar las banderas de los trabajadores sin contemplar al peronismo como el movimiento nacional donde se encuentran la mayor parte de estos es una abstracción, por otra parte Malvinas, excede la afiliación de clase, como también demuestra la resolución del conflicto debe ser producto de un amplio frente imperialista, donde se sumen los hermanos latinoamericanos.La encrucijada de la izquierda ante este nuevo escenario, se asemeja al rol que desempeño en determinados momentos durante el siglo XX, nuevamente es el hecho maldito de la política burguesa que lo pone en una situación incomoda, de la cual es posible que no tenga retorno como en tantas otras oportunidades.
* Licenciado en sociología, Universidad de Buenos Aires (UBA)

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