INQUIETUD. Por JULIA CAO


“…El espíritu de un guerrero no está orientado a consentirse o quejarse, ni está orientado a ganar o perder. El espíritu de un guerrero sólo está orientado a la lucha, y cada lucha la vive como si fuera su última batalla en la tierra…”

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No sé si es una maniobra inglesa, oficialista, de la oposición, o efectivamente una necesidad del pueblo. Sólo sé que a treinta años de la gesta, surgen voces de lo profundo que vienen a traer ese golpe de memoria.  Aborrezco que se aborde la cuestión desde la óptica de la “herida abierta”.  Considero que a 30 años de un episodio, no hay herida que sobreviva.  Por honda que haya sido.

En este 2 de abril un fuego intenso abatió las pantallas de televisión. En lo personal, ya no sólo como argentina, lo recibo directamente y lo resisto.

Todo lo que me rodea es confusión. Se superponen relatos o retazos, pedazos, restos, etc. O en fin.  No alcanzo a comprender como después de 30 años de silencio, (del silencio que viene después de la muerte) se aborda la cuestión desde el aturdimiento.  ¿Es pura estrategia de distracción? ¿O existe una dirección concreta hacia dónde se quiere dirigir la opinión?

Existe esa duda, esa inquietud,  esa dicotomía. Esa entidad dividida que surge de cada Elección que hacemos en nuestra vida.

Hace poco, escuché a un veterano en los medios decir, que en Malvinas vivió el peor momento de su vida.  También el mejor. Obviamente se lo indagó acerca de cual fue el peor.  Yo quise conocer cual fue el  mejor momento de su vida entera, pero me quedó la espina.  Otro ex Soldado me dijo que en un instante,  en la guerra, tuvo que elegir, entre dos caminos.  Izquierda o derecha. Íntimamente, sabía que su vida dependía de esa elección. No recuerdo cual eligió. Imagino que él nunca habrá de olvidarlo. Azar, astucia,  o destino, lo acompañó. Hoy es más que un sobreviviente. Luego, (me pregunto si en ese momento, estaría feliz, sorprendido, aliviado o indiferente) fumó el último cigarrillo que le quedaba.

También tuvo que elegir, entre  dos opciones: guardar esa reliquia, para disfrutarla mañana o en alguna  ocasión especial;  o encender el trofeo porque quizás esa ocasión nunca llegaría. Fue una decisión difícil. Para muchos, un cigarrillo no es nada.  Pero ese cigarrillo contenía, mucho más que nicotina,  encerraba una reflexión que tenía que ver con la vida. O la muerte. Decidió fumarlo.

No sabía si mañana estaría vivo.

Para mí, eso es épico. Y no me genera tristeza.   Después, mientras la cerilla del fósforo, iluminaba su rostro embarrado, y endurecido por la hostilidad del clima, escuchó los bombardeos que lo hubieran sobrevenido si elegía el otro camino.  Hoy es más que un sobreviviente. Naturalmente, no se arrepiente, ni de haber elegido ese camino, ni de fumar ese último cigarrillo. Es más, me lo cuenta fumando.

Uno puede elegir la dirección, pero no el resultado. Una vez desencadenados los hechos,  no se puede alterar el destino. Arrepentirse, es tortuoso. Resistir es digno. Ser responsable de la elección, la única alternativa posible.

Me retrotraigo aquellos instantes cruciales, a esos miles de argentinos que henchidos de orgullo,  vivaron por aquello que es visceralmente nuestro (hoy más que nunca).  Por aquellos 15. 000 jóvenes,  que dejaron de ser “chicos” en el mismo instante que tomaron la decisión de exponerse directamente a la muerte (¿o los obligaron a poner caras de alegría para las cámaras y a mentirle deliberadamente a sus mamás que les decían: “no vayas, yo te puedo mandar a Uruguay, papá te esconde en el sótano”).

A aquellos que  antepusieron,  relegar su vida personal en función de los destinos de la nación.  Por juventud,  ideales u  hombría,  subieron a los micros exaltados, eufóricos, protagonistas.  Felices.  Para los que el himno nacional es mucho más que una canción en actos escolares o la previa de un partido de fútbol. Es un pianito, prisionero, que se escucha en un buque inglés, imagino que…¿ levemente? … Quizás, las vibraciones de las notas musicales, fueron tan potentes, en ese silencio abatido y final,  que se mezclaron con el ruido de las olas del mar helado, golpeando contra el barco… y la inmensidad celeste contrastando contra la minúscula endeble bandera de……

Desafortunadamente, soy mujer y no estuve ahí.

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