El lenguaje de Perón y el origen de los cánticos – Por: Dr. Alberto CIRIA

(capítulo 5 de la obra “POLÍTICA Y CULTURA POPULAR: LA ARGENTINA PERONISTA 1946-1955? del reconocido historiador e investigador, Dr. Alberto CIRIA (CAPÍTULO 5 DE COMUNICACIÓN, SÍMBOLOS Y MITOS
Octubre, Plaza de Mayo, discursos) Ediciones de la Flor, 1983)

En sus mejores momentos, Perón practicó un estilo de comunicación verbal sumamente apropiado para establecer lazos directos entre su función o cargo -presidente de la Nación, “Primer Trabajador”, comandante en jefe de las fuerzas armadas, etc.- y las masas de partidarios, a partir de la década del cuarenta.

Esa habilidad expresiva ya era destacada hace tres décadas, en uno de los millares de folletos propagandísticos publicados durante su primera administración (De Perón, 1952: 3-4): “…las ideas del general Perón resultan tan bien definidas como plenas de sentido.

Bien definidas porque, además de constituir objetivos concretos, ante cada auditorio las expresa poniéndolas al alcance de la respectiva mentalidad ambiente.

Al descamisado le da el trato de compañero; al mentor le habla como colega; al militar, en el lenguaje de sus camaradas; al sacerdote, como guía; al burócrata, en calidad de funcionario; al hombre de campo, en gaucho; al diplomático, con la mayor claridad; a los jóvenes, dándoles ejemplo y, en una palabra, va revelándose a cada paso como el político que es: de ahí que, al ser juzgado o comentado, coincidían en sus juicios para apreciarlo -por ejemplo- un peón o un académico.

Cuando habla de sus opositores, los designa, simplemente, llamándolos “ellos”. Precisamente uno de “ellos”, el escritor Ezequiel Martínez Estrada (1956: 236), aludió desde la vereda de enfrente de la valoración a esa fundamental característica de los mensajes personalizados de Perón: “Su oratoria era pedestre, pobre, opaca, pero con un don que no encuentro cómo calificar mejor que de fascinante. Persuadía y, sobre todo, se colocaba tan en el mismo plano de su auditorio, que parecía que estaba conversando con cada uno de sus oyentes”.

Un agudo analista del discurso peronista (Ipola, 1982: 122-127, 153-154) se ha referido al “nuevo estilo de lenguaje político” en Perón, que incluye “formas de hablar populares”, metáforas deportivas, refranes y dichos corrientes, anécdotas, citas del

Martín Fierro, historias de humor y consignas o consejos casi paternales.

Entre los aspectos claves de su discurso, debe apuntarse en Perón la relativa innovación de vocabulario que introdujo al léxico político argentino. Por un lado, figuran los conceptos históricos que pierden vigencia con el correr del tiempo, pero importantes en su época original: “Así, el peronismo de 1946-55 engendró o fue motivo para la creación de algunos términos que ahora se oyen menos: “contrera”, era

un apellido que vino a significar al opositor porque estaba en la “contra” u opositor; esos mismos que llamaban despectivamente a los hombres de pueblo como “grasas” y “grasitas” usado como sustantivo masculino algo ambiguo para calificar al peronista, al

individuo humilde y también, despectivamente, al poco avispado; también usaban el término de “cabecita negra”, como sinónimo del poblador rural que emigró a los centros industriales urbanos -en especial a Buenos Aires- y, por extensión, peronista y también a cualquier persona humilde; emplearon también para despreciar al pueblo términos como “flor de ceibo”, tomado de una marca nacional, que vino a significar cualquier producto de mala calidad despreciando lo nacional, y se extendió aun a las personas (un profesor flor de ceibo, etc.).

El sentido desdeñoso o favorable que adquirían los ejemplos antes citados dependía de la posición política del hablante: el grasa, usado como despectivo por los opositores, llegó a ser blasón de orgullo para los peronistas, e incluso usaron el término los mismos jefes de dicho movimiento” (Teruggi, 1978: 225-226).

La lista de términos popularizados, fueron castellanizados, más algunos neologismos, que podían incluir a justicia social -con larga trayectoria previa en América Latina, justicialismo, cegeté, conductor, líder, Tercera Posición, y muchos más.

El término descamisado/descamisados es un buen ejemplo de la dinámica peronista en cuestiones de vocabulario.  Adoptado como orgullosa definición luego de haber sido empleado por un periódico opositor para denostar a las masas que vivaban a Perón (Luna, 1969: 513-514), el calificativo contenía una pluralidad de significaciones. Suponía un nuevo estilo de vida, reflejado en el hecho de que “el 17 de octubre de 1945 Buenos Aires fue invadida por multitudes de hombres sin saco y de mujeres” (I. Viñas, 1956: 15).

Uno de los primeros libros escritos sobre las transformaciones sociales que vivía el país las califica de “revolución de los descamisados” (Colom, 1946).

Perón empleó muchas veces esta expresión para marcar la continuidad histórica de los descamisados en la Argentina.

Así, por ejemplo, al dar posesión en sus cargos a los miembros de la Comisión pro Monumento al Descamisado, dijo el Presidente el 24 de julio de 1947: hay que “grabar la historia del descamisado desde la Colonia, desde el indio encomendero que fue el primer descamisado, hasta la etapa del 17 de octubre… Debe tomarse la época de la colonización, donde tenemos al descamisado trabajando la tierra.

Luego encontrarlo en la Guerra de la Independencia, con su caballo, luchando por ella.

Ahí tenemos al “deshilachado” de Güemes.

Después viene la época de la Organización Nacional.

Lo tenemos después en la época constructiva, trabajando en el campo y en la industria, llegando así a nuestros días el actual descamisado” (De Perón, 1952: 70).

Metáforas sobre los sansculottes en la Revolución Francesa también eran corrientes para hallar términos de comparación con los descamisados locales.

En otro contexto, la voz descamisado llego a “…teatralizarse y transformarse de síntoma en símbolo” (I. Viñas, 1956: 15).

Ello fue expresado muy claramente por el propio Perón.

En 1948 hablando ante legisladores nacionales, Perón comentó: “Yo me doy algunas satisfacciones enormes. Recibía en el año 1943 a los muchachos de la carne y me venían a ver con zapatillas. Ahora, cuando los recibo, vienen a verme con cuello duro y camisa de seda” (De Perón, 1952: 86).

En un mensaje a la Asamblea Legislativa, el presidente fue bien preciso: “…los que eran “descamisados” en 1945 ya no son “descamisados” (aplausos), aunque les guste y nos guste llamarlos así como un homenaje al “descamisado” que todos los peronistas llevamos en el corazón” (Dips., I, 1-V-50: 22-23).

Ciertos comentaristas como Carlos Abregú Virreira en un lejano ensayo (1953: 18) han sugerido que el mimetismo expresivo de Perón hizo que los distintos auditorios escucharan, en verdad, el eco de sus propias voces expresando aspiraciones muy sentidas.

De esta coparticipación en un lenguaje común pudieron haber surgido fuertes razones emotivas de solidaridad.

“La revolución peronista en la cultura está en el vocabulario de Perón”.

Martínez Estrada, en un absolutismo simétrico pero igualmente exagerado, afirmó que el vocabulario puesto en marcha por Perón sólo reflejaba los “residuos sociales” del Lumpenproletariat, “pueblo andrajoso y bajo pueblo, sin ningún ánimo despectivo como se comprenderá” (1956: 232).

·        El vocabulario y el estilo peronista

El vocabulario peronista formaba parte de un estilo político más general, al que se ha referido de modo esclarecedor Félix Luna, glosando expresiones y dichos del período formativo, hacia 1945.

Esta es su síntesis: “El estilo peronista era duro y al mismo tiempo alegre, prepotente y chabacano pero sentimental, o mejor aún, sensiblero, sobrador, exclusivista, y con algo

de esa saludable barbarie que acompaña inevitablemente a todo movimiento popular vigoroso. No fue cruel, en cambio. Fue ingenuo, crédulo e ingenioso” (1969: 550-551; compárese lo anterior con la visión europeísta de Américo Ghioldi al vincular, por ejemplo, los folkl ores fascista y peronista, 1956: 79-90).

En algunos aspectos, los dichos, consignas o slogans del peronismo fueron muy importantes para la síntesis de valores o posiciones coyunturales.

Así, a modo ilustrativo, puedo recordar dos variaciones enunciadas en el mismo contexto rítmico.

La primera era respuesta a las acusaciones de la Unión Democrática: “Ni nazis ni

fascistas/ peronistas”.

Más tarde, en el apogeo de la Tercera Posición, los manifestantes coreaban: “Ni yanquis ni marxistas/ peronistas”.

El propio Perón fue consciente de este proceso: “Ese slogan, Braden o Perón, era una síntesis excelente: se podrían escribir libros enteros desarrollando la idea que expresaban esas tres palabras. Yo creo que es conveniente sintetizar en fórmulas cortas, fácilmente recordables, las posiciones políticas” (de Luna, 1969: 564).

Piénsese tan solo en fórmulas como justicia social, independencia económica y soberanía política, y en la flexibilidad que demostraron poseer con el correr del tiempo.

El énfasis en algunas constantes del estilo peronista, que incluía pero no se agotaba con las personas de Perón y Eva Perón, llevó a muchos adversarios del régimen a exagerar tal aspecto sin reparar en la sustancia de los cambios introducidos y la perduración de muchas tendencias inauguradas en la época 1946-55.

Un caso paradigmático de esta posición fue el de Jorge Luis Borges.

En colaboración con Adolfo Bioy Casares, escribió hacia 1947 un texto que circuló en copias a máquina entre opositores de la Argentina, y llegó hasta el Uruguay.

Se trata de “La fiesta del monstruo”, publicado por primera vez en el semanario Marcha (30-IX-55), ya derrocado Perón.

Borges describía uno de los mitines de masas del gobierno peronista con la típica visión aristocrática sobre la chusma: sudor, gritos, malas costumbres, falta de modales,

instintos criminales…

En el número especial de la revista Sur dedicado a “la Reconstrucción Nacional” (1955: 9-10), Borges continúa considerando e l régimen depuesto en los mismos términos del relato anterior.

Amparándose como de costumbre en una referencia prestigiosa, el Corneille de L’illusion comique, Borges practica el balance de diez “años de oprobio y de bobería” como habiendo contenidos dos historias: “una, de índole criminal, hecha de cárceles, torturas, prostituciones, robos, muertes e incendios”; y “otra, de carácter escénico, hecha de necesidades y fábulas para consumo de patanes”.

La escritora Estela Canto, cercana a Borges y su grupo en un tiempo, acaso haya dado una de las explicaciones más reveladoras de quienes prefirieron no quedarse en los términos negativos del autor de Ficciones y de tantos otros intelectuales: “He sido antiperonista espontáneamente, como fui antinazi. Debieron pasar muchos años para que yo comprendiera que el peronismo, que tanto me desagradó -y no precisamente por su chabacanería o mal gusto- era nada más que la forma en la que el pueblo argentino, con una izquierda más que sofocada y una derecha petulante y falsamente culta, que había empezado a manifestarse”

(Lyra, 1963).

Fuera de los discursos del Líder y su esposa, la mayoría de la propaganda oficial hacía referencia contraria a la tradición liberal, y cuando la cuestionaba sus valores eran marcadamente antagónicos. En consecuencia, el estilo peronista que predominaba, en las últimas manifestaciones de masas, era la repetición del nombre familiar: “Perón, Perón, que grande sos” y “¡La vida por Perón!”, por ejemplo.

O, en fórmula atribuida al relator deportivo Luis Elías Sojit que también tipifica el período (Goldar, 1980, 171) para describir a las hermosas jornadas de sol como “un día peronista”, expresión con la que se identificó al peronismo.

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  1. El artículo publicado o “posteado” no es de la autoría del Sr. Jorge Savino. Se trata de parte del capítulo 5 de la obra “POLÍTICA Y CULTURA POPULAR: LA ARGENTINA PERONISTA 1946-1955”
    del reconocido historiador e investigador, Dr. Alberto CIRIA
    (CAPÍTULO 5
    DE COMUNICACIÓN, SÍMBOLOS Y MITOS
    Octubre, Plaza de Mayo, discursos) Ediciones de la Flor, 1983. Es mi deseo que el atribuirse la autoría del texto no haya sido una maniobra malintencionada sino un simple error al preparar la publicación online del artículo. Por favor rectifiquen la información.

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