Sobre las implicancias de la Vuelta de Obligado. Por Emanuel Bonforti

Conocida es la historia de la resistencia de nuestras tropas en lo que se conoce como Batalla de la Vuelta de Obligado donde el General Lucio Mansilla con dos mil patriotas logran defender la soberanía heroicamente ante el ejército más poderoso de aquel entonces.

Dicha gesta adquiere el relevante status histórico para nuestro pabellón nacional por la disparidad de fuerzas entre los contrincantes. Los dos imperios invasores acostumbraban realizar este tipo de incursión por naciones débiles geopolíticamente y recientemente independiente donde las oligarquías portuarias locales eran condescendientes a los reclamos imperiales.

Pero resulta apropiado focalizar en la trama que existe previa a la invasión imperial y al posterior desenvolvimiento de los acontecimientos de los actores intervinientes en la arena política criolla de aquel entonces. Desde este lugar analizaremos de qué manera influye la política proteccionista rosista, los medios de comunicación, la oposición desde el exilio, la situación que atravesaba Europa y detrás de esa reconstrucción de la memoria colectiva establecer algunos puntos en común con el presente.

El imperio francés rezagado en el proceso de industrialización y asediado por el conflicto social interno decide lanzarse a la conquista de nuevos territorios, así por ejemplo invade Argelia. Los ingleses llegan al Río de La Plata con el antecedente de haber conquistado China años atrás, tanto galos como británicos utilizarán la artillería de las mencionadas aventuras imperiales en el territorio nacional.

A diferencia de estas invasiones territoriales, los imperios están convencidos luego de algunas intentonas previas que las estrategias utilizadas tanto en Argelia como en China no resultarían efectivas para los objetivos bélicos del Río de La Plata. Esto en parte se debía a que si bien existía la posibilidad concreta de apoderarse del puerto de Buenos Aires, los imperios eran conocedores del arraigo popular que desplegaba Juan Manuel de Rosas en las poblaciones del interior de Buenos Aires, así vislumbraban un clima de hostilidad en el que no iban a poder avanzar en sus negocios.

La estrategia para América del Sur consistía en lo que se conoce como balcanización continental. Inglaterra desplegará todo su aparato diplomático para conseguir que las estructuras territoriales de los antiguos virreinatos se desmiembren y se conviertan en un puñado de veinte repúblicas. El ejemplo paradigmático de esta política es la creación del Uruguay como una suerte de estado tapón entre el imperio brasilero y la Confederación del Río de La Plata. El imperio apunta también a intervenir en las disputas internas de la región y lograr que fruto de esta situación de desentendimiento los nuevos países independientes realicen acuerdos bilaterales con los imperios por fuera de una estrategia continental de bloque y así debilitar el proyecto de Patria Grande.
Resulta interesante que mientras Europa avanzaba en un proceso de unificación territorial, apueste en paralelo a la creación de nuevos y pequeños estados en América Latina. Así un reconocido unificador italiano como Giuseppe Garibaldi adquiere un rol protagónico en los hechos previos a Obligado, actuando como oficial a sueldo de los imperios promueve saqueos y alienta los sentimientos de separatismo en la Mesopotamia argentina.

Las críticas al carácter autoritario de la política rosista formaron parte de los argumentos de las historiografía liberal, pero la invasión a nuestros ríos no se debe precisamente por estos rasgos denunciados por los liberales, sino que se explica fundamentalmente por la implementación de un programa proteccionista que se sella en la promulgación de la Ley de Aduanas de 1835. Por primera vez desde la época de Rivadavia cultor del libre mercado, se logra avanzar en una política que deja de ser provincial para convertirse en nacional como dice José Rosa. Con esta sanción se consigue defender la manufactura y la artesanía del interior que se encontraba golpeada a partir del triunfo librecambista del ala rivadaviana en mayo.

Esta decisión soberana no fue bien recibida por los caballeros británicos amantes del libre mercado justamente en un momento donde la tendencia era precisamente la contraria a la medida que tomara Rosas, es decir permitir la apertura de nuevos mercados para colocar sus productos.
Pero el Restaurador conocía perfectamente los desafíos a los que se enfrentaba a partir de sus decisiones proteccionistas. La guerra imperialista comercial como denominaba a la invasión anglo-francesa consistía en una hostilidad fluvial y marítima con un bloqueo naval. Pero para llevar a cabo esto también era necesario el apoyo de aquellos sectores de la política local que al desprestigiar la figura del caudillo no hacían más que alimentar las ilusiones de los conquistadores e interpretar las aventuras imperiales como un aporte a la cultura sobre la barbarie impuesta por Rosas.

Operando a través de medios periodísticos, aquellos exiliados del régimen federal generaban una opinión pública sobre aquellos sectores ilustrados de la época no pudiendo cautivar a los sectores populares adherentes al rosismo que expresaban los intereses nacionales contra el invasor. Sarmiento desde Chile con su pluma en el Mercurio y Alberdi desde Montevideo actuaron de una suerte de coro a la intervención extranjera. Como siempre los “civilizadores” europeos que tanto esperaban los intelectuales de la época no hicieron más que desplegar el terror y el miedo que supone toda actividad imperialista.

Los representantes políticos de los imperios argumentaban el bloqueo a través de la diatriba preferida del liberalismo, es decir la falta de diálogo y comunicación que mostraba el Restaurador, aducían el tono violento que utilizaban los miembros de la Sala de Representes, que se avasallan los derechos de los extranjeros, el deshumanitario lenguaje oficial que llama salvaje a los opositores, que la policía del régimen comete hechos siniestros.

Este es el trasfondo que tiñe a los sucesos de Vuelta de Obligado y por primera vez encontramos cómo la guerra no solo se define en el campo de batalla, ni tampoco en lo que se refiere al ámbito diplomático. Existe todo un contexto de guerra ideológica donde los medios escritos por primera vez adquieren el rol de participantes activos. Como mencionábamos, los periódicos antirosistas machacarán en el carácter sanguinario de la tiranía, mostrando la avanzada imperial como a la bandera democrática y civilizadora que viene al rescate de la nación y sus buenas costumbres.

Pero el Restaurador conocedor de que la guerra no solo se resolvía con la espada, busca atravesar el cerco informativo propuesto por los exiliados y publicó un semanario conocido como “Archivo Americano y espíritu de la prensa del mundo”. Con una tirada en francés, inglés y español trata de enfrentar la campaña de difamación mundial contra su persona y el proceso proteccionista que él encara.

Rosas a medida que reforzaba la batalla en plano ideológico apuntaba a fortalecerse en el terreno diplomático, sabía que el éxito de la guerra consistía en prolongar el conflicto y no proponer enfrentamientos cuerpo a cuerpo debido a las desigualdades materiales que se tenía con el invasor. Desde estos dos planos supo quebrar el frente interno del enemigo en territorio propio, llegando a través de sus publicaciones a los sectores medios franceses e ingleses que se encontraban disgustados con las políticas de sus gobernantes.

A su vez logró dividir aguas entre los sectores financieros imperiales, aduciendo que mientras se mantuviese el bloqueo sería imposible hacer frente a las deudas con los organismos internacionales de aquel entonces. Muchos de estos sectores presionarán a las autoridades de los imperios para que se interrumpa el hostigamiento.

Pero al margen de la muñeca del conductor, la gesta es explicable principalmente por la intervención de los sectores populares que inflamados de un desbordante patriotismo nunca aceptaron los designios imperiales. A pesar de que el resultado de la batalla no fue la victoria, como dice José Rosa “no importa, no se estaba allí para ganar sino para que los gringos no se la llevasen de arriba”.

En la actualidad, puede observarse cómo los sectores dominantes argumentan con el mismo sentir antinacional que lo hacían los voceros imperiales durante el conflicto de Obligado, en términos económicos esgrimen la falta de seguridad jurídica para las inversiones extranjeras, en cuestiones de formalidad política enuncian la falta de diálogo del oficialismo, en conflictos territoriales no dudaron en firmar solicitadas pro británicas en la causa Malvinas. Estos posicionamientos nos permiten reflexionar acerca de cómo los procesos de liberación nacional tanto en el plano territorial como en el ideológico se mantienen inconclusos y que es tarea acompañar y profundizar los cambios que avanzan en ese sentido

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