LA GLOBALIZACIÓN SE DESINFLA . Por Walter Moore

La única verdad es la realidad

Juan Domingo Perón

La prensa especializada en todo el mundo prevé que los países industrializados (podemos ya decir “ex industrializados”) van a verse obligados a cerrar sus mercados a los productos importados, pues a pesar de que ahora cambian estos productos por sus billetes de banco (sobrevalorados con técnicas contables impuestas a todo el mundo, pero cada vez menos creíbles), la verdad es que están dejando a sus países sin trabajadores.

Los 5 millones de desocupados en España no son sino la parte visible del iceberg de la crisis europea. Hoy los países industrializados están fundamentalmente en Asia, con China a la cabeza, cuyas monumentales exportaciones pueden sufrir descensos, pero la realidad es que su mercado interno no sólo es inmenso, sino que en ese país todavía existe una cantidad enorme de necesidades insatisfechas, y eso requiere mucho trabajo aún, o sea, que poseen una indudable capacidad para crear riqueza, pues esta proviene solamente del trabajo y la creación humana (los europeos se especializaron en robársela a todo el mundo).

Esta estrategia ahora le está siendo negada a los países europeos, que también tienen alta densidad poblacional, pero pocos recursos naturales propios, y ahora su industria quedó ineficiente frente a la competencia asiática, con lo cual el cierre de sus aduanas es el único recurso que les queda para impedir la invasión de productos extranjeros más baratos que los propios. Y eso ocurrirá aún dentro de Eurolandia[1], donde los países con la mano de obra más cara se opondrán al ingreso de productos fabricados en, por ejemplo, Europa oriental, que visto lo sucedido en Grecia, dudosamente quieran ahora a la moneda europea.

Aún Alemania se verá afectada, si bien su industria se enfocó en productos “Premium” de alto precio y marcas prestigiosas, sus grandes compradores asiáticos tomarán represalias si cierran sus aduanas a sus productos, y Alemania, a diferencia de Inglaterra, no tiene colonias que la abastezcan de energía y materias primas, que llegan a esas islas sobrepobladas desde sus grandes colonias del Commonwealth (Canadá, Australia, Nueva Zelanda, etc.), lo cual les permite seguir manteniendo la Ficción Imperial.

México, el Gran Hermano Centroamericano, por ejemplo, ingresó al ALCA, y ahora está padeciendo dos flagelos ocasionados por su gigantesco vecino del norte: 139.000 asesinatos por las bandas de narcotráfico, las proveedoras del país más adicto del mundo y, por otra, parte verán la fuga de las maquilas norteamericanas (instaladas buscando la mano de obra barata), hacia su país de origen, necesitado de reconstruir un mercado solvente nuevamente, y eso sólo se puede lograr creando nuevos puestos de trabajo industrial. A esto se suma la creciente influencia de los movimientos de oposición al sistema, como por ejemplo, el Zapatismo o Nuevo Zapatismo, que no es un movimiento subversivo, sino que instala un nuevo modo de vida, y crece silenciosamente, por ahora, sólo al sur de su nación

El destino de la UNASUR es incluir también al MERCOSUR, reorganizando este sistema económico, creado para defender los intereses de las corporaciones multinacionales que buscan bajar sus costos de mano de obra y apoderarse de nuestros mercados internos. En la medida que avance el desarrollo industrial de nuestros países y se articulen productos y marcas propias, entrelazando en todo el continente nuestras grandes empresas estatales de energía, minería y alimentos, (que son las que generan la mayor cantidad de empresas proveedoras y subsidiarias que, a su vez proveen la mayor cantidad de trabajadores), menor será la dependencia de productos externos, con lo cual también nuestras aduanas tenderán a cerrarse a la producción extracontinental.

Tendremos que nacionalizar las empresas de servicios y de distribución, hoy en manos extranjeras, pues necesitamos esa fuente de generación de efectivo y beneficios, que requieren muy poca reinversión, pues no sólo debemos contener la fuga de riqueza hacia el exterior, sino que necesitamos reforzar a nuestros Estados, utilizando esas fuente de ingresos en efectivo, imprescindibles para resistir los ataques monetarios y financieros externos.

Estos cambios, ya están instalando fácticamente el Continentalismo, preanunciado por Perón, que en nuestras naciones está a un paso de sustituir a la Globalización Noratlántica. Hoy es posible imaginar un Continentalismo Norteamericano, que incluya a Canadá y por arrastre a la aislada Gran Bretaña como una unidad política y económica cerrada. Europa tendrá que encontrar la forma de unificarse en un estadio de bajo bienestar, porque sus recursos propios no dan para más, y su influencia cultural mengua día a día, impidiéndole ahora exportar sus crisis, con lo cual la conflictividad interna será superior a la de los países hoy del “Tercer Mundo”.

América Latina, está encaminada a formar un Continente uniendo el Centro y el Sur Americano[2], que estará también cada vez más cerrado a la influencia extranjera. Asia, con China e India a la cabeza encontrarán la manera de autoabastecer a sus gigantescos mercados internos, Rusia buscará recomponer su influencia en Europa Oriental y formar un bloque con las antiguas repúblicas de la Unión Soviética, Medio Oriente seguirá siendo un caldero de conflictos, mientras Israel represente los intereses de Occidente en la región, y de alguna manera, África encontrará el camino para reponerse de la partición y saqueo, que durante siglos, padeció por parte de los europeos (y también de árabes y asiáticos).

Esto generará un cambio de poder en las estructuras internacionales instaladas durante el siglo 20. Así que necesitaremos unas Naciones Unidas Nuevas, o mejor aún, debemos sustituirlas por un lugar de Encuentros Continentales donde dirimir diferencias. Las instituciones de las Naciones Unidas, estructuradas para favorecer a las corporaciones multinacionales y al Imperialismo Internacional del Dinero, serán paulatinamente erosionadas por la mera autosuficiencia de los Continentes, nuevas “Súper Naciones” que comenzarán siendo política y económica independientes del imperialismo, y terminarán dejando atrás la cultura europea que las despojó de sus valores éticos, morales y estéticos, imponiendo los suyos a todo el planeta con la mentira del Contrato Social y de las Falsas Libertades[3].

Posiblemente harán falta varias generaciones para que la identidad cultural de cada Continente se exprese plenamente, liberándose de la Mercantilización cultural impuesta por el liberalismo europeo, pero el proceso ya está en marcha, y es nuestra obligación comenzar a educar a las nuevas generaciones en esta Nueva Realidad, esta Nueva Verdad, que se está instalando en el mundo.

Buenos Aires, 5 de febrero de 2013.

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