El Revisionismo histórico a lo largo del tiempo (1° parte) . Por: Juan Pablo Avondet.

2 de noviembre de 2013

La interpretación de los hechos del pasado siempre fue sinónimo de disputas inherentes a las subjetividades de los sujetos sociales encargados de estudiarlos. Las rencillas entre visiones antagónicas sobre el análisis de un mismo hecho fueron, son y serán siempre motivo de disputas acaloradas que alimentarán el “debate histórico”. Las diferentes corrientes historiográficas emprenderán la tarea- siempre compleja- de responder a las problemáticas modernas intentando analizar el pasado para comprenderlo desde una mirada para nada alejada de su posición ideológica, pese a la mala intención de algunos historiadores autodenominados “profesionales” o “ académicos” que en su soberbia disfrazan sus opiniones con capas de supuesta “objetividad”.

Una de las tantas definiciones de la historia nos remarca que la misma es: “el relato de los sucesos, ocurridos en el pasado (…) Esa reconstrucción se sostiene en el conjunto de testimonios que prueban la veracidad de los hechos que se relatan, tanto se trate de documentos- públicos o privados- datos, objetos memorias de testigos, etc.”[1]. A la etapa de recolección de datos se lo denomina “Heurística”: son reglas metodológicas aplicables a la Ciencia. Se complementa con la “Hermenéutica” que se entiende como el arte de la “interpretación”. Estos son los pilares de la Investigación histórica. Pero el problema es que, tanto la Heurística como la Hermenéutica pueden sufrir- adrede- algunos extravíos. Uno de ellos tiene que ver con las omisiones que algunos historiadores hacen del pasado para destacar otras en torno a su propio beneficio político. También suelen “construir” ciertos acontecimientos para nada comprobables o con muy escasa fuente documental para corroborar lo que afirman sin mayores titubeos. La interpretación de ese pasado (Hermenéutica) a veces es mezquina o demasiado “forzada”  en torno a la “cosmovisión ideológica: Weltanschauung”[2] para rescatar o denostar a los sujetos individuales o colectivos implicados en el acontecimiento investigado. Por mucho tiempo está forma “maniquea” se instauró de manera “oficial” en el Estado y desde allí a los ambientes académicos y escolares, logrando tergiversar el pasado adueñándose del mismo para justificar el presente político de aquellos que la escribían. Demás está decir que detrás de cada versión de la historia y de cada ideología se encuentran diversos grupos sociales. Quiénes han dado origen a la historia de la Argentina no eran sino pertenecientes a  la “Elite gobernante”. Por ello hemos de decir que se intentaba justificar el presente político y una herramienta para hacerlo era la “construcción” de un pasado a “gusto y piaccere” de quiénes gobernaban por ese entonces la Argentina. La visión casi generalizada con respecto al origen de la historia Argentina pone en la pluma de Bartolomé Mitre el inicio del estudio del pasado basados en fuentes documentales, aunque podríamos ponerlo en tela de juicio, sin mayores inconvenientes, demostrando antecedentes claros a lo escrito por el multifacético[3] presidente de la República desde 1862 a 1868, en personajes que, tal vez sin proponerse dejar establecidos compendios de la historia, han dejado algunas crónicas escritas de lo vivido[4]. Pero si debemos hablar de intencionalidad, de armar la historia en base a fuentes documentales escritas, tenemos que decir que fue Mitre quién inicio tal labor (en esto Mitre forma parte del movimiento “positivista”  de la historia  creado por el alemán Von Ranke, padre de la “Historia Científica”).

Es interesante destacar el análisis crítico que realiza  Norberto Galasso sobre la historia escrita por Mitre, el historiador marxista acentúa: “El gran engaño no consiste en que Mitre o Grosso interpreten la historia desde su concepción conservadora-liberal, sino que lo hagan pretendiendo que sus versiones no obedecen a ideología alguna y por tanto, deben enseñarse en las escuelas como la única y verdadera historia. Allí reside la mentira que es necesario desnudar porque cuando el estudiante aprende a emplear determinados juicios de valor en el análisis de la Historia, ya se está conformando en él una manera de reflexionar (…)”[5]

Para contrarrestar esta visión de tipo única es que apareció una nueva forma de interpretar a la historia que se autodenominaría “Revisionismo”. Aunque no hubo uno sólo, sino que, aparecieron varios y no necesariamente iguales o parecidos, inclusive veremos que con el correr del tiempo los hubo adversos hasta llegar a los vigentes hoy en día denominados con el prefijo “Neo”- “Revisionismo” como versión “nueva o reciente”.

 

  1.       I.        El Pre- Revisionismo :  Adolfo Saldías: el alumno “díscolo de Mitre”; y el ignorado primer revisionista: Juan Bautista Alberdi

El revisionismo, como corriente historiográfica se reconoce como tal a partir de la década de 1930. Pero ello no implica desconocer que hubo – en algunos personajes de importante labor intelectual – un incipiente, aunque probablemente desconocido, revisionismo del pasado al poner en duda las obras de Mitre, consideradas por el mundillo de la época como impolutas. Aquellos “osados” que se enfrentaban a quiénes ostentaban el dominio absoluto de “la historia” serían tildados de “locos” y “poco serios” entre otras descalificaciones y, en general, verían sus publicaciones censuradas o ignoradas por el grupo dominante encabezado por el fundador del diario “La Nación”.

Suele decirse que el “primer revisionista”- pese a no reconocerse como tal- fue el abogado liberal Adolfo Saldías quién se enfrentaría con la visión “oficial” de la historia mitrista (de quién había sido alumno ejemplar) al encontrar, en Londres, documentación específica de la administración de Rosas durante sus años de gobierno facilitados por la hija del caudillo federal bonaerense. Dichos documentos servirían a Saldías para un análisis documentado de su “Historia de la Confederación Argentina” publicado en 1888. Sin pretender que su libro fuese un colmado resumen de páginas panegíricas a favor del gobierno de Rosas, pudo diferenciarse de su “maestro”, al dejar de lado el encono contra el por entonces considerado “tirano depuesto”, derrocado en 1852 por las fuerzas aliadas de Urquiza. Logró. Tras un análisis serio de la cosa pública, encontrar cuestiones positivas en muchas de sus obras de gobierno sin dejar por ello de pertenecer a la corriente liberal enfrentada ideológicamente con la mayoría de los postulados rosistas. Mitre renegó de la obra de Saldías al que había recomendado dicha obra con la certeza de que hundiría aún más en el fango la figura de Rosas pero, como se puede apreciar, el tiro le salió por la culata.

También pondremos en duda si fue Saldías, el – supuesto-  primer historiador en establecer una visión diferente a la historia liberal establecida por Mitre. Y es aquí donde entra en escena un personaje destacado en la historia argentina aunque no reconocido como primer historiador “revisionista” sino por sus inobjetables capacidades como “intelectual” o “pensador”. Nos referimos a Juan Bautista Alberdi, “padre de la Constitución” (1853). Se pueden citar varias obras del tucumano para demostrar que en los hechos, fue el primero en “revisar” la historia argentina. Para ello podemos promover, a manera de ejemplo, su obra El crimen de la Guerra” (1870), escrita varios años antes que la obra de Saldías, donde Alberdi desenmascara los intereses políticos y económicos de los países aliados (Brasil, Argentina y Uruguay) a la hora de desmembrar al Paraguay[6] en una guerra sanguinaria y sin precedentes- por lo menos en el sur de América-. Igual de interesante resulta su obra póstuma “Grandes y pequeños hombres del Plata” (1912). En ésta última, el hombre que creó la Constitución con su pluma y su pensamiento, pondrá énfasis en analizar las tergiversaciones realizadas por Mitre para con las figuras de Belgrano y San Martín. Desenfadado de la visión homogeneizada por el general presidente, Alberdi se encargará de desentrañar cada una de las mentiras construidas en un libro recomendable para los amantes de la historia de nuestro país.[7]

  1.     II.        (1930). El Nacionalismo conservador como expresión revisionista de la historia

Con el golpe militar llevado a cabo por el General Uriburu en 1930 que derrocaba al gobierno constitucional de Hipólito Yrigoyen, comenzaba también una “revisión” de la historia que intentaba ilustrar la justificación de una nueva época en la Argentina en que la “espada” debía ser legitimada por la “pluma”. Con una base ideológica dada por el “Nacionalismo oligárquico o conservador” inspirada en la derecha maurrista de Francia[8] y el fascismo italiano de Benito Mussolini[9], la clase dominante, contraria a la Democracia como sistema viable, instauraba una etapa clamorosa en la República, cercenándola hasta eliminarla. Admiraban la España de los dictadores Primo Rivera y la de Francisco Franco.

Los primeros revisionistas en denominarse como tales, eran claramente hispanófilos y anti británicos. Reivindicaron la etapa colonial por considerarla el puntal de nuestra cultura imbuida de valores dados por la religión católica y políticamente guiado por la monarquía absolutista. Abominaron de los principios revolucionarios de Mayo y reivindicaron la posición del patriciado en dicha gesta, por ello la reivindicación de Saavedra por encima de la denostación de Moreno, al que consideraban agente inglés. La reivindicación del hombre de armas por el de “las ideas”. La resignificación de Mayo desde la visión militar. La ignorancia adrede del papel del pueblo- en esto último coincidía con la visión mitrista- en aquellos días forma parte de la nueva visión que querían dar sobre la historia. Cabe destacar que la idea de una historia de hombres “fuertes” por encima del pueblo fue, en resumen su objetivo desde el vamos.

Juan Manuel de Rosas, ignorado y sepultado por la historia liberal, sería el personaje elegido para elevar al panteón de los próceres al ser rescatado del infierno al que lo habían condenado los liberales. Pero sería su talente autoritario de rasgos autárquicos y su matriz aristocrática lo que más les importaría destacar por encima de su conexión con las clases populares a las que también representaba. Por coherencia, consideraban nefastos a Rivadavia, Sarmiento y todos aquellos que se opusieron a la figura – en su excesivo e indiscutible militarismo – del “brigadier”.

Con respecto a la cuestión específica de rastrear el origen del Revisionismo, Devoto y Pagano dicen que: “(…) Una pertinaz tradición indica el nacimiento del revisionismo en el año 1934 con la aparición de la obra de los hermanos Julio y Rodolfo Irazusta, La Argentina y el imperialismo británico. La misma (…) debe ser enmarcada en un clima político y cultural enrarecido en cuyo trasfondo se encuentran la crisis económica mundial y la colocación de la Argentina en un cambiado escenario internacional, el sistema fraudulento instrumentado por la coalición política en el gobierno, la inestabilidad política consecuente, las nuevas lecturas pesimistas que un presente cargado de los peores presagios proyecta sobre el conjunto del proceso modernizador argentino y el notorio avance de las corrientes ideológicas nacionalistas y tradicionalistas que socavaban los fundamentos conceptuales del orden liberal”[10] . Cabe destacar que todos los historiadores revisionistas de esta etapa perduraron pese a la caída de Uriburu (representante del sector nacionalista dentro del Ejército) a manos del sector liberal representado por Agustín Pedro Justo (presidente entre 1932 y 1938).

Algunos de los representantes de este “Revisionismo” se organizarán institucionalmente en torno a la creación del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas (1938) que publicará una revista denunciando las “mentiras” de la “historia oficial”. Si bien por algunos años la hegemonía del Instituto lo mantuvieron historiadores de raigambre conservadora, con los años se acercarían exponentes de otro tipo de “Revisionismo” de corte nacional y popular como es, entre otros, el que representaba  Arturo Jauretche.

Principales historiadores revisionistas de esta etapa: Julio Irazusta, Rodolfo Irazusta, Carlos Ibarguren, Vicente Sierra, Manuel Gálvez, Ernesto Palacio e Ignacio Anzoátegui.

Tulio Halperín Donghi, uno de los representantes más importantes de la Nueva Escuela Histórica surgida al calor del “Desarrollismo” que “constituye una variante socialdemócrata del Mitrismo, pues si bien no ratifica la Historia Oficial, ofrece un relato proclive a la conciliación y al equilibrio, legitimador de lo ocurrido (…)”[11] autodenominada “Historia Social” dice despectivamente con respecto a este “Revisionismo”: “El Revisionismo histórico argentino- esa corriente historiográfica cuyo vigor al parecer inagotable no ha de explicarse por la excelencia de sus contribuciones en verdad modestísimas- lo debe sin duda más bien a su capacidad de expresar las cambiantes orientaciones de ciertas vertientes de la opinión colectiva en un país que a través de más de medio siglo se ha hundido progresivamente en una crisis cada vez más radical y abarcadora.

Esa característica- que ofrece sin duda la clave de su éxito- le imprime a la vez un progresivo distanciamiento respecto del conjunto de teorías decadentistas que florecen en Hispanoamérica (…)con las cuales tiene su origen fuerte afinidades”[12]. Según este historiador, la analogía con el “decadentismo histórico” chileno debe tenerse muy en cuenta para estudiar a los historiadores revisionistas de la década del 30´ que constituyeron el primero de los revisionismos. Además de la derecha nacionalista de Maurras, Halperín Donghi ve en Spengler[13], pensador alemán, creador de la obra “La decadencia de Occidente”[14] un claro inspirador del revisionismo en varios de sus postulados aunque no con la relevancia con la que fue tomado en el país trasandino. Uno de los historiadores en tomar muchas de las ideas de Spengler fue Ernesto Quesada, aunque, insiste el historiador de las universidades estadounidenses, de que fueron “el nacionalismo de Maurras y sus aledaños en la derecha francesa”[15]  las influencias más significativas de esta corriente historiográfica.

  1.    III.        El “Revisionismo nacionalista y popular”

A mediados de los años 30’ aparece un grupo de intelectuales contrarios a los intereses de los grupos oligárquicos dominantes que denuncian los diferentes negociados de la época del gobierno del presidente Agustín P. Justo (destacándose el negocio de las concesiones a Inglaterra tras el pacto tan poco decoroso: Roca- Runciman). Este grupo denominado: FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina) lo encabezaban entre otros, Homero Manzi, Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz, Gabriel del Mazo, Darío Alessandro y  Luis Dellepiene. De filiación yrigonista- cuando el partido radical se encontraba dominado por Alvear- supieron demostrar con la palabra y la pluma la “colonización pedagógica”[16] a la que estaba “encadenado” el pueblo argentino desde sus orígenes. Si bien la mayoría no eran historiadores formados como tales, su tarea en la “recuperación” de la Historia Argentina debe destacarse por su tesón para entender cuál fue el papel que cumplían las masas en los acontecimientos. Se encargaban de re-leer la historia oficial para demostrar, a través de sus escritos, los delirios míticos plagados de lugares comunes que la corriente mitrista presentaba, pero, a diferencia de los revisionistas conservadores y anti democráticos, ponían énfasis en el papel que cumplía el “pueblo” como sujeto histórico. Por ello hemos de destacar a este revisionismo como “Nacional y popular”.

Scalabrini Ortiz- probablemente uno de los más destacados del grupo- del que Devoto y Pagano dudan afiliación al FORJA por falta de pruebas, investiga sobre las inversiones británicas en el país, más precisamente analiza la historia de los ferrocarriles en su libro: “Política británica en el Río de la Plata e Historia de los ferrocarriles”. El autor pone en evidencia los negocios turbios de Rivadavia en contra partida al proyecto de Mariano Moreno como dos “rutas de Mayo” antagónicas. Scalabrini mostraba a un Moreno realmente revolucionario y popular, mientras a don Bernardino como un leguleyo del imperialismo británico propenso al desembarco de grandes negociados en favor del grupo oligárquico elitista que soñaba con trasformar Buenos Aires en alguna ciudad europea que contenga la elegancia de París y el desarrollo económico de Inglaterra.

Otra personaje destacado será Arturo Jauretche, probablemente el más reconocido de todos los que integraban FORJA. Sus escritos, charlas y conferencias son materia de estudio constante incluso hoy en día. Jauretche incorporaría conceptos muy esclarecedores para intentar llevar el estudio del pasado – en aquellos años: reducto de una minoría atrincherada en Universidades – al lector “de a píe” sin mayores rodeos “académicos”.

Pero con la llegada del peronismo, el grupo: FORJA, tras algunas discusiones internas, se disolverá y muchos de ellos se encolumnaran tras la figura del por entonces Teniente Coronel Juan Domingo Perón al que consideraban la “síntesis más acabada” de sus anhelos, mientras que otros personajes (como Del Mazo y Dellepiene) se acercarán nuevamente a la U.C.R (Unión Cívica Radical).

 

 

[1] GALASSO, Norberto. La larga lucha de la Argentina. Ed. Pensamiento Nacional. Buenos Aires. 1995. Pág. 7

 

[2] Así es como se conoce en el idioma alemán, desde donde surgió esta acepción que define la óptica personal- en este caso- del mundo.

 

[3] Mitre era: (político, militar, periodista e historiador).

 

[4] Podríamos nombrar al Deán Funes en la primera mitad del siglo XIX, al igual que algunos ensayos de Sarmiento o los escritos de Pedro de Ángelis, Florencio Varela etc.…

 

[5] GALASSO. Ob. Citada. Pág. 9

 

[6] El lugar más desarrollado de Sudamérica por aquellos tiempos. El Paraguay contaba con el primer barco a vapor construido en Sudamérica; varios astilleros, desarrollo de siderurgia y modernas técnicas agrícolas que ninguno de los países invasores tenían.

 

[7] Para más información ver el artículo: “EL ALBERDI HISTORIADOR” de Juan Pablo Avondet. Enlace: https://www.facebook.com/notes/juan-pablo-avondet/el-alberdi-historiador/557550917602986

 

[8] Charles Maurras (Martigues (Bouches-du-Rhône), Francia, 20 de abril de 1868 – Tours, Francia, 16 de noviembre de 1952) fue un político de extrema derecha, poeta y escritor francés, principal fundador e ideólogo de Action Française (Acción Francesa). Creía en una sociedad ordenada de arriba hacia abajo, donde la Elite, siempre mejor preparada debía guiar los destinos de la nación. Echaba las culpas de los males de Francia al punto de partida revolucionario dado en 1789 que dio por tierra la monarquía absolutista.

 

[9] Benito Amilcare Andrea Mussolini (Dovia di Predappio, Forlí; 29 de julio de 1883 – Giulino di Mezzegra, 28 de abril de 1945) fue un militar, político y dictador italiano, creador del Fascismo: El proyecto político del fascismo es instaurar un corporativismo estatal totalitario y una economía dirigista, mientras su base intelectual plantea la sumisión de la razón a la voluntad y la acción, aplicando un nacionalismo fuertemente identitario (Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Fascismo)

 

[10] DEVOTO, Fernando y PAGANO, Nora. Historia de la Historiografía Argentina. Sudamericana. Buenos Aires. 2010.  Pág. 221

 

[11] GALASSO, N. Obra citada. Pág. 21

 

[12] HALPERÍN DONGHI, Tulio. Ensayos de Historiografía. El Cielo por Asalto. Buenos Aires. 1996. Pág. 107

 

[13] Oswald Spengler (Blankenburg, 29 de mayo de 1880 – Múnich, 8 de mayo de 1936) fue un filósofo e historiador alemán, conocido principalmente por su obra La decadencia de Occidente.

 

[14] En su ensayo La decadencia de Occidente (1er volumen 1918 y 2º volumen 1923) pretendía llevar a cabo un estudio de las formas subyacentes a los acontecimientos concretos, de la macroestructura dentro de la cual fluyen todos los acontecimientos históricos particulares. Spengler presentaba la historia universal como un conjunto de culturas (Antigua o Apolínea, Egipcia, India, Babilónica, China, Mágica, Occidental o Fáustica) que se desarrollaban independientemente unas de otras –como cuerpos individuales- pasando a través de un ciclo vital compuesto por cuatro etapas: Juventud, Crecimiento, Florecimiento y Decadencia, como el ciclo vital de un ser vivo, que tiene un comienzo y un fin determinados. Además, cada una de las etapas que conformaban el ciclo vital de una cultura presentaba, según el esquema spengleriano, una serie de rasgos distintivos que se manifestaban en todas las culturas por igual enmarcando los acontecimientos particulares. Con base en este esquema y aplicando un método que él llamó la “morfología comparativa de las culturas”, Spengler proclamó que la cultura Occidental se encontraba en su etapa final, es decir, la decadencia y afirmó que era posible predecir los hechos por venir en la historia del occidente. Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Oswald_Spengler

 

[15] HALPERÍN DONGHI. Obra citada. Pág. 108

 

[16] Concepto elaborado por Arturo Jauretche y que puede explicarse en su libro “Zonceras Argentinas”.

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