América en el universalismo político y jurídico de Francisco de Vitoria. Por Humberto Podetti

 

a) El tiempo de Vitoria: de la irrupción de América en el mundo a la universalización de la historia

Entre 1492 y 1539 las historias locales de las diversas provincias que componían el mundo se transformaron en partes de una historia universal . El proceso se inició con la hazaña de Colón, estableciendo una ruta de navegación entre América y Europa, tal vez el “mayor acontecimiento cosmográfico y cultural registrado en dos milenios de historia de la humanidad”, como escribe Augusto Roa Bastos en su Vigilia del Almirante. Y culminó con la concepción de la communitas orbis formulada por Francisco de Vitoria en sus relecciones teológicas Sobre el poder civil, Sobre los Indios y Sobre el derecho de la guerra, en la Universidad de Salamanca entre 1528 y 1539 .

Las provincias americana y europea siguieron caminos diversos a partir de la comprensión de que había sido descubierto un nuevo mundo, el mundo entero y una nueva humanidad, la humanidad completa.

Europa decidió la conquista del orbe, desarrollando notablemente las ciencias de la naturaleza. La atención se concentró en las novedades técnicas y los descubrimientos físicos de las hazañas marítimas de Colón, Vasco da Gama y Magallanes. La experiencia deslumbrante de los viajeros y exploradores fue contrapuesta al conocimiento y la ciencia de la época y particularmente a la escolástica . El conocimiento científico aplicado se convirtió en fundamento principal del poder político y económico, estableciendo una asociación entre la ciencia, el poder, la guerra y el comercio . A partir de ese momento y salvo breves interregnos, Europa sostuvo una política de guerra permanente que prefiguró el entorno internacional contemporáneo.

América, en cambio, profundizó, bajo la inspiración de un proceso doloroso y complejo, en el pensamiento acerca de la organización política, social y económica de la comunidad humana entre 1500 y 1800.

Las grandes culturas mesoamericanas y andinas y con ellas todas las del continente, descubrieron de modo dramático Europa, sufriendo un impacto profundo y desgarrador .

Sin embargo, casi simultáneamente con el desembarco de Colón, comenzó una segunda naturaleza de ese proceso, que concluyó por consumir casi por completo la primera. Esa naturaleza, que ha sido llamada indiana, fue aún más asombrosa por su magnitud espacial y temporal y por la innovación profunda de su peculiar humanismo, que la hazaña de Colón.

Poco después de su presentación inicial y embrionaria en los sermones de Antonio de Montesinos en 1511, la indianidad incorporó un nuevo componente de gran riqueza, la africanidad. Y se desarrolló por múltiples senderos hasta la proposición de un estado confederal íbero americano en las Cortes de Cádiz de 1812, rechazado por los diputados españoles y del proyecto humanista y libertario de José Bonifacio en las Cortes de Lisboa de 1820, que no llegó a ser tratado por los diputados portugueses .

El proceso indiano dio nacimiento a una nueva criatura cultural , cuyos genes provenían de la América preuniversal, de la Iberia que llegó tras la ruta abierta por Colón y del África secuestrada en su continente y esclavizada y finalmente liberada en América. Pero que pronto fue diferente de cada una de ellas, como explicaron Fernando Ortiz , Darcy Ribeiro o Scalabrini Ortiz y pintó Cándido Portinari en El mestizo. Partes significativas del pensamiento, la filosofía y la religión de Asia, Europa, América y África se reconocieron, en tanto humanismos, en la formación de esa segunda naturaleza del período colonial. Porque de España y Portugal también llegaron herederos del espíritu del Califato de Córdoba, de fructífera convivencia de católicos, judíos y musulmanes, en el que pensaron y actuaron Maimónides, Averroes y Alfonso el Sabio. Y, sobre todo, llegaron discípulos de Vitoria y de las escuelas salmantina y conimbricense. Y porque América tenía el sentido de la vida de los nahuas toltecas , que tanto nos recuerda a Isidoro de Sevilla, a Sor Juan Inés de la Cruz con su Primero sueño y al Descenso y ascenso del alma por la belleza de Leopoldo Marechal. O la realización del trabajo como solidaridad y reciprocidad de la ming’a y la mit’a inca o de la milpa maya y azteca, que siguen inspirando nuevas formas de trabajo en nuestros días . O la comprensión del poder creador de la palabra de los mayas quichés y la búsqueda de la tierra-sin-mal de los guaraníes , ingredientes substanciales del pensamiento latinoamericano, como nos dice Graciela Maturo en La razón ardiente .

Esa segunda naturaleza se mostró desde sus comienzos irreductible a las nociones de conquista y colonización. La indianidad fue crítica y condena de la conquista, pero sobre todo proposición y construcción de una sociedad nueva y una nueva cultura. Lo que nacía era simultáneamente sublevación, literatura, filosofía, antropología y proyecto político, social y económico basado en la solidaridad y la reciprocidad. Y también construcción social mestiza e innovadora respecto de América y respecto de Europa, como los pueblos hospital de Vasco de Quiroga o las misiones jesuítico guaraníes de Roque González. De ese modo, construyó ese humanismo singular que explica y constituye la historia y la identidad americanas.

b) El universalismo jurídico y político de Francisco de Vitoria

La naturaleza indiana de la conquista de América por Castilla y Portugal adquirió nuevos y revolucionarios sentidos con Francisco de Vitoria. América y los americanos constituyeron la causa y el objeto principales de sus reflexiones y fueron el escenario y los actores que desplegaron, aplicaron y continuaron su pensamiento. Sin embargo, Vitoria no construyó una visión americocéntrica del mundo y por cierto tampoco eurocéntrica o cristianocéntrica, sino un universalismo jurídico y político, plural e inclusivo de la inmensa diversidad humana . Ese universalismo fundó el pensamiento latinoamericano.
Vitoria nació Burgos en 1483, el mismo año en que Castilla reconquistó Canarias, que será el punto de apoyo del acontecimiento de Colón. En 1505 ingresó al convento dominico de San Pablo, que participó activamente en la reforma de la Orden en la Provincia castellana y que en ese proceso adoptó la Gramática de Nebrija, que reguló el castellano que se encontró en América con las muchas lenguas de nuestras culturas preuniversales.

Hacia 1508 viajó a París para proseguir sus estudios de filosofía y teología en el convento dominico de Saint Jacques. Allí conoció a Erasmo y Vives, con quienes mantuvo una larga y fecunda relación y asistió a las clases del nominalista John Mair. Las enseñanzas de Mair lo pusieron en contacto con dos de las cuestiones que fueron centrales en su obra: América, a partir de la discusión acerca de la legitimidad o ilegitimidad de la conquista, y el pueblo como sede del poder civil y eclesiástico que se delega o se retira a los gobernantes, según su desempeño . Es probable que también haya tomado de Mair la inclinación, que será constante en su obra, a vincular la reflexión teológica con los problemas inmediatos de los hombres .

Culminados sus estudios y docencia en París, Vitoria regresó en 1523 a Castilla y fue designado profesor de teología en el Colegio de San Gregorio de Valladolid, donde la cuestión americana impregnaba la comunidad académica. Entre sus colegas estuvieron Matías de Paz, precursor de los asuntos de América en San Gregorio, Miguel Ramírez de Salamanca, Obispo de Santiago de Cuba entre 1527 y 1532 y García de Loayza y Mendoza, General de la Orden de los Predicadores y Presidente del Consejo de Indias, creado en 1524. Entre sus alumnos, Jerónimo de Loayza, primer arzobispo de Lima y fundador de la Universidad de San Marcos y Vicente de Valverde, quien leyó el requerimiento para convertirse a la fe cristiana a Atahualpa y fue luego primer Obispo de Cusco y acérrimo defensor de los americanos.

Como consecuencia de las protestas de Antonio Montesinos y Pedro de Córdoba en 1512 se dictaron las primeras leyes de Indias. Fueron reformadas en 1524, luego del informe de Bartolomé de las Casas a Carlos V . Constituyeron las primeras regulaciones de la historia de los derechos humanos.

En 1526, probablemente ya decidida su dedicación definitiva a pensar el mundo nuevo que irrumpió a partir del choque y encuentro entre América y Europa, obtuvo la cátedra de Prima de Teología en la Universidad de Salamanca. En 1528 pronunció su primera relección , Sobre el Poder Civil, y en su párrafo inicial anunció su vocación universalista: “el oficio del teólogo y su campo de investigación es tan vasto que ningún tema, ninguna discusión, ningún asunto parecen ajenos a su profesión ni a su estudio” .
La incitación americana, que inspiró de modo general sus reflexiones, se presentó plenamente a partir de la noticia de la muerte de Atahualpa por Francisco Pizarro , que Vitoria condenó en la carta que dirigió a Miguel de Arcos en noviembre de 1534 .

El extenso sistema que desarrolló Vitoria y culminó en la concepción de la communitas orbis, comienza por la persona humana, que Vitoria colocó como centro y finalidad de su universalismo. En esto se apartó anticipadamente de la ciencia política y de las relaciones internacionales, cuyo sujeto no es el hombre sino el estado-nación, con sus ideas de soberanía interna absoluta y homogeneidad del pueblo propio del estado que culminaron en la ‘razón de estado’, opuesta a todo humanismo. Vitoria afirmó la igualdad entre todos los seres humanos por el sólo hecho de ser hombres, todos miembros de la misma especie. Y por, ende, todos con idéntico derecho a la libertad. Ello incluyó la condena a toda forma de esclavitud, declarada “máxima tiranía”, siguiendo a Santo Tomás . La igualdad implicaba para Vitoria el respeto a la diversidad cultural, religiosa, de costumbres y de lenguas . La igualdad y la libertad se expresan en la sociabilidad natural –y no contractual-, que es universal. Vitoria afirmó que “… ‘la naturaleza ha establecido cierto parentesco, como una fuerza entre todos los hombres’. Por consiguiente, es contra el derecho natural que el hombre rechace al hombre sin causa alguna. Pues ‘no es lobo el hombre para el hombre’, como dice Ovidio, sino Hombre” .

A partir de esa concepción de la persona humana como centro de todo el orbe, Vitoria abordó la sociedad humana. El hombre sólo es plenamente hombre en comunidad, porque su naturaleza es esencialmente sociable. Las comunidades humanas se han constituido para que unos soporten las cargas de otros y para que los hombres, viviendo en sociedad se presten ayuda mutua . Por ello la comunidad tiene un conjunto de obligaciones que son el correlato de los derechos de cada uno de sus miembros y, por ende, debe garantizar a todos el acceso a los bienes y a la libertad. En consecuencia, la justicia, cuyo carácter esencial es la alteridad, no puede realizarse ni los derechos ejercerse sino en el seno de una comunidad organizada .

Es que el hombre necesita –como afirmó Vitoria- de su entorno inmediato y mediato para su realización. Es en la relación con los otros cuando es plenamente hombre. El derecho a pertenecer a una comunidad organizada implica el de pertenecer tal como es, con sus diferencias y semejanzas con los demás miembros. Y ello constituye también una obligación: son sus diferencias de cualquier naturaleza las que más enriquecen a la comunidad y en consecuencia, está obligado moralmente a aportarlas en la interacción social. Por ello el escenario de la realización del hombre es la comunidad y su participación en ella es mucho más compleja y decisiva para la plenitud de su vida que su participación en el Estado como individuo y en el mercado como productor de bienes, comerciante, trabajador o consumidor. El hombre, cada hombre, diverso y único, en su cualidad esencial de ser social, sin amputaciones, debe subordinar todos y cada uno de los elementos de toda forma de Estado.

La comunidad requiere necesariamente de un gobierno, a quien debe serle concedida la autoridad por sus miembros, en quiénes ha delegado Dios el poder . Con este fundamento cuestionó la legitimidad de los regímenes políticos de su tiempo, desde las monarquías europeas y el papado, en tanto dominio terrenal, hasta los imperios americanos recién descubiertos por Europa, que invocaban el origen divino de su propio poder. Victoria sostuvo también que la autoridad es de derecho humano positivo, y por lo tanto sujeta en todos sus aspectos a la sociedad, por medio de las leyes que regulan su ejercicio y establecen los medios para constituirla y controlarla .

Por fin, abordó la culminación del sistema, la communitas orbis, que, como la república, es fruto también de la sociabilidad natural y universal del hombre. Sostiene Vitoria que “el derecho de gentes tiene fuerza no solo por el pacto y consenso entre los hombres, sino también fuerza de ley. En efecto, el orbe entero, que en cierto modo es una república, tiene potestad de dar leyes justas y convenientes para todos, como son las del derecho de gentes…”. De este modo, Vitoria fundó el derecho internacional, que regula las relaciones entre estados según los pactos o tratados. El objetivo del nuevo derecho es la coexistencia en paz entre las diversas naciones del mundo, pese a sus diferencias religiosas, políticas, económicas y culturales. Vitoria imaginó por primera vez una organización jurídica y política global, con un tribunal de justicia y un gobierno universales, sin perjuicio de la existencia de idénticas instituciones en las repúblicas que componen la república universal. También imaginó la unidad europea, cuando reflexionó acerca de la unidad de la cristiandad, entonces limitada a Europa, bajo un gobierno general, con el mismo objetivo que el Tratado de París: establecer la paz en el continente .

Pero su concepción de la communitas orbis no concluyó en el derecho internacional o derecho interestatal y en la república universal. Sostuvo que además del derecho que rige al interior de los estados y del derecho que regula las relaciones entre los estados, existe otro derecho que es común a todo el género humano, a todo hombre y a toda mujer, independientemente de que integren o no un estado: el derecho de gentes. Ese derecho tiene como sujeto a la persona humana, antes, durante y después de su pertenencia a un estado concreto.

En consecuencia, los derechos y deberes humanos son preexistentes e independientes de la pertenencia a una nación y mucho más aún de su carácter de miembro de un estado. Aunque, como también sostuvo Vitoria, su ejercicio sólo puede hacerse en el seno de una comunidad. En consecuencia, el primero de los derechos humanos, que habilita el ejercicio de todos los demás, inclusive el derecho a la vida, es el de pertenecer a una comunidad organizada. Vitoria lo presentó incluyendo entre los numerosos argumentos expuestos, dos instituciones del derecho inca, el de la participación de todos, inclusive los miembros de otros pueblos, en la propiedad común y el de libre circulación y establecimiento en el territorio de cualquier pueblo .
El derecho de gentes incluye protecciones de los poderes que han establecido los hombres: “todo poder público o privado por el que se administra la república secular no solo es justo y legítimo sino que tiene a Dios por autor, de tal suerte que no puede ser abrogado ni suprimido ni siquiera por el consenso de todo el mundo” . Es una afirmación implícita de la diferente naturaleza del derecho de gentes y del derecho internacional, que sí puede ser modificado por el consenso de todo o parte del mundo. Por otra parte, este derecho es concordante con el derecho de todos los pueblos a gobernarse conforme sus leyes y su cultura, y a exigir el respeto de su soberanía, como lo sostuvo Vitoria al afirmar la soberanía y legitimidad del poder constituido por los pueblos americanos preuniversales .

c) Presencia contemporánea del pensamiento de Vitoria

Con esas ideas Vitoria fundó el pensamiento latinoamericano como parte substancial de la naturaleza indiana del período colonial de la historia de América. Fundó también la primera escuela jurídica americana. Muchos de sus discípulos alfabetizaron las lenguas indígenas y escribieron en esas lenguas sus obras de historia, filosofía y derecho, iniciando la conversión del castellano y el portugués en lenguas americanas e incorporando muchas de las instituciones indígenas al derecho indiano, el primer derecho común de América. Estas raíces están presentes en el derecho doméstico de todos los países de la América castellana y de la América lusa y son constituyentes del naciente derecho comunitario suramericano.

Su pensamiento –que se difundió y desarrolló en las veintiséis universidades que Castilla fundó en nuestro continente durante el período indiano- forma parte del ideario político, económico y social de los pueblos latinoamericanos. Se manifestó desde los primeros cuestionamientos a la autoridad de los castellanos y de los portugueses, a partir del momento inicial de la conquista, durante el movimiento independentista y lo hace en nuestro tiempo en los grandes movimientos populares del siglo XX y de nuestro siglo.
Por fin, la creciente presencia de América latina en los escenarios mundiales, proponiendo algunas respuestas a los acuciantes problemas contemporáneos, tiene componentes del pensamiento universalista de Vitoria. Tal vez uno de los ejemplos más significativos es el fundamento jurídico que el derecho de gentes vitoriano otorga a las afirmaciones y solicitudes del Papa Francisco en relación con los migrantes y refugiados: “Toda persona pertenece a la humanidad y comparte con la entera familia de los pueblos la esperanza de un futuro mejor”, “debe ponerse fin a las barreras infranqueables a los migrantes” y a su pregunta y su respuesta en su Homilía en Lampedusa “¿quién es el responsable de la sangre de estos hermanos y hermanas?…quienes en el anonimato toman decisiones socio económicas que hacen posible dramas como éste”. Y también a las del Cardenal Sean O’Malley en la Homilía que pronunció en la misa celebrada el 1 de abril de 2014 en Los Nogales, Arizona, al pie del muro Sensenbrenner, con feligreses a ambos lados del muro y en la que también exigió la flexibilización de la frontera.

Simultáneamente, el pensamiento de Vitoria constituye una contribución substancial para formular “nuevos modelos de desarrollo que conjuguen tradición cristiana y progreso civil, justicia y equidad con reconciliación, desarrollo científico y tecnológico con sabiduría humana, sufrimiento fecundo con alegría esperanzadora” como pidió Francisco en su homilía el 14 de diciembre en San Pedro, celebrando a María de Guadalupe.
En Bolivia:
Ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen mucho. Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas, en la búsqueda cotidiana de «las tres T» ¿De acuerdo? (trabajo, techo, tierra) y también, en su participación protagónica en los grandes procesos de cambio, Cambios nacionales, cambios regionales y cambios mundiales.

Cada uno de nosotros no es más que parte de un todo complejo y diverso interactuando en el tiempo: pueblos que luchan por una significación, por un destino, por vivir con dignidad, por «vivir bien». Dignamente, en ese sentido.
Es imprescindible que, junto a la reivindicación de sus legítimos derechos, los Pueblos y sus organizaciones sociales construyan una alternativa humana a la globalización excluyente. Ustedes son sembradores del cambio. Que Dios les dé coraje, alegría, perseverancia y pasión para seguir sembrando. Tengan la certeza que tarde o temprano vamos de ver los frutos.

FUENTES Y CITAS

Leopoldo Zea, El descubrimiento de América y la universalización de la historia en Leopoldo Zea (coord.) El descubrimiento de América y su impacto en la historia, Ed. FCE, España, 1991, pp. 5/18.

Francisco de Vitoria, Sobre el poder civil, Sobre los Indios, Sobre del derecho de la guerra, Estudio preliminar, traducción y notas de Luis Frayle Delgado, Ed. Tecnos, Madrid, 1998.

Amelia Podetti, Comentario a la Introducción a la ‘Fenomenología del Espíritu’, Ed. Biblos, Buenos Aires, 2007, p. 50 y La irrupción de América en la Historia en este número de Hechos e Ideas.

Helio Jaguaribe, Un estudio crítico de la historia, Ed. FCE, México, 202, T. II, p. 451/459. En 1543, Petrus Ramus, en su crítica a la dialéctica aristotélica, sostuvo que los pensadores de todas las épocas, ignoraban lo que los navegantes y mercaderes habían aprendido gracias a la experiencia en lugar de la argumentación. Los teólogos de la Sorbona y el Consejo Real de Francisco I lo condenaron. En 1632, Galileo sintetizó la victoria intelectual de Ramus en Europa, afirmando que Demóstenes y Aristóteles debían ceder su lugar a cualquier ser humano, sin importar lo humilde que fuera, pero que hubiera observado directamente un aspecto de la naturaleza.
La asociación de ciencia, política, guerra y comercio al promediar el tiempo transcurrido entre el acontecimiento de Colón y el Tratado de París de 1951, puede verse en el pensamiento de Kant desde su afirmación en la Crítica del Juicio (1790), acerca de la guerra como “medio indispensable para hacer avanzar la cultura” hasta su condena en Hacia la paz perpetua (1795): “la guerra debe erradicarse para siempre de las relaciones entre los hombres y las sociedades humanas”. Hacia la paz perpetua. Un esbozo filosófico, Edición de Jacobo Muñoz, Ed Biblioteca Nueva, Madrid, 1999, p. 81.
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Da Mota, Carlos Guilherme, José Bonifacio, fundador de Brasil, disponible en http://memorial.org.br/revistaNossaAmerica/24/esp/48-jose_bonifacio.htm
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Fernando Ortiz, Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar, Edición de Enrico Mario Sartí, Ed. Cátedra, Madrid, 2002, pp. 254/260.
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Miguel León Portilla, Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y cantares, Ed. FCE, México, tercera reimpresión, 1983, p. 171.

Francisco en su homilía en la Catedral de Quito el 6 de julio de 2015 recordó que “el acarreo, labrado y albañilería de esta catedral han sido hechos con ese modo nuestro, de los pueblos originarios, la minga;
ese trabajo de todos en favor de la comunidad, anónimo, sin carteles ni aplausos”. Virgilio Roel Pineda, Cultura peruana e historia de los incas, Ed. FCE, Lima, Perú, 2001, p. 450;

Piedad Peniche Rivero, Sacerdotes y comerciantes. El poder de los mayas e itzaes de Yucatán en los siglos VII a XVI, Ed. FCE, México, 1990, p. 36.
Popol Vuh. Las antiguas historias del Quiché, trad. Adrián Recinos, Ed. FCE, México, 27ª. Reimpresión, 1998, p. 23.

Bartomeu Meliá S.J., Pensamiento guaraní para uso de paraguayos (y latinoamericanos) en Beatriz G. de Bosio y Eduardo Devés Valdés (compiladores) Pensamiento paraguayo del siglo XX, Ed. Intercontinental Editora, Asunción, Paraguay, 2006, p. 271.
Graciela Maturo, El lenguaje morada del hombre en La razón ardiente, Ed. Biblos, Buenos Aires, 2004, p. 21.

La visión del Papa Francisco resume ese universalismo: “La esfera puede representar la homologación, como una especie de globalización: es lisa, sin caras, igual a sí misma en todas las partes. El poliedro tiene una forma similar a la esfera, pero está compuesta de muchas caras. Me gusta imaginar la humanidad como un poliedro, en el cual las múltiples formas, expresándose, constituyen los elementos que componen, en la pluralidad, la única familia humana” (Mensaje al Tercer Festival de Doctrina Social de la Iglesia Menos desigualdades, más diferencias, Verona, 21/24-11-13:
http://w2.vatican.va/content/francesco/es/messages/pont-messages/2013/documents/papa-francesco 20131121_videomessaggio-festival-dottrina-sociale.html)
Mauricio Beuchot, La Querella de la Conquista. Una polémica del siglo XVI, Ed. Siglo XXI, 2004, pp. 12/17.

Francisco de Vitoria, Los derechos humanos, Edición e Introducción de Ramón Hernández, O.P., Ed. San Esteban, Salamanca, 2003, p. 27. Vitoria manifiesta esta inclinación tempranamente, en el prólogo a su edición de la Secunda Secundae de Santo Tomás, en el que elogia la orientación práctica de Tomás.
Mauricio Beuchot, Los fundamentos de los derechos humanos en Bartolomé de las Casas, Ed. Anthropos, Barcelona, 1994, p. 79.
Las relecciones eran clases impartidas al conjunto de la comunidad académica al concluir el ciclo lectivo.

Francisco de Vitoria, Sobre el poder civil…cit., p. 5.

Manuel Fernández Alvarez, América en la idea imperial de Carlos V, II Congreso de Academias Iberoamericanas de la Historia. Factores de diferenciación e instancias integradoras en la experiencia del mundo iberoamericano, Ed. Real Academia de la Historia, Madrid, 1994, p. 219.
Luis Pereña, Escuela de Salamanca, Carta Magna de los Indios, Ed. Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 1988, pp. 4, 8 y 14. El texto de la carta puede leerse en las pp. 37/40.

Francisco de Vitoria, La Justicia. Estudio preliminar y traducción de Luis Frayle Delgado, Ed. Tecnos, Madrid, 2001, p. 93.

Francisco de Vitoria, Sobre el poder civil…cit. pp. 59/65
Op. cit. pp. 10/13 y 133. La frase pertenece a Plauto en Asinari, como aclara Frayle Delgado en la nota 221, p. 133, y no a Ovidio, y dice Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro. La contestó Séneca, en Cartas a Lucilio: el hombre es sagrado para el hombre. Hobbes radicalizó la afirmación de Plauto en el Leviatán, señalando la oposición a la direccionalidad de Vitoria.

Francisco de Vitoria, Sobre el Poder Civil…, cit. pp. 9/13.

Francisco de Vitoria, La Justicia, Cuestión 58, Artículo Segundo Si la justicia siempre dice en relación a otro, p. 37.

Francisco de Vitoria, Sobre el Poder Civil…, cit. pp. 15/23.

Francisco de Vitoria, Obras. Relecciones Teológicas, Ed. Teófilo Urdanoz, BAC, Madrid, 1960, p. 127
Joseph Ratzinger y Jürgen Habermas, Diálogo acerca de los fundamentos de la Constitución Europea, La Nación, 14 de mayo de 2005.

Francisco de Vitoria, Sobre el poder civil….cit. pp. 129, 131 y 133. La invocación de estas instituciones americanas, cuya naturaleza era coincidente con el nuevo derecho que fundaban, muestra el conocimiento que tenía Vitoria de ellas y su respeto por las culturas americanas.

Francisco de Vitoria, Sobre el Poder Civil…cit., p. 7.

Francisco de Vitoria, Sobre los Indios….cit., pp. 87 y 88.

Francisco, Mensaje del 5-8-2013 anunciando la 100ª Jornada Mundial del Inmigrante y el Refugiado, Mensaje a la Jornada el 19-1-2014 y Homilía en Lampedusa 8-7-2013.

 

 

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Francisco de Vitoria (4)

 

 

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