Marechal, interpretación simbólica del Martín Fierro. Por Manuel Valenti

Marechal, interpretación simbólica del Martín Fierro

 

Leopoldo Marechal busca en el Martín Fierro “aquellos valores que trascienden los límites del arte puro y hacen que una obra literaria o artística se constituya en el paradigma de una raza o de un pueblo en la manifestación de sus potencias íntimas, en la imagen de su destino histórico”. La trascendencia está, no en lo literal de la poesía, si no en la búsqueda para transmitir esas potencias íntimas a través de lo simbólico. El autor se hace varias preguntas para encontrar donde están las potencias íntimas del Martín Fierro.

Primero se pregunta “¿El poema de José Hernández tiene, por ventura, esa capacidad de trascendencia? Si demostramos que la tiene, los profesores de literatura ya no vacilarán en la especificación del “género” a que pertenece la obra gaucha. Y entonces el Martín Fierro no sólo constituirá para nosotros la materia de un arte literario, sino la materia de un arte que nos hace falta cultivar ahora como nunca: el arte de ser argentinos y americanos.”

Todo mensaje siempre va dirigido a algún destinatario, entonces “¿a quién va dirigido el mensaje de Martín Fierro?

Va dirigido a la conciencia nacional, es decir, a la conciencia de un pueblo que nació a la vida de los libres y que recién ha iniciado el ejercicio de su libertad.

¿Y por qué necesita un mensaje la conciencia de la nación?

Porque la nación, desgraciadamente, no se ha iniciado bien en el ejercicio de su libertad recién conquistada. Y no se ha iniciado bien, porque ya en los primeros actos libres de su albedrío, ha comenzado ella la enajenación de lo nacional en sus aspectos materiales, morales y espirituales. Esto que podríamos llamar “una tentativa de suicidio precoz”, iniciado por el ser nacional en la segunda mitad del siglo XIX, es un drama histórico que muchos han denunciado y cuyo estudio sería útil profundizar, sobre todo en la dirección de los “responsables”.

Marechal entiende que en el intento de enajenación de la conciencia nacional en la segunda mitad del siglo XIX, El Martín Fierro es un grito de alerta para rescatarla y ponerla en su lugar, que los valores espirituales y morales de la nación se están deformando. Los responsables de esta enajenación son la elite gobernante, que encandilados por las luces de la modernidad y la filosofía de las grandes potencias europeas, desecharon toda posibilidad de pensarnos por nosotros mismos, desvalorizando nuestra conciencia nacional y adoptando una epistemología que no nos era propia. La autodenigración se inicia con la negación de nuestra conciencia nacional. Por eso el Martín Fierro fue tomado como un hecho literario y no como la voz cantante de un pueblo que clamaba por el rescate de su conciencia. Martín Fierro decía:

“Yo he conocido cantores

que era un gusto el escuchar,

mas no quieren opinar

y se divierten cantando;

pero yo canto opinando,

que es mi modo de cantar”.

Marechal se pregunta entonces,”  ¿Cuál era, pues, la única órbita de acción que a Martín Fierro le quedaba?La del pueblo mismo cuyo mensaje quería trasmitir el poema. Y entonces ocurre lo enigmático: el mensaje desoído vuelve al pueblo de cuya entraña salió. En sus modestas ediciones, en sus cuadernillos humildes, en su papel magro y en su seca tipografía misional, el gaucho Martín Fierro vuelve a sus paisanos: es una Vuelta de Martín Fierroque no ha escrito José Hernández y que, sin embargo, es realmente la primera vuelta de Martin Fierro.

¿Para qué vuelve a su origen ese mensaje no escuchado?

Para mantenerse allí, vivo y despierto como una llama votiva.

Sí, pero una llama votiva requiere una imagen de veneración a quien alumbrar. ¿Y cuál era esa imagen?

Era la imagen del “ser nacional” que alguien olvidaba o perdía o enajenaba.

¿Y la llama votiva?

Era un voto secreto, la promesa de un “rescate”, o el anuncio y la voluntad de una recuperación.”

Martín Fierro es la síntesis simbólica de un pueblo subyugado y sin voz, Él decía “son campana de palos/ las razones de los pobres”. Es la intención de dar vuelta la taba, como decía Scalabrini Ortiz sobre los obreros del 17 de octubre que ocuparon la plaza de mayo, eran “el subsuelo de la patria sublevado”. Ese subsuelo de la patria, que estaba oprimido,  encontraba en las expresiones artísticas y culturales su espacio de resistencia y la forma de mantenerse vivo.

Ahora bien, toda gesta supone un héroe: ¿y quién es el héroe de Martín Fierro? En el sentido literal es un gaucho de nuestra llanura, que responde a tales características de nuestra evolución racial y a tales accidentes del medio en que vive. En el sentido simbólico, Martín Fierro es el ente nacional en un momento crítico de su historia: es el pueblo de la nación, salido recién de su guerra de la independencia y de sus luchas civiles, y atento a la organización de fuerzas que ha de permitirle realizar su destino histórico.

¿En qué medida ese pueblo traduce al ente nacional? Ese pueblo se ha fogueado en la guerra de la emancipación: ha sido el héroe de la guerra, y, por lo tanto, el real protagonista de aquel primer acto del drama en que se juega su devenir. Mas tarde, cuando en las luchas civiles quiere perfilarse y definirse la verdadera cara del ser nacional, el pueblo vuelve a constituirse, no sólo en el actor, sino en el protagonista de aquel segundo acto.

¿Con qué esperanza entra el pueblo de la nación en aquel tercer acto? Con la de ser otra vez, lógicamente, su actor y protagonista. ¿Qué trae, para merecerlo? Trae una esencia nacional caracterizada por un estilo propio de vivir, por una tradición, por una ética del hombre, por una filosofía de la existencia. ¡Y que fácil es rastrear en el Martín Fierro toda esa materia de ser que el pueblo argentino pudo arrojar entonces en la balanza del mundo!

“Mas Dios ha de permitir

que esto llegue a mejorar;

pero se ha de recordar,

para hacer bien el trabajo,

que el fuego, pa calentar,

debe ir siempre por abajo”.

Trabajar “por abajo”, en el humus auténtico de la raza, con la raíz hundida en sus puras esencias tradicionales, he ahí la metodología de su acción futura. Porque el humus de abajo siempre conserva la simiente de lo que se intenta negar en la superficie. “

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