Cuando el “Perro” mostró la cola. Por César González Trejo (*)

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Por César González Trejo (*)

Decía el maestro Enrique Pedro Oliva que lo primero que organizaba el Imperio británico cuando llegaba a un nuevo territorio a colonizar y a expoliar, era la oposición. Con eso se aseguraba el gobierno.

Y es que, aunque resulte extraño a algunas mentes adormecidas por la lógica binaria (ahora la llaman “grieta”), en el inmenso mercado de compra-venta de conciencias que montó el actual Imperio de cuño anglosajón, hay tantas ventanillas de pago por “derecha” como por “izquierda”.

A las de “derecha” las conocemos bien: prevalecieron en las escuelas de formación económica, naturalizando al liberalismo para disfrazarlo como ciencia, cuando en realidad es una ideología que utilizan los poderosos para imponer sus condiciones a los débiles del mundo. En nuestro país, como el liberalismo nunca logró encarnar en el pueblo, se la impuso a sangre y fuego (desde Mitre y Sarmiento hasta Martínez de Hoz).

Pero lo que es más difícil de explicar, y por lo tanto de entender, es cómo funcionan las ventanillas de “izquierda”, siempre disfrazadas de humanitarismo y supuestas rebeldías.

El progresismo es su producto más visible y acabado. Heredero directo del Iluminismo, reniega de cualquier idea de Dios, a la que desde Marx considera “el opio de los pueblos”. La palabra “Patria” le suena a totalitarismo de derecha. Y el concepto de “Pueblo”, en su boca, se reduce a una apelación abstracta. Sólo cree en el individuo; pero no en cualquier individuo, sino al que se le parece.

Aunque no lo reconozca, toda presencia real del Estado le suena coercitiva y represiva. Por eso lo ataca, haciendo foco en sus instituciones menos “simpáticas”: fuerzas armadas, de seguridad, penitenciarias, judiciales. No las denuncia para sanearlas, su verdadera intención es destruirlas.

Aunque se exprese retóricamente en contra del liberalismo, comparte su esencia individualista. Es su versión “remixada”.
Uno de los representantes locales más destacados del progresismo vernáculo es, sin lugar a dudas, Horacio Verbitsky. Que al igual que Mitre, fundó un diario para cubrirse las espaldas y ejercer su influencia. Mitre con La Nación, Verbitsky con Página 12.

Y el “Perro” mostró la cola. El 21 de agosto pasado, Página 12 publicó bajo el título “Hay tumbas que tienen nombres falsos”, un artículo que refiere a que “organizaciones de ex combatientes e investigadores hallaron en el Cementerio de Darwin falsedades y errores al comparar las tumbas y los listados oficiales y los registros fotográficos”.

En realidad, el uso del plural es la primera mentira informativa. Se trata de una sola organización integrada por ex combatientes, el CECIM La Plata y una sola investigadora, la Sra. Alicia Panero.

En rigor, el CECIM La Plata, si bien su nombre y personería afirman representar a ex soldados combatientes en Malvinas, es una entidad de agitación ideológica adscripta a la promoción de los derechos humanos, entendidos éstos desde su reducción a la denuncia de los crímenes cometidos por la última dictadura cívico-militar. No comparte con el resto de las organizaciones de ex soldados combatientes casi ninguna de sus características: jamás intervino en la sanción de alguna ley de reconocimientos sociales para el conjunto del universo de los ex combatientes, no participa de ningún espacio colectivo (federaciones, confederaciones), y su reclamo de soberanía sobre las Islas y declamado antiimperialismo no encontró jamás alguna acción concreta, sólo un tibio y secundario enunciado retórico.

El CECIM La Plata no es más que un sello de goma de ese dispositivo que el Imperio montó por “izquierda” para “revolcar a los argentinos en el barro de la derrota”, según dicen que dijo el nieto de Winston Churchill en el Parlamento británico al término de la guerra de 1982. Es nada más que el vocero de lo que elaboran otros, en especial el “Perro” Verbitsky, a quien reconocen como su “maestro”.

La última operación montada por este dispositivo respecto de la realización de las pericias forenses, es acusar a la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas e Islas del Atlántico Sur de haber modificado algunas placas que colocaron los británicos (1983) con los nombres de los soldados argentinos que yacen identificados en el Cementerio de Darwin, en ocasión de la construcción del Monumento (2004), derivando ello –según los alumnos del “Perro”- en un obstáculo para que muchas familias accedan a la identificación de sus seres queridos.

En ningún momento cuestionan a los británicos, y dan por bueno todo lo realizado por el Gral. Geoffrey Cardozo, a quien sus superiores le encomendaron el traslado de los restos de los soldados argentinos desde los campos de batalla hasta la localidad de Darwin.

Poco les importa a Verbitisky y a sus discípulos, que los británicos incumplieran el Artículo 34, inciso 3º del Protocolo I Adicional a los Convenios de Ginebra Relativo a la Protección de los Conflictos Armados Internacionales del 8 de Junio de 1977, que establece que

“la Alta Parte contratante en cuyo territorio se encuentren tales sepulturas podrá ofrecer facilidades para la devolución de los restos al país de origen. Si tal ofrecimiento no fuera aceptado, la Alta Parte contratante, transcurridos cinco años desde la fecha de ofrecimiento y previa la debida notificación al país de origen, podrá aplicar las disposiciones previstas en su legislación en materia de cementerios y sepulturas”, agregando en el Artículo 4ª:
“La Alta Parte contratante en cuyo territorio se encuentren las sepulturas a que se refiere el presente artículo sólo podrá exhumar los restos: … cuando la exhumación constituya una necesidad imperiosa de interés público, incluidos los casos de necesidad sanitaria o de investigación administrativa o judicial, en cuyo caso la Alta Parte contratante deberá guardar en todo momento el debido respeto a los restos y comunicar al país de origen su intención de exhumarlos, transmitiéndoles detalles sobre el lugar en que se propone darles nueva sepultura”.

Los británicos incumplieron estas reglas del Derecho Internacional: no sólo no existía ninguna necesidad de interés público para trasladar los restos de los soldados argentinos, ni necesidad sanitaria o investigación administrativa o judicial, sino que no respetaron el plazo prescripto; creando el Cementerio de Darwin en febrero de 1983, apenas a ocho meses de finalizadas las acciones armadas contra la Argentina.

Su intención, desde el mismo final de la guerra -hasta el presente-, fue trasladar los restos de los soldados argentinos desde las Islas hacia el continente, para borrar todo vestigio de la decisión argentina por recuperar esas tierras. Como no recibieron respuestas del gobierno argentino, decidieron unilateralmente “limpiar” el territorio de la Isla Soledad, llevando los restos de nuestros soldados hacia el rincón más apartado de la misma. Lo hicieron violando las normas internacionales de forma unilateral, no intercambiando información con la contraparte argentina, lo que provocó que muchos restos de soldados sepultados quedaran sin identificar.

Pero para el referente del CECIM La Plata Ernesto Alonso y para Página 12, las responsabilidades hay que imputárselas a la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas:
“Darwin es un cementerio privado de identidad, construido a instancias de la Comisión, una agrupación creada a instancias de la dictadura militar para contener a las familias de los caídos para que no terminen reclamando junto a los organismos de derechos humanos qué pasó con sus hijos. ¿Por qué? Porque los militares que no se hicieron cargo de los desaparecidos tampoco se hicieron cargo de los muertos de la guerra”.

Es decir, que la culpa de los errores cometidos por los británicos, la tenemos que asumir los argentinos…curiosa actitud de los “antihéroes” del CECIM y su jefe….

Para que se entienda de una vez y para siempre: la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas e Islas del Atlántico Sur lo único que hizo respecto del Cementerio de Darwin es construir el Monumento en memoria de los 649 Héroes Nacionales, colocando sus nombres en las placas de granito negro absoluto. Se respetó a rajatabla los nombres que colocaron en las tumbas los autores de la creación del Cementerio, y se mantuvieron las tumbas innominadas, traduciendo el epitafio que en inglés rezaba “Soldado argentino sólo conocido por Dios” al castellano.

Lejos de lo afirmado por Ernesto Alonso, el de Darwin no es un cementerio privado de identidad; la inmensa mayoría de los argentinos lo entienden como el símbolo más alto de la identidad nacional. Y los británicos, también: por eso el intento de destruirlo y trasladar a los Héroes hacia tumbas anónimas en el continente.

Ernesto Alonso acusa a la Comisión de Familiares de ser una entidad creada a instancias de la dictadura militar, con el objeto de impedir que las familias de los caídos en Malvinas trabajasen en conjunto con los organismos de derechos humanos.

La afirmación no sólo es falsa históricamente, sino que supone un desprecio a los familiares de los caídos, como si fueran títeres sin inteligencia ni voluntad propias. La “infiltración” podría haberse dado en los primeros tiempos, pero nunca durar treinta y cinco años, aniversario del nacimiento de la Comisión de Familiares que se cumplirá el próximo mes de septiembre.
A estos “vanguardistas” del progresismo vernáculo, todo lo que difiera de su estrecha mirada ideológica le resulta repulsivo y atacable; tal su intolerancia esencial.

No fueron los familiares de los Héroes de Malvinas los que se negaron a relacionarse con los organismos de derechos humanos; fueron éstos quiénes rechazaron dialogar con aquéllos. Desde el prejuicio ideológico, se negaron sistemáticamente a colaborar con los padres, las madres, las viudas, los hijos, los hermanos de los caídos en Malvinas. Un solo ejemplo bastará para demostrar esta realidad.

En el año 2001, la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas, solicitó y obtuvo una entrevista con Estela de Carlotto y demás autoridades de las Abuelas de Plaza de Mayo.
La reunión se concretó en las oficinas que la entidad de derechos humanos tenía en la Avda. Corrientes frente al actual Shopping Abasto. Los familiares de los caídos invitaron, por escrito, a las Abuelas de Plaza de Mayo a participar de la celebración de la Misa en homenaje a los Héroes de Malvinas en la Catedral Metropolitana el 2 de abril de ese año, que ofició el entonces Cardenal Bergoglio, y que coincidió con el lanzamiento de la campaña “Monumento a los Caídos en Malvinas, tarea de todos”.

La respuesta –también por escrito-, no deja lugar a dudas: la negativa a participar del oficio religioso –no de un desfile militar, ni de un acto político, ni de una conferencia con uniformados-, fue justificada en que la presencia de las Abuelas de Plaza de Mayo podría ser entendida como un aval y un acto de complicidad con….¡la dictadura militar!

Otras de las falacias de Ernesto Alonso, es acusar a la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas de oponerse a la identificación de los soldados que yacen en el Cementerio de Darwin en tumbas sin localizar. Jamás la Comisión se opuso a ello, sino que exigió que fueran consultadas todas y cada una de las familias involucradas – cosa que no se hizo-, y que se respetasen todas y cada una de las normas del Derecho Internacional Humanitario (obtención del consentimiento informado, confidencialidad) y, fundamentalmente, que no sirviera para consumar la pretensión británica de trasladar los restos desde las Islas hacia el continente.

Es evidente que la intención del “Perro” Verbitsky y sus instrumentos desmalvinizadores (periódico Pagina 12, CECIM La Plata), tienen como propósito:
a) Descalificar a la entidad que mayor ascendencia espiritual detenta entre las organizaciones “malvineras”.
b) Dividir y enfrentar entre sí a las familias de los Héroes de Malvinas.
c) Preparar el terreno para continuar con la remoción de los restos de los soldados argentinos que yacen en tumbas identificadas.
d) Brindar argumentos a los británicos para su objetivo de trasladar los restos desde las Islas hacia el continente.
Pero lo que subyace en el fondo de este debate, es la “grieta” existente entre las pretendidas “vanguardias esclarecidas” y el sentimiento de la inmensa mayoría del pueblo argentino.

Entre una minoría descreída, verdaderamente antinacional, que odia a todo lo que huela a pueblo, que reduce la Causa de Malvinas al manotazo de ahogado de un general borracho y define a los caídos en la guerra de 1982 como a otros desaparecidos y a los combatientes como a otras víctimas de la dictadura.

Y una comunidad nacional que siente a la Causa de Malvinas como “el ADN de la Patria”, a los Caídos como sus Héroes Nacionales contemporáneos y a sus combatientes como herederos de los soldados de la Independencia sanmartiniana.

Si queremos recuperar a la Argentina como casa común, donde nuestros hijos y nietos puedan vivir en Paz, Justicia y Prosperidad, se impone disolver esta enorme grieta. No para que todos pensemos igual, uniformemente. Si no para que no sean los enemigos de esos sueños los que se impongan con sus mentiras e infamias sobre las conciencias de los argentinos. Para que los “Perros” dejen de ladrar a favor de los enemigos de nuestra Libertad.

 

(*) Ex soldado combatiente en Malvinas del RI Mec 3 “Gral. Belgrano”. Apoderado de la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas e Islas del Atlántico Sur

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