ESTADO DE BIENESTAR O CAPITALISMO FINANCIERO Y VORAZ. Por Ana Jaramillo

ESTADO DE BIENESTAR  O CAPITALISMO FINANCIERO Y VORAZ

AMÉRICA LATINA  EN DEBATE

De secreto en secreto, de una desviación a otra, puede suceder que una institución creada para prevenir u obstaculizar un improbable golpe de Estado comunista nos exponga al riesgo de un golpe de Estado de derecha. ¿Es exagerado decir que hemos llegado a un punto límite, a partir del cual únicamente existe la derrota de la democracia?

Norberto Bobbio[1]

Si bien el texto citado del filósofo y jurista Norberto Bobbio, se editó en 1990 en La Stampa, su edición en castellano con formato de libro es del año 2013.

En dicho texto nos alerta sobre los límites de la legitimidad, (basándose en el texto de Alan Wolfe), así como sobre  el doble Estado o Estado dual donde coexiste un poder doble. Por un lado en un Estado autocrático, la discrecionalidad es manifiesta y alabada, mientras que en un “Estado normativo” (el estado de derecho, sometido al imperio de la ley) democrático se vive esa misma discrecionalidad pero como poder oculto que es justamente la negación de la democracia o la res pública.

Continúa diciendo que  “el tirano es el único que puede sustraerse al criterio de lo público para distinguir lo justo de lo injusto, lo lícito de lo ilícito, ya que sólo en la tiranía “lo público y lo privado coinciden, pues los asuntos de Estado son asuntos suyos y viceversa”[2]

Reflexionando sobre las seis promesas incumplidas de la democracia  y su contrario (que supone el poder invisible entre otras), la revancha de los intereses y la persistencia de las oligarquías continúan con la “omnipresente y ominosa proliferación de las instancias tecnocráticas…que se convierten en intrínsecamente misteriosas”… y el tecnócrata se convierte en el depositario de “conocimientos a los que no tiene acceso a masa”[3].

Para Bobbio, los secretos del poder  en una autocracia se esconden del público tomando decisiones en un consejo secreto y ocultando y  simulando o mintiendo considerados como “instrumentos lícitos del gobierno”.

Analizando Italia se refiere a los poderes invisibles o en la penumbra que denomina “criptogobierno”. Un poder invisible en secreto se dirige contra el Estado y lo conforman las asociaciones delictivas y las sectas secretas. Por otra parte también es invisible el poder que se conforma para realizar ilícitos u obtener ventajas que no pueden realizarse en público. Otro poder invisible son los servicios secretos del Estado que pueden degenerar. Concluye que para que avance la democracia y retroceda la autocracia dependerá  de la mayor transparencia o visibilidad.

El encubrimiento de las acciones del poder también se da de dos formas: usando un lenguaje esotérico comprensible entre los propios o diciendo lo opuesto de lo que se piensa dando información equivocada que se conoce como la “legitimidad de la mentira”.

Finalmente sostiene como Elías Canetti[4], que el secreto es siempre un instrumento de poder. Pero el saber técnico cada vez más especializado comprensible sólo para una élite y no para la masa, es incompatible con la soberanía popular como en el régimen autocrático que considera  al vulgo como incapaz de entender los asuntos de Estado.

Esta larga referencia a Bobbio es para esclarecer que la mentira y el secreto es inherente al poder y por otra parte, no es patrimonio de los gobiernos actuales del siglo XXI. Pero cada vez se utilizan con mayor especialización los saberes y lenguajes técnicos para el ocultamiento del específico momento del capitalismo financiero así como para la manipulación de quienes no acceden al arcano específico ni visualizan la complicidad tanto de los medios de comunicación como de los poderes económicos, judiciales, financieros, internacionales, armamentísticos o servicios secretos.

Tendríamos que volver a cuestionarnos sobre la construcción social de la realidad así como sobre quienes construyen la imagen del mundo, la interpretación de la realidad de quienes tienen el poder y la capacidad de construir simbólicamente el mundo, que en su mayoría son hermeneutas a sueldo.

Ya en su momento, Heidegger escribió un famoso texto denominado La época de la imagen del mundo. En ese texto sostenía: “la metafísica funda una época al darle fundamento de su figura esencial mediante una determinada interpretación de lo existente y mediante una determinada concepción de la verdad. Este fundamento domina todos los fenómenos que caracterizan la época. Entre los fenómenos esenciales de la edad moderna figura la ciencia… La técnica maquinista es ella una transformación sui generis de la práctica, de suerte que es ésta la que reclama la aplicación de la ciencia matemática. La técnica maquinista sigue siendo hasta ahora el puesto avanzado más visible de la esencia de la técnica moderna, esencia que es idéntica a la de la metafísica moderna”.[5]

 

EL RIESGO PAÍS O EL RIESGO DE UN PUEBLO DE PERDER EL TRABAJO, LA SALUD, LA EDUCACIÓN Y LA VIVIENDA  ENTRE OTROS DERECHOS

El llamado riesgo país es un indicador sobre las posibilidades de un país emergente de cumplir o no con  los términos acordados para el pago de su deuda externa, ya sea el capital o sus intereses; cuanto más crece el nivel del “Riesgo País” de una nación determinada, mayor es la probabilidad de que la misma ingrese en moratoria.

Así se montaron consultoras transnacionales que hacen guarismos pseudo científicos para asesorar y decidir qué tasa de interés pagará cada país según el riesgo que tendrán los capitales de cobrar sus deudas.  Cuanto más riesgo tengan los capitales más tasas de interés se le cobrará al país endeudado. De eso se trata el término utilizado por los usureros desde el siglo XX como una versión contemporánea de Shylock, el usurero shakesperiano.

Mucho más estudiado, cuantificado y con pretensión de “cientificidad” que el usurero shakesperiano, es el término utilizado por las famosas consultoras del siglo XX  como  J.P. Morgan Asset Management o Standard and Poor´s cuando definen cuánto deberán pagar quienes piden préstamos, así como plazos y condiciones que deberían cobrar sus clientes  banqueros a quienes asesoran que son los usureros contemporáneos.

Nuestro país se sigue endeudando a nivel internacional y cada vez más los famosos buitres (con jurisdicción en los países centrales) se regodean prestando a sabiendas que crecerá el “riesgo país” ya que construyen ellos mismos la tasa de interés que aumentará exponencialmente junto con la inflación y la escasez de recursos propios.

A su vez, la construcción simbólica de la realidad, en manos de los poderes judiciales y mediáticos, se dedican a socavar la legitimidad social de las instituciones democráticas de aquellos países que buscan establecer un estado de bienestar con políticas públicas de inclusión y de ampliación de los derechos sociales como derechos de justicia, estatuidos a través de nuevas constituciones o legislaciones democráticamente votadas.

Por eso, para las entidades bancarias el riesgo país (o sea la tasa de interés) aumenta con la vulnerabilidad del país deudor. Y ellos mismos vulneran la soberanía socavando la legitimidad soberana de las naciones para emprender el camino del bienestar. Por otra parte, más riesgoso será un país cuantos más recursos apetecibles tenga, como es el caso del petróleo en medio oriente o en Venezuela.

Mientras tanto, para nosotros los latinoamericanos, el riesgo del país significa el aumento de la pobreza, la pérdida de trabajo, de servicios de salud o de educación y en definitiva la injerencia externa de nuestra soberanía para decidir si vamos, deseamos y queremos un estado de bienestar o aumentar el endeudamiento externo sometiéndonos a la especulación financiera para acumular divisas en el exterior para unos pocos.

 

OTRA VEZ LA DICOTOMÍA CIVILIZACIÓN AJENA O BARBARIE PROPIA

Todos sabemos que las guerras se desatan siempre por intereses económicos. Las guerras no sólo son armamentísticas. Pueden ser mediáticas asistidas por el poder judicial. Los asaltantes contemporáneos no usan antifaces, como tampoco lo hicieron los conquistadores y colonizadores de antaño, que construyeron imperios, ya fueran españoles, ingleses, franceses, holandeses o portugueses venidos a nuestro continente para depredar el oro y la plata, para esclavizar o traer esclavos de África a fin de trabajar la tierra, de la cual se apropiaron y llevarse el fruto a sus países.

Los europeos del siglo XV “descubrieron” otras tierras lejanas para asaltar y depredar. Vinieron con la cruz y la espada y con la letra escrita de la “palabra de Dios”. Esa palabra sostenía que los pueblos que habían construido civilizaciones enteras como los aztecas, mayas o incas, no tenían alma. Por esas razones a esos desalmados se los podía destruir, saquear o esclavizar. Los intérpretes letrados eran hermeneutas que así lo garantizaban interpretando la palabra de Dios.

Primero quisieron canjear oro por cuentas de vidrio. Un canje que les serviría para seguir dominando. Después en nombre de la civilización capitalista, en la Argentina, el Presidente Sarmiento sostenía que no “se debía ahorrar sangre de gauchos” y ahora otro presidente desconoce a los pueblos originarios sosteniendo que en Nuestra América somos todos descendientes de europeos.

Ahora, con la globalización o la globocolonización, como  la denominara Frei Betto, se instituye la nueva teología del mercado. Se pretende seguir canjeando oro negro por cuentas de vidrio, para seguir depredando y destruyendo toda civilización que no se alinee con el capitalismo salvaje. A los ya conocidos europeos ahora los conduce el imperio norteamericano.

Bárbaro, fue la denominación antigua para los extranjeros, pero en nuestras latitudes, muchos adoptaron esa palabra para denigrar a los rebeldes nativos que se opusieron a la entrada de los saqueadores portadores de la civilización occidental dominante.

Todo aquel pueblo y civilización que no comparta la posición capitalista occidental y  que posea petróleo, o sea el oro negro, será pasible de ser acosado y deslegitimado. Sostienen que son pueblos que  pretenden autonomía y soberanía, que no aceptan las recetas del Fondo Monetario Internacional, que tiene la palabra del Mercado como nuevo Dios. Para Frei Betto no es la economía la que mundializa, sino el mundo que se economiza. Los pueblos, sus culturas, sus religiones deben someterse al nuevo destino, endeudarse y pagar.

Dicha ambición está nuevamente legitimada por el poder letrado acompañando misiones bárbaras para discutir soberanía, posesiones, atribuciones, premios y castigos a quienes no profesen ese credo.

El “riesgo país”, no significa para el poderoso el riesgo de que un pueblo pase penurias, sino la cifra que no le cierra al Mercado globocolonizador. Para evitarlo, los pueblos deben ajustarse el cinturón, los gobiernos deben reducir salarios, dejar sin empleo a millones de personas a fin de ampliar el poderío del Mercado, reduciendo o desconociendo las organizaciones sociales e instituciones desarrolladas para el bien público.

¿Para qué fabricar una plancha si sale más barata en China?, ¿para qué proteger la industria nacional si todo llega más barato de otras latitudes?, ¿Para qué proteger a nuestros ancianos y garantizarles una vida digna si es un gasto que puede  suprimirse?. La dignidad del trabajador no puede privilegiarse frente al superávit fiscal y las cuentas que no cierren. ¿Para qué el superávit? Pues para pagar las deudas que hemos contraído para hacer semejante modificación estructural. ¿Por qué insistimos en la educación gratuita si hay muchos que pueden pagar? Eso es simplemente regresivo. Mientras tanto, se envían los lingotes de oro de nuestras arcas a Inglaterra.

La universalización de conceptos surgidos de otras historias, constituye otro “Asalto a la razón”, es el asalto a la razón histórica y humana por parte de la razón técnica instrumental capitalista e imperial. Lamentablemente, la razón instrumental, las leyes objetivas del capitalismo que buscan el mayor beneficio para algunos, nada tienen que ver con lo humano y menos aún con los derechos humanos.

Las estadísticas miden todo menos la vida. Esa razón técnica legalizada y positivizada comienza a confrontar con la legitimidad social que es metajurídica (que implica no sólo legalidad sino la justicia distributiva para el bienestar de la polis desde Aristóteles)  al entrar en contradicción con los valores humanos y colocándose por encima de ellos, instalando su superioridad y deslegitimando la voluntad política de los pueblos de América Latina de lograr el bien común. Así se criminalizan las políticas públicas, usando artilugios pseudo legales para derogar gobiernos, proscribir, deslegitimar o encarcelar a quienes osaron transgredir las reglas del Fondo Monetario Internacional.

Alan Wolfe, cuando analiza los límites de la legitimidad en el capitalismo contemporáneo sostiene que “las batallas inmediatas se llevarán a cabo con relación al tipo de opción que el estado puede manejar...y  la gente común tendrá mucho más que decir sobre el futuro político del capitalismo tardío que las élites dominantes”[6]

Para el autor,  el ataque al punto más democrático es el recortar o abogar por un menor gasto gubernamental en los programas sociales cuando “lo que está en juego no es una abstracción “llamada “gasto” o política”, sino las necesidades reales de la gente real”[7] cuando tendría que preservarlos y expandirlos. Los sueños democráticos son una necesidad humana y se pregunta cuál es la condición de esos sueños en el capitalismo tardío y si será la presión de los de abajo capaz de neutralizar las inclinaciones autoritarias de las clases dominantes para esperar el futuro con alegría más que con temor…

Defendiendo y dando razones para una perspectiva socialdemócrata  y el estado de bienestar, sostiene que en un periodo de recesión “existen todas las razones por las que sería razonable expandir más que contraer, la educación superior pública”…Finalmente nos dice que “la mayoría de la gente parece haber olvidado que el estado les debe una vida decente, con todos los servicios sociales que tienen derecho a reclamar”[8], y puesto que lo han olvidado, el primer paso es una estrategia tendiente a superar la desmoralización que se ha perdido.

Quienes nos dedicamos a enseñar seguimos la recomendación del historicista Herder que nos decía: “No te desesperes dentro de la fermentación de la época. A pesar de las amenazas y obstáculos, no dejes de educar. Educa tanto mejor, con la mayor seguridad, con la mayor energía, educa para todas las situaciones, teniendo en cuenta todas las miserias en que pueda verse arrojado, para las tormentas que le esperan. De ningún modo puedes quedarte inactivo. Tienes que educar; bien o mal tienes que hacerlo”.

Ana Jaramillo

 

 

[1] Bobbio, Norberto, Democracia y secreto, FCE, México, 2013

[2] ibidem

[3] ibidem

[4] Canetti, Elías: Masa y poder, Alianza Editorial, Madrid, 1983

[5] Martín Heidegger, La época de la imagen del mundo, en Sendas Perdidas E. Losada, Buenos Aires 1970.

[6] Wolfe, Alan: Los límites de la legitimidad, las contradicciones políticas del capitalismo contemporáneo, Siglo XXI, México, 1980

[7] ibidem

[8] ibidem

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