SEMINARIO “LA ARGENTINA Y EL PENSAMIENTO NACIONAL” 2005

CONFERENCIA PRONUNCIADA POR EL PROFESOR DR. OSCAR DENOVI EN EL MARCO DEL SEMINARIO “LA ARGENTINA Y EL PENSAMIENTO NACIONAL” 2005

Editado por el Banco Provincia como Recopilación de disertaciones en mayo de 2006.

Recopilación de disertaciones en mayo de 2006.

Agradeciendo a las autoridades del Museo y Archivo Históricos del Banco Provincia de Buenos Aires por invitarme a ocupar esta tribuna en la Cátedra Arturo Jauretche, me dirijo al amable público aquí presente para referirme a los aspectos que vinculan el pensamiento Nacional con la Historia. Es decir a la génesis del pensamiento Jauretchiano y luego a la vinculación de ese pensamiento con el estudio de la Historia.

En primer lugar a qué es lo que forma un pensamiento. Dicho de otra manera, a la matriz que le irá dando a lo largo de la vida, pero fundamentalmente a su primera orientación firme, segura en sus aristas, forma a esa construcción lograda a través del intelecto.

Esa matriz esta formada en el contexto, es decir, no por el contexto sino dentro del contexto. Allí es donde la persona que actúa forma su pensamiento, en un contexto tanto físico, como el clima, la geografía, el paisaje, la lengua, lo rural, lo pueblerino o lo ciudadano de las medianas y grandes ciudades, la cultura de los protagonistas frecuentados o de aquellos de los que se tienen noticia por los medios de comunicación social, el grado de compromiso de la sociedad en la que se encuentra, y otros aspectos que Huntington y otros grandes geógrafos han destacado en la formación humana.

En forma destacada gravitan en la formación de un pensamiento, la ideología predominante, el desenvolvimiento de los acontecimientos históricos inmediatos y luego los mediatos, y los hombres idóneos en la materia. En política, estos tienen una importancia notable por las ideas que transmiten en un momento histórico, cuya perdurabilidad estará dada por la idiosincrasia predominante de un pueblo, y el mayor o menor acierto que en la estructura histórica tengan las ideas puestas en práctica por esos hombres pertenecientes naturalmente, a la dirigencia de esa sociedad.

Y la Argentina ha tenido, en una evolución que indudablemente no empieza en 1810 sino muchísimo antes, un proceso que ha conducido por un lado a esto que dio origen a una suerte de pensamiento universalista y, por otro lado, a la formación de uno propio, un pensamiento vinculado a la tierra,  un pensamiento vinculado a las realidades sociales, económicas, y políticas, de comunidades pequeñas en algún momento, casi libradas a su suerte por muchísimo tiempo, inclusive por gran parte del siglo XIX. Esto fue la gran diferencia entre el pensamiento del interior y el pensamiento construido en la portuaria ciudad de Buenos Aires por la burguesía comercial, cuyos efectos aun podemos percibir, que no solo provienen del distinto “sistema” de vida, del campo a la ciudad, o de la Capital a las ciudades de Provincia, sino que tiene diferencias de una mayor profundidad, que no se explican solamente por la diferencia ambiental.  El argentino porteño de los sectores sociales medios y altos, es distinto en cuanto la orientación filosófica de su intelecto, es producto de una elaboración autónoma, de una matriz diversa del argentino de otras latitudes como punto de partida, que da como resultado un pensamiento distinto. No en vano en el siglo XIX “la civilización” porteña enfrentó a la “barbarie” del interior, no podemos dejar de lado el dato que los sectores sociales más encumbrados de la sociedad porteña, y sus dirigentes más eminentes, trataban a las provincias como “los trece ranchos”, cuando el total de nuestras provincias eran apenas catorce, y así lo escribían en los diarios de la época. (Circa 1861)

Jauretche captó todo esto. Por ello su concepción histórica se encuadró con el pensamiento que se difundía desde el revisionismo, y tomó a Juan Manuel de Rosas como el hombre arquetípico que en su acción de gobierno respondió a las demandas naturales de la Nación y orientó las realizaciones concretas, que no se limitaron a la defensa de la soberanía sino que llevaron prosperidad, orden, justicia y paz a la Argentina.

Las dos cosmovisiones enfrentadas, centradas en la ciudad de Buenos Aires y su oligarquía comercial, y el interior del virreinato y sus jefes (caudillos) y el gauchaje que encabezaban hacia 1810,  darán origen al unitarismo y federalismo, respectivamente. Este último asumirá la verdadera palpitación de la Patria, frente al ideologismo de sus opositores, que teñidos por las formas impuestas por la razón del iluminismo, despreciaban el sentimiento patriótico desde la doctrina del despotismo ilustrado en el que se habían formado, que había sido hegemónico en la última parte de la dominación española. Esta orientación del pensamiento porteño, rápidamente asimilada por oligarquías de otras partes del país, vino como  anillo al dedo a ellas, que consiguieron dominar el principio de la Revolución Independentista, luego la Provincia de Buenos Aires después de 1820 hasta la caída de Rivadavia, y después de Caseros, a la totalidad del pueblo argentino por largos años Estas oligarquías hicieron una Argentina colonial, a la que Forja, donde Jauretche junto a otros desarrolló su militancia, desnudó para poner en descubierto la falacia de los principios que la constituían.

El radicalismo anterior a FORJA – el radicalismo Yrigoyenista – va a rescatar, como buen heredero del federalismo, algunos de los aspectos liminares del pensamiento nacional que se había formado en el siglo XIX, por las enseñanzas políticas experimentadas en la Confederación Argentina. Su gran mérito fue la concepción que unió lo nacional con lo popular, y su gran demérito fue que, el logro popular ahogó  toda otra perspectiva para la política, dejando vacante la revolución que el país necesitaba. Esa política nacional y popular, que  no habrá de concretarse totalmente con el gobierno radical, y el pensamiento que la impulsa  es rescatada por FORJA, que abre  nuevos horizontes y señala con claridad los obstáculos culturales que se oponen a su realización.

. Y esto es lo que nosotros pretendemos realizar: establecer los nexos que permitan a la juventud captar las ideas fundamentales que permitan realizar esa Argentina que fue tan bien perfilada y estudiada por Arturo Jauretche, Scalabrini Ortiz, Ramón Doll, Ortiz Pereyra, cuyas ideas fueron transmitidas y captadas por Perón y por muchos oficiales que constituyeron el GOU, y participaron activamente en encaminar la intervención militar del 4 de Junio de 1943, por el cauce revolucionario que luego conduciría al gobierno democrático de Perón, y que se transformara en las realizaciones extraordinarias del gobierno de la Provincia de Buenos Aires de Mercante.(1946-1952) .

Cuando Arturo Jauretche decide disolver FORJA, porque la doctrina dominante de la acción de gobierno era la adoptada por el gobierno de Juan Domingo Perón, más allá de los errores que aquel gobierno tuvo, y más allá de las intrigas habidas en aquel entonces, el gobierno había logrado la más grande transformación de la Argentina de todos los tiempos.

Nuestro admirado sociólogo “de los estaños” recoge aquella experiencia en muchos libros que deberían ilustrar a los aspirantes a dirigentes políticos del país, porque de sus enseñanzas se extraen las convicciones del quehacer para nuestra argentina y su pueblo, para la grandeza nacional, para el logro del bien común.

Por sus características, por su naturaleza, la Argentina requiere un régimen equilibrado de asociación del trabajo y el capital. Ese equilibrio se logró en gran parte en el mejor gobierno logrado en el siglo XX, aquél nacido en febrero de 1946 en las urnas, que asumió el 4 de Junio de ese año. Subsumió en él, aun sin proponérselo, las líneas realizadoras de la Nación con personalidad propia, que concretaba con caridad cristiana, la mas justa sociedad reclamada por la idiosincrasia argentina. Producto del sentir y el intelecto, su posibilidad de repetirse con las formas más análogas posibles, reposan en gran parte en esa adhesión al pensamiento Jauretchiano, y a todos los que siguen el derrotero intelectual y sentimental por él trazado.

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