ANA JARAMILLO: TEXTOS SELECTOS.

LA HISTORIA DE NUESTRA AMÉRICA

CIENCIA O HAZAÑA

 

“¿No nos será lícito, al menos soñar con la aparición de generaciones humanas que devuelvan a la vida sentido ideal, un grande entusiasmo; en las que sea un poder de sentimiento; en las que vigorosa resurrección de las energías de la voluntad ahuyente, con heroico clamor, del fondo de las almas, todas las cobardías morales que se nutren a los pechos de la decepción y de la duda? ¿Será de nuevo la juventud una realidad de la vida colectiva, como lo es de la vida individual?”

José Enrique Rodó 

Mensaje a la Juventud de América (1900)   

                                                          

“Cuando el joven sea hombre, es preciso que la Universidad o lo lance a la lucha por la existencia en un campo social superior, o lo levante a las excelsitudes de la investigación científica; pero sin olvidar nunca que toda contemplación debe ser el preámbulo de la acción; que no es lícito al universitario pensar exclusivamente para sí mismo, y que, si se pueden olvidar en las puertas del laboratorio al espíritu y la materia….no podremos moralmente olvidarnos nunca ni de la humanidad ni de la patria”.

Justo Sierra

Inauguración de la Universidad Nacional de México                                                                                                                                                            (1910)

 

 

  1. FORMAR VOLUNTADES

 

                                                        “Sólo la educación impone obligaciones a la voluntad”

                                                                                                                                                                                                                                                                    Simón Rodríguez

 

El tutor de Simón Bolívar, Simón Rodríguez, sostenía que educar es crear voluntades.  Para formar hombres y mujeres para la Patria, al decir de Jauretche, debemos formar voluntades y no sabihondos ya que hay un país que nos está esperando y una esperanza pendiente de una acción sostenía Scalabrini Ortiz.

 

En este trabajo nos hemos propuesto debatir los conceptos elaborados por algunos filósofos europeos vigentes en el siglo XX en las ciencias sociales latinoamericanas en torno al desarrollo histórico y a aquellas propuestas de pensadores de América Latina  para entender la propia realidad y su forma de conceptualizarla en la formación  política  de los jóvenes.

 

Para ello, abordamos algunos de los paradigmas vigentes en el siglo XX provenientes de concepciones dominantes en las ciencias sociales de la región, la relación entre ética y política, la ideología, la cultura, la filosofía de la praxis y el problema nacional.

 

 

 

Sucede muchas veces que los clásicos del pensamiento filosófico se leen a través de sus hermeneutas o intérpretes y no por sí mismos. Críticos y seguidores nos demuestran la imposibilidad de la “neutralidad  situacional” en la filosofía política, ya que la interpretación conlleva la sesgada visión de acuerdo a la concepción ideológica propia de cada intérprete en su  propia época y en su propia situación.

 

Uno de los más claros ejemplos de lo antedicho es el conocimiento de Benedetto Croce a través de Antonio Gramsci a partir de su libro “El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce”. Los cientistas sociales leíamos el texto gramsciano  desconociendo los textos de Croce, “por ser catalogado como idealista, o hegeliano” y entender la política y la historia no como ciencia sino como pasión. Ese desconocimiento también se puede incluir como resultado de las pasiones dominantes y no precisamente científicas entre los intelectuales y académicos, que prejuiciosamente descartaban textos catalogados como idealistas o positivistas. El paradigma del materialismo histórico estaba vigente en todas las academias que formaban politólogos, sociólogos y otras disciplinas de las llamadas ciencias sociales.

 

Gramsci, coetáneo de Benedetto Croce establece un diálogo y contrapunto con el autor entre otras obras de “La historia como hazaña de la libertad“Materialismo histórico y economía marxista”, “Ética y Política” o “Filosofía Práctica”, en las cuales  el filósofo napolitano cuestiona el paradigma del materialismo histórico, así como el carácter científico que pretende establecerse para comprender y explicar el desarrollo histórico. Para Croce, para entender la historia, es necesaria una Concepción realista de la historia y no pretender hacer de ella una filosofía de la historia, teleológica y escatológica ya sea a través del desarrollo de la Idea o de la Materia en la historia.

 

En Filosofía de la Práctica, Croce cuestiona la aproximación científica uniformadora y afirma el valor de la particularidad o individualidad en el campo práctico: “Todos los pedantes de la abstracta regularidad, con quienes, y con no poco fastidio, chocamos en la vida a cada instante; he aquí la moderna manifestación de los “apatistas”, los cuales, así como en la teoría del acto volitivo propugnan una acción abstracta conducida por la mera voluntad racional en el vacío de las pasiones en la teoría de los hábitos volitivos, propugnan un abstracto hábito racional, un modelo de humana actividad al que todos los hombres debemos ajustarnos”.

 

El espíritu de la época en el siglo XX, con el mundo bipolar en sus relaciones de poder pero también en sus concepciones e ideologías hizo que en nuestra América Latina, en el ámbito de las ciencias sociales se leyera a Croce a través de Gramsci y se desconociera no sólo el pensamiento de Croce sino sus posicionamientos políticos en una época determinada.

 

Acusado de diversos “pecados” teóricos, ideológicos y políticos se desconoce que fue Croce el que, a pedido de Giovanni Améndola, por ser el filósofo ya representante de la cultura italiana, quien escribiera la Protesta de los intelectuales italianos contra el “Manifiesto de los intelectuales fascistas” en su Revista Crítica que editó durante veinte años. Dicho documento fue suscripto por centenares de estudiosos y profesores universitarios italianos.

 

 

El rechazo del fascismo después de su vigencia  en la realidad italiana, así como  la desintegración de la Unión Soviética y el decaimiento del socialismo real de fines de siglo, implicó también la pérdida progresiva en las ciencias sociales de la vigencia del marxismo como advenir inevitable y “preestablecido científicamente de la historia”. Así también sucedió con la supuesta antinomia entre idealismo y materialismo, entre la concepción de la regularidad de las leyes históricas y la voluntad de los pueblos que no necesariamente eran, ni se autoconcebían como producto necesario del desarrollo de la “astucia de la Razón o la Idea en la historia” o de la “Materia o relaciones de producción”. Para quienes concebimos que las ideas no caen del cielo, sino que surgen del desarrollo histórico, de las circunstancias, que a su vez transforma el hombre, el desenlace en las modificaciones conceptuales a partir de las transformaciones de la realidad resulta casi una obviedad.

 

En 1974, nos decía J:W:Cooke: “La conciencia nacional es también conciencia histórica, es decir, sentido de que la Historia no es una fuerza misteriosa que se abate como una fatalidad sobre nosotros, sino la designación que damos a la actividad humana; no un desarrollo externo al hombre, sino el resultado de lo que hace el hombre”.

 

Comenzó así, en los años finiseculares, la búsqueda de otras visiones acerca de cómo se llega al poder y como se ejerce el mismo en términos políticos, así como una nueva interpretación de las múltiples experiencias históricas con ensayos de posturas teóricas heterodoxas en cuanto al socialismo y la democracia popular en economías capitalistas.

 

La distribución del poder económico, cultural y social, la búsqueda de la armonía social, sumergida en las contradicciones de la sociedad civil, obligaron a los cientistas sociales a encontrar otras miradas en distintas latitudes que sirvieran para interpretar la situación actual.

 

Surge entonces una gran admiración por Norberto Bobbio, seguidor de Croce que no cuestiona las posiciones del filósofo napolitano en sus posiciones en cuanto al materialismo histórico y a la economía real como lo hiciera Gramsci.

 

Nuestros países latinoamericanos ya habían realizado experiencias de nacionalismos populares y economías sociales en distintas épocas, como el cardenismo, el peronismo, el varguismo o el aprismo, y que fueron tildadas de “populistas”, “demagógicas”, “caudillistas” “retardatarias de la revolución” etc., por los seguidores del materialismo histórico. En la actualidad, la historia comienza a definir otro advenir en términos ideológicos, culturales y políticos en gran parte de nuestra América.

 

Escarbando en distintas posiciones ideológicas del siglo XX en el mundo occidental, surgidas del proceso histórico, con sus guerras mundiales, con sus experiencias socialdemócratas, comunistas, socialistas, nazistas o fascistas, creemos que en América Latina no sólo se quisieron copiar modelos económicos, políticos y sociales surgidos en otras latitudes, sino que conllevaban posturas ideológicas ajenas a nuestra propia realidad.

 

Hoy más que nunca resuenan las palabras de Simón Rodríguez, el tutor de Simón Bolívar cuando sostenía que el que copia se equivoca. Hay que inventar, hay que crear nuestra propia visión del mundo de acuerdo a la situación en que nuestros países se desarrollan y al futuro que deseamos y queremos construir.

 

Este primer trabajo para los jóvenes, se propone revisar los planteamientos de Croce visto por su crítico Gramsci, (que reconoce que es fundamental su lectura y estudio), así como por su seguidor Bobbio. Pero fundamentalmente intentaremos mostrarlo a Croce por sí mismo en su concepción sobre la filosofía de la práctica y la historia así como en sus propuestas para formar voluntades y educar en política.

 

Por otra parte, intentaremos rescatar las posiciones de historiadores y pensadores de Nuestra América, y particularmente de Argentina, que si bien muchos provenían del materialismo dialéctico, como Hernández Arregui o Puiggrós, entendieron al materialismo histórico como canon o método de investigación histórica y pensaron nuestra realidad a partir de nuestra propia realidad. Por eso mismo, se comprometieron con los movimientos nacionales y populares.

 

Croce también se refería a la falta de apego de los intelectuales italianos a su propia realidad, a aquellos que pretendían entender a su país a través de pensadores ajenos al mismo y sostiene que en los momentos en que la literatura italiana más hablaba de la “Nación” se refería en realidad a un espíritu ajeno a la tradición y cultura italiana ya que se nutrían de “la ideología nacionalista de los libros de Maurras o de Barrés o de cualquier otro extranjero. La imagen de la Italia con que sueñan y que sugieren no tiene nada de Italia que surge antigua y nueva en los siglos” (VAL)

 

En su libro Historia de Europa en el siglo XIX, también nos advierte Croce  citando a Miljukov cuando sostenía que mientras Lenin construía en su patria “sobre el sólido terreno de la buena y antigua tradición autocrática” rusa, en otros países, “proyectaba “castillos en el aire” en otros países. Por ello, concluye Croce que si ocurriera en Europa   “ocurrirá que ese pseudocomunismo transferido a países diversos por religión, civilización,  cultura, costumbres, tradición y, en fin, de diversa historia, bajo nombre y apariencias similares se convertirá en algo totalmente diferente, o se producirá un tiempo más o menos prolongado de oscura gestación de cuyo seno volverá a germinar, tarde o temprano, la libertad, es decir, la humanidad”. (HE)

 

El filósofo mexicano, Antonio Caso, también critica la falta de conciencia nacional y nos habla del “bovarismo nacional de los pueblos latinoamericanos”. Para Caso, el bovarismo es la facultad de concebirse diferente a los que se es. Bovarista es quien niega lo que es, creyéndose otro. Los pueblos también pueden ser bovaristas. Preocupados por ser distintos a sí mismos finalmente terminan imitando modelos y negando su propia realidad.

 

El término lo toma de la novela de Flaubert, Madame Bovary, “la heroína que sacrifica la realidad a los sueños y, al hacerlo, queda en el vacío de los mismos”. Para Caso, el ideal latinoamericano “estriba en acometer empresas desmesuradas, en el sentido caballeresco y absurdo de la vida, donquijotismo generoso en verdad, ilógico, sin tendencia crítica ni ponderación filosófica”.

 

Nos propone “alas y plomo”, alas para perseguir los ideales y plomo para aferrarse a la santa realidad, ya que copiando modelos políticos, sociales o económicos se ha conculcado u obstruido la realización del modelo nacional, y concluye “ ¡Más nos habría valido saber lo que hay en casa que importar del extranjero tesis discordantes con la palpitación del alma mexicana! “. (OC)

 

Para América Latina nos propone: “…ni jacobinismo ni positivismo. Ni donquijotismo irrealista ni sanchismo positivista. Ni ideales irrealizables, ni subordinación indiscrepante a la realidad imperfecta, sino alas y plomo…: fuerza para vencer las causas contrariantes del ideal, e ideales amplios y humanos que no se vean negados al ponerse en contacto con la vida…”

 

Bovárico o bovarista es aquél que pretende apropiarse y asimilarse a los resultados de un esfuerzo que no ha realizado. Para construir la Nación hay que ir más allá del bovarismo, del soñar, del vivir dentro de los sueños.

 

Para Manuel Ugarte la Patria Grande debe ser una patria única. “Patria Grande” nos explica, tiene dos significados. “Geográficamente, sirve para designar el conjunto de todas las repúblicas de tradición y civilización ibérica. Desde el punto de vista cultural, evoca dentro de cada una de las divisiones actuales, la elevación de propósitos y la preocupación ampliamente nacionalista… La patria grande en el mapa sólo será un resultado de la patria grande en la vida cívica…”

 

Para el pensador argentino en 1924, en su libro La patria grande sostenía que las nuevas generaciones debían  perseguir la democracia verdadera y la patria final. Nos decía “no hay que perseguir la política que favorece el encumbramiento de las personas o de las pequeñas entidades, ni la que ofrece el triunfo a una generación, ni la que anuncia el auge dentro de un radio limitado, sino la que sobre el dolor de nuestros propios sacrificios asegure el triunfo y la perdurabilidad de la patria”:

 

También el filósofo peruano , Augusto Salazar Bondy, en su ensayo “Sentido y problema del pensamiento filosófico hispanoamericano”, sostiene que en Hispanoamérica se observa un defecto de cultura al hablar de las filosofías como conciencia “ilusoria del propio ser” y nos dice que nuestra filosofía debe ser  “teoría y a la vez aplicación, concebidas y ejecutadas a nuestro modo propio, de acuerdo a nuestras pautas y categorías, así como la ciencia que, pese a su neutralismo declarado, comporta sobre todo en las disciplinas sociales, un ingrediente de interpretación e ideología y debe ser elaborada por nosotros, como teoría según nuestros propios patrones y aplicada de acuerdo a nuestros fines”.   (FCL)

 

Nosotros nos preguntamos entonces, entendiendo que es la realidad la que determina siempre las concepciones sobre la misma y que no es una supuesta Idea Absoluta o la Materia Absoluta la que va definiendo los aconteceres históricos ni su porvenir escatológicamente definido, ¿Cómo se entiende la historia en nuestros países?, ¿existe un destino inexorable para nuestros países definido por leyes históricas? ¿O son los pueblos a través de su conciencia nacional y social, sus pasiones y su voluntad de liberación los que van construyendo su destino  imprevisible e impredecible pero asequible? ¿Por qué se aceptaron ideas surgidas en otras latitudes para entender y conceptualizar nuestra realidad? ¿No será porque las relaciones de poder que imponen ciertas ideologías, conceptos y teorías políticas no se circunscriben a las fronteras nacionales? ¿No queda claro que si existe la voluntad de emancipación de los pueblos es porque están dominados  política, económica y culturalmente por otros y a su vez los que dominan tienen sus socios internos que ejercen el poder y que muchas veces son intelectuales?

 

Se nos ocurre que para formar voluntades entre los jóvenes debemos revisar algunas teorías que no han perdido su total vigencia sobre nosotros y que provienen de universalismos abstractos como la libertad, la igualdad y la fraternidad de la revolución francesa, o el igualitarismo absoluto a través de la dictadura del proletariado, o el individualismo absoluto promovido por el capitalismo dominante.

 

Razones y pasiones fueron cobrando preponderancia paradigmática alternativamente en periodos históricos diversos. La ilustración, el utopismo, el positivismo, el idealismo, el materialismo histórico, el cientificismo o el romanticismo entre otras corrientes y doctrinas que plagaron las aulas de discusiones entre la ciencia, la academia  y la política en Nuestra América.

 

Por el momento, se hace necesario mostrar el debate entre los más lúcidos del llamado materialismo histórico y el idealismo  hegeliano, así como sus hermeneutas, Gramsci y Croce, o la concepción bobbiana actualmente en vigencia, frente a las concepciones de nuestros pensadores vernáculos de Nuestra América, quienes, a través de su pensamiento y su acción nos ayudarán a crear voluntades entre los jóvenes, como Arturo Jauretche, que nos decía que “Se trata de partir de los hechos como son y no como se quiere que sean y de ahí inducir nuestras propias leyes. Es tarea de gran humildad, porque las verdades de nuestro mundo no est{an escritas ni enunciadas en perfectos doctrinarismos que satisfacen la vanidad del intelectual en perjuicio del verdadero saber”.

 

  1. LAS PASIONES POLÍTICAS Y LA HISTORIA

 

Las pasiones que fundamentalmente causan las diferencias de talento son principalmente el mayor o menor deseo de poder, de riquezas, de conocimiento y de honor. Todas las cuales pueden reducirse a la primera que es el deseo de poder.

                                                                                                          Hobbes

 

La pasión no es ni buena ni mala: esta forma expresa solamente que un sujeto ha puesto en un único contenido todo el interés viviente de su espíritu, del ingenio, del carácter, del goce. Nada grande se ha realizado ni puede ser realizado sin pasión.

Hegel 

                                                                                                                  

El arte de nuestros es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza

                                                                                                                Arturo Jauretche

 

Para Hobbes, la causa de la diferencia de talentos en los hombres estriba en las pasiones. Las pasiones a su vez difieren por los caracteres de los hombres así como por la diferencia de costumbres y de educación. Un hombre que no tiene gran pasión por el poder, un hombre indiferente, que puede ser un buen hombre, no podrá poseer ni una gran fantasía, ni mucho juicio, ya que, los pensamientos son para las pasiones “como exploradores y espías dispuestos al exterior de sus fronteras para encontrar el camino hacia las cosas deseadas, de donde procede toda firmeza de movimiento de la mente y toda su rapidez”. (L)

 

Un hombre sin deseo es un hombre muerto, tener pasiones débiles es torpeza, tener pasiones por todo indistintamente es disipación y distracción y tener pasiones muy fuertes y vehementes por cualquier cosa es lo que se llama locura. Hay tantas clases de locura como de pasiones.

 

Para Hobbes, la riña entre los hombres tiene tres causas principales que son la competición, la inseguridad y la gloria. La inseguridad se le genera a los hombres a partir de la igualdad en la esperanza de alcanzar sus fines y en el camino se esfuerzan por destruirse o subyugarse.

 

La guerra es de todo hombre contra todo hombre. Y las nociones de justicia o injusticia allí no tienen cabida. Tampoco las pasiones y los deseos humanos son en sí mismos pecados como tampoco lo son las acciones que cometen a partir de ellos hasta que haya una ley que las prohíba.

 

La posibilidad de salir de esta “penosa condición” para él estriba en parte en las pasiones y en parte en la razón. Después de analizar las diversas pasiones concluye que las pasiones que inclinan a los hombres a la paz son “el temor a la muerte; el deseo de aquellas cosas que son necesarias para una vida confortable; y la esperanza de obtenerlas por su industria”. La razón a su vez colabora a través de las llamadas leyes de la naturaleza. Para que haya paz debe haber poder común al que temer y no hay poder común sin leyes.

 

Parece ser que las pasiones son fundamentales en cualquier ejercicio intelectual sobre el poder,  así como también protagonistas de la lucha política y de las transformaciones históricas.

 

Si bien Hegel  se constituyó en el paradigma del idealismo filosófico, debido a su concepción de la historia como el desarrollo de la Idea o de la astucia de la razón, nos dice claramente en su Filosofía del derecho que la “filosofía…es la aprehensión de lo presente y de lo real, y no la indagación de un más allá, que sabe Dios dónde estará, y del cual, efectivamente puede decirse bien donde está, esto es, en el error de un unilateral raciocinar”.

 

Para Hegel la filosofía es comprender lo que es  (que para él es la razón). Cada individuo es hijo de su tiempo y  la filosofía “es el propio tiempo aprehendido con el pensamiento” y sería insensato pensar que se puede anticipar a él.  

 

Para el filósofo “las pasiones, los fines del interés particular, la satisfacción del egoísmo, son, en parte, lo más poderoso; fúndase su poder en que no respetan ninguna de las limitaciones que el derecho y la moralidad quieren ponerles, y en que la violencia natural de las pasiones es mucho más próxima al hombre que la disciplina artificial y larga del orden, de la moderación, del derecho y de la moralidad”. (FH)

 

La libertad se produce en el mundo a través de las acciones de los hombres “como naciendo de sus necesidades, de sus pasiones, de sus intereses y de las representaciones y fines que se forjan, según aquéllos, pero también naciendo de sus caracteres y talentos…Entre estos intereses está no sólo el de las propias necesidades y voluntad, sino el de la propia manera de ver y convicción o, por lo menos el de la creencia y opinión propias, si en efecto la necesidad del razonamiento, de la inteligencia, de la razón ha despertado ya”.

 

Pero para trabajar por una causa los hombres exigen que le agrade de acuerdo a la convicción de la bondad  de la misma, de su “legitimidad, de su utilidad, de la ventaja que representa para ellos, etc.”

 

La idea se exterioriza en la voluntad y la libertad humanas, donde la voluntad es la base abstracta de la libertad, pero su producto es la “existencia moral entera de un pueblo. El primer principio de la idea es en abstracto, el otro es la pasión humana. La idea como tal es la realidad y para el filósofo “las pasiones son el brazo con que se extiende”.

 

Continúa aclarando que las pasiones desarrollándose, cumplen sus fines conforme a su determinación natural, levantan el edificio de la sociedad humana y le proporcionan al derecho y al orden poder contra ellas. Mientras que las pasiones son el elemento activo y realizan lo universal donde lo racional es un elemento y las pasiones otro.

 

Lo activo, las pasiones es lo individual, uno es lo que es en la acción, pero lo universal se realiza mediante lo particular. Sólo existe un hombre en particular, no en general y el carácter expresa la determinación de la voluntad y la inteligencia.

 

En la pasión, la individualidad, se entrega por completo con todas las fuerzas de la voluntad a su objeto, concentrando todos sus apetitos y energías. La pasión por lo tanto es el lado subjetivo de la energía de la voluntad, como de la convicción la evidencia y la certeza. Pero hay que ver si el contenido que persigue es de naturaleza “verdadera”.Si lo fuera, para que exista y sea real, hace falta el factor de la voluntad subjetiva “que comprende todo eso: la necesidad, el impulso, la pasión, lo mismo que la propia evidencia, la opinión, la convicción”.

 

Por ello concluye el filósofo que “nada grande se ha realizado en el mundo sin pasión”… “A los grandes hombres de la historia le reprochan como malas sus pasiones. Fueron hombres de pasiones y en su fin pusieron todo su carácter y genio. Aquellos grandes hombres parecen seguir sólo su pasión, sólo su albedrío; pero lo que quieren es lo universal. Este es su pathos. La pasión ha sido justamente la energía de su yo. Sin ella no hubieran podido hacer absolutamente nada”.

 

El fin de la pasión y de la idea es, por lo tanto, uno y lo mismo. La pasión es la unidad absoluta del carácter con lo universal”.

 

El hombre que realiza algo grande, pone toda su energía en ello. No tiene la mezquindad de querer esto o aquello; no se disipa en tantos y cuantos fines, sino que está entregado totalmente a su gran fin. La pasión es la energía de este fin y la determinación de esa voluntad. Hay una especie de instinto, casi animal, en el hecho de que el hombre ponga así su energía en una cosa. Esta pasión es lo que llamamos también entusiasmo. Sin embargo, usamos la expresión entusiasmo sólo cuando los fines son de naturaleza más ideal y universal. El hombre político no es entusiasta; necesita tener esa clara perspicacia que no es atributo de los entusiastas. La pasión es la condición para que algo grande nazca”.

 

Para Hegel “la vulgaridad psicológica” da a la pasión el nombre de ambición y ponen bajo sospecha la moralidad de los grandes hombres presentando las consecuencias de sus obras como fines inmorales de ambición y gloria.

 

Para el filósofo, el interés particular de la pasión es inseparable de lo universal, pero es finito y debe sucumbir. Llama a dicha situación el ardid de la razón, ya que “la razón hace que las pasiones obren por ella y que aquello mediante lo cual la razón llega a la existencia, se pierda y sufra daño…Los individuos son sacrificados y abandonados. La idea no paga por sí el tributo de la existencia y de la caducidad; págalo con las pasiones de los individuos”.

 

Hegel sostenía que el estado del mundo no es todavía conocido; que el fin es producirlo; y ese es el fin de los hombres históricos, que en ello encuentran su satisfacción. Ellos no eligen la dicha, sino el esfuerzo, la lucha y el trabajo para su fin. “Cuando llegan a alcanzar su fin no pasan al tranquilo goce, no son dichosos. Lo que son, la sido su obra. Esta su pasión ha constituido el ámbito de su naturaleza, todo su carácter”.

 

Hasta para el idealismo hegeliano, son las pasiones de los individuos las que realizan la historia, las que luchan en la realidad, logran su satisfacción o sucumben. Pero nos advierte que la “Razón” o la “Idea” no paga por ello. Sería lo mismo que nos dijo un humorista: “la realidad no se hace responsable por la pérdida de sus ilusiones”.

 

 

  1. BENEDETTO CROCE POR ANTONIO GRAMSCI

 

“La política según Croce es la expresión de la pasión. La ciencia política debe explicar la iniciativa política sea defensiva  y por tanto apasionada u ofensiva. La pasión justifica teóricamente la política, el mundo es una lucha permanente y la iniciativa es siempre apasionada… no puede haber pasión sin antagonismo y antagonismo entre grupos de hombres porque en la lucha entre el hombre y la naturaleza la pasión se llama ciencia y no política. Por lo tanto en Croce, el término pasión es un seudónimo de lucha social”.

 

                                                                           ANTONIO GRAMSCI

 

Para Gramsci, “en el país hace falta una estructura cultural que se apoye en la universidad. Este ha sido uno de los factores del éxito de la pareja Croce-Gentile, antes de la guerra, cuando se constituyó un gran centro de vida intelectual nacional; entre otras cosas ellos luchaban también contra la insuficiencia de la vida universitaria y la mediocridad científica y pedagógica (a veces también moral) de los docentes oficiales” (IOC)

 

Antonio Gramsci no desconoce la importancia de estudiar a Croce y nos recomienda que para estudiarlo, 1) no se debe buscar un problema filosófico general, sino ver en su filosofía el problema o serie de problemas que interesan en ese momento, que son para él la historiografía, la filosofía de la práctica, la ciencia de la política, y la ética, 2) estudiar los escritos menores,  3) Hacer una biografía filosófica de Croce y 4) Estudiar los críticos de Croce. (MHFBC)

 

A nuestro criterio las críticas  y observaciones de Gramsci más interesantes son:

 

  1. Sostiene que Croce “jamás perteneció a ningún grupo liberal, combatió la idea misma y los partidos organizados y se pronunció a favor de movimientos políticos que no se propongan programas definidos permanentes sino que tiendan en cada oportunidad a resolver problemas  políticos inmediatos”.

 

  1. Que Croce distingue entre ideología como concepto práctico para gobernar  y por otra parte filosofía y religión. Los intelectuales deben ser gobernantes y constructores de ideologías. Representa a la gran política frente a la pequeña política. Maquiavelismo de Maquiavelo. Los ataques personales y críticas furibundas son “políticamente necesarios” para mantener alta su posición.

 

  1. Piensa que la posición de Croce sirvió para apoyar las corrientes reaccionarias y la posición de la iglesia.

 

  1. La posición del intelectual puro, para Gramsci es un ponciopilatismo despreciable. “Su nacionalismo es atemperado por un cosmopolitismo de casta, de cultura etc. Y sus “pasiones” deben ser consideradas como subordinadas al poder”.

 

  1. Cree que la revolución rusa determinó a Croce a “precisar su teoría historiográfica para liquidar la filosofía de la praxis. Tiene fe en que “metafísicamente el mal no puede prevalecer y que la historia es racionalidad”

 

  1. Para Gramsci la popularidad de Croce se debe a “la adhesión de su filosofía a la vida en comparación con cualquier filosofía especulativa. La filosofía no es para él un sistema cerrado y abstruso sino que debe resolver los problemas que el proceso histórico presenta”.

 

  1. Sostiene que el de Croce es un pensamiento histórico y no se deriva de otro pensamiento, de ahí proviene su popularidad entre los sajones que prefieren las concepciones como soluciones de problemas morales y prácticos. “Es esencialmente crítica que destruye prejuicios tradicionales”.

 

  1. La religión para Croce es una concepción de la realidad con una moral inherente presentada mitológicamente. Es religión toda filosofía que ha devenido en “fe” que ya no es actividad teórica sino estímulo para la acción, actividad ético política concreta de creación de una nueva historia. Los católicos  se oponen a Croce porque para el filósofo napolitano, después de Cristo somos todos cristianos, se puede vivir sin religión mitológica ya que el cristianismo fue absorbido por la civilización moderna. Mantiene la distancia entre los intelectuales y el catolicismo”.

 

  1. La historiografía de Croce es un hegelianismo degenerado y mutilado ya que tiene pánico ante la intervención activa de las masas populares como factor de progreso histórico”.  Reproduce en su historiografía su interpretación del problema estético y por lo tanto, el momento ético político equivale a la forma en el arte. Es la catarsis de la historia.

 

  1. La concepción crociana del momento político como momento de la pasión que no puede ser permanente, y  su negación de los partidos políticos, son la prueba de la contradicción interna del concepto política pasión”.

 

  1. Ante la crítica de Croce al materialismo histórico y a la filosofía de la praxis Gramsci reivindica que la filosofía de la praxis critica la reducción de la historia a mera historia ética política pero no la excluye. El término “apariencia” implica para Gramsci, el juicio de historicidad de la superestructura pero se valora la actividad cultural y el momento de la hegemonía como necesaria junto a la económica.

 

  1. La filosofía de Croce que valora el concepto de problema y no de sistema negando que la filosofía se derive de otro pensamiento abstracto critica a la filosofía de la praxis por teologizante y el concepto de estructura como dios oculto”.

 

Gramsci reconoce el esfuerzo de Croce por vincular la filosofía idealista a la vida, pero para él, sigue siendo especulativa liberada de la corteza mitológica. “En cambio la filosofía de la praxis concibe la estructura como el conjunto de relaciones sociales en las cuales se mueven y obran los hombres reales, un conjunto de condiciones objetivas y la subjetividad histórica de un grupo social como hecho real que se presenta en forma de fenómeno de especulación filosófica y el modo de conducir el conjunto de la sociedad a dotarse de unidad moral. La filosofía de la praxis es la concepción historicista de la realidad que se liberó de su último residuo de trascendencia y teología que es el historicismo idealista crociano”.

 

  1. Croce, después de distinguir filosofía de ideología, “termina confundiendo una ideología con una concepción del mundo demostrando que la distinción es imposible, es una misma categoría histórica. Filosofía es la concepción del mundo que expresa la vida intelectual y moral (catarsis de la vida práctica) de un grupo social entero en movimiento; ideología es cada particular concepción de los grupos internos de clase que se propone ayudar a la solución de problemas inmediatos y circunscriptos. Croce debe explicar por qué él introdujo la enseñanza de la religión, y por qué la concepción del mundo de la libertad jamás llegó a ser elemento pedagógico de la enseñanza”.

 

  1. Gramsci sostiene que la filosofía de Croce es considerabilísima, pero que era la retraducción al lenguaje especulativo de la filosofía de la praxis. Podría ser la renovación de la filosofía de la praxis en nuestros días para nuestras generaciones. En aquel tiempo, dice, no estaba claro para él el concepto de unidad de la teoría con la práctica, de filosofía y política. En “El materialismo histórico y la filosofía de  Benedetto Croce”, Gramsci sostiene que “hay que realizar en relación a la concepción crociana la misma reducción que los primeros teóricos de la filosofía de la praxis realizaron con la filosofía hegeliana, renovar la filosofía de la praxis, que tenga los caracteres de masa, la filosofía y la política en unidad dialéctica  intrínseca a un grupo social. Es necesario arreglar cuentas con la filosofía de Croce, debe ser apreciado como valor instrumental ya que Croce ha llamado la atención sobre la importancia de los hechos de la cultura y de pensamiento en el desarrollo de la historia, sobre la función de los grandes intelectuales en la vida orgánica de la sociedad civil y el Estado, sobre el momento de la hegemonía y del consentimiento como forma necesaria del bloque histórico concreto. La concepción ético política de la historia de Croce, debe ser considerada como canon empírico de investigación histórica que debe estar siempre presente si se quiere hacer historia integral y no parcial, ya que es una reacción ante el economicismo y el mecanicismo fatalista aunque se presente como superación destructiva de la filosofía de la praxis”.

 

  1. La contradicción económica deviene en contradicción política y se resuelve políticamente en la subversión de la praxis. Croce se dice dialéctico pero no de los opuestos sino de los distintos, aunque no demuestra qué es. Está obsesionado con el materialismo histórico”.

 

  1. Para Gramsci, la identidad de historia y filosofía es la más rica de las consecuencias críticas de Croce, pero “a) está mutilada si no lleva a la identidad de historia y política y b) a la identidad de filosofía y política. Entonces se pregunta -¿cómo es posible distinguir las ideologías (que según Croce son instrumentos de acción política) de la filosofía? Las ideologías serán la verdadera filosofía porque son las vulgarizaciones que llevan a las masas a la acción concreta, a la transformación de la realidad.  Serán el “aspecto de masa de toda la concepción del mundo que en el “filósofo  adquiere carácter de universalidad abstracta”.

 

  1. La crítica del concepto de historia de Croce es esencial. Sólo la identificación de historia y política le quitan a la historia el carácter libresco. Si el político es historiador (porque hace historia y haciéndola interpreta el pasado, y es un político) como dice Croce, la historia es siempre contemporánea, o sea política, pero Croce no llega a este resultado porque lleva a la identificación de historia y de política y de ideología y filosofía.

 

  1. Para Gramsci, “la resistencia de Croce a esta tendencia (el idealismo que hace coincidir ideología y filosofía) es heroica”.

 

  1. El historicismo de Croce sería un modernismo político, que plantea como único método de acción política aquel en el cual el progreso, el desarrollo histórico resulta de la dialéctica de conservación e innovación. En lenguaje moderno se llama reformismo. Creer que una concepción del mundo pueda ser destruida por críticas de carácter racional es una superstición de intelectuales fosilizados.

 

  1. “Croce crítica la filosofía de la praxis por cientificismo por su superstición materialista y su retorno al Medioevo intelectual. Su práctica es anticonfesional. Pero Croce no ha ido hacia el pueblo, no ha querido convertirse en un elemento “nacional”, no ha querido crear un batallón de discípulos que sustituyéndolo pudiesen popularizar su filosofía, tratando de hacer de ella un elemento educativo hasta en las escuelas elementales, para el hombre del pueblo. Para Croce no se puede quitar la religión al pueblo sin sustituirla. Croce era un filósofo de la praxis sin saberlo”.

 

  1. Para Gramsci, la moral propuesta por Croce es para intelectuales y no puede ser popular por eso dice que “Croce es un papa laico, pero su moral es excesivamente de intelectuales, no puede llegar a ser popular”.

 

 

  1. Para Croce la filosofía no es cosa abstracta, sino que es la resolución de problemas que la realidad presenta en su desarrollo incesante. La filosofía de la praxis, en cambio pretende explicar la historicidad de las filosofías con historia concreta, con dialéctica que da lugar a luchas de sistemas a luchas de modos de concebir la realidad”.

 

  1. “Las ideologías políticas como instrumentos prácticos de acción” para Croce o el “error” representado por sistemas filosóficos enteros “se han originado en necesidades prácticas y necesidades sociales y por lo tanto la ilusión o el error se debe entender como categoría histórica, transeúnte por los cambios de la práctica. El error de Croce es su reducción de la filosofía de la praxis a doctrina particular”.

 

  1. Croce retradujo al lenguaje especulativo las adquisiciones de la filosofía de la praxis. Es preciso negar la filosofía absoluta y abstracta y especulativa que hereda sus problemas y que se convierte en historia, en cómo nacen los problemas filosóficos (de la práctica de la historia real), en último análisis en la economía nacen los problemas que el filósofo se propone y elabora”.

 

  1. Para la filosofía de la praxis, “las ideologías son hechos históricos reales, instrumentos de dominio, no por razones de moralidad, sino para transformar intelectualmente independientes a los gobernados de los gobernantes, para destruir una hegemonía y crear otra, como momento necesario de la subversión de la praxis, son una realidad objetiva y operante. Los hombres toman conciencia de su posición social y por lo tanto de sus objetivos en el terreno de las ideologías”.

 

 

 

  1. BENEDETTO CROCE SEGÚN NORBERTO BOBBIO

 

Norberto Bobbio sostiene que su idea de que el fundamento de una buena república es la virtud de los ciudadanos antes que las buenas leyes ya estaba en Croce cuando invitaba a contraponer a la política, la fuerza no política con la cual la buena política debe rendir cuentas.

 

Para Bobbio en la política italiana, desde Croce prevalece la teoría de la política como “razón de estado”  que daba por resuelto el problema de la relación entre ética y política sosteniendo la amoralidad de esta última.

 

El problema en la teoría política para Bobbio es si tiene algún sentido pensar en la ilicitud o licitud moral de una acción política.

 

En esta dualidad entre norma moral y política, Bobbio se pregunta cual prevalece y sostiene que para la filosofía práctica de Croce es la moral. Y continúa: “Pero para Croce economía y ética son distintas, no se oponen ni están en el mismo plano. La ética es superior a la economía porque es un momento del Espíritu que supera al inferior de la política que pertenece a la esfera de la economía. La ética para Croce es axiológicamente superior pero no queda claro cuáles son las consecuencias”.

 

Croce sostiene que no se debe escoger entre vida moral o vida política porque la vida política o prepara para la moral o es un instrumento de ella.

 

En su capítulo sobre Benedetto Croce, en Etica e politica,  Bobbio sostiene que el filósofo “se mueve entre dos polos, la afirmación por un lado de que la actividad política es actividad económica y fuerza vital autónoma con respecto a la moral, con sus propias razones y leyes y la identificación por otro lado de la libertad como fuerza moral que dirige en última instancia la política y con la cual la buena política debe rendir cuentas”. Según Bobbio,  Croce de acuerdo a los tiempos acentuó el Estado potencia en la primera guerra y exaltó durante el fascismo el ideal de libertad.

 

A pesar de los cambios de actitud, Croce tenía la idea constante de que los hombres de la cultura tienen una responsabilidad y función política en cuanto tales y que no se pueden sustraer a esta responsabilidad  ya que derivan de su conciencia de que “a la cultura le espera una función de control, de crítica, de vivificación y creación de valores, que tarde o temprano, es una función política sobre todo en tiempos de crisis y renovación”.

Croce, estudió el problema de la política de la cultura que vivió profundamente a lo largo de su vida, la función política de los intelectuales, la relación entre filosofía y política, la responsabilidad civil del filósofo.

 

Bobbio distingue tres periodos en el pensamiento de Croce 1) los años de estudio del marxismo hasta la guerra mundial 2) los años de la guerra mundial y la postguerra 3) los años del fascismo.

 

Para el historiador napolitano, la filosofía pertenece a la esfera teorética y la política a la esfera de la práctica. Una y otra son dos formas de actividad espiritual.

 

Pero no cesó de polemizar sobre la confusión de filosofía y política ya que confundirlas es cretinismo filosófico. Se decía el pensador político. La vida civil de una nación solo obtenía ventajas del avance de la cultura, del esclarecimiento de los conceptos y la historia que hacen los estudiosos.

 

Croce valora su época de la revista Crítica donde cree haber realizado una obra política, no como en los tiempos en que buscaba una justificación práctica de su distancia respecto a los hombres políticos y ciudadanos socialmente operativos. En esa época, Croce cree ver que la obra política del filósofo no es sólo el estudio sino en su identificación con la historiografía. El filósofo que es a su vez histórico y trae alimento a su filosofía como el histórico, de la pasión civil, donde su obra está formada por la materia incandescente de los problemas que la historia le pone al hombre para resolver y se entiende que a los hombres que tienen intelecto para comprender y pasión para comprometerse. En 1925,  comenta Croce “no se puede cultivar los estudios, filosofía, critica, historia sin poseer al mismo tiempo vivo el sentido de la política y el afecto ardiente por la sociedad y la patria, y hacer por lo tanto en modo especializado también política”

 

En la Historia del reino de Nápoles, elogia a los hombres de doctrina y pensamiento, calmando su conciencia ya que como historiador revelaba que los que hacen la gran historia más allá de la política contingente son los hombres de la cultura. Allí definitivamente concluye la importancia de la función histórica de los intelectuales, que terminará por ser la conciencia moral de la humanidad. A los hombres de la cultura les esperaba ser la salvaguarda de los valores de la cultura, distintos de los valores empíricos.

 

En una primera época, para Croce, la función política del hombre de la cultura era la cultura misma ya que tarde o temprano ejercería influencia.

 

En una segunda etapa, durante la guerra, se añade que el hombre de la cultura debe elaborar la verdad, enunciarla y por otra vía el práctico combatiría, y el filósofo no debía traicionarla poniéndola en un amor a la patria mal colocado.

 

En un tercer momento el hombre de la cultura es también combatiente pero en un campo muy vasto, debe defender la verdad, su propia verdad frente al error, particularmente las que surgen de las pasiones políticas, pero abraza el valor supremo de la libertad que se identifica con la moral. No es más el especialista clarificador de conceptos, ni el devoto de la verdad sino el defensor de la libertad. La cultura tiene una suprema función política propia que es la defensa de la libertad.

 

De la conciencia frente al totalitarismo político está la moral y la moral es lo mismo que el ideal de libertad. La teoría crociana liberal “no es una teoría política sino metapolítica que se viene desarrollando en el pensamiento moderno ligada al inmanentismo, al idealismo, al historicismo, y llega a su máxima expresión en el romanticismo que es la religión de la libertad. La historia es la historia de la libertad en cuanto la libertad es el principio explicativo de la historia y el ideal moral de la humanidad que no se identifica con ninguna clase económica ni política sino que es patrimonio de todos los hombres y particularmente de a quienes se confía la defensa y promoción de la civilización y la dirección de la sociedad, los hombres de la cultura que constituyen un partido, el partido de los hombres de la cultura frente al partido de la servidumbre. Aparece el pedagogo de la humanidad, la guía espiritual.

 

Croce “no se arrogó los méritos de  haber personificado como intelectual la fuerza no política que la política no puede suprimir radicalmente y que reaparece siempre nueva en el pecho del hombre defendiendo la libertad en un periodo de opresión”.

 

 CROCE POR CROCE: LA HISTORIA COMO HAZAÑA

 

Las cosas grandes del mundo no son obra de ‘sabios’ ni de ‘filósofos’, ni de quienes hábilmente logran surcar el mar de la vida sin demasiadas tempestades, sino de las almas apasionadas y enérgicas que desafían las tempestades”.

                                                                                                                     Benedetto Croce

 

LA EDUCACIÓN DE LA VOLUNTAD

 

Para Croce, hay una diferencia entre desear y querer y nos dice que: “Todo el que lleve una vida activa y se vea obligado a convertir a los demás en colaboradores suyos o quitarlos del medio porque obstaculizan la obra que cumple tiene a diario ocasión de reparar con no poco desagrado, enojo y pesar, en hombres que parecen aquejados de parálisis de voluntad”.

 

Estos hombres aquejados de parálisis de la voluntad los define como “el hombre fantástico: el que urde fácilmente designios y proyectos pero los abandona cuando están a punto de cumplirse y se irrita con ellos o los encuentra triviales”. A este hombre le falta firmeza

 

Otro hombre paralizado es  el “hombre perplejo o temeroso: el que ante cualquier acción que deba cumplir se llena de fantasmas sobre las consecuencias que su acción puede acarrear, que como son infinitas, no se resuelve a actuar. Le falta valor”.

 

Finalmente está “El hombre abatido por las desventuras: aferrado al pasado, inadaptado al presente, inerte ante lo actual. Le falta amor a la vida”.

 

“Si no consiguen actuar no tienen nada y ésta es la razón de la angustia. No van más allá de contemplar, meditar sin poder obrar prácticamente”.

 

“he dado a este momento el nombre de momento de los deseos, definiendo el deseo como la voluntad de lo imposible. el deseo, que no es ya contemplación, sino pensamiento, tampoco es voluntad: al contrario, en el proceso volitivo representa lo que no puede ni debe quererse”. (EyP)

 

Para el filósofo napolitano el deseo es lo opuesto a la voluntad, es el “pecado”. Sólo cuando es reprimido o superado aparece en la voluntad efectiva.

 

El hombre moral sólo realiza su moralidad actuando políticamente y  aceptando la lógica de la política, por lo cual, la educación del hombre moral exige la educación política, “el culto y el ejercicio de las virtudes prácticas, la prudencia, la sagacidad, la paciencia y el coraje”.

 

El problema político es un problema práctico, de invención, de creación y por lo tanto   individual. Todos los conocimientos son útiles, pero “ninguna cognición me dirá nunca qué debo hacer, porque ese es el secreto de mi ser y el descubrimiento de mi voluntad”.

 

Concluye sobre el tema de la voluntad  diciendo: “Creer que el individuo moral debe hacer lo que el intelecto le señala como bien históricamente factible es transformar otra vez un problema práctico en uno teórico que es insoluble. Porque lo históricamente factible es el producto dialéctico de la concorde discordia entre individuos. Y las necesidades de la historia se personifican en individuos”.

 

Para Croce, la educación de la voluntad no se hace a “través de teorías, de definiciones, de cultura estética e histórica, sino por el ejercicio mismo de la voluntad: enseñando a querer como se enseña a pensar, fortaleciendo e intensificando las disposiciones naturales, y por eso con el ejemplo que mueve a la imitación, con las dificultades (problemas prácticos) que se proponen con el despertar de la iniciativa enérgica y con el disciplinamiento de la persistencia”.

 

Continua afirmando: “La voluntad es el pensamiento en cuanto se traduce en acto, el pensamiento en cuanto se imprime en la naturaleza, el pensamiento en cuanto se mantiene firme para obligar a la mente a convertirse en acción y así sucesivamente”.

 

“Las formas en que se suele dividir la actividad espiritual son la representación, emoción, tendencia, pensamiento, sentimiento, voluntad”.

 

EDUCACIÓN POLÍTICA

 

En la formación política, sostiene el filósofo, se puede comenzar por promover la cordura, la prudencia y  la conciencia moral. Esta es fundamental ya que el sentimiento del deber “impele y constriñe a conducirse como políticos aun a quienes por naturaleza estarían poco dispuestos a ello”.

 

“No se puede cultivar los estudios, filosofía, crítica, historia, sin poseer por añadidura, un vivo sentido de la política, y un ardiente amor por la sociedad y por la patria y hacer, por lo tanto, dentro de ese modo especializado, también política”.

 

LA HISTORIA COMO ACCIÓN

 

Croce nos explica que la actividad práctica supone la teorética, ya que no es posible la voluntad sin conocimiento “cual es el conocimiento, tal es la voluntad”.

 

Si bien las formas del espíritu son distintas, no están separadas: “el pensar es conjuntamente un acto de vida y de voluntad, que se llama “atención”. Todo conocimiento surge del tronco de una volición. La voluntad se define por apetición esclarecida por el conocimiento”.

 

Cree en el progreso perpetuo ya que no hay en la historia jamás decadencia que no sea a la vez formación y preparación de nueva vida y por lo tanto progreso.

 

En la historia, la moralidad para realizarse prácticamente, “se hace pasión, voluntad  y utilidad y piensa como el filósofo, plasma como el artista, trabaja con el agricultor, ejerce la política, etc.”.

 

También la filosofía se vuelve historia, “filosofía en cuanto historia  declarando la identidad del universal y lo individual, del intelecto y la intuición, por lo cual toda separación es arbitraria e ilegítima”.

 

El pensamiento es tan activo como la acción, “que no es copia ni receptáculo de realidad, ni nos provee de un conocimiento de la realidad a ese propósito; que su obra consiste en el planteamiento y resolución de problemas, y no en el acoger pasivamente dentro de sí trozos de realidad. El pensamiento no está fuera de la vida, sino que es función vital”.

 

Por lo cual no hay hombres exclusivamente teóricos p prácticos, los hombres prácticos son al mismo tiempo teóricos, “que contempla, cree, piensa, lee, escribe y ama la música y las otras artes”.

 

El conocimiento es necesario para la praxis como la praxis es necesaria para el conocer,  “No se puede cancelar la distinción entre estos dos momentos del espíritu, se destruirían a la par el pensamiento y la acción. La distinción entre conciencia y voluntad, pensamiento y acción sigue intacta”.

 

El conocimiento es siempre situacional, de un hombre particular en condiciones particulares ya que el conocimiento proviene de “experiencias particulares de la vida, de la vida práctica y moral de los hombres, de sus afectos y acciones. Luego el pensamiento se transforma en una fe que condiciona la nueva acción”.

 

Para Croce, “Las angustias por la libertad perdida, las invocaciones, las esperanzas desiertas, las palabras de amor y de furor en ciertos momentos de la historia no son verdades filosóficas ni históricas, ni errores ni sueños: son movimientos de la conciencia moral, historia que se está haciendo”.

 

LA POLÍTICA DE LA VIRTUD Y LAS PASIONES

 

Si no dispusiéramos de la política, de la política hacia nosotros mismos, de la política de la virtud, ¿de qué otro modo podríamos hacer valer la moralidad entre las pasiones, con las pasiones y sobre las pasiones? ¿Pretenderemos, acaso, arrancar las pasiones y sustituirlas por la apatía? Pero ésta es una tentativa en que ya se empeñaron los estoicos y podemos verla refutada por el significado mismo que la palabra apatía ha ido adquiriendo, hasta no designar más que una depresión, disminución o ausencia de vitalidad. Debemos pues aceptar las pasiones. ¿Pero las aceptaremos dejándolas moverse libremente y correr y galopar a su capricho?”.

 

“El esfuerzo, arrogante y estéril, de la pura voluntad moral contra las pasiones puede, sin duda, hacer las veces de símbolo de la voluntad ética y de su autonomía; pero traducido en realidad, o desmiente el dicho con el hecho, o se aniquila en la imposible lucha y se vuelve una especie de estoicismo útil, quizás para aprontarse a la muerte togada pero no para la vida eficaz.

 

Sólo queda un partido: que descienda la moral entre las pasiones, se apasione con las pasiones, trate con las pasiones sin pretender suprimirlas ni trastornar su naturaleza, oponiendo cuando sea preciso las unas a las otras, combatiendo ya contra unas ya contra otras, uniéndose a veces a unas, a veces a otras. La verdadera, la será voluntad moral es creadora y promotora de vida; por eso en modo alguno teme contaminarse al utilizar la vida con vistas a una vida mayor”. 

 

EL DESINTERÉS POR LA COSA PÚBLICA

 

Croce siguiendo con su distinción entre el deseo y querer, entre los observadores deseantes y los protagonistas que se comprometen continúa diciendo: “Quienes se angustian por el “mundo que anda mal”, por la falta de regularidad, de lógica y justicia que advierten por doquier, no son los hombres políticos sino los otros, los contempladores poéticos y reflexivos, los hombres de la justicia, el deber, el sacrificio, o sea las almas buenas y dedicadas al bien”.

 

En consonancia con la polémica generada por el libro de Julián Benda “La traición de los intelectuales”  que sostenía que eran traidores aquellos que  se comprometían con las cosas terrenales frente a Paul Nizan que decía que quien no se comprometen con los problemas terrenales es por lo menos un desertor sino un traidor, Croce se plantea la contradicción y concluye:

 

“… conocemos a los sabios de la historia que se apartaron del pueblo a que pertenecían para consagrarse a los estudios, que no anhelaban ni buscaban más que la inmovilidad propicia a su quietud: una paz cualquiera, aunque proviniera de manos del déspota, si éste podía ofrecerla; y conocemos a los monjes y canónigos que se desentendieron del peso del mundo, que se desentendieron de veras (porque los monjes valientes, como los llamaba Tomasso Campanella, no aceptaron esa renuncia e ignorancia).

 

Es aconsejable no mirar con demasiada pasión el trabajo ajeno, ni afanarse por cosas que no están en nuestra mano, ni luchar con la fantasía angustiándonos en la realidad, sobre todo porque los conceptos y juicios que nos dicta esta condición espiritual son estériles y, más aún, exagerados e injustos así como infundados los temores y las esperanzas.

 

…No es necesario aguardar apariciones raras y los prodigios para cumplir la unión de la política con las demás formas de la actividad humana, porque la unión está en la realidad de cada una de esas formas mismas”.

 

LA HONRADEZ POLÍTICA

 

Con respecto a la honradez que se le exige a los políticos Croce afirma: “Es extraño que para las cuestiones políticas no se exijan políticos sino hombres honrados, provistos a lo sumo de aptitudes de otra índole.

 

La honradez política no es más que la capacidad política. Es evidente que los defectos que pueda tener ocasionalmente un hombre provisto de capacidad y genio político, si se relacionan con otras esferas de la actividad lo harán inepto para dichas esferas, mas no para la política.

 

Un hombre dotado de genio o capacidad política se dejará corromper en cualquier actividad, pero no en la que concentra su pasión, su amor, su gloria. Si sucumbiera hace mala política”.

 

LA NAUSEA POR LA POLÍTICA

 

Ya para la época de Croce había un supuesto hastío de la política como la desazón sobre la política muchas veces generalizada en nuestro país. Al respecto nos dice: “Solemos oír que “la política es cosa sucia”. La política es la mayor y más notoria manifestación de la lucha humana. Siempre habrá quien esté dispuesto a reemplazarla por cualquier cosa que, aunque carente de sentido, tenga a la vez el sentido de negar la lucha y acariciar con palabras el ideal de la pereza: la justicia social e internacional, la igualdad, la fraternidad, la armonía de clases, la unión de los pueblos…Y la acción política… está directamente opuesta al ideal de la paz, del reposo y la tranquilidad”.

 

 “Los hombres de la política incapaces de cambiar rápidamente el estado de ánimo del vulgo, se ven obligados a aceptarlo y aprobarlo con sus palabras y a negarlo con sus actos procurando ocultar esa contradicción con sofismas ardides y expedientes oratorios de diversa especie”.

“¿Hay manera de salir de esta contradicción entre el dicho y el hecho? Teóricamente existe un medio, pero carece de probabilidad práctica: consistiría en hacer que los políticos filosofasen y que el vulgo dejara de ser vulgo”.

 

“El individuo moral está obligado a mantener la dignidad. Pero la dignidad de los Estados es muy otra cosa; es una dignidad que consiste en afianzar la fuerza sin más límites que la fuerza misma y con vistas al modo más útil y conveniente de emplearla. Los Estados no son heroicos, aunque puedan serlo los hombres”.

 

EL ESTADO ETICO

 

Para Croce hay dos conceptos de Estado y ambos son exactos, el del Estado meramente político y amoral y el del Estado ético. Dichas concepciones responden al utilitarismo ético y el moralismo abstracto. Y para salir de la contradicción hay que pensar dialécticamente.

 

“A los que concebían el Estado como institución moral se le respondía que el Estado no se gobierna con los padrenuestros, exigen una virtud distinta de la virtud cristiana que es la virtud política. El moralismo iluminista  sometía la política de Estado a las virtudes si no cristianas de la libertad, igualdad y fraternidad.

 

Toda institución reformada o creada de nuevo, si quiere vivir debe transformarse en el interés de los individuos: sentimiento, afecto, recuerdo, esperanza, ídolo, poesía: todo lo que para el racionalista abstracto es una contaminación, pero en realidad es elegir la vida en lugar de lo abstracto. Y al concretarse de tal modo, cualquier institución correrá el riesgo de volverse egoísta y anticuada; pero ésta es la suerte de todas las cosas humanas. Y ciertamente morirá algún día; pero habrá vivido.

 

El dolor y las desdichas son necesarios porque educan… y la alegría se encuentra en obrar conforme a nuestro ser, que es la celebración de nuestra libertad”.

 

LA INTELECTUALIDAD

 

La discusión sobre la función que deben tener los intelectuales en la sociedad no tiene sentido para Croce. Para él, los intelectuales que la defienden son hombres tan materiales y tan materialmente ocupados como aquellos  contra los cuales protestan

Concibe la historia de la filosofía como la historia de los problemas que el espíritu humano se propuso y las soluciones  que le ha dado ya que la filosofía se encuentra con la práctica, con los problemas que la vida le presenta y debe resolver en la práctica.

 

EL MATERIALISMO HISTÓRICO

 

Croce sostiene que los filósofos que ofrecen esquemas de historia universal deducidos racionalmente son voces que claman en el desierto, “a quienes puede dejarse el consuelo de considerarse apóstoles solitarios de una grandiosa verdad desconocida”. (MH).

 

Ante la frase de Marx que afrima que Hegel coloca la historia sobre su cabeza y que había que ponerla sobre sus pies, como si esto fuera la inversión del idealismo, Croce sostiene que la inversión real sería  decir que “la historia no es un proceso de la Idea, o sea una realidad racional trascendente, sino un sistema de fuerzas: a la concepción trascendente se opondría la concepción inmanente”.

 

Reconociendo fecundos descubrimientos en el materialismo histórico, el mejor elogio que se le podría hacer no es sostener que es la última y definitiva filosofía de la historia, sino establecer que no es una filosofía de la historia y citando a cabriola,  sostiene que no es otra cosa que un método, negando que sea una teoría.

 

Finalmente sostiene que prefiere designar al materialismo histórico como “concepción realista de la historia”, que señala “las oposiciones a todas las teologías y metafísicas en el campo de la historia”.

 

Cree ver en los coqueteos de Marx con la terminología hegeliana parte de culpa por los malos entendidos con respecto al materialismo histórico como teleología y fatalismo. “Frente a la tendencia a reconstruir una filosofía materialista de la historia, sustituyendo a la omnipresente Idea la omnipresente Materia, conviene reafirmar la imposibilidad de este género que, cuando no se pierde en lo arbitrario, se resuelve en una mera superficialidad y tautología”. 

 

Surgido de la necesidad de percatarse de una determinada configuración social, para Croce el materialismo histórico no tuvo el propósito de buscar “los factores de la vida histórica”, sino que se “constituyó en la cabeza de políticos y de revolucionarios,  y no en las fríos y pacientes de biblioteca”.

 

En El materialismo histórico y la economía marxista, Croce cuestiona el carácter científico de la ley de la caída tendencial de la tasa de beneficio así como el concepto de valor trabajo y sostiene que las investigaciones de Marx son intrínsicamente abstractas. Para comprender el pensamiento de Marx “es menester salir de la economía pura”.Después de dedicarse al estudio de la doctrina marxista sostiene que en ella “se mezclan lo verdadero y lo falso.

 

Para el filósofo lo verdadero consiste en “haber llevado con fuerza a la conciencia la condicionalidad social del beneficio”. Y concluye que “Llevar a la conciencia, no es lo mismo que descubrir una ley científica: es, simplemente llevarla a la conciencia”.

 

EL LIBERALISMO

 

Croce define su liberalismo como idealismo que exige experiencia y meditación, lo cual implica finura mental y moral. El liberalismo para él, es el partido de la cultura; ya que liberal fue el Resurgimiento, en el cual confluyeron cultura y amor a la patria. “El socialismo y el autoritarismo, son partidos extremistas, que contienen no poco de abstracto y de simple y por eso son fácilmente admitidos por los espíritus y mentes juveniles, y presentan también los signos de la cultura escasa y unilateral”.

 

LA SOCIEDAD DE CULTURA POLITICA

 

En su discurso en la Sociedad de Cultura, Croce plantea cómo deberían dividirse los estudios de teoría de la política. Para el filósofo ellos deberían dividirse en tres partes:

  1. La teoría propiamente dicha o Filosofía de la política que investiga la naturaleza de la actividad política y determina sus relaciones con las otras formas o actividades del espíritu humano
  2. La historia política o historia de los Estados que se interpreta con los conceptos de la teoría.
  3. La ciencia empírica de la política que se funda en la historia y de forma inductiva forma los tipos de las constituciones de los Estados y de las operaciones de la vida pública, los clasifica y pone en relación y deduce las leyes empíricas de concomitancia y sucesión, de causa y efecto.

 

No se puede estudiar política sin pasión política como no se puede estudiar poesía sin pasión poética. Quien no ha participado en la política activa, por lo menos con el sentimiento y el afecto, no está en condiciones de dar la teoría de ella, faltándole el indispensable interés y experiencia”.

 

En su discurso, tiene la esperanza que en  la “Sociedad de la cultura” los jóvenes ascenderán desde la esfera práctica y pasional a la esfera del pensamiento y sabrán superarse a sí mismos. Para ello, se requiere negar la “pasionalidad y la particularidad políticas” para llegar a una teoría y una historia verdadera.

 

También será necesaria la  negación de la teoría para pasar a la eficaz obra práctica, que es “toda ella obra de sentimiento y de voluntad, y no ya de contemplación y de crítica. La pasión política se destila en teoría y la teoría genera una nueva obra factible”.

 

“Cuando se estudia la política hay que saber que no es la serenidad de la sapiencia ni la divina sonrisa del arte sino que tiene de lo duro y de lo prosaico. El recinto de la política es el de la utilidad, de los asuntos, de los negociados, de las luchas ora insidiosas, ora abiertas, de la fuerza, como se dice y de la guerra”. Guay con mecerse en ilusiones, particularmente desde que han resonado en el mundo político las palabras que serían sublimes si no fueran, en ese uso, ridículas o, peor, hipócritas, de Igualdad, Fraternidad y Libertad!”.

 

Croce sostiene que no hay que moralizar la política y que se debe aceptar al genio de Maquiavelo como fundador de la ciencia política. Pero la política no es todo el hombre, y no existiría la política si no existiera el hombre moral. Concluye que “la vida política prepara para la vida moral o es ella misma instrumento o forma de vida moral, y en ninguno de estos casos es concebible contraste y conflicto”.

 

LA CONCIENCIA NACIONAL

 

Croce se pregunta “¿qué se entiende en sentido elevado, por Nación o conciencia nacional? Y se responde: “Es una voluntad, una tendencia hacia un estado ético, una pasión de ideal, que en circunstancias particulares, para ciertos problemas particulares, toma esos colores, revístese con esas fisonomías, se designa por un pueblo, parece identificarse con el alma de ese pueblo. En sus reflejos expresivos, esta tendencia origina poesía (épica o lírica o novelesca como quiera que se llame) y oratoria (en todas sus formas, desde la apoteosis a la invectiva, desde la conmoción de los afectos sublimes a las sátiras y a las chanzas). Más no puede dar origen a historia que, como tal no es poesía ni oratoria, sino crítica y verdad y tiene como principio constitutivo, no la pasión sino el pensamiento”. (VAL)

 

 

  1. LA HISTORIA SEGÚN NUESTROS PENSADORES

 

 

“no veo la gloria, ni en el propósito de desnaturalizar el carácter de los pueblos- su genio personal-, para imponerles la identificación con un modelo extraño al que ellos sacrifiquen la originalidad irremplazable de su espíritu; ni en la creencia ingenua de que eso pueda obtenerse alguna vez por procedimientos artificiales e improvisados de imitación. Ese irreflexivo traslado de lo que es natural y espontáneo en una sociedad al seno de otra, donde no tenga raíces ni en la naturaleza ni en la historia…”

José Enrique Rodó

                                                                                                                                  (1900)

 

“Así se establece una relación dialéctica entre el ayer, el presente y el porvenir. En el pasado buscamos afirmación, antecedentes, claves. Pero sabiendo que los desafíos históricos son constantes y renovados, y que cada generación debe responder a los suyos. La historia no está escrita por anticipado y el mundo se nos ofrece como inacabado para que lo construyamos en medio de la contingencia y el riesgo: está en nosotros que deje de ser un mundo de ignominia”.

John William Cooke

 

 

“El error fundamental de las izquierdas con respecto al peronismo, reside en no haberlo analizado en función de la historia argentina”.

                                                                                                                     Rodolfo Puiggrós

                                    (1973)                                                                                  

     

Era el espíritu de la época, al decir de Hegel, o las pasiones generales y dominantes, para Tocqueville, o el paradigma vigente según Kuhn: el materialismo dialéctico en los sesentas.

 

Para Tocqueville, la primera de las pasiones generales y dominantes en una sociedad democrática, es negativa, es la irreligiosidad. Las pasiones por la libertad y la igualdad son las pasiones democráticas de los intelectuales. Para él las fórmulas de legitimidad  ideológicas son combinaciones que asocian  por una parte pasiones y sentimientos y por otra creencias dogmáticas. Y las creencias dogmáticas son necesarias en las democracias para legitimar las pasiones transformándolas en exigencias de la Razón.

 

A mediados de los años 60, no existían diálogos, discusiones, revistas culturales, intelectuales, académicos o estudiantinas en el mundo occidental que no discurriera en términos filosóficos sobre el materialismo dialéctico o histórico o sobre el marxismo en términos políticos.

 

Sin embargo, los recién llegados a las aulas universitarias, que veníamos de familias marxistas, comenzamos precisamente en esa época a comprender la historia argentina, y ese “hecho maldito de un país burgués” que es el peronismo, fundamentalmente de la mano de Rodolfo Puiggrós.

 

En realidad, hubiera bastado una buena lectura del “Manifiesto Comunista” para que quedara muy claro que incluso políticamente para Marx la contradicción principal empezaba prioritariamente por lo nacional. Allí sostenía “Aunque no por su contenido, la lucha del proletariado es, por su forma, (en un primer momento) una lucha nacional”.

 

Lúkacs taxativamente había dicho en su “Historia y conciencia de clase” que  “los levantamientos de los pueblos coloniales y semi-coloniales tienen que ser por fuerza guerras nacionales que los partidos revolucionarios tienen que apoyar absoluta y plenamente, pues frente a ellas, la indiferencia sería directamente contrarrevolucionario”.

 

A pesar de las innumerables citas de la bibliografía marxista acerca del  carácter histórico y dialéctico de las categorías conceptuales, el marxismo mecanicista u ortodoxo, como lo llama Lúkacs, siempre pretendió extrapolar esquemas, modelos de organización o teorías puras y abstractas de la revolución, cosificando los procesos sociales y buscando homogeneizarlos urbi et orbi. Por eso, el error fundamental, como dice Puiggrós, de las izquierdas y fundamentalmente del Partido Comunista Argentino, fue analizar la historia y la política con categorías extrapoladas de otras historias y geografías de las cuales habían surgido, de otras realidades y de otras contradicciones internas de otras situaciones nacionales, al mismo tiempo que priorizaba políticamente las contradicciones internacionales frente a las contradicciones internas.

 

Al decir de Rodolfo Puiggrós en “Las izquierdas y el problema nacional”: “La costumbre de conceptuar conceptos extraídos de libros e informes, o de conceptuar experiencias ajenas, en vez de analizar la realidad social sobre la que se pretende actuar, explica la desconexión de las izquierdas latinoamericanas de los movimientos de masas de sus países. Reemplazan las contradicciones sociales por etiquetas que las ocultan o las deforman…. conceptúan conceptos y temen conceptuar a la realidad, porque no quieren correr el riesgo de sumergirse en ella para transformarla”

 

Ello implicaba, para los teóricos y políticos que se decían materialistas dialécticos, que no fueran ni materialistas ni dialécticos, a la hora de analizar la historia nacional, que se confundieran al tomar las categorías abstractas, los conceptos, como si fueran entes metafísicos, atemporales y ahistóricos, que se podrían utilizar omnímodamente para analizar cualquier historia y tomar decisiones políticas en consecuencia. Por eso decía Puiggrós que a los intelectuales les gustaba “conceptuar conceptos en vez de conceptuar la realidad”. Eso no sólo sucedió en nuestro país, sino en general con la izquierda en toda América Latina.

 

En realidad podríamos sintetizarlo diciendo que la izquierda admiraba a los “sanscoulottes” de la revolución francesa, o burguesa, pero despreciaba a los descamisados de la revolución peronista. Eran bováricos como denominaba el filósofo mexicano Antonio Caso a quienes se creían otros y negaban su propia realidad. Para nuestros bováricos se ve que era más revolucionario no tener pantalones que no tener camisa como los descamisados.

 

El historiador napolitano Benedetto Croce se preguntaba en 1933 ¿Adónde va el mundo? y nuestro historiador Puiggrós, se preguntaba en 1972 ¿Adónde vamos argentinos?

 

Croce se contestaba “el mundo ha marchado siempre hacia algo o sea hacia nuevas afirmaciones, pero no se llega jamás a prever cuáles son ellas…no se va nunca más allá de la afirmada posibilidad de ciertas formas genéricas o abstractas que, en concreto, pueden rellenarse con los más diversos contenidos… pero bajo estos esquemas del futuro resultan posibles las más opuestas y diversas realidades morales humanas, las más diversas concepciones y actuaciones de la vida; y lo que importa, o lo que importará, serán siempre esas realidades y no aquellos esquemas sociológicos o filosóficos”.

 

Nuestro historiador nos enseñaba en los sesenta que los acontecimientos históricos, con movimientos de liberación no ortodoxos, ni previstos por ninguna ciencia ni abecedario marxista, que se daban en distintas regiones del mundo nos demostraban el carácter nacional e histórico de las revoluciones y de los movimientos políticos de liberación. Las ya exitosas revoluciones como la china o la revolución cubana, las luchas de liberación en el África, o la liberación de Argelia nos mostraban día a día que no existían ni recetas ni etapas prefiguradas de emancipación de los pueblos.

 

Hace pocos meses, Raúl Castro afirmaba citando a Fidel que el error más importante que cometió la revolución cubana “era creer que alguien sabía de socialismo, o que alguien sabía de cómo se construye el socialismo”. Para Castro, aunque estuviera documentada científica y teóricamente la factibilidad del socialismo y hubiera experiencia práctica en los intentos de construcción en otros países, la edificación de la nueva sociedad es como el primer viaje al espacio, es un viaje a lo ignoto, a lo desconocido.

 

El cuestionamiento al stalinismo en los sesenta, como contrario al carácter dialéctico de la propia revolución, también colaboró con la desmistificación de la ideología marxista como panacea política. Las  categorías de análisis del marxismo ortodoxo ya se demostraban inútiles para concebir o explicar las luchas libertarias de nuestra América Latina y sus movimientos nacionales revolucionarios. A poco de andar, los epítetos o clasificaciones esgrimidas por el comunismo al peronismo al igual que al varguismo, al cardenismo que iban desde “populismo” hasta movimientos “nazifascistas” comenzaron a desalojar las academias y el espíritu de la época. Por primera vez, en la Argentina, los universitarios se hicieron peronistas.

 

Puiggrós no estaba solo afortunadamente. Ya para entonces, otros pensadores argentinos, algunos autocríticos de los partidos de izquierda y otros provenientes de diferentes orígenes ideológicos comenzaron a brindarnos análisis históricos de las contradicciones internas de nuestro país y de las realidades del entonces llamado Tercer Mundo, que se enfrentaban ideológicamente con los “portadores oficiales de la ideología marxista” como los comunistas, socialistas, trotskistas y las izquierdas en general.

 

La historia argentina comenzó a transfigurarse ante los ávidos ojos lectores de los estudiantes; los movimientos populares comenzaron a resignificarse desde nuevas interpretaciones y finalmente, el método dialéctico se asentó en el movimiento de las contradicciones concretas de nuestra realidad y no en recetarios para todo momento y todo lugar que nos iban a decir quiénes éramos, con qué adjetivo se calificaban las experiencias inéditas revolucionarias latinoamericanas o cuál era el destino manifiesto de nuestras naciones y cómo íbamos a alcanzar la etapa prusiana del Espíritu Absoluto, o del Soviet Supremo.

 

Puiggrós se enfrentó al Partido Comunista argentino del cual se retiró, pero siempre siguió reconociendo al materialismo dialéctico como método de análisis de la realidad. Fue a partir de él que comprendía la realidad argentina y  sus contradicciones así como los movimientos políticos, se hace peronista y bucea en los orígenes y el desarrollo del movimiento nacional. Será el mismo Juan Perón el que prologue su libro sobre las causas del peronismo en 1971.

 

Pero Rodolfo siempre creyó, como Marx, que “Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de diversas maneras, pero lo que importa es transformarlo” y que eso era lo más importante del método dialéctico. El materialismo dialéctico no es una opción especulativa o contemplativa de la realidad, sino por el contrario, implica la práctica, la modificación de la realidad.

 

Por eso quizás, hasta el final de sus días, escribía, enseñaba, militaba políticamente o debatía permanentemente con otros políticos o intelectuales sobre como transformar la realidad desde su ideología: el nacionalismo popular revolucionario.

 

Se enfrentaba políticamente a los partidos de izquierda e ideológicamente con el marxismo ortodoxo. Reconocía su herencia intelectual en lo que se denomina hegelianismo de izquierda y jamás dejó de decirse un materialista histórico frente al  idealista Croce pero coincidía con el filósofo napolitano en que el materialismo histórico era un canon de interpretación y no un recetario para cualquier tiempo y país. Admirador permanente de esa corriente, coincidimos un día en que el libro que más nos había impactado era “El joven Hegel” de Lúkacs, con quien coincidía en que el marxismo no puede ser una excusa para no comprender la propia historia y realidad. Puiggrós nunca lo usó como excusa y fue lo que seguramente le brindó en sus más de 30 libros la comprensión y brillantez de nuestra historia nacional.

 

Quizás, como sostiene Bobbio en La duda y la elección, si bien hay un hiato difícil de colmar entre intelectuales y políticos, que se restringe en momentos excepcionales, Puiggrós ha realizado política de la cultura más que política de los políticos. Y hacer política de la cultura es siempre a largo plazo. Como cualquier cultivo se debe esperar los tiempos de la cosecha y no “turbarse” ni desviar su camino por las tempestades o por las derrotas inmediatas. Rodolfo nunca cambió su camino a pesar de las persecuciones, las derrotas circunstanciales y las tempestades políticas y cosechó un batallón de discípulos.

 

Para los intelectuales y académicos de mi generación, Puiggrós seguirá siendo nuestro Maestro.

Ana Jaramillo


 

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