EL ESTADO DE SITIO INFECTOLÓGICO, EL MIEDO AL OTRO, Y LAS DENUNCIAS. POR ANA JARAMILLO

Los que peinamos canas o las teñimos, recordamos los estados de sitio desde niños cuando se llamaban revoluciones, como la supuesta Libertadora, los cambios de mando de los generales en el poder, fundamentalmente los que éramos  jóvenes, la de Onganía en las universidades, y la más feroz y sangrienta, el golpe de Estado de Videla y la consiguiente dictadura.

Todos los golpes de Estado fueron para derrocar a los gobiernos democráticos, para cambiar de rumbo socio económico a fuerza de fusilamientos, asesinatos, desapariciones de 30.000 personas, haciendo del terrorismo de Estado una pandemia en toda Nuestra América para instalar o reinstalar el modelo neoliberal.

¿Qué les pasaba a los vecinos? Tenían miedo o angustia, que terminaban en suicidios o en delaciones de sus propios vecinos y terminaban diciendo “algo habrán hecho” y últimamente “vino alguien a su casa”, “no respeta la cuarentena”, “quizás tiene el virus”, etc.

El miedo es mal consejero, y la cuarentena produce otros males y otras enfermedades como la depresión, la angustia, la tristeza colectiva, que abusan de psicofármacos y luego se enferman de verdad mirando la televisión y otros medios de comunicación que van contando la cantidad de contagiados y muertos.

Como sostienen los epidemiólogos del Instituto de Salud Colectiva de la Universidad Nacional de Lanús,  hay que salir de la cuarentena en su medida y armoniosamente, diríamos nosotros, para poder vencer al miedo, con solidaridad con los otros.

El colmo de esta situación son los que no quieren a los médicos y enfermeras que vayan a descansar a sus casas porque pueden estar infectados por el virus, cuando están en primera línea de fuego en los hospitales y sanatorios combatiendo al enemigo.

Los aplausos merecidos a nuestros héroes del momento, no acallan las denuncias  de los vecinos que no se preguntan por qué están sin cuarentena los periodistas o los que están en la trinchera gestionando instituciones de salud o de educación o llevándoles comidas a los aislados, o trabajando para el bien común o en los supermercados o en los bancos etc.

Todavía creemos que, como dijo Oesterheld, que el único héroe es el héroe colectivo. Sin embargo lo asesinaron a él y a toda su familia.

Si nofuera así terminaríamos como pasó en Alemania en la segunda guerra, con la carta atribuida al poeta Bertold Brecht pero que es del pastor Martin Niemöller. Ya nos alertó el Papa Francisco: “nadie se salva solo”. Las recetas del neoliberalismo justamente es sálvese quien pueda en materia de economía.

Nadie se preocupa parece de los muertos de otra pandemia en Nuestra América, como la muerte  de sarampión o tuberculosis y otras infecciones ya resueltas por la investigación científicas.

Menos aún existe la preocupación institucional y colectiva por muertos de hambre o de frío por vivir en la calle, con sus familias por desocupación como en la ostentosa de su riqueza, la Ciudad de Buenos Aires.

Tampoco se preocupan por quienes son solidarios dando de comer en los comedores escolares o de los que atienden alimentariamente en comedores colectivos de la comunidad.

Tampoco, a pesar de que según el Segundo Censo Popular en la Ciudad de Buenos Aires hay 7251 personas en situación de calle y los y las trabajadores de Buenos Aires Presente BAP pidieron que se abran los dispositivos de emergencia que no están habilitados. Parecería que no se entiende que hay adultos mayores y niños y niñas que carecen de higiene, comida y techo y no constituyen sólo personas en riesgo individual, sino colectiva.

Por eso, queremos enfatizar, que se denuncia a partir del miedo al otro, (por ejemplo a una médica en un edificio), pero son pocos los que combaten la pobreza extrema y la pandemia de la pobreza.

Por eso volvemos a citar a la carta atribuida a Bertold Brecht que es del Pastor luterano Martin Niemöller (1892-1984) en su sermón de Semana Santa en la ciudad de Kaiserslautern (1946), titulado “¿Qué hubiera dicho Jesucristo?”

“Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas/guardé silencio/ porque yo no era comunista./ Cuando encarcelaron a los socialdemócratas/ guardé silencio/ porque yo no era socialdemócrata./ Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas/ no protesté/ porque yo no era sindicalista. /Cuando vinieron a llevarse a los judíos/ no protesté/ porque yo no era judío. Cuando vinieron a buscarme/ no había nadie más que pudiera protestar.”

Con la caridad no alcanza, las instituciones deben resolver un Nunca Más para pocos sino para una comunidad que debe resolver que todos y todas tendremos que vivir con dignidad y que sólo lo podemos encarar entre todos y todas.

 

Ana Jaramillo

 

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