Perón: entre la competencia y la cooperación. Parte Primera. Por Francisco José Pestanha. * Exclusivo para UPCN . Prohibida su reproducción

Perón: entre la competencia y la cooperación.

Por Francisco José Pestanha. *

“TODA COSA PROSPERA CUANDO LOS HOMBRES PIERDEN EL AMOR PROPIO Y SÓLO QUEDA LO COMÚN”

TOMMASO CAMPANELLA

 

Prohibida su reproducción

 

A esta altura de las circunstancias, resulta más que formidable el conglomerado de obras que nutren el espacio textual vinculado a las condiciones históricas, sociales, geopolíticas y culturales que circundaron al surgimiento del primer peronismo. Situación similar ha acontecido respecto al núcleo de acciones, políticas públicas y realizaciones que llevó a cabo desde el gobierno un movimiento que, aún hoy, sigue despertado el indudable interés de investigadoras e investigadores académicos/as, escritores/as, periodistas y ensayistas. Así, constantemente, fluyen referencias escritas a dicho período no sólo en nuestro país sino también en el extranjero que intentan adentrarse en las múltiples facetas que abarca este excepcional fenómeno político y cultural acontecido en nuestra patria a mediados del siglo pasado.

No obstante, a nuestro entender, existen algunos vacíos substanciales en cuanto a ciertos fundamentos teóricos que motivaron y caracterizaron los inicios de la vida pública de Juan D. Perón que nítidamente se remontan a su activa participación en la logia Grupo Obra de Unificación (GOU) que protagonizó la revolución del 4 de junio de 1943.

A partir de este texto, deseo hacer una brevísima mención a determinadas concepciones y presupuestos no del todo explícitas en aquella época, que Perón tuvo en la mira al elegir aquel “puesto menor” para integrar el gobierno revolucionario. Me refiero al Departamento Nacional del Trabajo devenido a partir del Decreto N° 15.074 (27 de noviembre de 1943) a Secretaría de Trabajo y Previsión contando ya con la activa participación de dos figuras claves: Juan Atilio Bramuglia y José Figuerola, etapa clave sin la cual, probablemente, no hubieran podido sortearse los diversos y complejos obstáculos que se le presentaron no solo hasta su definitiva consagración en 1946, sino, especialmente, en los tiempos posteriores donde hubo de conducir los destinos del estado Argentino.

A ciertos interrogantes que rodean el cúmulo de ideas que compusieron el pensamiento de Perón, debe adherirse la circunstancia que, como sostenía nuestro recordado Armando Poratti, cada texto de Perón es momento de una acción presente y/o futura, manifestándose de esta forma una original imbricación entre filosofía y acción que, según el autor, “(…) resulta en nuestra América de su mismo carácter esencial de mestizaje”[1]. A ello debe agregarse la circunstancia que, uno de los principios a los que apeló en su original teoría sobre la conducción política, fue la selección de los tiempos del decir y del hacer.

El movimiento obrero, al momento de emerger el primer peronismo, se encontraba en un notorio proceso de crecimiento, pero a la vez de atomización. De crecimiento, en virtud de que a partir de la fundación de la Unión Tipográfica Bonaerense en 1878, el proceso de autorganización de la fuerza de trabajo fue creciendo al calor no sólo de las ideas que provenían de la vieja Europa donde la tensión principal se encontraba entre el capital y el trabajo, sino además, y en forma paulatina, a partir de las vindicaciones que acompañaban dichos momentos de incertidumbre y de una nueva sensibilidad que fueron caracterizando la conformación de una masa numeral y heterogénea que buscaba amalgamarse a partir de la particular experiencia conformativa de nuestro país.

Lo mestizo, lo Multígeno (Raúl Scalabrini Ortíz), lo diferente (Leopoldo Marechal) se fue entrelazando en una coexistencia vital que dio forma a un modo específico y original de comunidad tal como la describieron los escritores, escritoras y artistas más lúcidos del país y consagrando un tipo especial de constitución de las organizaciones de trabajadores a partir de una categoría esencial no lo suficiente estudiada aún: las Organizaciones Libres del Pueblo. Además, el lento pero inexorable camino hacia la autoconciencia de nuestra situación de colonialidad indirecta respecto al Reino Unido de la Gran Bretaña, fue incorporando un factor central en la conciencia y la acción de las organizaciones de trabajadores y trabajadoras.

Respecto a estas últimas y con relación a la importancia de la fuerza de trabajo en los países periféricos, resulta de vital importancia traer aquí una de las expresiones más significativas de Perón respecto a la relación entre el trabajo y el capital. Así, en el discurso del primero de mayo de 1952 el ex presidente expresó enfáticamente “(…) Para el capitalismo, la renta nacional es producto del capital y pertenece ineludiblemente a los capitalistas. El colectivismo cree que la renta nacional es producto del trabajo común y pertenece al estado (…) porque el estado es propietario total del trabajo y del capital. La doctrina peronista sostiene que la renta nacional es producto del trabajo y pertenece por tanto a los trabajadores que la producen. El estado sólo juega en la tarea distributiva cuando el capital no cumple directamente con su función social en relación con el trabajo”[2].

Entonces, si la renta nacional para Perón era producto del trabajo, no debe asombrar que la prioridad política, al momento de la consolidación del gobierno revolucionario del año 43, debía orientarse hacia la fuerza del trabajo. Esa es justamente la principal actividad que desarrolló Perón durante el período previo a su presidencia. Tal actividad podría sintetizarse en la promoción y el fortalecimiento de la organización de la fuerza del trabajo.

Todas y cada una de las acciones en esa materia, reitero, estuvieron orientadas en forma de política pública, hacia el fortalecimiento de la fuerza del trabajo como sustento y sustrato básico de la edificación de una nueva Argentina. La acción de Perón y su equipo, el que además estuvo integrado por la vital impronta de Domingo Mercante, no estuvo exclusivamente centrada en la sanción de normas y regulaciones que fortalecieron a las organizaciones sindicales, sino además, a partir de una prédica mediante la cual fue cobrando fuerza la idea de un Estado promotor tal como lo concebía el ex presidente.

Pero a la vez Perón, tenía una particular visión respecto a las fuerzas que se manifestaban tanto en las relaciones humanas como en las de la naturaleza. Si bien se han escrito numerosas obras respecto a los autores que habrían influido en su pensamiento y más allá de su propio reconocimiento, es sabido que en su recorrido intelectual resulta altamente probable que hayan mediado, entre otros, los utopistas; y a partir de ello podemos observar que la unificación de la fuerza del trabajo no solamente tenía el objetivo de promoverla como auténtica generadora del capital y, en tanto, de la renta nacional.

Ello es así en virtud de que en cientos de apreciaciones del ex presidente, se observa la presencia de una orientación naturalista que, probablemente, haya sido el resultado de su propia experiencia de vida y su afición a la observación. Sin embargo, no resulta para nada extraño que la no muy difundida obra del utopista Tomasso Campanella, La ciudad del sol, donde el autor expone su interesante teoría de la animación universal, haya coadyuvado con tal concepción naturalista.

En tal sentido, de nuestras lecturas sobre el pensamiento de Perón aparece reiteradamente una idea muy particular de “armonía”. Pero ¿la armonía entre qué, o entre quiénes?

Entendemos que el ex mandatario presuponía, respecto a la dinámica universal, la existencia de dos dimensiones: la de la cooperación y la competencia. Para él, ambas coexistían en el universo en una tensión dinámica. Si observamos la citada obra de Campanella, y en especial,  en el prólogo a la obra escrito por el extraordinario filósofo Rodolofo Mondolfo, descubriremos una reflexión que, llamativamente, coincide con las percepciones del extinto conductor del peronismo (…) “en esa animación universal, las relaciones entre los seres son de diferencia y de unidad al mismo tiempo: cada uno lucha por su propia conservación, pero de este modo coopera con la conservación del todo; así, de los conflictos, surge la armonía universal”[3]

Esta concepción resulta de vital importancia para la compresión del fenómeno peronista. La armonía representará, para Perón, el equilibrio entre la cooperación y la competencia; ésta última potenciada durante épocas por una doctrina de Estado que, concluidas las guerras civiles, promovió un individualismo filosófico orientado hacia la exacerbación de las virtualidades de un sujeto autosuficiente y autocentrado, que sembraba una clara desorganización de una comunidad que aspiraba a constituirse como tal en las condiciones casi únicas, como bien describiera Raúl Scalabrini Ortiz en el recordado texto Yrigoyen y Perón; y que puede sintetizarse en la siguientes menciones: “… en la amalgama de aportes inmigratorios y de elementos primigenios de la tierra se acelera en esa inusitada unidad en que se funden sin esfuerzo el residente de larga fecha y el recién venido que asiste con azoro a la transmutación de sus intimidades más celosas (…) y además el ser de orígenes plurales, tiene brechas abiertas hacia todos los horizontes de la comprensión tolerante. En cada dirección de la vida, hay un antecedente que le instruye en una benigna coparticipación de sentimientos. Nada de lo humano le es ajeno. Nada humano le sorprende y asiste al espectáculo de la vida como si todo hubiera sido suyo”[4].

Esa comunidad que tan brillantemente describe Scalabrini como enunciamos aspiraba a organizarse, a trasmutar de masa numeral a pueblo organizado. Pero para tal fin el rol de la política debía concentrarse hacia la promoción del equilibrio entre fuerzas opuestas y a la vez complementarias. Y ello no solamente requería de una intervención estatal, sino además, de una filosofía derivada de una autèntica antropología del amor de carácter unitivo como la que formuló el justicialismo.

Lamentablemente, el análisis y la compresión del interesantísimo cúmulo de ideas que, entre otras, permitió al peronismo realizar un gobierno único en la historia, sigue ausente en los cenáculos científicos, pero también en los escasos ámbitos de formación de dirigentes.

 

Francisco José Pestanha es Director del Departamento de Planificación y Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Lanús.

[1]Poratti, Armando:Perón filósofo. En www.nomeolvidesorg.com.ar.

[2]Perón, Juan Domingo: Discurso del 1 de mayo de 1952. Diario de sesiones de la Cámara de Senadores de la Nación. Mayo 1 de 1952. Pág. 17.

[3]Mondolfo, Rodolfo: Prólogo al libro “La ciudad del Sol” de TomassoCampanella. Editorial Losada Buenos Aires. 1952.

[4]Scalabrini Ortiz;Raúl:“Yrigoyen y Perón”, Editorial Plus Ultra, 1972.

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