Leopoldo Marechal y su Megafón: Batallar desde abajo. Facundo Di Vincenzo[1]

Leopoldo Marechal y su Megafón: Batallar desde abajo.

 

Facundo Di Vincenzo[1]   

 

 

  1. Introducción:

 

El poeta, ensayista, novelista y dramaturgo[2], Leopoldo Marechal (Villa Crespo, 1900-1970), además de un centenar de poemas y obras de teatro, escribió tres novelas voluminosas: Adán Buenosayres (1948), El banquete de Severio Arcángelo (1965) y Megafón o la Guerra (1970). Dicen algunos de sus estudiosos y estudiosas (Eduardo Romano, Ángel Nuñez, María de los Ángeles Marechal)[3], que la primera de estas novelas se comenzó a escribir unos dieciocho años antes de su publicación.

 

Como historiador y lector apasionado de la literatura argentina de la primera mitad del siglo XX, observo que Leopoldo Marechal comienza a escribir su primera novela en el momento en el cual otros autores y pensadores también escriben sobre la crisis política, económica, espiritual, cultural y social imperante hacia fines de la década del 20´ del siglo pasado.

 

También encuentro que como otros de su tiempo, tuvo la cualidad de hablar de las luchas y reclamos de los trabajadores durante la llamada Semana Trágica (1919) en El banquete de Severio Arcángelo. Marechal supo retratar en su Adán Buenoayres los oscuros tiempos de la “década infame”[4] (1930-1943), con su embestida política, económica, cultural e ideológica promovida por un sector dirigente oligárquico y pro británico contra las tradiciones nacionales y populares del país. En ese sentido, como promotor de un numen[5] Nacional perceptible en el Adán Buenosayres, formó filas en la reacción a esa década semi colonial, apoyando a la Revolución de los Coroneles de 1943, recuerda Marechal: “Nos creíamos realizadores de un movimiento histórico”. También como otros muchos, estuvo en la Plaza de Mayo aquel 17 de octubre de 1945, comenta Marechal:

“Era muy de mañana, y yo acababa de ponerle a mi mujer una inyección de morfina (sus dolores lo hacían necesario cada tres horas). El Coronel Perón había sido traído ya desde Martín García. Mi domicilio esa este mismo departamento de la calle Rivadavia. De pronto, me llego desde el oeste un rumor como de multitudes que avanzaban gritando y cantando por la calle Rivadavia: el rumor fue creciendo y agigantándose, hasta que reconocí primero la música de una canción popular, y enseguida la letra: “Yo te daré, / te daré, Patria hermosa, / te daré una cosa, / una cosa que empieza con P. / ¡Perooón!. Y aquel “Perón” resonaba periódicamente como un cañonazo. […] Me vestí apresuradamente, bajé a la calle y me uní a la multitud que avanzaba a la Plaza de Mayo. Vi, reconocí y amé los miles de rostros que la integraban: no había rencor en ellos, sino la alegría de salir a la visibilidad en reclamo de su líder. Era la Argentina “Invisible” que algunos habían anunciado literariamente, sin conocer ni amar sus millones de caras concretas, y que no bien las conocieron les dieron la espalda. Desde aquellas horas me hice peronista.”[6]

 

Tras el Golpe cívico militar de 1955 sufrió las consecuencias de apoyar al gobierno democrático de Juan Domingo Perón. Toda su obra fue proscripta a partir de la dictadura de Eugenio Aramburu, excluyéndola de los manuales de literatura y librerías[7]. Él mismo se definió como “el poeta depuesto”. Entre 1955 y 1970 Marechal resistió como pudo y con lo que pudo. Megafón o la Guerra, su última novela en su último año en esta tierra, es una novela que expresa el derrotero de los que soñaron, lucharon y resistieron en aquellos oscuros años.

 

La historiadora Susana Pereyra afirma: “Pocas veces a lo largo de la historia los argentinos vivieron una época de crisis tan profunda como la de 1930.”[8] Leopoldo Marechal escribe durante el ocaso de los proyectos de Nación promovidos por los llamados “padres fundadores de la nacionalidad Argentina”: Bernardino Rivadavia, Domingo Faustino Sarmiento, Bartolomé Mitre, por mencionar algunos. Como señalan varios autores y Pensadores Nacionales[9], estos hombres estaban imbuidos en una cosmovisión[10] liberal[11], dependiente económicamente de Gran Bretaña y euro situada en materia ideológica, cultural y académica. Autores, pensadores, gobernantes y políticos que bajo los patrones de “Civilización o Barbarie” se enajenaron de la tierra que los había visto nacer[12]. Sostenían una cosmovisión que flotaba en el aire, en el sentido de no estar arraigada en el suelo ni en la historia y tradiciones de estas tierras. Idea que promovía elementos culturales ajenos al pueblo que habitaba estas regiones bajo la cruz del sur, sin embargo, al ser la cosmovisión que guiaba a los gobernantes habitaba en las políticas educativas: escuelas, colegios, universidades[13].

 

El Filósofo y Pensador Nacional, Alberto Buela (Buenos Aires, 1946) afirma: “La cosmovisión liberal (el radicalismo alverizado, el conservadorismo, el demoprogresismo, etc.) está representada por los “satisfechos del sistema”, su renuencia histórica no es necesaria porque está oficializada. […] entienden lo nacional de acuerdo a su capricho subjetivo (individualismo) y en función de sus conveniencias.”[14]

 

Leopoldo Marechal nació en un barrio de “insatisfechos del sistema”. El mismo Leopoldo Marechal provenía de una familia de militantes y trabajadores. Frente a la pregunta sobre como era su hogar, respondía: “Era modesto. Mi padre fue un mecánico excelente  y mi madre, una excelente ama de casa”.[15] Su padre, Alberto, era uruguayo de Carmelo, mecánico que no había pasado por la escuela, un autodidacto, que le fabricaba los juguetes a sus hijos.[16] Su madre, Lorenza Beloqui, era porteña. La parte militante y revolucionaria, que emergerá primero en la Revolución de los Coroneles de 1943 y luego durante el desarrollo del Movimiento Popular y Nacional liderado por Juan Domingo Perón, proviene del abuelo paterno, dice Leopoldo Marechal: “No conocí a mi abuelo paterno, que también se llamaba Leopoldo: murió tempranamente en el Carmelo. Pero conocía su leyenda: natural de París, y siendo un adolescente, formó parte del grupo revolucionario de La Comnune; derrotado el movimiento, emigró con otros al Uruguay en espera de que un cambio de régimen favoreciera su retorno.”[17] Luego agrega: “Me dejo como herencia el gusto por la lectura, el fervor revolucionario y el paso corto y rápido de la infantería francesa.”[18]

 

Contar su historia y la de otros insatisfechos del sistema fue probablemente lo que más preocupó y ocupó a Leopoldo Marechal. En otras palabras: la búsqueda, exposición e irradiación de una esencia Nacional y Popular. No podría ser de otra manera, por la historia familiar, su escritura es una escritura permeable al acontecer social de su tiempo. De allí un profundo problema, ya que su escritura toma el sentido de una tarea, se convierte en una misión, porque como se ha dicho, la esencia Nacional no se encontraba en la escuela ni en las universidades, más bien, todo lo contrario.

 

  1. Batallar desde abajo. De la Semana trágica a la Revolución de los Coroneles          

 

Hacia fines de los años 20´ los problemas para los sectores que promovían la Cosmovisión Liberal y Progresista se empeoran, en consecuencia, se agudizan las condiciones de los trabajadores y trabajadoras. Sí con la Gran Guerra (1914-1918) el modelo agroexportador, bastón económico de los sectores que detentaban el poder desde la ciudad puerto Buenos Aires había tambaleado, con la crisis de Wall Street (1929) y la consecuente retracción de los mercados extranjeros asociados al sector productivo terrateniente, la crisis es profunda[19]. La estructura de Argentina cruje, los reclamos por mejores condiciones laborales se acrecientan en y Buenos Aires (Talleres Krieger Vasena, 1919), Chaco (La Forestal 1919-1921) y Patagonia (Patagonia Rebelde, 1920-1922)[20].

 

En la llamada Semana Trágica, por ejemplo, una huelga por mejores condiciones, reclamos por despidos y suspensiones iniciada en las oficinas de la Metalurgica Vasena ubicadas al sur de la Ciudad de Buenos Aires, en el Barrio de San Cristóbal, desencadenó una serie de destrozos y asesinatos por parte de la policía y grupos de civiles (Liga Patriótica)[21] en varios barrios de trabajadores (Avellaneda, San Cristobal, Montserrat) causando centenares de muertos y heridos.

 

Leopoldo Marechal en su novela El banquete de Severo Arcángelo recupera este episodio, en un diálogo que el “Terrible Fundidor, Severo Arcángelo” (Pedro Vasena, dueño de la Metalúrgica) mantiene con el uno de los personajes de la novela, Impaglione, escribe Marechal:

 

“–Yo, desde los ocho años, tosté mi cuerpo y mi alma en aquel horno de fundir metales. Impaglione, cuando uno vive junto a un horno, ¿se le quema solamente la grasa?

–No, señor –vocalizó Impaglione–. También a uno se le quema toda la frescura de adentro.

–¿Las frescas humedades, los verdores del alma?.

– Tal cual –aseveró Impaglione

–.Lo tierno se quema junto a un horno de fundición […] – ¡Derrotar el acero! Para ello tuve que acaudillar a miles de hombres, hacerles quemar sus grasas externas y sus frescores íntimos, junto a los hornos que nos devoraron como antracitas […]

Severo Arcángelo pasaba sus días y sus noches junto a los hornos de Avellaneda: él no pudo mirar la cara de su mujer, ni oír sus risas ni sus gritos de parto, ni restañar sus lágrimas de soledad ni el sudor tranquilo de su muerte. ¡Severo Arcángelo fundía metales, él y sus mil hombres que tampoco llegaron a conocer el sonido y el color de sus mujeres! […] Severo Arcángelo tuvo dos hijos. Pero él no se alejaba de sus laminadoras; y no los vio nacer y crecer […] porque Severo Arcángelo vigilaba sus hornos, él y los mil hombres carbonizados que también se perdieron la gracia de sus hijos”.[22]

 

Como ha demostrado en varios volúmenes el historiador Norberto Galasso[23] (Buenos Aires, 1936), siempre hubo pensadores, pensadoras, autores y autoras que escribieron sobre los problemas sociales de su tiempo, que él define como “Los malditos”. Leopoldo Marechal integra este in-selecto grupo que Galasso intentó e intenta recuperar. La palabra de los negados por la llamada “Historia Oficial”, ese mundo -campo, intelectual y académico- que silencio y/o margino las voces y expresiones de quienes no se adecuaban a los dictámenes de una vanguardia que tenía el corazón muy lejos de estas tierras. Las “historias de esas vidas de perros”[24], que narraban el acontecer de las “multitudes”[25] y las vivencias de los “malditos”[26], “pobres”[27], “larvas”[28] y  locos[29] fueron borradas de las antologías, selecciones y compilaciones del pensamiento argentino, la literatura o la cultura argentina. O peor aún, fueron rotuladas como reacciones de francotiradores que expresaban “las contradicciones del sistema de sistema”, “las repercusiones de la Revolución Rusa” o “las condiciones de explotación de los trabajadores hacia la época”, en resumen: eran “los modernos intensos” de una modernidad periférica, como así los señalan los Oscar Terán[30], Carlos Altamirano[31], Beatriz Sarlo[32], David Viñas[33], Leticia Prislei[34] o Tulio Halperin Donghi[35],

Estos autores y autoras del campo académico e intelectual realizaron una extraña operación de alquimistas, en donde las historias que hablaban de acontecimientos, incidentes o experiencias de los sectores populares y mayoritarios se convertían en expresiones de las minorías, de los suburbios. Ubicados en su torre de marfil[36] donde se veía pequeños a los gigantes, trazaron la historia de lo que ellos veían desde allí sin ocuparse de preguntar cómo se vivía allí abajo.

 

Las voces de escritores, dramaturgos, periodistas, poetas y militantes como Leopoldo Marechal, Roberto Arlt (Buenos Aires, 1900-1942), Elías Castelnuovo (Montevideo, 1893-1982), Leonidas Barletta (Buenos Aires, 1902-1975) o Nicolás Olivari (Buenos Aires, 1900-1966), cuando eran rescatadas por estas/os estudiosas/os, eran ubicados en la misma repisa en donde se acomodaban los libros de Victoria Ocampo, Adolfo Bioy Casares, Jorge Luis Borges o Ezequiel Martinez Estrada, sin considerar que tal discusión o cruce sólo existía en su torre de marfil, “los de abajo”, tenían otras motivaciones e inspiraciones. “Los malditos” se habían encomendado la misión de narrar la historia de los y las que trabajaban en estas tierras, buscaban recuperar las tradiciones populares, en fin, una cosa es que hayan sido silenciados en su tiempo, con un acontecer político adverso y otra diferente, es no recuperarlos hoy, o peor aún, recuperarlos como no se debe, ¿o deberíamos pensar que esas fuerzas oscuras, como fantasmas del 30´, siguen operando actualmente?

 

Los malditos. Del Grupo de Boedo a lo Martinfierristas

 

Si bien al principio (1890-1930), como señala el Cientista político, historiador y amigo, Marcos Mele[37], los malditos que escribían sobre los insatisfechos eran pocos, contados con los dedos de una mano, una suerte de “francotiradores”, como Manuel Ugarte[38] (Buenos Aires, 1875-1951), Ramón Doll (La Plata, 1896-1970), Elías Castelnuovo[39], Leonidas Barletta (Buenos Aires, 1902-1975) o Scalabrini Ortíz (Corrientes, 1898-1959), hacia las primeras décadas del siglo XX estas voces se multiplican. Afloran los autores que exteriorizaban sus vivencias, un verdadero trabajo de campo, una suerte de labor antropológica recopilada en las calles en sus recorridos a corazón abierto.

 

Bajo el contexto de crisis de los 30´, aumentan las intervenciones que estudian diferentes nociones como las de colonización cultural, política e ideológica, se revisa la historia y se exploran temas vinculados con la Patria, Nación y la idea de lo popular, que en muchos casos aparece bajo el término de “Cuestión Social”, “Pueblo”, “Sociedad”. En resumen, sobran los ejemplos de los que claman por una transformación de las estructuras de la Nación Argentina advirtiendo sobre la infiltración de elementos ajenos, colonialistas, que corroen la esencia Nacional.

 

Como en otras épocas de la historia, en muchos casos no son los especialistas en economía o en política quienes anticipan, avizoran o responden a la decadencia. Más bien son los trabajadores, militares, docentes, poetas, sacerdotes, escritores/as, pintores/as y algunos/as pensadores/as, quienes probablemente más sensibles al ritmo de su época y cercanos/as al sentimiento de los pueblos, suelen ser los que primero advierten los síntomas de la caída. Quizás, porque los especialistas, con sus métodos y disciplinas, se encuentran encadenados al mundo que se derrumba impedidos de una segunda lectura de lo que ocurre en su época.

 

El periodista, poeta, escritor, ensayista y diplomático durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón (1945-1951), Manuel Ugarte (Ciudad de Buenos Aires, 1875-1951), escribía en 1924:

 

“No es indispensable anexar un país para usufructuar su savia. Los núcleos poderosos sólo necesitan a veces tocar botones invisibles, abrir y cerrar llaves secretas, para determinar a distancia sucesos fundamentales que anemian o coartan la prosperidad de los pequeños núcleos. La infiltración mental, económica o diplomática puede deslizarse suavemente, sin ser advertida por aquellos a quienes debe perjudicar, porque los factores de desnacionalización no son ya, como antes, el misionero y el soldado, sino las exportaciones, los empréstitos, las vías de comunicación, las tarifas aduaneras, las genuflexiones diplomáticas, las lecturas, las noticias y hasta los espectáculos.”[40]

 

 

El escritor, pensador, ensayista, poeta y animador de uno de estos grupos, Raúl Scalabrini Ortíz, escribía en 1930:

 

“Hasta el año 1929, la República Argentina vivía confiada en la ilimitada magnitud material de su porvenir. […] A nadie se le ocurría pensar que esa exuberancia visible podía no ser verdaderamente una riqueza argentina y menos aún, que ese enorme poderío, tan apresuradamente erigido, podía ser una muestra de flaqueza y no una energía de la nación. A nadie se le ocurriría investigar quiénes eran los dueños de esas usinas, de esos ferrocarriles  […] El país está en manos de capitales extranjeros que han obrado subrepticiamente escudados en sus denominaciones engañosas.”[41]

 

En Megafón o la guerra, en la voz del revisionista Dardo Cienfuentes, uno de los personajes de la novela, Leopoldo Marechal expone una reflexión sobre el derrotero del proyecto liberal, oligárquico y semi colonial de los sectores dominantes argentinos:

 

“-¿Qué cosa es un oligarquía?-Insistió Don Martín [El Gran Oligarca, personificación de la Oligarquía Argentina].

-El gobierno arbitrario de una clase que usufructuaba el poder en su beneficio. Un Patriciado construye: una Oligarquía destruye y se destruye. […]

-Y no pasarán al bronce de los héroes –dijo el historiador- Lo que importa es definir cómo un Patriciado naciente degenera en una Oligarquía final. Se dio el primer paso con una “distracción” y el segundo con una “deserción”.

-¿Distracción de qué? –Repuso el Gran Oligarca.

-De la escena propia, de los actores naturales, del estilo de vida en que se iniciaba el Patriciado. Naturalmente, no se habría caído en esa distracción si los ojos del Patriciado no se hubieran vuelto desde una interioridad viviente hacía una exterioridad ajena que lo tentaba. Y fruto de aquella distracción, el Patriciado entró en un complejo de inferioridad ante los estilos ajenos que lo llevó a desertar el suyo y a entregarse a una parodia ridícula de todo lo foráneo. […] Hubo una suerte de prostitución en aquel vuelco del Patriciado. Lo que intentó primeramente fue mimetizar una Aristocracia según el estilo europeo; y su parodia hizo reír a unos y llorar a otros.”[42]

 

En la década del veinte, Marechal comienza a estrechar vínculos con estos hombres que alzan la voz contra la dependencia económica, política y cultural, muchos de ellos provienen del llamado Grupo de Boedo, otros hacia la década del treinta formaran F.O.R.J.A. Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina[43].

 

Ambos grupos con diferentes exploraciones y acciones, denunciaron la injustica social, en libros, artículos y proclamas, pero también en poemas, cuentos y novelas, con personajes principales que  provienen de sectores sociales excluidos, marginados y explotados.  En diarios  y obras de teatro buscan fomentar la relación del “arte con las masas”. Leonidas Barletta en Los pobres (1927) o en Royal Circo (1930) habla de las peripecias que deben hacer los trabajadores y trabajadoras para llevar el pan de comida a sus hijos, historias de changarines, trapecistas y payasos, que en ocasiones acuden al trueque, crean cooperativas o fundan clubes de socorros mutuos: necesitados que encuentran razones para seguir atendiendo las necesidades de los otros. Elías Castelnuovo, él mismo, un obrero linotipista, narra los acontecimientos en donde estuvo presente y que constituyen parte de la historia de los trabajadores en el país, como el caso de la Semana Trágica (Los malditos, 1924). Nicolás Olivari, quien se dedicó a adaptar para la Radio la historia del Gaucho Hormiga Negra, intenta refundar el mito gaucho, posicionando la esencia Nacional sobre la tendencia afrancesada en el mundo de las letras argentinas.

 

En la mayoría de los casos no habían tenido la posibilidad de asistir a prestigiosos colegios como el Nacional Buenos Aires, tampoco tuvieron tutores en Paris como ocurría con otros literatos. Roberto Arlt, por ejemplo, inventor, periodista y novelista autodidacto, escribía mientras aprendía a escribir. Leopoldo Marechal  así lo describe: “Un hombre lleno de ternuras interiores y “un intuitivo” nato. En la redacción lo veía siempre a mi derecha tecleando con fiebre su máquina de escribir. De pronto me dirigía sus ojos claros y me preguntaba: “Ché, Leopoldito, ¿hombre se escribe con hache o sin hache?”.[44] En definitiva, por varias razones, venías de otros lugares, observaban otras cosas y escribía diferente de aquello que escribían “los satisfechos” y “no malditos”.

 

No fue casual entonces, que todos estos malditos se crucen en redacciones, librerías, teatros y calles, no eran personajes de “tertulias”. Sobre el encuentro con Raúl Scalabrini Ortíz comenta Marechal: “Conocí a Raúl en la librería Gleizer, que le editó los cuentos de La Manga; Lo hice incorporar a la falange de “Martín Fierro”. Por otra parte, no todo se resolvía en literatura: realizábamos exploraciones de los barrios y razzias punitivas […] como arrancar en la calle corrientes las chapas de los dentistas y parteras.”[45]

 

Durante la década de 20´, Leopoldo Marechal integro el grupo Martín Fierro, nucleado en torno a la Revista del mismo nombre, fundada entre otros por Evar Méndez -su director- (Mendoza, 1885-1955), Oliverio Girondo (Buenos Aires, 1891-1967) y Ernesto Palacio (San Martín, 1900-1979). También formaron parte Nicolas Olivari, Scalabrini Ortíz, Roberto Arlt, Macedonio Fernández (Buenos Aires, 1874-1952), Ricardo Rojas (San Miguel de Tucumán, 1882-1957) y Leopoldo Lugones (Villa María del Río Seco, 1874-1938). ¿Cómo definir a todos ellos? en línea general, todos nacionalistas, algunos más malditos e insatisfechos que otros, la mayoría radicales de Yrigoyen, todos revolucionarios (de izquierda o derecha, en las artes o en la política). Un grupo que  Marechal lo ha descripto como “un movimiento vital” y que cobró protagonismo en el mundo cultural durante los años 20´, principalmente por generar una vanguardia de arrabal como así también por su mirada burlona sobre los “supuestos” debates entre las corrientes literarias (Florida, Claridad-Boedo).[46]Sería absurdo considerarlo únicamente como un movimiento literario, los Martinfierristas excedían la dimensión literaria. Sus integrantes estaban atravesados por la política, pero no una política de partidos políticos, sino una política entendida como una acción implica discutir qué tipo de país se iba a dejar para el futuro. El historiador Adolfo Prieto señala que Evar Méndez decidió cerrar la revista para evitar ponerla al servicio de la campaña electoral de Hipólito Yrigoyen, como exigían algunos de los colaboradores.[47]

 

Tras el golpe cívico militar a Hipólito Yrigoyen sale a la luz la sustancia semi colonial y pro británica de los sectores que lo habían motorizado. Poetas, pensadores, periodistas Nacionales se agruparan para intentar intervenir en la opinión pública denunciando a la corrupción, el fraude y los negociados del gobierno y el sector oligárquico con el capital inglés. El alter ego de Marechal, en Megafón o la Guerra, le reclama al Viejo Oligarca: “Yo era un joven poeta, y frente al tio Cowley me declamaste la consigna: “¡Dios, Patria y Hogar!” Dios (y no creías en el); Patria (y la vendiste a los ingleses); Hogar (y has traicionado el tuyo por los ajenos).”[48] Algunos como Scalabrini Ortíz, lo harán desde la agrupación F.O.R.J.A, otros como Leopoldo Marechal, integrarán otros grupos nacionalistas, como el nacionalista católico Convivio  En interesante destacar que los autores que han trabajado el campo que llaman “intelectual” de estos años (Halperin Dongui, Sarlo, Terán, Altamirano) se han ocupado de marginar a estos grupos, en la mayoría de los casos directamente ni los mencionan. En cambio, Elias Castelnuovo resalta la importancia de estas agrupaciones que han funcionado como verdaderos salvavidas para los autores que intentaban darle voz a los insatisfechos. En una entrevista que le realizó el escritor Lubrano Zas a Castelnuovo en 1968, le comentaba:

 

“-Lubrano Zas: ¿Y de nuestros escritores y de los grupos actuales con respecto a los precedentes? ¿Hubo alguna continuidad?

-Elías Castelnuovo: Yo pienso que la continuidad adquirió nuevas formas sin modificar el fondo, partiendo de la base de los grupos más importantes existentes en mí época: Boedo y Forja, entre los cuales, Raúl Scalabrini Ortiz, el gran olvidado, fue el eslabón de enlace. De allí arrancó la levadura. Existe ahora una intelectualidad esclarecida, pujante, valiente, que procura reencontrarse con la Argentina que busca a través de la nacionalidad la emancipación de la Nación y a través de la Nación la unión de todos los pueblos de Latinoamérica. Gente que está revisando la historia nuestra para rescatar y transformar nuestra historia.”[49]

 

Leopoldo Marechal también habló sobre la importancia de estos espacios colectivos, dice: “Yo creo en los ángeles custodios. Los jóvenes intelectuales que asistían a los Cursos de Cultura Católica, expresaban desde años antes, su vocación por lo político, y constituyeron el primer baluarte del nacionalismo inteligente y lleno de propósitos.”[50]

 

Durante todos esos años Marechal alterno trabajos como bibliotecario y docente, viajo a Europa y público obras de teatro y libros de poemas hasta que la Revolución de 1943, como él dice: “Me llamó a la acción […] medí la intensidad revolucionaria de la obra que él entonces Coronel Perón estaba realizando en las clases populares, desde la Secretaría de Trabajo y Previsión. Algo se cocinaba en la olla hirviente de lo posible que es y debe ser un “país real”.”[51]

 

En los Gobiernos democráticos de Juan Domingo Perón ocupó cargos en el Ministerio de Educación, luego del violento golpe cívico y militar de 1955, renuncia a todos ellos. Su hija, Maria Ángeles Marechal, señalo que “Leopoldo comenzó a sentir el gran vacío que se producía en torno a él, amigos que le negaron el saludo en la calle, se le cerraron las puertas de la literatura en una especie de muerte civil”. Fue en esta época que Marechal se autodefinió como el “poeta depuesto”.[52]

 

Hoy entre sus muchos legados, nos queda por ejemplo, sus reflexiones en torno a la idea de Patria, que se intentará trabajar a continuación.

 

 

La idea de Patria en Leopoldo Marechal

 

El poema de Leopoldo Marechal “El descubrimiento de la Patria” de su libro Heptamerón (1966), propone una mirada humanista por lo antropológica, antropológica por lo humanista: escribe Marechal:

 

“Dije yo en la ciudad de la Yegua Tordilla / “La Patria es un dolor que aún no tiene bautismo”. / Los apisonadores de adoquines / me clavaron sus ojos de ultramar; / y luego devoraron su pan y su cebolla  / y en seguida volvieron al ritmo del pisón.

¿Con que derecho definía yo la Patria, / bajo un cielo en pañales / y un sol que todavía no ha entrado en la leyenda? / Los apisonadores de adoquines / escupieron la palma de sus manos:

en sus ojos de allende se borraba una costa / y en sus pies forasteros ya moría una danza.

“Ellos vienen del mar y no escuchan”, / me dije.  “Llegan como el otoño: repletos de semilla,

vestidos de hoja muerta. /”Yo venía del sur en caballos e idilios: / “La Patria es un dolor que aún no sabe su nombre”.

[…] La Patria no ha de ser para nosotros una madre de pechos reventones; / ni tampoco una hermana paralela en el tiempo de la flor y la fruta; / ni siquiera una novia que nos pide la sangre de un clavel o una herida.

[…]Yo la vi talonear los caballos australes, niña y pintando el orbe de sus juegos. / La Patria no ha de ser para nosotros nada más que una hija y un miedo inevitable, / y un dolor que se lleva en el costado sin palabra ni grito.

[…] “La Patria era una niña de voz y pies desnudos. / Yo la vi talonear los caballos frisones […] / (Los hombres de mi estirpe no la vieron… […]

[…] / “La Patria era un retozo de niñez

[…] / Yo la vi junto al fuego de las hierras

[…] / No la vieron los hombres de mi clan…[…]

[…] Por eso, nunca más hablaré de la Patria.”[53]

 

Principalmente por este poema, se han escrito varios textos sobre la idea de la Patria para Marechal. A diferencia de los análisis que han hecho autores y autoras como María Rosa Lojo[54], Eduardo Edwards[55], Graciela Maturo[56] o Carlos Salanes[57] en donde se alude a que su idea de Patria surge de elementos “más sensoriales que racionales” (Edwards), se funda a partir de una “identidad plural e inédita para argentina” (Lojo), se liga con una misión de los poetas relacionada con  la acción de iluminar y “despertar a sus compatriotas” (Maturo), o surge a partir de una idea de comunidad que le es negativa a su idea de Patria (Salanes), observo otras cuestiones que cimentan la idea de Patria en Leopoldo Marechal.

 

Desde mí lectura, el poeta argentino, ya depuesto hacia 1966, escribe este poema en donde relata un episodio que le ha ocurrido caminando las calles de Buenos Aires. Marechal envuelto en sus cavilaciones se topa con los apisonadores de adoquines, inmigrantes, con “ojos de ultramar”. Como primera reacción les dice que la “Patria es un dolor que no tiene bautismo”, aunque después, en un segundo momento, se llama al silencio, como comprendiendo que a pesar de esa pre concepción de lo que es Patria, ahí también, en esos hombres que cubrían de adoquines el suelo de la ciudad, estaba frente a la Patria, de allí el nombre del poema, “el descubrimiento de la Patria”.

 

En sus tres novelas y en varios de sus libros de poemas como Cinco poemas australes (1937)[58], Canto a San Martín o cantata Sanmartiniana (1950)[59] o en  Heptamerón (1966), donde aparece el poema ya citado, encuentro que la idea de Patria para Marechal no surge desde algún lugar de su conciencia. Eso no quiere decir que la idea de Patria sea concebida como algo externo, que él no posee, todo lo contrario. Observo que en Marechal la Patria es algo colectivo, compartido, vivenciado con otros y a través de los otros. El poeta depuesto construye sus obras con personajes de su barrio, de estas tierras. Ellos hablan y tejen sus visiones del mundo, son textos con muchas voces, en su mayoría de trabajadores y trabajadoras, filósofos de cafetín, seres errantes, algunos desesperados, otros sacrificados, en pocas palabras: malditos e insatisfechos. Por momentos en sus novelas y poemas el narrador de sus obras (su alter ego de turno) asume el rol de etnólogo, en el sentido de narrar o reflexionar sobre lo que él ve, sobre sus interacciones que tiene con “los otros”. Encuentro que en “El descubrimiento de la Patria”, por ejemplo, el dolor no radica en una idea de Patria que él no encuentra en los apisonadores de adoquines, sino que el dolor nace por no haber reconocido en un primer momento que esos rostros son parte de la Patria. De fondo, observo que aparece el planteo: ¿Quién so yo para cuestionarlos sobre si son o no parte de la Patria? Unos cuantos años antes, en su Adán Buenosayres de 1948, tiene la misma tesitura. En unos de los pasajes en donde los personajes de aquel viaje discuten sobre temas que refieren a la nacionalidad argentina, escribe Marechal:

 

“Un jirón de viento, llegado quién sabe de qué lejanía, azotó de pronto la cara de los héroes y los embarcó en diversas conjeturas: Adán Buenosayres, que todo lo veía en imagen, lo tomó por el mismo resuello de la pampa; en cuanto a Samuel Tesler, declaró respirar en aquel soplo una “enorme frescura de diluvio” […] por su parte Del Solar, aspirando el viento como si lo bebiera, no tardó en reconocer el olor de las parvas fragantes, el de los rastrojos en abril, el de las cascarrientas majadas, el de los trebolares húmedos. […] Lo cierto era que todos, con orgullo legítimo, acariciaban la noción de aquella Patria inmensa, de aquella Patria desnuda y virgen, de aquella patria niña y como brotada recién de las manos de su Creador.”[60]

 

Otra vez, la importancia de la comunidad en la construcción de una Patria es fundamental. Para Marechal la Patria implica lo vital, lo existente. Ahora bien, claro está, su idea de Patria es una ruptura con el campo académico y cultural dominante de su época (incluso en algunos espacios académicos  y culturales puede ser disruptivo hoy), que poseen otra idea de Patria, creada por un Nacionalismo  liberal y oligárquico de tradición iluminista – europea. Una idea de Patria inhallable en la comunidad, porque no se origina del sentir de los trabajadores y trabajadores del suelo argentino sino que fue el resultado de la voluntad de un sector de la sociedad, de quienes detentaban el poder político y cultural. Fue un artificio, del latín artificium, “del arte de hacer”. Un objeto creado para un determinado fin, una abstracción, una operación que disocio al pueblo de las tradiciones, historia y memoria del pueblo que habitó estos suelos. Que accionó para barrer al gaucho y al indio pero que como muestra Marechal, siguió operando sobre los inmigrantes, trabajadores y trabajadoras de Buenos Aires. En resumen: para Marechal como para José Hernández, creador de nuestro poema fundacional, el Martín Fierro, a la hora de hablar de la Patria la llave no la tienen los intelectuales, sean escritores  o poetas, sino que hay que buscarla en quienes viven y trabajan en este suelo, dice Martín Fierro: “Aquí no valen doctores: / Sólo vale la esperencia; / aquí verían su inocencia / esos que todo lo saben, / porque esto tiene otra llave / y el gaucho tiene su cencia”. [61]

 

Otro elemento que considero visceral para comprender la idea de Patria en Marechal, es la tradición: hispánica y católica. En un reportaje que le realizó el periodista, poeta, militante político, Francisco “Paco” Urondo (Santa Fe, 1930-1976) en 1967, se definía Marechal: “Soy peronista. El peronismo, que fue cristiano, digan lo que digan, transformó la masa numeral en un pueblo esencial. Hay una vieja y pequeña Argentina, representada por la oligarquía, que se obstina en no terminar de morir. Pero todo mejoramiento social que no se funde en la crística no puede crear una felicidad trascendente.”[62]

 

Desde su concepción, la Patria no es exclusiva ni excluyente de los nacidos en el país o de los que provengan de cierta extirpe o sector social determinado. Los Patriotas son quienes hacen algo por la Patria, por engrandecerla, desde esta perspectiva entonces, los trabajadores y trabajadoras son los portadores de la vitalidad de la Patria por ser quienes la construyen día a día moldeándola con usos y costumbres, gestos, sentimientos y luchas. En resumen, para Marechal, es de la comunidad, con su  memoria, historia y tradición, desde donde emana la Patria, y no de la conciencia de unos pocos literatos, académicos o científicos. Para el poeta, son los trabajadores y trabajadores las que en el devenir de la historia han resuelto los problemas más profundos del país. Escribe Marechal en Megafón o la guerra: “Yo en tu lugar, buscaría en el pueblo la vieja substancia del héroe Muchacho, el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria.”[63]

 

Finalmente, observo dos elementos más relacionados con la memoria, historia y tradición. El cristianismo (tradición) y la lucha del pueblo argentino por su liberación (memoria e historia).            El cristianismo para Marechal es un elemento central de nuestra identidad, sus principios fundantes arraigaron en la comunidad (en el pueblo trabajador). En el caso Hispanoamericano, como señalan varios filósofos/as y Pensadores/as Nacionales[64], se produjo un proceso de sincretismo, para Marechal nuestra identidad había surgido primero de la mixtura de lo católico con lo indigenista, dando lugar al gaucho, al mestizaje. Luego los inmigrantes que llegaron a estas tierras se acriollaron. Ahora bien, los inmigrantes europeos (campesinos y obreros: italianos, españoles, franceses, rusos, árabes) que llegaron al Río de la Plata, en su gran mayoría no eran protestantes o laicos, como señala Alberto Buela, tampoco eran seres que habían pasado por los diferentes estadios de la denominada Revolución Mundial: Reforma, Revolución Francesa, Revolución Bolchevique y Revolución Tecnocrática, dice Buela, “posee como núcleo aglutinador de su conciencia una cosmovisión que es anterior de la Revolución Mundial.”[65]En pocas palabras, para Marechal, lo católico cruzado con lo indio se transfiguró en un “cristianismo plebeyo”, y en un sentido más medieval que moderno, el cristianismo se enlazo como fuente redentora, fuerza vital, un principio activo, que motorizó las esperanzas de un mundo mejor para los trabajadores y trabajadoras de estos suelos. De allí la relación con el otro principio, el de la liberación Nacional, en Megafón o la Guerra, el pueblo para Marechal es el pueblo trabajador y en ese sentido, es un pueblo pacífico, dice: “Nuestro pueblo libertó a otros y no esclavizó ni robó a ninguno. […] no cometió ningún genocidio ni oprimió a hombres de otro color en la piel y en el alma.”[66] Ahora bien, este pueblo que es pacífico por esencia, ha sufrido la violencia, persecución y muerte desde 1955. Han exiliado a los líderes que había elegido democráticamente, han anulado su Constitución con las leyes laborales que desde antes de la Semana Trágica había esperado, y ha sufrido persecuciones y fusilamientos, constituyéndose hacia 1970 como “un pueblo en derrota”[67]. El personaje principal de su última novela, Megafón, intenta hacer despertar a este pueblo, propone “sacarse la peladura externa [semi colonial]” para que el Ser Nacional, el verdadero, vuelva a emerger. De allí que el pueblo, la Patria, se manifiesta también en su lucha por la liberación Nacional. Marechal, como tantos otros, esta agazapado hacía 1970, se encuentra a la espera desde el golpe cívico militar que llevo al exilio a Perón. En su Megafón o la guerra escribe que ese país y ese gobierno no es el real. Desde aquel año (1955) el país paso a tener dos dimensiones, una corporal y otra espiritual. Escribe Marechal:

 

“-En nuestra fauna sumergida existen hoy el Gobernante Depuesto, el Militar Depuesto, El Cura Depuesto, El Juez Depuesto, El Profesor Depuesto y el Cirujano Depuesto. No quedo aquí ningún hijo de madre sin deponer.

-¿Y usted qué lugar ocupa en esa fauna?-me preguntó Megafón chisporroteante de malicia.

-Soy el poeta depuesto –le confesé modestamente.”[68]

 

 

 

[1]Profesor de Historia – Universidad de Buenos Aires, Doctorando en Historia– Universidad del Salvador, Especialista en Pensamiento Nacional y Latinoamericano – Universidad Nacional de Lanús, Docente e Investigador del Centro de Estudios de Integración Latinoamericana “Manuel Ugarte”, del Instituto de Problemas Nacionales y del Instituto de Cultura y Comunicación. Columnista del Programa Radial, Malvinas Causa Central, Megafón FM 92.1, Universidad Nacional de Lanús.

[2]Quien estudia, custodia, compila y revisa su obra es una de sus hijas, María de los Ángeles Marechal. En una de las entrevistas que le han hecho sobre la historia de su padre ha comentado que la figuración de poeta argentino, muy argentino, es la que más le gustaba a Leopoldo Marechal. Afirma María de los Ángeles Marechal: “Fue un argentino, muy argentino, que fue bibliotecario, maestro, periodista, un hombre que fundamentalmente al escribir quiso universalizar las esencias argentinas. Él siempre se consideró poeta, le faltaba la tarjetita que dijera: Leopoldo Marechal Poeta.” En Televisión Pública, Vivo en Argentina. Recordando a Leopoldo Marechal, 26-06-13 en: https://www.youtube.com/watch?v=1egXBuXbgTo&ab_channel=Televisi%C3%B3nP%C3%BAblica

[3]ABÓS, ÁLVARO, Al pie de la letra. Guía literaria de Buenos Aires, Buenos Aires, Alfaguara, 2011.

[4]Término con el cual el periodista y escritor argentino, José Luis Torres (San Miguel de Tucumán, 1901-1965), designo al periodo que va desde el Golpe cívico militar al gobierno democrático de Hipólito Yrigoyen hasta la llamada Revolución de los Coroneles de 1943.

[5]En varias trabajos el filósofo argentino Carlos Astrada (Córdoba, 1894-1970), explicó a qué se refiere cuando se habla del numen Nacional, escribe: “Peticiona Martin Fierro y, con él, José Hernández, una comunidad armónica, libre, justa, con su ideal educativo, inspirado en sus esencias históricas como en sus ingredientes profesadas, en un clima de tolerancia recíproca, y asentada en el derecho a la vida de todos los argentinos. […] Para la consecución de todos estos fines es tarea previa terminar con un sistema de gobierno que deliberadamente impedía el ascenso del pueblo al área de las decisiones políticas en la vida Nacional, escenario en el que brillaba por su ausencia el verdadero protagonista de las peripecias históricas, únicas que dan cuenta de la autenticidad de un destino colectivo.” En ASTRADA, CARLOS, El mito Gaucho, Buenos Aires, Ediciones de la Cruz del Sur, 1964, p. 134.

[6]MARECHAL, LEOPOLDO, Palabras con Leopoldo Marechal. Reportaje y antología: Alfredo Andrés, Buenos Aires, Carlos Pérez Editor, 1968, pp. 43-44.

[7]Decreto – Ley 4161, 05 de marzo de 1956: Artículo 1º: Prohibía expresamente “La utilización de imágenes, símbolos, signos, expresiones significativas, doctrinas, artículos y obras artísticas, (…) que sean (…)representativas del peronismo”, e incluía una lista de vocablos proscritos, tales como “peronismo”, “peronista”, ” justicialismo”, “justicialista”, “tercera posición”, la Marcha peronista y los discursos del presidente Juan Domingo Perón y de Eva Perón, así como “el nombre propio del presidente depuesto”, “o el de sus parientes”.

[8]PEREIRA, SUSANA, En tiempos de la República agropecuaria (1930-1943), Buenos Aires, Biblioteca Política Argentina, Centro Editor de América Latina, 1983, p. 7.

[9]UGARTE, MANUEL, El porvenir de América Latina, Valencia, Sempere, 1911; La Patria Grande, Berlin-Madrid, Editora Internacional, 1922; DE ANQUIN, NIMIO, El ente y la memoria, Buenos Aires, Editorial Bonum – Secretaria de Cultura de la Nación, 1994; CHAVÉZ, FERMÍN, Civilización y barbarie. El liberalismo y el mayismo en la historia y el la cultura argentinas, Buenos Aires, Editorial Trafac, 1956; PALACIO, ERNESTO, La historia falsificada, Buenos Aires, Colección La Siringa, Ed. Peña Lillo, 1960.ASTRADA, CARLOS, El mito Gaucho, Buenos Aires, Ediciones Cruz del Sur, 1964;  BUELA, ALBERTO, Aportes al Pensamiento Nacional, Buenos Aires, Ediciones Cultura et labor, 1987; El sentido de América. Seis ensayos en busca de nuestra identidad, Buenos Aires, Theoria, 1990.

[10]En Diccionario de la Real Academia Española define al término Cosmovisión como el conjunto de opiniones y creencias que conforman la imagen o concepto general del mundo que tiene una persona, época o cultura, a partir de la cual la interpreta su propia naturaleza y la de todo lo existente. En www.rae.es

[11]El liberalismo al que hago alusión, refiere a la doctrina política que sostiene como principios fundamentales,  la propiedad privada y la libertad individual. En materia de política económica,  propone un Estado limitado, restringiendo o desechando toda intervención del Estado en la vida social, cultural y económica. En este sentido, en las sociedades en donde el modo de producción capitalista es hegemónico, el liberalismo tiende a  perpetuar las diferencias entre los sectores sociales que la integran.

[12]GALVÉZ, MANUEL, La maestra normal [1914], Madrid, M. Aguilar Editor, 1949.

[13]MUZZOPAPPA, HÉCTOR, Educación y trabajo en el Orden Conservador. Ideas alberdianas y vanguardia normalista, Buenos Aires, Editorial Biblos-UNLa, 2015; RECALDE, ARITZ, Intelectuales, peronismo y universidad, Buenos Aires, Agebe Editorial, 2016; DI VINCENZO, FACUNDO, El nacionalismo científico de José Ingenieros. Estudio del libro: La evolución sociológica Argentina. De la barbarie al imperialismo (1910), en MUZZOPAPPA, HÉCTOR y LÉRTORA de MENDOZA, Celina (Coordinadores), Política, Educación y Sociedad en la Filosofía Argentina del siglo XX, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Ediciones F.E.P.A.I, 2018.

[14] BUELA, ALBERTO, “Sobre la Cosmovisión Nacional”, en: El sentido de América. (Seis ensayos en busca de nuestra identidad, Buenos Aires, Editorial Theoria, 1990, p. 21.

[15]MARECHAL, LEOPOLDO, Palabras con Leopoldo Marechal. Reportaje y antología, Buenos Aires, Carlos Pérez Editor, 1968, pp. 11-12.

[16]MARECHAL, MARIA ANGELES, Bio – Cronología Leopoldo Marechal, que se encuentra en la página más completa dedicada al autor , en Fundación Leopoldo Marechal: https://www.marechal.org.ar

[17]MARECHAL, LEOPOLDO, Palabras con Leopoldo Marechal. Reportaje y antología, op., cit., p. 12.

[18]Ibídem, p. 11.

[19]Varios estudiosos demuestran con sólidos trabajos los alcances de esta crisis desde distintas dimensiones y temas, a nivel Social: DE SANTILLAN, DIEGO ABAD, F.O.R.A. Ideología y trayectoria del movimiento obrero revolucionario en Argentina, Buenos Aires, Ediciones Nervio, 1933; GALASSO, NORBERTO y FERRARESI, ALFREDO, Historia de los trabajadores argentinos (1857-2018), Buenos Aires, Colihue, 2018; a nivel cultural: JAURETCHE, ARTURO, Los profetas del odio y la yapa. La colonización pedagógica, Buenos Aires, Ediciones Trafac, 1957; RAMOS, JORGE ABELARDO, Crisis y resurrección de la literatura Argentina, Buenos Aires, Coyocán, 1961; a nivel político: DOLL, RAMON, Acerca de una política Nacional, Buenos Aires, Difusión, 1934; ABELARDO, RAMOS, Revolución y contrarrevolución en Argentina, Buenos Aires, Plus Ultra, 1957; HALPERIN DONGHI, TULIO, La Argentina y la tormenta del mundo. Ideas e ideologías entre 1930 y 1945, Buenos Aires, Siglo XXI, 2003.

[20]GALASSO, NORBERTO y FERRARESI, ALFREDO, Historia de los trabajadores argentinos (1857-2018), Buenos Aires, Colihue, 2018.

[21]Fue una organización civil – paramilitar integrada por sectores sociales medios y altos, que participó activamente en la represión de los movimientos, reclamos y demás expresiones culturales de trabajadores y trabajadoras durante las primeras décadas del siglo XX. Bajo el contexto de la Gran Guerra, con el país atravesando una grave crisis económica que afectaba principalmente a los trabajadores, se multiplicaron los despidos y la baja de los salarios, incrementando la miseria y los reclamos. Si bien estos grupos ya habían actuado “apoyando” a las fuerzas policiales en diferentes conflictos con los trabajadores, el desenlace de la Revolución Rusa de 1917 generó un estado de pánico entre los sectores dominantes, que veían en cualquier reclamo obrero justo, una muestra de subversión marxista. En ese contexto, representantes de distintas organizaciones, miembros destacados de la elite social, representantes de clubes y asociaciones (miembros del Jockey Club, de las Sociedades Rurales, Asociación de Damas Patricias, representantes de la Iglesia y de la Fuerzas Armadas) el 19 de enero de 1919, se reunieron en el Centro Naval para fundar la Liga Patriótica.

[22]MARECHAL, LEOPOLDO, El banquete de Severo Arcángelo, Buenos Aires, Planeta, 2001, pp. 45-47. Los epítetos aplicados a Severo Arcángelo por sus empleados, bien podrían haber sido suscriptos por los trabajadores de Vasena: El Viejo Criminal de los Altos Hornos; El Vulcano en Pantuflas; El Innoble Metalúrgico; El Impuro Quemador de Hombres; El Metalúrgico Sin Ley; El Viejo Explotador de Hombres. Que la figura de Arcángelo esté inspirada en la de Empresario Vasena surge de varios fragmentos, como por ejemplo esté: “Severo Arcángelo es un asesino vulgar y silvestre, le dije a la Enviada. Sus fundidores, hace diez años, hicieron una huelga; y él admitió que la policía los ametrallara. Yo hice la crónica: en total cuatro muertos…Yo asistí al entierro de los fundidores insistí: cuatro ataúdes que avanzaban calle arriba llevados en hombros de los compañeros. Era un fuerte mediodía de verano: tras un velatorio de cuarenta horas en la sede gremial, los cadáveres empezaron a oler y las moscas giraban en torno de los ataúdes levantados.”

[23]GALASSO, NORBERTO (Coordinador), Los malditos. Hombres y mujeres excluidos por la historia, Buenos Aires, Ediciones Madres de Plaza de Mayo, 2005-2008 [Varios volúmenes).

[24]BARLETTA, LEONIDAS, Historias de perros, Buenos Aires, Losada, 1950.

[25]YUNQUE, ÁLVARO, Alem. El hombre de la multitud, Buenos Aires, Claridad, 1945.

[26]CASTELNUOVO, ELÍAS, Malditos, Buenos Aires, Claridad, 1924.

[27]CASTELNUOVO, ELÍAS, La marcha del hambre, Buenos Aires, Victoria, 1930.

[28]CASTELNUOVO, ELÍAS, Larvas, Buenos Aires, Claridad, 1931.

[29]ARLT, ROBERTO, El juguete rabioso,  Buenos Aires, Editorial Latina, 1926; Los siete locos, Buenos Aires, Editorial Latina, 1929; Los lanzallamas, Buenos Aires, Claridad, 1931.

[30]TERÁN, OSCAR, Historia de las ideas Argentinas. Diez lecciones iniciales, Buenos Aires, Siglo XXI, 2008.

[31]ALTAMIRANO, CARLOS y SARLO, BEATRIZ, Ensayos argentinos, Buenos Aires, Ariel, 1997.

[32]SARLO, BEATRIS, Una modernidad periférica: Buenos Aires 1920-1930, Buenos Aires, Nueva Visión, 1988.

[33]VIÑAS, DAVID, Literatura argentina y realidad política, Buenos Aires, Jorge Álvarez, 1964.

[34]PRISLEI, LETICIA, Los orígenes del fascismo argentino, Buenos Aires, Edhasa, 2008.

[35]HALPERIN DONGHI, TULIO, La Argentina y la tormenta del mundo. Ideas e ideología entre 1930-1945, Buenos Aires, Siglo XXI editores, 2013.

[36]Torre de marfil desde donde muchos de ellos proponen una revolución, pero con la sangre de sus becarios.

[37]MELE, MARCOS, “Ramón Doll. El desencuentro entre los intelectuales y su pueblo”, en: Revista Viento Sur, Universidad Nacional de Lanús, Remedios de Escalada, nº 17, marzo 2018.

[38]DI VINCENZO, FACUNDO, “Introducción a la idea de Patria y Nación en Manuel Ugarte”, en: Revista Movimiento, Editorial Arkhos, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Número 11, abril 2019.

[39]DI VINCENZO, FACUNDO, “Elías Castelnuovo. De Boedo a la Revolución Rusa”, en: Revista Viento Sur, Universidad Nacional de Lanús, Remedios de Escalada, nº 16, Octubre 2017.

[40]UGARTE, MANUEL, La Patria Grande [1924], Buenos Aires, Coyoacán [2da edición], 1962, p. 42.

[41]SCALABRINI ORTÍZ, RAÚL, “La Gaceta de Buenos Aires”, Buenos Aires, 4 de agosto y 3 de noviembre, tomado de PEREYRA, SUSANA, En tiempos de la república agropecuaria (1930-1943), Buenos Aires, Biblioteca Política Argentina – Centro Editor de América Latina, 1983, p. 15.

[42]MARECHAL, LEOPOLDO, Megafón o la guerra [1970], Buenos Aires, Sudamericana, 1988, pp. 156-157.

[43]Imprescindible para revisar la agrupación F.O.R.J.A es el trabajo de Juan Godoy: La Forja de una Nacionalismo Popular. La construcción de una posición Nacional en la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina, Buenos Aires, Punto de Encuentro, 2015.

[44]MARECHAL, LEOPOLDO, Palabras con Leopoldo Marechal. Reportaje y antología, op., cit., p. 30.

[45]Ibídem, p. 21.

[46]Ibídem, p. 27.

[47]PRIETO, ADOLFO (Editor), El Periódico Martín Fierro [selección], Buenos Aires,  Galerna, 1968.

[48]MARECHAL, LEOPOLDO, Megafón o la guerra [1970], op., cit., p. 149.

[49]CASTELNUOVO, ELÍAS – LUBRANO ZAS, Palabras con Elías Castelnuovo. Reportaje y antología, Buenos Aires, Carlos Pérez Editor, 1969, pp. 27-28.

[50]Ibídem, p. 44.

[51]Ibídem, p. 45.

[52]“Leopoldo Marechal Poeta.”, en Televisión Pública, Vivo en Argentina. Recordando a Leopoldo Marechal, 26-06-13 en: https://www.youtube.com/watch?v=1egXBuXbgTo&ab_channel=Televisi%C3%B3nP%C3%BAblica

[53]MARECHAL, LEOPOLDO, “Descubrimiento de la Patria”, en Heptamenón, Buenos Aires, Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1966.

[54] LOJO, MARÍA ROSA, “Leopoldo Marechal, 50 años después”, en Diario Pagina 12, Buenos Aires, 21 de junio de 2020.

[55]EDWARDS, RODOLFO, “El compañero Marechal”, en Caras y Caretas, edición especial en homenajea  Leopoldo Marechal, Buenos Aires, 7 de junio de 2020.

[56]MATURO, GRACIELA, Marechal. El camino de la belleza, Buenos Aires, Biblos, 1996.

[57]SALANES, CARLOS, “El concepto cristiano de Patria: Francisco L. Bernárdez, Leopoldo Marechal”, en  Revista de Literaturas Modernas, Vol. 43, Nº 2,  Universidad Nacional de Cuyo, Facultad de Filosofía y Letras, Mendoza, julio-diciembre 2013.

[58]MARECHAL, LEOPOLDO, Cinco poemas australes, Buenos Aires, Convivio, 1937.

[59]MARECHAL, LEOPOLDO, Canto a San Martín o cantata Sanmartiniana [1950], Buenos Aires, Castañeda, 1979.

[60] MARECHAL, LEOPOLDO, Adán BuenosAyres [1948], Buenos Aires, Six Barral, 1994, p. 121.

[61] HERNÁNDEZ, JOSÉ, Martin Fierro [1872], Buenos Aires, Editorial Ciordia, 1976, p. 78.

[62] “Entrevista de Francisco Urondo a Leopoldo Marechal”, en Semanario Juan, Buenos Aires, 7 de Junio de 1967.

[63] MARECHAL, LEOPOLDO, Megafón o la guerra [1970], op., cit., p. 57.

[64] PODETTI, AMELIA, “La irrupción de América en la Historia”, en Revista Hechos e ideas, Buenos Aires,  Noviembre / Diciembre de 1986, pp. 34-46; MAZZI, DANIEL OSCAR, “Bartolomé de las Casas, el primer anticolonialista americano”, en América Latina una Patria Grande,  tomo: Las raíces Históricas, Barcelona, Océano, 1983; CATURELLI, ALBERTO, América bifronte, Buenos Aires, Troquel, 1961; De ANQUIN, NIMIO, El ente y la memoria, Buenos Aires, Editorial Bonum – Secretaria de Cultura de la Nación, Buenos Aires, 1994;

[65]BUELA, ALBERTO, Aportes al Pensamiento Nacional, Ediciones Cultura Et Labor, Buenos Aries, 1987;  El sentido de América (seis ensayos en busca de nuestra identidad), Buenos Aires, Theoria, 1990; Aportes a la tradición Nacional, Marcos Paz, Theoria, 1998.

[66] [66] MARECHAL, LEOPOLDO, Megafón o la guerra [1970], op., cit., p. 18.

[67]Ibídem, p. 13.

[68]Ídem.

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