Después de la incertidumbre: más Estado, más organización, menos anexión Por Francisco José Pestanha

Después de la incertidumbre: más Estado, más organización, menos anexión

Por Francisco José Pestanha

 

«Una revolución es el pasaje de una idea de la teoría a la práctica. Lo que uno puede decir es que nunca intereses materiales han estado en el origen de una revolución y no lo estarán en el porvenir.»                                                                                                              Giuseppe Mazzini

 

La irrupción del covid-19 y posterior pandemia, han interpelado a todas las comunidades y estados del planeta. Ante la catástrofe, los gobiernos reaccionaron de disímiles maneras apelando a los más diversos “protocolos” de actuación. En un extremo, se observan aquellos que han abandonado a su suerte a un sector de la población depositándola en instituciones de salud colapsadas. En el otro, se encuentran los que marcando una enérgica posición adoptaron rígidas y activas políticas públicas con mayor o menor grado de eficacia. No obstante, la incertidumbre sigue sobrevolando cotidianamente nuestras conciencias y se ha transformado en la inseparable cómplice del traumático devenir que afrontamos.

El coronavirus coincidió con los albores de una nueva gestión de gobierno que, de acuerdo a sus insinuaciones pre-electorales, aventuraba un cambio conceptual en torno al rol del Estado en la comunidad. Fernández, en tiempos contados, hubo de enfrentar no solamente la emergencia en todos sus frentes, sino también, batallar contra una pléyade de ecolobbystas, funcionarios y opinólogos que como otrora predican incansablemente y a los cuatro vientos la necesidad de achicar el Estado, reducir el sector público, disminuir el déficit y una serie de remachadas “recomendaciones” destinadas a “fomentar” el retorno a la “normalidad económica” mediante el necesario retraimiento del Estado a favor del “sector privado”.

El menoscabo de la intervención estatal en materia de salud durante la gestión macrista, tuvo su más patética manifestación en la degradación del Ministerio respectivo a Secretaría. Bien cabe rememorar que la salud había adquirido máxima prioridad durante el primer peronismo alcanzando rango ministerial en 1949. De esta forma y bajo la conducción magistral del Dr. Ramón Carrillo y su equipo, se llevó a cabo un revolucionario cambio de paradigma orientado por el sanitarismo: concepción basada en la promoción de la salud mediante la atención primaria y el mejoramiento integral de las condiciones de vida. De esta forma, el Ministerio cobrará un protagonismo inédito y el éxito de aquella gestión – estadísticas por medio – resulta hoy indubitable.

Debemos insistir en que tal cambio de paradigma no involucró una decisión espasmódica. Muy por el contrario, el Consejo Nacional de Posguerra, órgano destinado a realizar una ardua labor de diagnóstico y planificación conducido admirablemente por José Figuerola, permitió al peronismo llegar al gobierno con un claro panorama de los grandes problemas que debían afrontarse. Pero, como sabemos, una herramienta de gobierno per se no basta. Debe, sin duda alguna, encontrarse orientada por un sentido trascendente y estratégico.

Surge entonces la inmediata necesidad de actualizar la noción de defensa integral, concepto que constituyó uno de los núcleos germinales del movimiento cultural y político conducido por Juan Perón. Tal concepción filosófica, política y cultural, que marcó a fuego al movimiento que germinó como un nacionalismo defensivo, no se reduce en manera alguna a la “cuestión castrense”. Muy por el contrario, la defensa integral fue concebida como una misión que abarcaba a todos los sectores de la comunidad y, por tanto, su esbozo primero fue expresado por Perón en el seno de una Universidad Pública, mediante una fina adaptación de un texto que imprimirá a fuego su pensar y obrar. Además lejos de presuponer una actitud pasiva, la defensa integral implicaba la puesta en marcha de una serie de realizaciones de carácter estratégico que la argentina requería.

Para adquirir cabal noción de su importancia vale emprender la lectura de la conferencia pronunciada por el ex presidente el 10 de junio de 1944, con motivo de la inauguración de la Cátedra de Defensa Nacional en la Universidad Nacional  de  La Plata. En dicha oportunidad, el entonces Coronel Perón, Ministro de Guerra, sostuvo entre otras menciones que “(…) las dos palabras, Defensa Nacional, pueden hacer pensar a algunos espíritus que se trata de un problema cuyo planteo y solución interesan e incumben únicamente a las fuerzas armadas de una nación. La realidad es bien distinta. En su solución entran en juego todos sus habitantes; todas las energías, todas las riquezas, todas las industrias y producciones más diversas; todos los medios de transporte y vías de comunicación, etc.”

El ex mandatario expresó además que  “(…) deseamos vivir en paz, con todas las naciones de buena voluntad del globo. Y el progreso de nuestros hermanos de América, sólo nos produce satisfacción y orgullo (…) Queremos ser el pueblo más feliz de la Tierra, ya que la naturaleza se ha mostrado pródiga con nosotros”. Concluyó enfatizando que los tiempos demandaban la puesta en marcha de  “(…) una gran obra social (…) Tenemos una excelente materia prima; pero para bien moldearla, es indispensable el esfuerzo común de todos los argentinos, desde los que ocupan las más altas magistraturas del país, hasta el más modesto ciudadano”.

Que significaban sus palabras en dicho contexto. Tengamos presente que en tiempos de su formación como oficial, ya circulaba en las bibliotecas un texto “Das Volk in Waffen”,El pueblo en armas”, del teórico Wilhelm Leopold Colmar von der Goltz . Dicho texto, que revelaba un cambio de paradigma en la teoría de la guerra y de la defensa, establecía que en la nueva realidad mundial las confrontaciones bélicas serían protagonizadas por los pueblos y en tanto todas las fuerzas espirituales y materiales, intelectuales y productivas, debían ponerse al servicio de la defensa bajo la premisa si quieres las paz prepárate para la guerra. Más allá de las lógicas referencias castrenses. La teoría de von der Goltz establecía como una de las precondiciones básicas para la adecuada defensa el bienestar de la población. Un pueblo denigrado y empobrecido nunca estará dispuesto a defenderse.

 

Eran tiempos de pos guerra pero asimismo circulaba la amenaza de una nueva conflagración bajo una posible apelación al poder atómico. En aquel entonces se preanunciaban como contendientes un conglomerado de estados y sus satélites sujetos al capitalismo financiero de corte extractivo y depredador sustentado en el individualismo filosófico y otro aglomerado liderado por el comunismo real (URSS) caracterizado por su conformación colectivista de base materialista que daba por tierra aspectos básicos como la dignidad humana y la creatividad. En tal contexto, una nueva sensibilidad despertada por las atrocidades de la guerra demandaba el desarrollo de un nuevo paradigma civilizacional que equilibrara las dos fuerzas primordiales que caracterizan el devenir de las comunidades: la competencia y la cooperación.

 

A partir de la conjunción de diversas nociones como la defensa integral, la justicia social, la dignidad humana, la autoconciencia, la autodeterminación y la autorrealización, el primer peronismo encarnará en una originalísima proposición de orientación comunitarista y orgánica que primero será puesta en práctica y posteriormente enunciada en el texto que se conoció como “La Comunidad Organizada”. La primer gestión peronista presupuso entonces la organización de todos los factores citados y, además, la reconfiguración del sector público, condición necesaria para la armonización de ambas fuerzas (cooperación y competencia) y es allí, donde el estado cobró un nuevo sentido, no ya como administrador, sino como protagonista y regulador de las fuerzas.

 

Algunos/as improvisados/as sostendrán que se trata de ideas perimidas. Pero, como enfatizamos en reiteradas oportunidades, ciertas especulaciones atraviesan como lanzas los tiempos y nos proponen categorías para enfrentar desafíos extraordinarios. Es en tal sentido, que alegamos enfáticamente que la Argentina, tras esta catástrofe, debe conducirse a refundar su estado y para tal acontecimiento. Bien puede apelarse a la adecuación y actualización de la noción de defensa integral, ponderando primordialmente el bienestar del pueblo desde aquí y evitando caer nuevamente en esa penosa costumbre de adoptar acríticamente (sin tamiz crítico) cualquier receta preconcebida. Somos conscientes que tal reto demandará necesariamente un formidable esfuerzo orientado a fortalecer la autoestima de un pueblo golpeado a lo largo de distintos capítulos de nuestro pasado reciente por factores y gobiernos que por décadas – y aún honrando las excepciones – han contribuido con el deterioro progresivo del país y su gente.

 

Entendemos que la reconstrucción y redefinición del sector público en todas sus áreas de incumbencia deberá comenzar estratégicamente por aquellas orientadas hacia la atención de los sectores más vulnerados. El cuarenta y cinco por ciento de pobreza en un país que exporta alimentos resulta indignante y vejatorio.

 

No obstante las necesidades coyunturales, cabe advertir con énfasis que las prácticas degradadas y degradantes de asistencialismo perpetuo (similares a las que proponían las “damas de la caridad” contra las que tanto batalló Eva Perón), deben ir estrechándose paulatinamente y suplantarse por políticas activas que promuevan la dignificación humana. Un nuevo Ministerio de Desarrollo Comunitario podría emprender, desde una perspectiva orgánica, un nuevo concepto de articulación abandonando prácticas decadentes.

No cabe duda alguna que las denominadas Organizaciones Libres del Pueblo tendrán un rol primordial en tal reconstrucción del país y de su Estado. Esa tendencia virtuosa hacia la autoorganización, que con extraordinaria visión fuera incorporada a un modelo de organización comunitaria inédita en la historia de nuestra América, deberá ser primordialmente considerada pero, eso sí, bajo la advertencia que urge sustituir el paternalismo degradante alimentado de viles aspiraciones politiqueras que ha proliferado, y reemplazarlo por un acompañamiento virtuoso orientado por un espíritu coadyuvante, bajo el lema indispensable: cooperar sí, fagocitar no!!!

 

 

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