Hacia una Metafísica de la Cruz del Sur. Las Malvinas, Antártida y el Atlántico Sur en la Filosofía y el Pensamiento Nacional. Por Facundo Di Vincenzo

Universidad Nacional de Lanús /Observatorio Malvinas

 

Encuentros: “Hacia una Metafísica de la Cruz del Sur. Las Malvinas, Antártida y el Atlántico Sur en la Filosofía y el Pensamiento Nacional.”

 

 

  1. Una Soberanía Marítima, Terrestre y Celeste.

 

La historia de las Islas Malvinas fue abordada en múltiples estudios, por mencionar tan sólo algunos, están los primeros trabajos como la Colección de documentos relativos a las historia de las Islas Malvinas desarrollada por el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad de Buenos Aires (1857), algunos libros de Paul Groussac como: Les Isles Maluines (1910), luego los libros de: Antonio Gómez Langenheim, Elementos para la historia de nuestras Islas Malvinas (1939); Ricardo Caillet Bois, Una tierra argentina: las Islas Malvinas. Ensayo basado en una nueva y desconocida documentación (1948) y el más completo que he encontrado hasta la fecha de José Luis Muñoz Azpiri, Historia completa de las Malvinas [3 volúmenes] (1966).

 

En estos trabajos se mencionan diferentes teorías sobre el descubrimiento europeo de las Islas Malvinas y más-menos, acuerdan en que los europeos divisan las Islas a mediados del siglo XVI. La fecha que contiene mayor documentación, y en este sentido fundamento, es la referencia del navegante, comerciante y explorador florentino Américo Vespucio (1554-1512), quien en uno de sus viajes por los mares del sur (abril de 1502) habla de ellas. Vespucio en una carta a Piero Soderini, fechada en Lisboa a 4 de septiembre de 1504 y denominada “Lettera di AmerigoVespuccidelleisolenuovamentetrovate in quatrosuoiviaggi”, relata: “Este día se levantó en el mar una tormenta tan recia que nos hizo amainar del todo nuestras velas y corrimos a palo seco […] En medio de esta tormenta avistamos el día 7 de Abril una nueva tierra de la cual recorrimos cerca de 20 leguas encontrando la costa brava, y no vimos en ella puerto alguno ni gente, creo porque era el frío tan intenso que ninguno de la flota se podía remediar ni soportarlo.” Otros viajeros y navegantes también mencionan las Islas, como el portugués Esteban Gómez, integrante de la expedición de Hernando de Magallanes, quien las divisa en 1520 y el Obispo de Plascencia que las menciona en 1540 a bordo de la nave “Incógnita”.

 

Si bien en estos testimonios se hace alusión, como en el caso de Américo Vespucio, a que las Islas no estaban habitadas, los estudios de ADN realizados entre 2009 – 2010 por un equipo científico dirigido por Graham J. Slater de la Universidad de California en Los Ángeles confirman lo que intuyeron los gauchos malvinenses: que el aguará guazú o “perro de los Yámanas” fue uno de los primeros habitantes de las Islas[1]. Ahora bien, ¿Qué nos dice este hallazgo?

 

Una de las teorías sobre los primeros habitantes humanos de las Islas se apoya en la hipótesis de que habían sido habitadas por los nativos del continente, de allí la idea que el hallazgo arqueológico del “zorro-lobo de Malvinas”, un animal doméstico de la comunidad de los Yámanas, demostraría el poblamiento del pueblo fueguino antes de la llegada del “hombre blanco”.

 

Los investigadores de la historia de los pueblos nativos del sur como Raúl Mandrini y Carlos Pedro Vairo, señalan que el modo de vida de este pueblo fue el nómada, desplazándose en canoas, utilizada para la caza, recolección y pesca con una larga tradición en estas actividades. Estos estudios hablan de que sus antecesores recorrían las islas y demás canales del sur (desde el Canal de Beagle hasta el Cabo de Hornos) desde hace 6000 años A.P. En la actualidad los descendientes de los Yámanas forman la comunidad indígena Yagan Paiakoala, ubicada en Ushuaia, Tierra del Fuego.

 

Ahora bien, me interesa destacar que estas excavaciones fortalecieron lo narrado por los gauchos malvinenses quienes llamaron a esta especie guará o “perro de los indios”. Otros hallazgos, de puntas de flechas en Lafonia (en la parte sur de la Isla Soledad) y restos de canoas antiguas, reforzaron esa teoría[2]. Además, se hallaron algunas evidencias ambiguas de la presencia de madera, pese a que las islas no tenían árboles a la llegada de los europeos.

 

Más allá de todos estos indicios que hablan de una serie de elementos anteriores a 1820 que ligan a la historia de las Islas y con las del continente, hay otros elementos que encadenan a los territorios y sus habitantes.

 

Los datos extraídos por documentos, fuentes, hallazgos arqueológicos, como las marcas presentes aún en las Islas: los corrals de piedra, demuestran que el indio y el gaucho, numen y sustancia de la nacionalidad argentina, se hacen presentes en las Malvinas antes del 1800. Gauchos, indios y algunos esclavos negros son llevados para que realicen diferentes trabajos en las Islas a partir de 1766, momento en el cual el Rey español Carlos III creo por medio de una real cédula la Gobernación de las Islas Malvinas.

 

Especialmente, se debe señalar que todos estos trabajadores ya tenían una relación particular, emotiva y sentimental con el paisaje. En ese sentido, el suelo de las islas como el del continente mantiene las mismas características de infinitud, inmensidad y profundidad. El filósofo Carlos Astrada (Córdoba, 1894-1970) la define como: “La extensión ilimitada, como paisaje originario y, a la vez, como escenario y elemento constitutivo del mito, he aquí nuestra Esfinge, la Esfinge frente a la cual está el hombre argentino, el gaucho.”[3] Para Astrada, al intentar proyectar una imagen humana sobre el paisaje de las tierras australes esa imagen es sin dudas la del gaucho y la del indio. Afirma, son los habitantes naturales de un lugar que, parafraseando al poeta RainerMariaRilke[4], parece  limitar con la eternidad. Escribe Astrada: “La Pampa, con sus horizontes en fuga, nos está diciendo, en diversas formas inarticuladas, que se refunden en una sola nota obsesionante: ¡O decifras mi secreto o te devoro”![5] Ese plano metafísico del paisaje en el continente y en las islas dan una dimensión espiritual que se encuentra ligada indisolublemente con los seres que mejor lo interpretaron y respetaron con su errático ambular: el gaucho y el indio.

 

Cuando hablamosde una cosmovisión Nacional y deuna metafísica (en griego: más allá de la naturaleza o más allá de la física), ¿uno está hablando de magia? ¿de poesía? ¿es algo ficcional? ¿es una entelequia? de ninguna manera.

 

Todos los pueblos del planeta tienen una cosmovisión, esto es, una imagen o figura general de la existencia, realidad o mundo que una persona, sociedad o cultura se forma en una época determinada; y suele estar compuesta por determinadas percepciones, conceptualizaciones y valoraciones sobre dicho entorno. En este sentido, hay una cosmovisión para cada pueblo, para cada cultura. Incluso, dentro de Occidente hay cosmovisiones distintas que chocan y luchan entre sí. Por ejemplo, una cosmovisión liberal, surgida en el seno del proyecto filosófico de la Modernidad y que postula a la razón como principal elemento civilizatorio; una cosmovisión humanista, que recupera elementos del primer cristianismo y una cosmovisión precolonbina, que se inscribe en los conocimientos y valores de los pueblos preexistentes en nuestro continente y recupera con la cosmovisión humanistauna fuerte tradición comunitaria en unidad con la naturaleza.

 

Lo cierto es que siempre convivieron (y conviven) más de una cosmovisión, aunque dos de ellas son las más preponderantes en nuestra historia. Una cosmovisión Liberal (eurocéntrica) y una cosmovisión humanista, sincretista, en la medida de asimilar elementos de los pueblos originarios y del humanismo cristiano, que llamaremos de aquí en más, cosmovisión Nacional. Considerando la tradición, memoria e historia de la región, observamos que la cosmovisión Nacional se encuentra arraigada en el trabajo, y por tanto, es social y colectiva, ya que el trabajo es una actividad humana que se realiza con otros, para un nosotros y/o para otros.

 

En la lectura de Carlos Astrada o Alberto Buela, el trabajo es una acción natural de los humanos, un comportamiento que es propio de nuestra especie como animales gregarios. En otras palabras, consideran que el humano no puede sobrevivir sólo, nace con otros que lo ayudan a vivir en estas tierras.

 

Otra condición de la cosmovisión Nacional es su naturaleza pacífica, diferente a la cosmovisión liberal: belicista, mercantil y usurpadora. Como señala el poema fundacional de la nacionalidad argentina, El Martín Fierro de José Hernández: “El trabajar es la ley / porque es preciso alquirir / no se espongan a sufrir / una triste situación: / sangra mucho el corazón / del que tiene que pedir”[6].

 

Los gauchos asumen la acción del trabajo como parte de la naturaleza humana, que José Hernández valoriza una y otra vez en su poema, en otro pasaje escribe Hernández: “debe trabajar el hombre / para ganarse el pan.”, en otras palabras, la adquisición de bienes se logra por el trabajo, que al mismo tiempo, tiene que ser justo y reconocido por el patrón. Para Hernández la paz entre los hombres se rompe cuando el gaucho sufre injusticias, como le ha ocurrido a Martín Fierro, de ahí la desconfianza por la ley, escribe Hernández: “La ley es para todos / pero sólo al pobre la rige”.

 

En síntesis, la lucha de los pueblos se expresa con un halo de justicia y es enunciada generalmente como “lucha por la liberación Nacional”. El pacifismo económico de la cosmovisión liberal (OTAN) desconoce todo esto porque para las potencias del Atlántico Norte cesarán todas las guerras cuando se inaugure la era del perfecto libre cambio. De allí que filósofos como Carlos Astrada[7] o AlekxandrDugin[8] aludan a un tipo de pacifismo imperialista y mercantil. Un pacifismo en donde se pasa de una guerra por necesidades (guerra como medio de alimentación) a otro modo de guerra, por poder político y motivación económica donde no hay necesidades sino búsquedas de mayores ganancias. Para la cosmovisión liberal de la OTAN la guerra es un medio para adquirir más mercancías, no es fundamental para adquirir bienes la acción de trabajar, como señalaba Martín Fierro, sino qué en esta Cosmovisión, el robo y la ocupación de lo ajeno son acciones naturalizadas. Escribe Astrada: “La forma particular del imperialismo mercantilista anglosajón, ya perimido, cuya garra predatoria, que se hizo sentir durante el siglo XIX, alcanzó también hasta nosotros, arrebatándonos las Malvinas y dejándonos esa herida, hasta ahora abierta, en el flanco Atlántico de la Patria.”[9]

 

No es un hecho fortuito ni casual que los gauchos de Malvinas, portadores del sustrato y numen Nacional, sean quienes en 1833 resistan la embestida anglosajona. En aquel año, por el mal trato y las malas condiciones instauradas en la Islas luego de la ocupación sajona, el entrerriano Rivero encabezó un alzamiento con los gauchos José María Luna, Juan Brasido, Luciano Flores, Manuel Godoy, Felipe Salazar, Manuel González y Latorre. Algunos historiadores, como José María Rosa[10] y Hugo Chumbita[11], señalan que Rivero izó la bandera Nacional (Rosa) y que durante la rebelión retiraron del mástil del Puerto Soledad la bandera británica (Chumbita).

 

  1. De espaldas al mar. La emancipación y la Cosmovisión Liberal.

 

Prácticamente 300 años después de la llegada de los Europeos al continente americano, Buenos Aires como la mayoría de los Estados Nación en América Latina y el Caribe que surgieron durante el siglo XIX, se basó en una matriz de pensamiento político y económico liberal que tomaba de Europa, principalmente de los países que tenían sus costas sobre el Atlántico Norte. Para Rodolfo Kusch, el proceso de conformación y construcción de los Estados Nación en América fue llevado a cabo por las elites letradas de las ciudades portuarias defensoras de economías abiertas al mercado europeo[12] condicionando la soberanía sobre los espacios marítimos de estas naciones de América, ya que la lógica desde su perspectiva estos espacios tenían que ser “abiertos al mundo” sin condicionamientos ni medidas que obturen la entrada y salida de productos.

 

La cosmovisión liberal de las elites de las ciudades portuarias fueron las vencedoras de las otras Cosmovisiones arraigadas en las tierras de las Américas. Como señala el antropólogo brasileño Darcy Ribeiro, luego de la emancipación, se llevó a cabo una segunda conquista contra todos “los pueblos” (los originarios, mestizos, negros y mulatos) que, paradójicamente, habían sido quienes lograron la emancipación[13]. Estas elites vencerán en las guerras civiles a todos los representantes elegidos por los “pueblos” de las provincias y regiones no hegemónicas. La victoria sobre estos sectores, iniciará un proceso que llega hasta nuestros días en donde primó la negación del pasado histórico (indígena, colonial, mestizo, gaucho, africano, católico y comunitario). Afirma Kusch:

 

“A raíz del incremento que empieza a tener Buenos Aires, que empieza a tener Buenos Aires se convertirá en un país hibrido. Y digo hibrido porque a partir de la injerencia de Buenos Aires, transformada en centro geopolítico, comienza a perderse la coherencia interna de la nacionalidad y se produce una distancia irremediable entre la propuesta civilizatoria y el lenguaje que habla el pueblo. Si el pueblo sigue su ritmo biológico de una cultura mediterránea, Buenos Aires a partir de 1853 habla de un ritmo mecánico de asimilación progresiva de formas culturales extrañas con las cuales la cultura popular no tiene nada que ver y que incluso rechaza.”[14]

 

Astrada, Kusch, Buela y Dugin, con sus matices para cada caso, consideran que las elites letradas de las ciudades puerto americanas inventaron una idea de Nación desde una matriz de pensamiento eurocéntrico. Que primero fue iluminista durante los siglos XIX y que luego fue positivista: racista, evolucionista y progresista. Paradójicamente, Buela observa que la contemporaneidad surgida en Europa tras la revolución francesa, sí reconoció a su pasado histórico. Como señalan historiadores de la cultura europea con George Mosse,  la conformación de las nacionalidades europeas en Francia, Inglaterra, Alemania e Italia, redimensionan la esencia de sus “pueblos”, dedicando especial atención a su pasado, historia, cultura y tradiciones.[15]

 

En el plano estrictamente físico y material, si se consideran los circuitos económicos desencadenados tras las revoluciones de la independencia en América Latina, se observa que la constitución real de estos nuevos Estados no parece haber sido alterada profundamente por las revoluciones, como lo señalan autores de distintas corrientes de pensamiento, como Jorge Abelardo Ramos[16] y Tulio HalperinDonghi[17].

 

Abelardo Ramos sostiene que la división en distintos Estados en América tras la emancipación, lo que él llama: “La balcanización del continente”, y posteriormente, las ideas de construir la historia de estos nuevos Estados (verdadero ejercicio metafísico, si se quiere), se vincula con un nuevo pacto “neocolonial”, que se expresa en la venta de materia primas y en la compra de manufacturas, a las potencias europeas (Inglaterra y Francia). HalperinDonghi señala que en esta nueva situación, la cadena de puertos preexistentes (Valparaíso, El Callao, Guayaquil, Cartagena, Portobelo, Buenos Aires, Montevideo, Lima, Santos, Bahía) se constituirán como espacios geográficos, políticos y económicos de una importancia visceral para las repúblicas americanas (con economías quebradas por las guerras civiles y de Independencia), al ser entidades recaudadoras de dinero, gracias a las tarifas arancelarias propias suministradas a la entrada y salida de los productos.

 

Las transformaciones en el plano material, económico y monetario, tuvo profundas consecuencias para la protección, defensa y usufructo de los mares de estas nuevas naciones americanas. La Cosmovisión Liberal se presentaba difusa, vaga, oscura. No era una imposición de los hechos, más bien, todo lo contrario. Como señala Alcira Argumedo en Los silencios y las voces en América Latina,[18]  aquello que se imponía desde los hechos y que constituía el complejo entramado inmerso en las palabras de Patria y Nación, no se vinculaba con una matriz autónoma del pensamiento popular latinoamericano. No tenía sus raíces en las experiencias históricas americanas ni en el acervo cultural de los sectores sociales sometidos. Las iniciativas de tinte popular originadas durante las Revoluciones de la independencia, muy bien estudiadas en distintos trabajos[19], a duras habían logrado prevalecer más allá de la primera mitad del siglo XIX. En parte, porque los sectores que se habían apropiado del Estado hacia fines del siglo XIX no habían surgido, en la mayoría de los casos, de iniciativas populares o de movimientos de reivindicación del pasado indígena, ni colonial.

 

  • Cosmovisión Nacional y Geopolítica Existencial. Una Metafísica del Cruz del Sur.

 

En la lectura de los autores seleccionados la cosmovisión liberal fue la vencedora de las otras cosmovisiones arraigadas en las tierras del sur. Al mismo tiempo, la Cosmovisión Liberal promocionará tras su victoria el Atlantismo, pero ¿Qué es el Atlantismo?

 

En varias oportunidades el filósofo AlekxandrDugin (Moscú, 1962) ha tratado el tema y lo asociado por ejemplo a la relación que tiene Argentina con el mar Atlántico y las islas sobre las que tiene soberanía, Las Malvinas. Su compromiso por el tema y sus visitas al País lo han constituido como un pensador Nacional en el sentido que lo entienden autores como Leopoldo Marechal[20] o Manuel Ugarte[21], quienes sostienen que un pensador Nacional es aquel que quiere y hace querer a nuestra tierra y ello no tiene tanto que ver con el lugar de nacimiento. En una conferencia dictada por Dugin en la Escuela Superior de Guerra Conjunta de las Fuerzas Armadas Argentina Dugin define al Atlantismo como la idea de Civilización que propusieron y proponen las potencias del Atlántico Norte, con centro en Gran Bretaña primero (desde el siglo XVII y hasta la Gran Guerra de 1918) y en Estados Unidos después. Afirma Dugin: “Es capitalismo puro por que el capitalismo aparece en la historia de Occidente junto con el periodo de los descubrimientos en las colonias y el descubrimiento más importante del mar. El mar deviene un destino para Occidente y, desde este momento, empieza el capitalismo; la modernidad; la ciencia moderna; la metafísica moderna con su sujeto racional, con su idea del progreso.”[22] Ahora bien, este punto me planteo dos interrogantes. Primero, ¿Cual fue relación tiene el atlantismo con los humanos que poblaban estas tierras al momento de su implantación entre fines del siglo XVII e inicios del XIX? Segundo, ¿Qué consecuencia tuvo esta situación en la relación entre el mar argentino y la cultura nacional?

 

 

 

  1. El desierto como un mar”. La Cosmovisión Liberal y sus artificios.

 

Siguiendo la lectura de los autores seleccionados la Cosmovisión Liberal plantea una idea de Nación no cimentada en la historia, tradición y/o memoria de los pueblos que habitaban y habitan el territorio argentino. Más bien, es concebida como una idea de Nación creada por la voluntad de un sector de la sociedad. Carlos Astrada señala que las ideas de Patria y Nación no fueron el resultado de los hechos sino que fueron una creación, ya que la nacionalidad como el derecho es una abstracción si no está apoyada en una vitalidad, en un volumen y una fuerza que garantice su desarrollo. Astrada habla de algo creado artificialmente, un artificio, del latín artificium, “del arte de hacer”. Un objeto creado para un determinado fin.[23]

En relación a la idea del mar argentino encuentro que también han operado abstracciones y artificios. La cosmovisión liberal ha promovido sobre el mar y el territorio la imagen de un desierto. De un espacio sin humanos, y en este sentido, de un espacio sobre el cual la Nación argentina no tiene ninguna soberanía.

El Presidente, escritor, ensayista y militar, Domingo Faustino Sarmiento (San Juan, 1811-1888), afirmaba que nadie podía escribir sobre el desierto. En realidad, al recorrer su obra uno puede encontrar que Sarmiento consideraba que había hombres que sí se podían escribir sobre el desierto ¿quiénes podían escribir? Los viajeros europeos que él leía, fundamentalmente los anglosajones: Juan Robertson Parish (1792-1843), Samuel Haigh (1689-1931), Alexander Caldcleught (1795-1858), entre tantos otros.  Estos viajeros, como buenos isleños, concebían a la infinitud desde sus impresiones de hombres que nacieron en una tierra circundada por el mar, como señalan Laura Malosetti y Marta Penhos, “con la única vecindad del agua que se pierde en el horizonte”[24]. Sarmiento asume y/o es impregnado de una cosmovisión liberal, en otras palabras, reproduce la imagen del desierto como un mar, de un espacio sobre el cual la Nación argentina no tiene soberanía, un lugar libre, de tránsito.  Ahora bien, no es el único autor argentino que realiza esta operación:

En 1837 el escritor y poeta argentino Esteban Echeverría (Buenos Aires, 1805-1851) escribía: “El Desierto / Era la tarde, y la hora / en que el sol la cresta dora / de los Andes. El Desierto
inconmensurable, abierto, / y misterioso a sus pies / se extiende; triste el semblante, / solitario y taciturno / como el mar, cuando un instante / al crepúsculo nocturno,
pone rienda a su altivez.”[25] Domingo Faustino Sarmiento escribía en 1845: “Es la imagen del mar en la tierra.”[26] En 1872 el escritor argentino Ricardo Gutiérrez (Arrecifes, 1836-1896) afirmaba sobre la Pampa que era: “Como una mar de esmeralda.”[27]El poeta, diplomático y político Hilario Ascasubi (Buenos Aires, 1807-1875) escribía en 1872 sobre los pastos del campo argentino: “un mar que haciendo sombras se movía”[28]

El escritor y crítico literario Ricardo Piglia (Adrogué, 1940) en uno de sus libros, Critica y ficción, dice que en la Pampa los únicos que escriben son los viajeros ingleses, que ellos cuentan lo que ven en otra lengua con otros ojos y que Sarmiento escribe el Facundo a partir de lo que lee de estos viajeros británicos que escriben en otra lengua, y que incluso, él mismo lee en otra lengua. Parece toda una gran paradoja. En esa sociedad y en aquellos tiempos el Estado parecía no tener lenguaje. Dice Piglia, el Estado es previo al lenguaje del Estado, como el poder económico es previo al poder político en la Pampa. El poeta francés Paul Valéry (1871-1945), sobre las construcción y artificios del liberalismo afirmaba: “La era del orden es el imperio de las ficciones, pues no hay poder capaz de fundar el orden con la sola represión de los cuerpos por los cuerpos. Se necesitan fuerzas ficticias.”[29] En otro libro de Piglia, La ciudad ausente (1997), el personaje central es una máquina. De la que todos hablan pero a la que nadie encuentra ni sabe donde está. Es una máquina que construye relatos constantemente, relatos que en una primera instancia resultan ser incoherentes pero que desde una visión panorámica todos se interrelacionan. Esos relatos incoherentes, fragmentados pero aun así conectados de alguna forma expresan a la comunidad. Que se manifiesta como una trama de relatos, un conjunto de historias y ficciones que circulan entre la gente. Pero hay una  voz pública que vuelve social al relato. El Estado centraliza esas historias, el Estado las narra.  Dice Piglia: “que cuando se ejerce el poder político se está siempre imponiendo una manera de contar la realidad” (Piglia, 2013:33-34). Pero no existe una historia única y excluyente circulando en la sociedad. En este punto considero que la conformación del Estado Nación Argentino no se sostuvo a partir de un “momento romántico” como se viene sugiriendo desde los primeros estudios sobre la historia de las ideas en Argentinas desarrollados por José Ingenieros (1918) o Alejandro Korn (1935) hasta los más actuales de Oscar Terán (1986, 2004, 2008) Elías Palti (2009) y/o Tulio HalperinDongui (1982, 2007), más bien todo lo contrario, detrás de aquel romanticismo había toda una Cosmovisión, que no era ni nuestra ni nueva.

 

En resumen, para la construcción de un Estado Nación fue indispensable antes bien instalar la noción (artificio) de un desierto, como aquello “despoblado, solo, inhabitado” y al mismo tiempo construir el imaginario que sus habitantes eran la barbarie, la fauna. La naturaleza excesiva y los hombres de la campaña. Los gauchos, los caudillos, los malones. Que por otro lado, ensombrece algo quizás más terrible y paradójico, relacionado con denominar como bárbaro a lo nativo. Común por otra parte en el mundo occidental europeo, funcional a la conquista desde los griegos hasta la Gran Bretaña imperial del Siglo XVIII y XIX. Otra vez,  Valery y la idea del lenguaje como poder. Pero no perdamos de vista que  el poder es previó al lenguaje. Recordemos, aquella escena de Lucio Mansilla y el Cacique Mariano Rosas en donde Mansilla habla y habla, intenta convencer, marcar la cancha para jugar un partido donde las reglas las impone él y solo él. Y Mariano Rosas, se va a buscar algo. Y vuelve con un diario en donde hay una imagen que  anuncia el trazado del Ferrocarril por el espacio en donde están las tolderías de los ranqueles, precisamente en donde está Lucio Mansilla hablando con Mariano Rosas. Ahí, en donde hablan y hablan. Además, ¿Qué podían rescatar los blancos, que podían rescatar Sarmiento, Alberdi, Echeverría de estos pobladores? ¿La idea de comunidad, de no propiedad? Paradojas dentro de paradojas. A los indios les sacan las tierras, ya estos en otras tierras saquean las propiedades, las vacas, los caballos y hasta las mujeres de estos que les habían sacado las tierras. Y todos, sin embargo, los indios y los estancieros, venden y compran con las mismas monedas o intercambian con los mismos productos. Todos ellos, indios y estancieros, generales, soldados se vinculan y hasta participan en las mismas batallas, en los mismos ejércitos (El Coronel Manuel Baigorria 1809-1875, el Cacique Feliciano Purrán). Hay una socialización allí en el Siglo XVII y XIX.

 

La segunda paradoja, es la relacionada con la conquista. La de la civilización y barbarie. El mismo Sarmiento escribía en un artículo publicado en El Censor el 18 de diciembre de 1885 sobre la Campaña del Desierto, escribía:

 

“fue un pretexto para levantar un empréstito enajenando la tierra fiscal a razón de 400 nacionales la legua, a cuya operación, la Nación ha perdido 250 millones de pesos oro ganados por los Atalivas[30][…] y otras estrellas del cielo del presidente Roca […] Es necesario llamar a cuentas al presidente y a sus cómplices en estos fraudes inauditos. ¿En virtud de qué ley, el General Roca, clandestinamente, sigue enajenando la tierra pública a razón de 400 nacionales la legua que vale 3000? El presidente Roca, haciendo caso omiso de la ley, cada tantos días remite por camadas a las oficinas del crédito público órdenes directas, sin expedientes, ni tramitaciones inútiles para que suscriba a los agraciados, que son siempre los mismos, centenares de leguas. Al paso que vamos, no nos quedará un palmo de tierra en condiciones de dar al inmigrante y nos vemos obligados a expropiar lo que necesitamos, por el doble del valor, a los Atalivas.”[31]

 

El comandante prado, que había formado las filas del ejército de Julio Roca, se resiente y dice:

 

“¡pobres y buenos milicos! habían conquistado 20.000 leguas de territorio y más tarde, cuando esa inmensa riqueza hubo pasado a manos del especulador que la adquirió sin mayor esfuerzo y trabajo, muchos de ellos no hallaron –siquiera en el estercolero del hospital- rincón mezquino en que exhalar el último aliento de una vida de heroísmo, de abnegación y verdadero patriotismo. Al verse después despilfarrada, en muchos casos, la tierra pública; marchanteada en concesiones fabulosas de treinta y más leguas: al ver la garra de favoritos audaces clavada hasta las entrañas del país y al ver como la codicia los dilataba las fauces y les provocaba babeos innobles de lujuriosos apatito, daban ganas de maldecir la gloriosa conquista, lamentando que todo el desierto no se hallase aún en manos de Reuque[32] o de Sayhueque [caciques patagónicos].”[33]

 

En la segunda paradoja, el presupuesto de la civilización del que hablaban Sarmiento y Alberdi, deja de serlo. Deja de funcionar como una hipótesis, pierde su valor metafísico. Su esencia de mito, de ficción. Pierde su carga de futuro. Se completa la expansión de la frontera agrícola ganadera, el espacio completo de la zona denominada de la “Pampa Húmeda” no tiene un lugar sin dueño pero cualquier viajero de hoy podría hablar de esas tierras como de un desierto. Hay maquinaría agrícola, fumigadoras, trilladoras, sembradoras, tractores pero no hay 50.000 millones de inmigrantes como profesaban Alberdi y Sarmiento en esas 20.000 leguas. ¿Cuántos propietarios hay de esos territorios extensos? Muy pocos, hacia 1928 los ÁlzagaUnzué tenían 411.938 hectáreas, Anchorena, 382.670 ha., Luro, 232.336 ha, Pereyra Iraola, 191.218 ha, Pradere, 187.034 ha, Guerrero, 182.449 ha, Santamarina, 158.684 ha, Pereda Girado, 122.205 ha, Herrera Vegas, 109.578 ha, Leloir, 181.036 ha, Graciarena, 165.687 ha, Duggan, 129.041 ha., Duhau, 113.334 ha, Zuberbühler, 105.849 ha y Martínez de Hoz, 101.259 ha.

 

  1. Propuesta: Encuentros: “Hacia una Metafísica de la Cruz del Sur. Las Malvinas, Antártida y el Atlántico Sur en la Filosofía y el Pensamiento Nacional.”

 

En conclusión, podríamos afirmar que existe una zoncera, parafraseando a Jauretche, que dice que la filosofía no se ha detenido a pensar en las Islas Malvinas, al mismo tiempo, se afirma que tampoco ha reflexionado en torno a nuestra Soberanía en la Antártida y el Atlántico Sur. En cambio, desde la ocupación ilegitima de nuestras Islas, distintos pensadores y filósofos alzaron sus voces reclamando y denunciando aquel despojo.

 

Agrupando todos estos pensamientos, observamos que se constituyen como una nueva forma de pensar la historia y las relaciones internacionales de nuestra Nación. En otras palabras, se han elaborado nociones, ideas, conceptos que manifiestan una ruptura respecto de la Cosmovisión de la OTAN, erigiéndose como una manera de filosofar debajo de la Cruz del Sur.

 

En un primer momento pautamos una serie de encuentros, con selecciones de textos según cada caso:

 

  • El Grupo FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina) y Malvinas. Exposición de Juan Godoy, autor del libro:La FORJA del Nacionalismo Popular (2015).
  • Carlos Astrada. ”Sociología de la guerra y filosofía de la paz”, en Universidad Nacional de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, Instituto de Filosofía, Serie Ensayos, nº 1, Buenos Aires, 1948.
  • Julio Cardoso, Entre las muchas cosas que se han publicado con motivo del 30 aniversario de la Guerra de Malvinas, varias voces volvieron a situar la novela Los Pichiciegos de Fogwill como “la” novela sobre el conflicto, en:http://tiemponews.com

22 de abril de 2012.

  • Alberto Buela, El sentido de América (Seis ensayos en busca de nuestra identidad), Buenos Aires, Theoría, 1990.
  • Rodolfo Kusch, Geocultura del hombre Americano, Buenos Aires, Fernando García Cambeiro, 1976
  • RamonDoll, “Para expropiar, primero las Malvinas”, en Hacia la Liberación, Editorial del Renacimiento Argentino, Buenos Aires, 1939.
  • Alberto Caturelli, “El pensamiento originario de hispanoamerica y el simbolismo de las Malvinas”, en La Patria y el orden temporal. El simbolismo de Malvinas, Buenos Aires, Ediciones Gladius, 1993.
  • AleksandrDugin, Geopolítica Existencial. Conferencias en Argentina, Buenos Aires, Nomos, 2018.
  • Jorge Abelardo Ramos, “Malvinas y el pacifismo anglófilo”, Buenos Aires, 1983.

 

 

 

 

[1]Slater, Graham, “Evolutionary history of the Falklands wolf”,Los Angeles, Current biology, 2009.

[2]Fieldgate, Barrie, The Captain’s Steward: Falklands, 1982, Londres, Hardcover, 2007.

[3]Astrada, Carlos, El mito Gaucho, Buenos Aires, Ediciones Cruz del Sur, 1964, p. 58.

[4]Rilke, Rainer María, Obra Poética, Buenos Aires, Efece editor, 1980.

[5] Ibídem.

[6] Hernández, José, Martín Fierro [1872], Buenos Aires, Editorial Ciorda, 1968, p. 235.

[7]Astrada, Carlos, El mito Gaucho, Buenos Aires, Buenos Aires, Ediciones Cruz del Sur, 1964; Metafísica de la Pampa, Buenos Aires, Ediciones Biblioteca Nacional, 2007.

[8]Dugin, Aleksandr,  Geopolítica Existencial. Conferencias en Argentina, Buenos Aires, Nomos, 2018; Logos Argentino. Metafísica de la Cruz del Sur, Buenos Aires, Nomos, 2019.

[9]Astrada, Carlos, “Sociología de la guerra y filosofía de la Paz”, Universidad Nacional de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, Instituto de Filosofía, Serie Ensayos, Nº 1, Buenos Aires, 1948.

[10]Rosa, José María, Historia del Revisionismo y otros ensayos, Buenos Aires, Merlín, 1968.

[11]Chumbita, Hugo, “El Gaucho Rivero en Malvinas”, en Jinetes rebeldes. Historia del Bandolerismo social en Argentina, Buenos Aires, Colihue, 2013.

[12]Muchos estudiosos han desarrollado distintos trabajos referidos al tema. El historiador británico Eric Hobsbawm, afirma: “Estos acontecimientos no cambiaron la forma y las características de los países industrializados o en proceso de industrialización, aunque crearon nuevas ramas de grandes negocios. Pero transformaron el resto del mundo, en la medida en que lo convirtieron en un complejo de territorios coloniales y semicoloniales que progresivamente se convirtieron en productores especializados de uno o dos productos básicos para exportarlos al mercado mundial, de cuya fortuna dependían por completo. […][…] la mayor parte de las inversiones británicas en el exterior se dirigían a las colonias en rápida expansión y por lo general de población blanca, que pronto serían reconocidas como territorios virtualmente independientes (Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Suráfrica), y a lo que podríamos llamar territorios coloniales “honoríficos” como Argentina y Uruguay. En: Hobsbawm, Eric, La era del Imperio. 1875-1914, Buenos Aires, Crítica, 1998, pp. 74-75.

[13]Ribeiro, Darcy, Las Américas y la civilización [3 tomos], Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1969.

[14]Kusch, Rodolfo, Geocultura del hombre americano, op., cit., p. 62.

[15]Mosse, George, La nacionalización de las masas. Simbolismo de masas en Alemania desde las guerras napoleónicas al tercer reich, Madrid, Alianza Editorial, 2004; Rosanvallon, Pierre, El modelo político francés. La sociedad civil contra el jacobinismo de 1789 hasta nuestros días, Buenos Aires, Siglo XXI, 2007.

[16]Ramos, Jorge Abelardo, Historia de la Nación Latinoamericana [1968], Buenos Aires, Peña Lillo, 1971.

[17]HalperinDonghi, Tulio, Historia Contemporánea de América Latina [1967], Buenos Aires, Alianza Editorial, 2010.

[18]Argumedo, Alcira, Los silencios y las voces en América Latina, Buenos Aires, Ediciones del Pensamiento Nacional, 2009.

[19]Rosa, José María, Historia Argentina [21 tomos], Buenos Aires, Editorial Oriente, 1973; Chávez, Fermín, Vida y muerte de López Jordán, Buenos Aires, Ediciones Theoría, 1957; Vida del Chacho, Buenos Aires, Ediciones Theoria, 1967; Ramos, Abelardo, La s masas y las lanzas, en Revolución y contrarrevolución en

Argentina [1957], Buenos Aires, Editorial Plus Ultra, 1973; De la Fuente, Ariel, Los hijos de Facundo. Caudillos y montoneras en la provincia de La Rioja durante el proceso de formación del Estado Nacional Argentino (1853-1870), Buenos Aires, Prometeo, 2014.

[20]Marechal, Leopoldo, Heptamenón [1966], Buenos Aires, Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1966.

[21]Ugarte, Manuel, La Nación Latinoamericana [Selección de textos], Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1978

[22]Dugin, Aleksand, Geopolítica Existencial. Conferencias en Argentina, Buenos Aires, Nomos, 2018, p. 31.

[23] Diccionario de la Real Academia Española, actualización 2017, en www.rae.es

[24]Malosetti Costa, Laura; Penhos, Marta, “Imágenes para el desierto argentino. Apuntes para una

iconografía de la pampa”, en: III Jornadas de Teoría e Historia de las Artes ciudad/campo en las Artes en Argentina y Latinoamérica, Centro Argentino de Investigadores del Arte, junio 1991,  Buenos Aires, CAIA, 1991.

[25]Echeverría, Esteban, Antología de prosa y verso, [1837], Buenos Aires, Editorial de Belgrano, 1981, p. 168.

[26]Sarmiento, Domingo Faustino, Facundo. Civilización y barbarie [1845], Madrid, Hyspamerica, 1982, p. 146.

[27]Gutiérrez, Ricardo, La Fibra Salvaje Y Otros Poemas, Buenos Aires [1860], Editorial Araujo, 1942, p. 157.

[28]Ascasubi, Hilario, Paulino Lucero-Aniceto el gallo-Santos Vega, Buenos Aires, Eudeba, 1961, p. 39.

[29]Paúl Valery 2006 (1914-1945), Estudios filosóficos, (Madrid: Visor).Pp 127-128

[30]Ataliva: epónimo de Ataliva Roca, hermano mayor del presidente argentino Julio A. Roca y célebre por los negocios turbios que hizo con el gobierno durante el mandato de éste.

[31] Domingo Faustino Sarmiento, Diario El Censor, 18 de diciembre de 1885.

[32]Cacique araucano, (Reinado 1860 apr.-1883, río Catan-Lil), hermano de Calfucurá y tío de Manuel Namuncurá. Vivió en las orillas del río Catan-Lil. En verano, su tribu se trasladaba al río Aluminé. Su zona de afluencia era sumamente estratégica, ya que desde allí se podía pasar de un modo sencillo a Chile, donde se realizaban importantes negocios. A Reuque-Curá le obedecían alrededor de quince caciques, entre los que se destacaban Queupú-Millá, Nahuelpan, Painé-Filú y Pulmane. Después de Valentín Sayhueque, era el jefe que mayor número de lanzas poseía: 2,500 lanceros. Algunas versiones de la época indican que su ejército era más grande que el del propio Calfucurá, quien en sus malones siempre solicitaba la cooperación de su hermano. La ayuda que éste le brindaba era de entre 600 y 1,000 guerreros de su tribu. Reuque-Curá tenía una magnífica habilidad política. Mientras mantenía la paz con el Gobierno de Buenos Aires, aprovechaba los malones de su hermano y otros caciques. De este modo, el inteligente cacique se eximía de las amenazas de las fuerzas nacionales. Todavía en 1875 mantenía 2,000 guerreros bajo sus órdenes. A partir de principios de 1881 se inició lacaída de Reuque-Curá. El 1 de marzo de ese año [1881], las fuerzas de Buenos Aires comenzaron la persecución contra dos de sus principales aliados: los caciques Rumay y Namuncurá. La agonía duró hasta el 5 de diciembre de 1883, cuando las tribus de Reuque-Curá fueron capturadas en el medio del frío, el hambre y la desolación.”  Datos extraídos de: María Espósito: Caciques mapuches; en: Diccionario Mapuche mapuche-español / español-mapuche, 2003.

[33]Manuel Prado, La guerra al malón (1907), Buenos Aires, Eudeba, 1960, p 17-18.

Comments

comments

Sé el primero en comentar

Deja tu comentario