De las Patrias Chicas al Partidismo desintegracionista o la Unión Iberoamericana fundada en el humanismo sincretista. Dos Cosmovisiones, una Pandemia. Por    Facundo Di Vincenzo[1]

 

 

Introducción o inquietud primera.

 

El próximo año (26 de julio) se cumplirán 200 años de la reunión en Guayaquil entre los libertadores de América José de San Martín y Simón Bolívar. Hace 199 estas tierras no estaban divididas tampoco sufrían las deudas agobiantes que hoy acogotan los cuellos de sus economías, sin embargo, tanto San Martín como Bolívar debieron lidiar con los intereses pequeños de los poderosos de esos tiempos.

 

Atravesando la segunda década del siglo XXI y con una Pandemia a cuestas parecen haberse extraviado aquellos sueños de integración como la historia de solidaridad y hermandad que tiene la región, características hoy obturadas por los intereses de los imperios de turno o eclipsados por los partidismos de patrias chicas más funestos. En estas ponencia se propone exponer tres planteos para no olvidar aquello que nos identificaba e identifica como Iberoamericanos ante las demás naciones del mundo.

 

  1. El cristianismo plebeyo frente a las epidemias. La solidaridad del humanismo sincretista como identidad Iberoamericana.     

 

Como historiador debo señalar, para quienes afirman que no es posible hoy pensar en la integración porque atravesamos un “contexto sin precedentes en Latinoamérica”, que en otros momentos Iberoamérica ha sufrido pestes con consecuencias terribles para todos sus pueblos.

 

Durante la época feudal, en “el mundo del mediterráneo” como diría Fernand Braudel[2], se produjo una peste que dejo sin un tercio de su población a Europa: la peste bubónica. Por diferentes razones (ausencia y fugas de campesinos de los campos de los señoríos, deterioro de las economías basadas en las relaciones feudales, aprovechamiento de la situación por los mercaderes/burgueses) la peste motivo que unos cincuenta años después se produzca la expansión de Europa hacia otros lugares del mundo, como dice el historiador J.H. Parry: “el descubrimiento del mar por los europeos”[3].  En realidad, una nueva forma de ver el mundo, una Cosmovisión ambiciosa y mercantil, se lanzaba al mar dando inicio a un largo periplo de conquista, colonización y extracción de recursos naturales, y por naturales entiéndase también: los humanos. Entre los siglos XV y XVI la conexión entre regiones distantes del planeta no produjo un tiempo de bonanza como suelen remarcar los historiadores liberales[4] sino una oleada de epidemias en todos los continentes. Sólo en América, trajo la viruela, sarampión, tos ferina, gripe, difteria, tifus, tracoma, muermo, rabia, gonorrea, tuberculosis, lepra, fiebre amarilla, sífilis; generando según los estudiosos[5] entre 40 y 70 millones de víctimas. En resumen, en Iberoamérica desde el momento de la llegada de los europeos se sufrieron epidemias de toda clase. La modernidad, más bien como dice Walter Mignolo, la cara oculta de la modernidad con su obsesión por los metales preciosos de los valles centrales de México y del Potosí, hizo llegar a las poblaciones de África, y con ellos, más epidemias.

 

En este punto me interesa detenerme para señalar que al mismo tiempo que América era atropellada por la Cosmovisión ambiciosa y mercantil, otra Cosmovisión, humanista y solidaria había arribado a las Américas. Mientras las pestes se llevaban a los más pobres: indígenas, esclavos y mestizos, un grupo de clérigos comúnmente conocidos cómo los Jesuitas se ocuparon del cuidado de los enfermos.

 

En la gran epidemia de cocoliztle que se desarrolló en el centro del actual territorio de México durante el año 1575 y que según algunos cronistas, causo más de 2.000.000 de muertes, los Jesuitas, además de asistir a los enfermos y por ello sufrir cuantiosas muertes, publicaron y alcanzaron a las autoridades coloniales el libro Summa y Recopilación de Cirugía con un arte para sangrar muy provechoso del sacerdote Jesuita Alonso López de los Hinojosos. Gracias a su difusión, fue posible atenuar  los contagios y reducir los efectos de las enfermedades.[6] En la Cuenca del Plata durante el año 1614, el Sacerdote Jesuita Antonio Ruiz de Montoya atajó una peste que diezmaba a los indios de Guayra (en el actual Paraguay) con cierto jarabe confeccionado con ciertos conocimientos y asistencia de los nativos. En 1618, gracias al licor de San Nicolás, el padre Roque González logro curar a decenas de indígenas de la Residencia de Yaguapoa[7].

 

Prácticamente a cuatrocientos años de aquellas pestes asistimos a un hecho inédito, por primera vez el mundo católico tiene un Papa Jesuita y Latinoamericano. El Papa Francisco, como sus predecesores, combatió otra peste, la del Covid 19 que en estos tiempos acecha a la región. ¿Cómo lo hizo? Denunciando la inequidad, desigualdad y abuso de los países poderosos sobre las demás regiones del planeta pero también con un mensaje a la unidad y acción conjunta de los pueblos hermanos. Dijo: “los problemas y las injusticias socio-económicas que ya afectaban gravemente a Latinoamérica” […] Frente a estos grandes desafíos, pidamos a la (Virgen) Guadalupe que nuestra tierra latinoamericana no se desmadre, es decir: que no pierda la memoria de su madre. Que la crisis, lejos de separarnos, nos ayude a recuperar y valorar la conciencia de ese mestizaje común que nos hermana y nos vuelve hijos de un mismo Padre. Una vez más nos hará bien recordar que la unidad es superior al conflicto”, […] El virus nos recuerda que la mejor forma de cuidarnos es aprendiendo a cuidar y proteger a los que tenemos al lado: conciencia de barrio, conciencia de pueblo, conciencia de región, conciencia de casa común”.[8]

 

Observo que el mensaje humanista y sincretista, que nos define y constituye como pueblos hermanos vuelve a sonar en la voz de un Jesuita. Como dice el papa Francisco, “el tiempo es superior al espacio”. Ahora bien, no sólo los Jesuitas han invocado al mestizaje y a la comunión espiritual de los pueblos Iberoamericanos como pilares de la  unidad necesaria en una región acechada por la Cosmovisión (mercantil y ambiciosa) de las potencias del Atlántico Norte.

 

El pensador, filósofo y educador, José Vasconcelos (Oaxaca de Juárez, 1882-1959) en su libro: La Raza Cósmica, escribe: “En cambio, nosotros los españoles, por la sangre, o por la cultura,  a la hora de nuestra emancipación comenzamos a renegar de nuestras tradiciones; rompimos con el pasado y no faltó quien renegara la sangre diciendo que hubiera sido mejor que la conquista de nuestras regiones la hubiesen consumado los ingleses. Palabras de traición que se excusan por el asco que engendra la tiranía, y por la ceguedad que  trae la derrota. Pero perder por esta suerte el sentido histórico de una raza equivale al absurdo, es lo mismo que negar a los padre fuertes y sabios cuando somos nosotros mismos, no ellos, los culpables de la decadencia.”[9] El ensayista, político e historiador Germán Arciniegas (Bogotá, 1900-1999) también alerto sobre el alejamiento de nuestra historia y tradiciones, escribió: “La filosofía de la historia preparada por los europeos –así la formulan Kant, Hégel, Marx, Spengler o Toynbee- se quiebra al llegar al suelo de nuestra América. De suyo el problema del mestizaje, de los caudillos, de las vacilaciones democráticas, de la convivencia en la misma casa grande del compadre rico y el compadre pobre, de los americanos del norte y los americanos del sur, el bombardeo constante de filosofías extrañas desde los tiempos de la Enciclopedia hasta los tiempos del comunismo, la persistencia con que han querido infiltrarse dentro de nuestros ambientes políticos el nazismo, fascismo, falangismo español, comunismo chino, la dificultad de los viejos imperios europeos por retirarse del suelo americano, la penetración del capitalismo anglosajón […] crearon circunstancias y la siguen creando, dentro de nuestra América, que sólo nosotros podríamos interpretar. Pero, sobre todo, crean problemas.”[10]

 

En resumen, observo que estos pensadores latinoamericanos, que hablan de una identidad sincretista y humanista, son silenciados, poco difundidos o eclipsados por otras voces, que casualmente no recurren a la tradición mestiza y espiritual que nos hermana. En cambio, el progresismo liberal de la OTAN ha determinado que otros términos son los que nos definen. ¿Qué significaciones tienen estas palabras para nosotros?

 

  1. El diccionario progresista y sus progresos.

 

Es difícil pensar con las palabras de otro. Y en esas condiciones además, como señalaba Arciniegas, es muy fácil quedar entrampado en los problemas de otros. Como escribió el Papa Francisco, “la realidad siempre es más importante que la idea”[11]. Me propongo revisar la noción de propiedad, instalada por una Cosmovisión ajena y nacida bajo el influjo del iluminismo y la ilustración (la racionalidad europea) y la idea extraña “de una unión surgida a partir de la suma de la diversidad”, propia de la concepción posmoderna y progresista promovida por la OTAN.

 

En el continente más desigual del planeta, la idea de propiedad inalienable e individual siempre fue un problema. Recordemos que en la época pre colombina no existía la idea de propiedad privada. Los pueblos nativos concebían la relación con la tierra de una forma diferente a la que intentaron imponer los europeos. Innumerables ejemplos podría mencionar, desde la idea de “herencia partida”[12] andina a la “tierra sin mal” de los guaraníes.[13] Al mismo tiempo, la Cosmovisión humanista y sincretista que llego a estos suelos en el violento proceso de conquista interpreto de una forma similar la relación con la tierra, desde los sacerdotes que  organizaron las producciones colectivas de las misiones jesuitas hasta los líderes de las luchas campesinas, José María Morelos (Morelia, 1765-1815), Miguel Hidalgo (Corralejo de Hidalgo, 1753-1811) y Emiliano Zapata (Anenecuilco, 1879-1919) que lucharon por los derechos (ancestrales) de poseer la tierra que se trabaja. En ese sentido, la lógica implantada de “una necesidad ecológica” también nos es ajena. Antes que el problema ecológico en esta región se encuentra el problema de la tierra, ya por su relación mítica con los hombres y mujeres que la trabajan como por el uso de la misma desde una Cosmovisión (de la OTAN) que hace usufructo hasta su destrucción total. Durante la tormenta de las Revoluciones Mexicana (1910-1917) y Boliviana (1952) surgieron gritos que cuestionaron en profundidad la lógica de explotación del suelo sin olvidar otros movimientos asociados al mismo problema:  Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra (Brasil), Los Zapatistas en Chiapas (México) o el Movimiento de Empresas Recuperadas (Argentina), entre otros tantos. Hay pocos momentos en donde se asumió una nueva forma jurídica para tratar la cuestión del sentido y razón de la propiedad. En 1949 y en Argentina, durante el Gobierno de Juan Domingo Perón, se sancionó una Constitución que se encargó de dar respuestas al problema de la propiedad dando una definición situada, enlazada con la lógica humanista que nos precede. Dice el texto en su Artículo 38: “La propiedad privada tiene una función social y, en consecuencia, estará sometida a las obligaciones que establezca la ley con fines de bien común. Incumbe al Estado fiscalizar la distribución y la utilización del suelo e intervenir con el objeto de desarrollar e incrementar su rendimiento en interés de la comunidad. […] La expropiación por causa de utilidad pública o interés general debe ser calificada por la ley y previamente indemnizada.”[14]

 

Otro problema instalado es el relacionado con la palabra diversidad y su sin fin de significaciones. La diversidad es un antónimo de la unidad y observo que para nosotros el uso de la palabra es política, cultural, social y geopolíticamente incorrecto y peligroso. Principalmente porque se lo utiliza con una valoración positiva. Rápidamente intentaré explicar la ligazón de este término con la Cosmovisión que propone para el mundo la OTAN (liberal, individualista, mercantil, imperialista). Varios pensadores han estudiado las cuevas ocultas del progresismo (Leonardo Castellani, Julio Meinvielle, Ramón Doll, Alberto Buela, Aleksandr Dugin, Esteban Montenegro[15]). Estos autores, en la mayoría de los casos, rastrearon la etimología de la palabra progreso. El término progreso/progressus que se usa en nuestros días deriva de término griego próodos, que significa “salir de sí mismo y dirigirse hacia lo otro”[16]. Los neoplatónicos llamaron proódos al recorrido o manifestación que nace del origen, de DIOS, y que  se dirige hacia lo terrenal, al humano y su pensamiento. Han pasado muchos años y la palabra ha sido reconvertida en nuestros tiempos, parecería que el progresismo acelero la marcha y desde mediados del siglo XX se ha alejado más y más de la unicidad, entendiendo por ello, la identidad mestiza con su cultura iberoamericana (indígena e ibérica), su lenguas latinas y su cristiano plebeyo. La diversidad es la expresión de la lejanía. Es la aceptación de que somos diferentes, distintos, ajenos y, peor aún, de que esas bifurcaciones tienen una valoración positiva. En conclusión, pienso que no es positivo para nosotros que esas diversidades nos unan más a quienes explotan nuestros recursos, destruyen nuestros ecosistemas y nos dominan con los mecanismos más siniestros que a nuestros vecinos y a los hombres y mujeres que viven lejos de las ciudades puertos latinoamericanas. En nuestra región, lo distinto se ensambla, muta, se incorpora e unifica. No se acepta ni se respeta. Esos son modismos de las urbes europeas mal copiados por una casta de periodistas, políticos e intelectuales (ensamblados por la colonización cultural ejecutada por la OTAN o por sus fiestas con drogas de laboratorio) que dominan los medios de comunicación hegemónicos y que hoy constituyen lo que llaman “opinión pública”. Además, ¿La OTAN tiene pensamiento diverso cuando se trata de resolver que se debe hacer respecto a los territorio ocupados por los Imperialismos del Atlántico Norte en Iberoamérica (Islas Malvinas, Panamá, Puerto Rico, Guantanamo, etc…)?

 

  1. La Unidad Iberoamericana y el Partido Progresista. La confusión desintegradora.

 

Los libertadores San Martin y Bolívar lidiaron con los intereses de Patrias Chicas. En algunos casos lucharon contra ellos, en otros, intentaron sobrellevarlos ponderando el objetivo madre de la unidad continental. San Martín y Bolívar consideraban que la unidad de Iberoamérica no podía confundirse con el interés de facción ni con la ideología de “partido” (liberal o conservador). Bolívar lo ha demostrado más de una vez cediendo su personalismo natural al sistema republicano sugerido por él mismo tras las guerras de emancipación[17]. San Martín se encargó de demostrar su enemistad con los porteños y sus simpatías con el federalismo regional promovido por Juan Manuel de Rosas[18].

 

 

Este año convenientemente, se han motivado los encuentros entre los Presidentes Alberto Fernández (Argentina) con sus pares de Bolivia (Luis Arce) y México (López Obrador), al mismo tiempo el Presidente Jair Bolsonaro (Brasil) se ha inclinado por reunirse en varias oportunidades con Abdo Benítez (Paraguay). Observo además, que en la mayoría de los casos estos mandatarios se han reunido con Presidentes de Europa o de Norteamérica antes que encontrarse con otros pares de los países  vecinos. Como lo señalo más de una vez Alberto Methol Ferré (Montevideo, 1929-2009), es un problema serio confundir la política exterior con la ideología de partido, más aún en la situación actual (Crisis económica + Pandemia) de nuestra región. Afirmaba el pensador oriental: “existe una necesidad  por instaurar una ideología contemporánea de la integración. En América Latina necesitamos que los pensadores renueven los estudios de filosofía política, y que eleven el proceso de integración del plano más bien pragmático en que ahora se desenvuelven, al de las ideas rectoras que deben presidir su institucionalización.”[19]

 

Lamentablemente, encuentro que la mayoría de la intelectualidad latinoamericana, al revés de lo que decía Methol Ferré, se ha encargado de profundizar las diferencias entre los presidentes de las Américas por cuestiones de religiosas, de género o ideología política. Estas inclinaciones están lejos del federalismo o la confederación de pueblos que propusieron nuestros libertadores desde Artigas hasta Bolívar y San Martin.

 

En 2021 se cumplen 30 años de existencia del Mercosur, una organización de mercado común iniciada por Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, hoy con Chile y Bolivia como asociados[20]. Tuvo sus momentos de gloria y de desamparo pero el Mercosur se mantiene vivo, algo que no es menor para este tipo de organizaciones en la región, como lo demuestra nuestra historia, otras organizaciones motivas por los intereses ideológicos no han perdurado más de diez años. En un mundo geopolíticamente dividido en grandes Organizaciones Continentales o de Estados Continentales: China, EEUU, Rusia, Unión Europea, absurdo sería propiciar la desaparición del Mercosur. A saber, sería motorizar nuestra dependencia y debilidad al momento de negociar contra los gigantes del planeta. Pero, más absurdo aún, es olvidar nuestra historia y tradición Iberoamericana. Dejar de lado que provenimos de una misma sustancia, como dice Vasconcelos, por la cultura o por la sangre. Que las diferencias nos dividan, no es algo que nos identifica. Tampoco nos identifica lo diverso. Iberoamérica no es identificable por la suma de todo lo diferente, más bien, se define ante las demás regiones del mundo por ser el continente que hospeda, asiste, muta, ensambla, por poseer un espíritu que es mestizo, humanista y sincretista, y en ese sentido, superador de cualquier diferencia ideológica.

 

 

 

[1]Profesor de Historia – Universidad de Buenos Aires, Doctorando en Historia– Universidad del Salvador, Especialista en Pensamiento Nacional y Latinoamericano – Universidad Nacional de Lanús, Docente e Investigador del Centro de Estudios de Integración Latinoamericana “Manuel Ugarte”, del Instituto de Problemas Nacionales y del Instituto de Cultura y Comunicación. Columnista del Programa Radial, Malvinas Causa Central, Megafón FM 92.1, Universidad Nacional de Lanús.

[2] BRAUDEL, FERNAND, El Mediterráneo y el mundo del Mediterráneo en la época de Felipe II [1949], México, Fondo de Cultura Económica, 1988.

[3]PARRY, JHON HORACE, El descubrimiento del mar [1974], Madrid, Grijalbo, 1991.

[4]WALLERTEIN, IMMANUEL, El moderno sistema mundial [3 tomos], México,  Siglo XXI, 1991.

[5]CÉSPEDES CASTILLO, GUILLERMO, América Hispánica (14921898), Barcelona, Labor, 1992.

[6]FLORESCANO, ENRIQUE, Ensayo sobre la historia de las epidemias en México, Volumen 1, México,  Instituto Mexicano del Seguro Social, 1982; CORDERO DEL CAMPILLO, MIGUEL, “Las grandes epidemias de la América Colonial”, en Archivos de zootecnia,  vol. 50, núm. 192, 2001; LUNA, FELÍX (Dir.), “Medicina, epidemias y otras enfermedades”, en Revista Todo es Historia, Buenos Aires, N° 501, Abril 2009.

[7] FURLONG, GUILLERMO S.J., Los Jesuitas y la cultura rioplatense, Buenos Aires, Editorial Biblos, 1994.

[8]Papa FRANCISCO, “América Latina: Iglesia, Papa Francisco y los escenarios de la pandemia”, el documento completo se encuentra disponible en: https://www.cepal.org/es/discursos/seminario-america-latina-iglesia-papa-francisco-escenarios-la-pandemia

[9]VASCONCELOS, JOSÉ, La Raza Cósmica, Buenos Aires, Espasa Calpe, 1948, p. 23.

[10]ARCINIEGAS, GERMÁN, Nuestra América es un ensayo, París, Biblioteca Cuadernos, 1962, pp. 28-29.

[11] Papa FRANCISCO, Evangelli Gaudium [2013], Buenos Aires, Agape Libros, 2016.

[12]ROSTOWOROWSKI de DIEZ CANSECO, MARÍA, Historia del Tahuantisuyu, Lima, Instituto de Estudios Peruanos, 1988; ESPINOZA SORIANO, WALDEMAR, Los Incas. Economía, Sociedad y Estado en la era del Tahuantisuyo, Lima, Amaru Editores, 1997; JARAMILLO, ANA, (dir.), “Los orígenes”, en Atlas Histórico de América Latina y el Caribe, UNLa, 2016, pp. 42?130.

[13]CADOGÁN, LEÓN, CAROBENI. Apuntes de Toponimi Hispano Guarani, Asunción, Impresora Paraguaya, 1959; CLASTRES, HÉLÈNE, La tierra sin mal. El profetismo tupí-guaraní, Ediciones del sol, Buenos Aires, 2007.

[14]Constitución para la Nación Argentina de 1949, Buenos Aires, Edición de la Universidad de Buenos Aires, 1950.

[15]CASTELLANI, LEONARDO, Esencia del Liberalismo, Buenos Aires, Ediciones Dictio, 1976; MEINVIELLE, JULIO, Un progresismo vengonzante, Buenos Aires, Cruz y Fierro Editores, 1967; DOLL, RAMÓN, Liberalismo. En la literatura y en la política, Buenos Aires, Claridad, 1934; BUELA, ALBERTO, El sentido de América. (Seis ensayos en busca de nuestra identidad), Buenos Aires, Theoria, 1990; DUGIN, ALEKSANDR, Logos argentino. Metafísica de la Cruz del Sur, Buenos Aires, Nomos, 2018; MONTENEGRO, ESTEBAN, Pampa y estepa, Buenos Aires, 2020.

[16]DUGIN, ALEKSANDR, Logos argentino. Metafísica de la Cruz del Sur, op., cit., p. 21.

[17]FONT EZCURRA, RICARDO, San Martín y Rosas. Su correspondencia, Buenos Aires, Sieghels, 2019; IRAZUSTA, JULIO, Vida política de Juan Manuel de Rosas a través de su correspondencia [5 tomos], Buenos Aires, Editorial Albatros, 1947.

[18]BLANCO FOMBONA, RUFINO, El pensamiento vivo de Simón Bolívar, Buenos Aires, Losada, 1944; LARRAZABAL, FELIPE, Vida del Libertador Simón Bolívar [2 tomos], Madrid, Editorial América, 1918.

[19] METHOL FERRÉ, ALBERTO, Los Estados Continentales y el Mercosur, Buenos Aires, Ediciones Instituto Superior Dr. Arturo Jauretche, 2009, pp. 46-47.

[20]Sobre el tema recomiendo los artículos publicados en la Revista Allá Itté a razón de los 30 años del Mercosur. En: http://revistaallaite.unla.edu.ar/

Comments

comments

Sé el primero en comentar

Deja tu comentario