“Pepe” Rosa: el viejo maestro

Por Eduardo Rosa

La cultura árabe da mucha importancia a las palabras. De los cuentos orientales, como “Las Mil y Una Noches” es que nos llega la idea que pronunciando la palabra adecuada se produce lo sobrenatural. Esas son las palabras mágicas, el “Sésamo ábrete” de Ali-Babá. Y entre las palabras, el nombre de las cosas son parte de la cosa… Los árabes creen que si un enfermo conoce el nombre de su enfermedad, ya ha hecho la mitad del camino de su curación. Y si tomamos las palabras José María Elihú Rosa (“Pepe”), veremos que podemos empezar a conocerlo.

20 de agosto de 1906… Por las calles de Buenos Aires rueda un carruaje precedido por granaderos a caballo. Era Mr. Elihú Root, embajador extraordinario de Yanquilandia que venía haciendo una gira por América.
El cortejo pasaba bajo la ventana de mi abuelo cuando estaba naciendo “Pepe”. Esto lo impresionó tanto que agregó a los nombres el de “Elihú”. Pero eso no fue todo. En el único viaje que mi padre hizo a Nueva York, se entera por un diario de la muerte de Elihú Root ¡a la misma hora que el estaba aterrizando!.

“Pepe”: ese también fue un nombre mágico… Les voy a contar una historia divertida
En la segunda invasión inglesa, un pintoresco marino de río llamado José Pons, al que apodaban “Pepe el Mahonés” les quita un cañón a los ingleses. Luego, enojado con Saavedra cruza el río con un barco a remo de un único cañón al que bautiza “La podrida”. Se produce la batalla naval de Montevideo, y en ella el único barco patriota perdido es el “San Luis”, hundido por “La Movediza Podrida”, según se describe en los anales de la historia naval Argentina… Unos años después, llega a la casa de comercio de don José Pons un joven españolito llamado Vicente Rosa (bisabuelo de mi padre) que se casa con la hija de “Pepe el Mahonés”. Por eso siempre decimos que “armar la podrida” es cosa de familia…. El segundo hijo de Vicente se llamará José, en homenaje al suegro, y le dirán “Pepe”. Ese será el abuelo de mi padre y por él descienden los “Pepes” Rosa.

Y con esto entramos en la historia. Mi padre siempre contaba que la historia se vivía en su casa como chismes de vecinos. Solía ir los domingos a la casa de su abuelo, que se reunía con señores que hablaban con familiaridad de gente con nombres de calles y se sentía fascinado con esos viejos que dominaban un arte hoy casi olvidado: el arte de conversar. La familia descendía más bien de unitarios: una de sus abuelas era hija del General Pacheco, y recordaba de las viejas de la familia haber oído el relato de la batalla de Rodeo del Medio, como el encontronazo “entre el Tío Goyo y el Tío Ángel” (Entre Lamadrid y Pacheco).

Cuatro años tenía “Pepe” cuando el Centenario. En sus primeros recuerdos está una noche de mayo de 1910 en que su madre lo llevó a la azotea para que viera el cometa Halley. Siempre contaba que su madre rezaba en silencio: “¿Por qué rezás, mamá? “- preguntó. “Rezo para que Dios te dé vida suficiente y puedas ver al cometa otra vez.”
En el año 1986 apunté mi telescopio al cometa, invisible a simple vista. Se veía una pequeña bola naranja que se desplazaba lentamente entre las estrellas del fondo. Mi padre observó por la lente del telescopio, y se quedó callado. Estaba muy enojado: “¿Qué te pasa?” “¡Me pasa que esperé 76 años para volver a ver al comenta y el cometa no me quiso ver a mi!”

Comienza en Santa Fe su verdadera vocación, la de Profesor, ejerciendo en la universidad del Litoral y ad-honorem en La Plata. Una vez por semana viajaba en la dura segunda clase de los trenes desde Santa Fe a La Plata y en una ocasión en que alguien le señaló que eso era una locura, mi padre replicò: “¿Acaso los pescadores no hacen sacrificios mayores por su pasión? Bueno, mi alegría es dar clase y tal vez me cueste menos plata que la que gastan los pescadores.”

En Junio de 1938, junto a un grupo de entusiastas fundan en Santa Fe el “Instituto de Estudios Federalistas”, ámbito precursor del revisionismo.
La prensa, como era lógico, calló las actividades publicaciones y conferencias. En una de estas conferencias, donde los concurrentes no pasaban de una docena, don Alfredo Bello –Presidente del Instituto- le propuso: “Eso mismo que usted ha dicho sobre Rosas repítalo en un asado popular que le voy a organizar en Coronda”. “¿Qué saben de historia Argentina quienes asistirán al asado?” dijo mi padre. “Nada –le respondió Bello- ni siquiera les ha quedado lo que se les enseñó en la escuela. Pero son criollos y tienen corazón”. Organizó su asado, y fue un estruendoso éxito. La policía debió intervenir porque los concurrentes salieron a matar salvajes unitarios, y a tirarle piedras a los bustos de Sarmiento….

Estalló el 17 de octubre, movilización que lo sorprendió como a muchos otros. Por entonces estaba en Buenos Aires expulsado de su cátedra santafecina. Mientras tanto, su batallar seguía tratando de esclarecer la historia de los argentinos: en 1954 Buenos Aires se despertó una mañana con carteles por toda la ciudad que reivindicaban el 20 de noviembre como “Día de la Soberanía”…

Llegó el golpe “libertador”, y “Pepe” escuchaba por radio lo que decían los “contreras” desde Montevideo.
En un momento se levanta enojado y grita: Esto es Caseros”…No obstante su notoria filiación peronista y nacionalista durante los primeros días fue respetado por la FUBA, juez supremo en cuyo tribunal se validaban caían o ponían profesores.

Pocos meses después de la instauración de la tiranía septembrina, lo detienen por haber dado asilo en su casa John W. Cooke. Luego de tenerlo una semana incomunicado, una noche lo llevan ante un extraño tribunal que lo interrogó sobre el gobierno de Rosas.
-¡Pero esto es una locura! – le dice a su interrogador que se presentaba como “El Capitán Ghandi” – Si usted quería saber mi opinión sobre Historia Argentina me hubiese invitado a su barco y no necesitaba traerme a punta de ametralladora; o al menos hubiese comprado mis libros así yo ganaba algo -dijo consternado Rosa.
-¡Usted es un mercader de la Historia!, -acusa el interrogador.
-¿Y usted de que vive? Porque supongo que será mercader de algo…

Continúa el demencial interrogatorio hasta que se toca el tema de los bloqueos anglofranceses.
– El Capitán Ghandi no debe ignorar que un bloqueo es un acto de guerra, que hubo combates en Martín García, en Obligado….
– Pero no bombardearon Buenos Aires – minimizó “Ghandi”.
Rosa – polemista de alma – no se pudo contener:
– Es cierto, Buenos Aires nunca fue bombardeada por marinos… extranjeros…
Eso le costó meses de cárcel. El diálogo –cuya comunicación pública le fuera prohibida- lo sacamos de la cárcel escondido adentro de un termo, y fue publicado.

Salido de la cárcel le escribe a Perón diciendo que había visto como muchos se-dicentes peronistas plañían sus extravíos y solicitaban perdón a Aramburu y Rojas, pero vaticinaba que iban a surgir desde abajo nuevos y mejores dirigentes, porque el peronismo era la patria misma.

Luego se incorporó a la conspiración del General Valle que pretendía barrer a la Revolución Libertadora y dar elecciones nuevamente. Cruel y sanguinariamente reprimida, “Pepe” tuvo suerte de salvar su vida y pasó al Uruguay, donde se incorporó a un notable grupo de exiliados.

Ganada la batalla por el retorno de Perón, “Pepe” Rosa integró la comitiva que acompañó al Líder justicialista de vuelta a la Patria.

Por su prestigio en Paraguay -ganado a través de su libro sobre Solano López, hoy héroe máximo guaraní- Perón pensó que José María Rosa podría realizar el contrapeso necesario al emprendimiento brasileño de Itaipú, de cuya cota de altura dependía la factibilidad de Corpus, y lo nombró Embajador en Asunción. Muerto Perón, el canciller lopezreguista Vignes lo desplazó a Grecia, ahorrándole a don “Pepe” el ser espectador y tal vez parte de la decadencia y deformación del peronismo de entonces y la amargura de la llegada de la noche del Proceso.

De regreso a la Argentina, y no pudiendo quedarse callado (con la ventaja relativa de no poder ser fácilmente acusado de “terrorista”) escribe en las pocas publicaciones que agónicamente salían, financiadas por sindicatos o por las mismas bases. Cuando hubo una posibilidad, fundó la revista “Línea” donde se dio cabida a todos los que quisieran escribir en ella, con el único requisito de ser fieles a la “Línea Nacional” .
Era esta publicación casi un movimiento político, pues propiciaba actos y conferencias en todos los rincones del país y mantenía encendida la antorcha popular.
No pocos secuestros de ejemplares y juicios tuvo que afrontar, pero no pudieron doblegarla, ni seducirla, (como algún almirante de triste memoria intentó…)

La última batalla de “Pepe” fue para imponer algo de racionalidad en el conflicto por las islas del Beagle.
Aparte de encontrar falaces y sospechosos los argumentos que se esgrimían había razones de americanismo que debían tenerse en cuenta
El razonamiento era simple: El tribunal de La Haya había fallado diciendo que los islotes eran chilenos; el mediador papal también lo decía. ¿Si fuésemos chilenos cederíamos las islas sin pelear? Y si peleábamos, ¿en cuanto tiempo se cerrarían las heridas?

A la una de la madrugada del 2 de julio de 1991, José María Elihú Rosa, “Pepe”, el historiador de la Patria Grande, el militante de la causa nacional y popular, dejó esta vida.
Y nos dejó para siempre su ejemplo.

Dios quiso que no estuviera solo, porque con él estuvo el pueblo al que él interpretó, el pueblo que acordó con él que esa historia que él develaba era la historia verdadera. Lo vimos así vivir la lucha política, sufrir cárcel, sufrir exilios. Fue condecorado por la persecución de quienes intentan minimizar el destino de grandeza de nuestro pueblo.
(José María Castiñeiras de Dios – Oración fúnebre en el entierro de José María Rosa)

Algunos Libros:
Más allá del código
Interpretación religiosa de la Historia
Defensa y pérdida de nuestra independencia económica
Rivadavia y el imperialismo financiero
La misión García ante Lord Strangford
El cóndor ciego (La extraña muerte de Lavalle)
Nos los representantes
La guerra del Paraguay y las montoneras Argentinas
La caída de Rosas
Del Municipio Indiano a la Provincia Argentina
El revisionismo Responde
Rosas, nuestro contemporáneo
El pronunciamiento de Urquiza
Historia del revisionismo y otros ensayos
Porteños Ricos y Trinitarios pobres (el contrabando en Buenos Aires del 1600)
HISTORIA ARGENTINA (13 tomos)

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