DE REPUBLICANOS Y MONARQUICOS. Por Francisco José Pestanha

Escrito en mayo de 2003

“En mi concepto, la forma de gobierno más conveniente para estas provincias, sería la de una monarquía temperada”

MANUEL BELGRANO – Congreso de Tucumán – 6 de julio de 1816

En un ensayo de reciente publicación y que titulé “Política de lahistoria”, sostuve firmemente la necesidad de retomar unametodología de revisión del pasado que opere como presupuestopara alcanzar aquella verdad histórica que nutre nuestra identidadnacional.

Cuando me refiero a una metodología de revisión del pasado, hagoalusión directa a aquel revisionismo histórico iniciado seguramentepor seres “… no tan bien provistos de esa propensión hacia laconservación, ni dotados de las herramientas metodológicas quebrindaban las academias…” (J. PERES), que se constituyó duranteel siglo pasado en el puntapié inicial para que muchos personajes,impulsados simplemente por una natural obstinación porexploración, orientaran sus investigaciones hacia la pertinentebúsqueda de ese elemento esencial para la vida de las naciones: la propia identidad.

A mi criterio, resurge en la actualidad la exigencia de reeditar esemétodo que permitió y permitirá develar aún más aquellos sucesos, aspectos y protagonistas que han sido suprimidos, ocultados o tergiversados deliberadamente por el falsacionismo histórico Mitrista y que nos permitirá retomar un proceso de re-construcción de nuestra historia real.

Aunque mis obsesiones de otrora indudablemente no me permitieron orientarme hacia la práctica y la especulación histórica confieso que, en la medida de mis posibilidades y cuando mis angustias lo toleran, suelo dedicarme a hurguetear en el pasado como aquellos baqueanos de la historia que iniciaron el revisionismo.

Debo confesarles además que, a medida que avanzo en mis indagaciones, encuentro elementos tan sorprendentes que suelen modificar constantemente mis especulaciones.

Sobre uno de ellos en especial, voy hacer referencia en este trabajo.

Si a cualquiera de nosotros, simples hombres y mujeres de esta tierra, se nos inquiriese para que señaláramos al padre de aquellas ideas republicanas y democráticas que dieron origen a la constitución del 1953-60, no dudaríamos en hacer referencia a JUAN BAUTISTA ALBERDI y en particular a su obra “Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina”.

De mis propios recuerdos y lecturas sobre los textos históricos de la primaria y la secundaria e inclusive de mis primeras incursiones en materia de Derecho Constitucional en la universidad estatal, surge nítidamente la figura de ALBERDI, como aquel ideólogo que impulsó contra viento y marea la incorporación a nuestra norma fundamental de los principios liberales y republicanos de la época.

Pero ¿hasta dónde llegaba su republicanismo?. ¿Hasta dónde este preclaro representante de los intereses comerciales y espirituales del primer mundo de la época, sostenía sus convicciones representativas y federales? Podría uno imaginárselo “… cual acerbo impugnador de este sistema a efectos de coronar como Rey Argentino a un príncipe dinástico extranjero, destinado a presidir el gobierno monárquico, aristocrático y centralizante?…” (JUAN PABLO OLIVER).

Aunque el relato que formule a continuación pueda causar una tenue impresión, no temo sostener que nuestro personaje no fue en manera alguna el republicano comprometido como se nos lo intentó presentar a la mayoría de los argentinos, mucho menos un conspicuo federal, y menos aún, un demócrata en el sentido actual del término.

Para tener cabal conciencia de los alcances de pensamiento ALBERDIANO, debemos necesariamente remitirnos a los escasamente difundidos “Escritos póstumos” que su hijo MANUEL ALBERDI publicara en dieciséis volúmenes a finales del siglo XIX.

Dichos textos, los más importantes de su producción no sólo por la profusión de la obra, sino por las propias palabras de este conspicuo representante de la generación del ’90, expresan a mi criterio el verdadero pensamiento de un ALBERDI definitivamente forjado por su propia experiencia y fraguado por sus propias contradicciones.

Mas allá de las discrepancias estructurales que me separan con este ideólogo y con el cierto respeto que merece su talento literario, voy a hacer breve referencia aquí a un ensayo de más 500 páginas incluido en dichos escritos y, publicado como volumen IV que tituló ” La Monarquía como mejor forma de gobierno para Sud América”

Cabe antes de proseguir que cuando se pretende analizar la producción intelectual de un pensador, o como en este caso de un verdadero ideólogo, no puede obviarse en manera alguna el contexto social, político, histórico que le tocó vivir; menos aún las distintas corrientes teóricas que nutrieron dicha producción por el proceso semiótico de intertextualidad.

En este texto escrito en 1864, ALBERDÍ aborda entre otros tópicos el proceso revolucionario y las formas de gobierno asumidas en América, la acción de Europa en América, el intervencionismo Europeo (del que era sumamente partidario) y las opiniones de los principales hombres de la revolución sobre la monarquía. A partir del análisis de dichos elementos formula lisa y llanamente su tesis respecto a que la mejor forma de gobierno para estos territorios es la instauración de una monarquía.

Concluye en ese sentido sus reflexiones sosteniendo, entre otras cuestiones, que “… La reaparición de la monarquía en América osuna ley de su progreso inevitable… Si el mundo debe ser uno, porque dos sistemas rivales de gobierno? Si la mayoría da la ley ¿porque no recibirá las formas europeas de gobierno?

Pero ¿qué hay entonces de esas “Bases” tan pertinazmente difundidas en nuestros mundillos académicos durante el pasado siglo?

Según el propio ALBERDI, fueron sus bases un “… escrito ligero, hecho en 20 días de ocio en el feriado…”. En realidad, siguiendo a OLIVER a quien ya he citado, el libelo de referencia fue el producto de una compaginación “… con unción de himno imperativo y supresión de referencias personales, a una serie de editoriales que venia publicando desde años atrás en defensa profesional de los más fuertes intereses mercantiles y empresarios de Valparaíso…”

Y ¿por qué entonces su vigencia y su permanencia? Seguramente porque dichas bases, “… redactadas o compaginadas apuradamente para servir intereses mercantiles extranjeros sigue sirviendo… para intereses semejantes, de ahí que se lo eleve a categoría de dogma sacramental y pilar de las instituciones básicas inamovibles…” (J.OLIVER).

Respecto al federalismo argentino, puede extraerse la opinión de ALBERDI de algunos párrafos de una carta a su amigo FELIX FRÍAS: “… Por mi parte cada día detesto más la dichosa federación y con gusto trabajaría para ver abolido del todo en nuestro país ese infernal sistema… Vergüenza me da pensar que el federalismo argentino que yo consideré como un régimen de transición hacia la consolidación, nos haya más bien llevado a la disolución o a la desmembración de que considero amenazado a nuestro país más eminentemente que nunca…”

Con relación a sus convicciones democráticas ya en las bases tratado evitar la implantación del voto universal. Proponía una “alteración al sistema electoral amplio” que, según él, había permitido que la “chusma” ayudara a ROSAS a conservar el poder durante dos décadas. Así su máxima “Alejar el sufragio de las manos de la ignorancia y de la indigencia es asegurar la fuerza y acierto del ejercicio”.

ALBERDÍ efectivamente fue profundamente liberal; pero de ese liberalismo al “estilo protestante” que comenzaba a expandirse con fuerza de paradigma civilizacional a partir de mediados del 50´ y que presupone un individuo al que no hay que ponerle trabas y menos aún aquellas que responden a un “interés general”.

Un liberal de aquellos que sostienen la necesaria “autolimitación dela sociedad para no intervenir en el despotismo de los fuertes sobre los débiles”(OLIVER). En definitiva, una libertad que presuponía cierta “libertad especial” para que las razas aptas pusieran en marcha “… una máquina que, como el vapor, requiere maquinistas ingleses de origen. Sin la cooperación de esa raza es imposible aclimatar la libertad en parte alguna de la tierra”, (ALBERDI, “BASES”)

No es mi pretensión partir de este texto para formular una crítica al pensamiento Alberdiano, con el cual discrepo en tantos topicos, sino simplemente exhibir al eventual lector uno de los mecanismos que la historiografía oficial utilizó para diseñar y transmitir un mito fundacional funcional al modelo de país que pretendió construirse a partir de la batalla de Caseros.

El ocultamiento de su verdadero ideario da cuenta hasta dónde la estrategia Metrista consistió en adecuar sucesos y personajes a un país proyectado y pero también de la necesidad de revisar ese “pasado guionado a medida”, para proyectar un futuro sustentado en bases reales.

Dejemos que Alberdi descanse en paz, pero no olvidemos que nuestro verdadero desafío respecto a personajes como el de referencia, presupone el de sacar real provecho a la totalidad de su obra, de sus expectativas, de su experiencia y porque no, de sus

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