{"id":2100,"date":"2012-02-20T00:30:52","date_gmt":"2012-02-19T21:30:52","guid":{"rendered":"http:\/\/nomeolvidesorg.com.ar\/wpress\/?p=2100"},"modified":"2012-02-20T00:30:52","modified_gmt":"2012-02-19T21:30:52","slug":"clara-beter-por-cesar-tiempo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nomeolvidesorg.com.ar\/archivo\/clara-beter-por-cesar-tiempo\/","title":{"rendered":"Clara Beter . Por C\u00e9sar Tiempo"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-family: Arial;\"><strong>Clara Beter<br \/>\n<\/strong><\/span><span style=\"font-family: Arial; font-size: x-small;\"><br \/>\nPor C\u00e9sar Tiempo<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial; font-size: x-small;\">gentileza www.elortiba.org<\/p>\n<p>Para hablar de Clara Beter debemos remontarnos a los a\u00f1os aquellos en que Enrique Tiraboschi cruzaba a nado el Canal de la Mancha, un punch formidable de Luis \u00c1ngel Firpo arrojaba del ring del Polo Ground de Nueva York a Jack Dempsey, Stefan Zweig terminaba de escribir Amok y Thomas Mann La Monta\u00f1a M\u00e1gica, Armando Disc\u00e9polo pon\u00eda en escena Mateo, un requiem melanc\u00f3lico para los coches de plaza, Gershwin compon\u00eda su Rapsodia in Blue, iba a publicarse Don Segundo Sombra, se disolv\u00eda el d\u00fao Gardel-Razzano, don Florencio Parravicini era electo concejal, eran condenados a muerte Sacco y Vanzetti y en una quinta de Villa Ballester Pedro Juan Vignale y mi \u00e1lter ego levantaban los andamios de la Exposici\u00f3n de la actual poes\u00eda argentina.<\/p>\n<p>Ubicuos, m\u00e1s por necesidad de encontrarnos a nosotros mismos que a los dem\u00e1s, altern\u00e1bamos simult\u00e1neamente con los bogavantes de Boedo y de Florida, peregrina clasificaci\u00f3n que nucleaba a los poetas y prosistas agrupados alrededor del peri\u00f3dico Mart\u00edn Fierro y de la revista Claridad.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1ndo habr\u00eda de imaginar Mariano Boedo, el salte\u00f1o inflamado y almacigado, representante de su provincia en el Congreso de Tucum\u00e1n, que su apellido servir\u00eda de bandera, a m\u00e1s de un siglo de distancia, a un movimiento literario? Boedo es hoy una calle y un barrio, una calle que nace en Almagro \u2014\u201dcuna de tauras y cantores, de broncas y entreveros\u201d, como reza el tango\u2014 y termina en las inmediaciones del Parque de los Patricios, un barrio que avanza longitudinalmente como los alguaciles en el mal\u00f3n de las tormentas. Por esa calle y por ese barrio hubo un tiempo en que pas\u00f3 a pesar de todos los pesares uno de los meridianos de nuestra literatura. De no haber ahuyentado a sus corifeos, Boedo habr\u00eda sido a Buenos Aires lo que Saint-Germain-des-Pr\u00e9s a Par\u00eds. Es evidente que el barrio no puede estar colmado de los recuerdos del quartier parisiense donde tuvo su imprenta Balzac, termin\u00f3 sus d\u00edas Oscar Wilde y funcionaba el caf\u00e9 de Deux Magots, cuartel general de la nueva literatura. Sin embargo Boedo tambi\u00e9n tuvo lo suyo. Por all\u00ed pas\u00f3 Darwin rumbo a los mataderos de Nueva Pompeya, pontific\u00f3 Jos\u00e9 Gonz\u00e1lez Castillo, el dramaturgo de La mujer de Ulises, debut\u00f3 Francisco Charmiello, un c\u00f3mico memorable, anduvieron prohombres de la pol\u00edtica, ases del f\u00fatbol, artistas, cantores, periodistas, hombres de ciencia que, imitando al autor de El origen de las especies, partieron a su vez hacia los mataderos de la inmortalidad.<\/p>\n<p>Cronol\u00f3gicamente el grupo literario de Boedo apareci\u00f3 antes que el de Florida. El primer n\u00famero de Mart\u00edn Fierro sale a la calle en febrero de 1924, el primero de Los Pensadores (as\u00ed se llam\u00f3 antes de convertirse en Claridad) en febrero de 1922. Conviene aclarar que el nombre de la revista de Boedo no implicaba una actitud ingenua y petulante de autosobrevaloraci\u00f3n ya que llamarse a s\u00ed mismos los pensadores invitaba m\u00e1s que a otra cosa a la tomadura de pelo. La revista fue bautizada as\u00ed por el fundador de la editorial, Antonio Zamora, porque al comienzo se limit\u00f3 a publicar en cada salida una obra maestra de la literatura universal, poni\u00e9ndola al alcance de los lectores m\u00e1s modestos. El ejemplar se vend\u00eda a veinte centavos moneda nacional. Los pensadores no eran pues los muchachos de Boedo sino los maestros popularizados por la revista. El primer n\u00famero de la misma inclu\u00eda el famoso Crainqueville de Anatole France, que acababa de ser teatralizado por Samuel Eichelbaum, a quien conocimos precisamente en la imprenta de Independencia y Boedo. Nos lo present\u00f3 El\u00edas Castelnuovo.<\/p>\n<p>Nuestro \u00e1lter ego, que all\u00e1 por el a\u00f1o 1923 hab\u00eda lanzado a la calle, junto con otros camaradas del Colegio Nacional, una revista \u2014Sancho Panza\u2014 en la que colaboraron Scalabrini Ortiz y \u00c1lvaro Yunque, que todav\u00eda no hab\u00eda publicado Versos de la calle, uno de los momentos m\u00e1s cargados de electricidad pitag\u00f3rica de nuestra poes\u00eda \u2014botella de Leyden arrojada a un mar de oscuras aguas combatidas\u2014, recuerda que tuvo ocasi\u00f3n de presentar al poeta a Luis Emilio Soto, el mismo que hasta hace poco ense\u00f1aba a los j\u00f3venes estudiantes de Ann Arbor, en Michigan, los valores de las letras iberoamericanas, y que entonces trabajaba en una barraca de cal mientras afilaba su escalpelo de ex\u00e9geta. Yunque, Soto y yo est\u00e1bamos ligados no s\u00f3lo por comunes ideales, sino por la calle Entre R\u00edos com\u00fan y nos ve\u00edamos con frecuencia.<\/p>\n<p>Cuando se resolvi\u00f3 cambiar de fisonom\u00eda \u2014luego de nombre\u2014 a Los Pensadores llev\u00e9 a Yunque y a Soto a la acogeta de El\u00edas Castelnuovo, en la calle Sadi Carnot, a unos pasos de Rivadavia (73 escalones, apenas algunos menos que los de la Torre de Pisa). Una habitaci\u00f3n limpia como el ojo de un pez, de la que recuerdo una mesa de trabajo sobre la que descansaban una calavera y un ejemplar de la Imitaci\u00f3n de Cristo. Se habl\u00f3 mucho y el due\u00f1o de casa termin\u00f3 leyendo un poema que desconcert\u00f3 a los visitantes. Castelnuovo no tardar\u00eda en ponerse a la cabeza del movimiento Boedo que se fue formando aluvionalmente como una provincia holandesa. \u00bfDe d\u00f3nde hab\u00eda salido el autor de Tinieblas, promovido de un modo fulminante a la notoriedad? Por de pronto se sab\u00eda que era uruguayo, como Lucio V. L\u00f3pez, como Horacio Quiroga, como Florencio S\u00e1nchez, como Enrique Amorim. Hijo de padre dan\u00e9s y madre italiana corre por sus venas la sangre de Ajasverus, el jud\u00edo errante. Tambi\u00e9n \u00e9l se sinti\u00f3 impelido desde muchacho a una existencia rad\u00eda y dif\u00edcil. A los 14 a\u00f1os ten\u00eda recorrido el Uruguay, a los 20 buena parte de la Argentina, a los 25 Brasil. Conoci\u00f3 los oficios m\u00e1s incre\u00edbles y m\u00e1s crueles, durmi\u00f3 en el t\u00e1lamo de la miseria sin redenci\u00f3n en la soledad y la promiscuidad m\u00e1s horribles, en la selva, en la pampa, en las ciudades desalmadas, all\u00ed donde la muerte es la \u00fanica caridad. Y pudo levantar el acta de acusaci\u00f3n de una sociedad obstinada en aniquilar a los mejores. Antes de ponerse a escribir se hab\u00eda tatuado el alma de hechos, de im\u00e1genes y de llagas. Su primer libro mereci\u00f3 el espaldarazo de Roberto Payr\u00f3. Hoy es un cl\u00e1sico.<\/p>\n<p>Otro de los vectores del grupo fue \u00c1lvaro Yunque. Contrariamente a Castelnuovo el autor de Versos de la calle no ven\u00eda \u201cde abajo\u201d. Naci\u00f3 en La Plata, ciudad que su abuelo, \u00c1ngel Herrero y su padre, fundaron con Dardo Rocha. Los Herrero se encuentran afincados en el R\u00edo de la Plata desde antes de 1810. Yunque se llama en realidad Ar\u00edstides Gandolfi Herrero. Su familia chorreaba catolicismo y en su casa, donde hab\u00eda altar, como en la de Enrique Larreta, se rezaban novenas a San Roque con asistencia de vecinas. Su abuelo paterno, milan\u00e9s, vino a Am\u00e9rica, perseguido por motivos pol\u00edticos. Estando aqu\u00ed recibi\u00f3 una herencia y la dilapid\u00f3. Pertenec\u00eda a una familia de pintores y militares. Tambi\u00e9n de locos. Su abuela materna recibi\u00f3 de su padre, all\u00e1 por el a\u00f1o 1905 \u00f3 1906 un mill\u00f3n de pesos en propiedades. El marido se encarg\u00f3 de liquidarlas. En fin, su padre, un h\u00e9roe del trabajo, alcanz\u00f3 a hacerse una fortuna como arquitecto. Muri\u00f3 de 48 a\u00f1os. Yunque reci\u00e9n hab\u00eda cumplido 17. Qued\u00f3 la madre viuda a cargo de los siete hijos, y los bienes dejados por el extinto se fueron extinguiendo a su vez como consecuencia de una administraci\u00f3n incontrolada. La casa de Yunque \u2014calle Estados Unidos 1824\u2014 fue siempre la casa de todo el mundo y cada uno de los hermanos ten\u00eda derecho a brindar hospitalidad a sus respectivos amigos, fuesen quienes fuesen y viniesen de donde viniesen. Uno de sus hermanos, luego notable reumat\u00f3logo, ensayista y poeta, es el doctor Augusto Gandolfi Herrero. Se coste\u00f3 los estudios trabajando como chofer de taxi. Integr\u00f3 la Exposici\u00f3n de la actual poes\u00eda argentina con el nombre de Juan Guijarro. Otro, Alcides Gandolfi Herrero, en su tiempo boxeador famoso y campe\u00f3n en su categor\u00eda, le arrastr\u00f3 el ala a la musa mistonga, como dir\u00eda Juli\u00e1n Centeya, escribiendo un imborrable libro de poemas lunfardos con el t\u00edtulo de K.O. l\u00edrico. Otro es el actor que con el seud\u00f3nimo art\u00edstico de \u00c1ngel Walk y en compa\u00f1\u00eda de Olga Casares Pearson, fue precursor de los morosos folletines melodram\u00e1ticos que constituyen los caballos de batalla de los programas de radio y televisi\u00f3n actuales. \u00c1lvaro Yunque public\u00f3 su primer libro, ese rumoroso y genes\u00edaco Versos de la calle, al filo de los 34 a\u00f1os, libro cuyos originales hab\u00eda presentado antes a un concurso de la Editorial Babel, donde estuvo a punto de ser premiado (Leopoldo Lugones, Rafael Alberto Arrieta y Arturo Capdevila integraban el jurado) y que Yunque retir\u00f3 a \u00faltimo momento para llevarlo a Claridad, a instancias de Gustavo Riccio, el poeta de \u201cGringo Puraghei\u201d, ese gran muchacho, que fue uno de los primeros asesores de la editorial y a quien un mal que no perdona mat\u00f3 en la puerta de su casa el 6 de enero de 1927. Roberto Mariani fue por derecho propio otro de los capitanes de Boedo.<\/p>\n<p>Lo conoc\u00ed cuando acababa de publicar Cuentos de la oficina, el libro que le vali\u00f3 una notoriedad ancha y r\u00e1pida, y la amistad de Payr\u00f3, que le abri\u00f3 las puertas de La Naci\u00f3n. Ya entonces parec\u00eda uno de esos personajes de Huysmans condenado al celibato y la pobreza, resignado a limpiar su vaso cuando se tiene sed y a combatir el fr\u00edo caminando y blasfemando a trav\u00e9s de una habitaci\u00f3n nada acogedora. Llamaba la atenci\u00f3n por ese modo tan suyo de expresarse vocalizando las palabras con una especie de voluptuosidad agresiva. Muy amigo de sus pocos amigos no toleraba bromas sobre ellos y cuando la maledicencia asomaba su pico de p\u00e1jaro carpintero en las tertulias del Tortoni donde sol\u00edamos encontrarnos, Mariani que puso tantos puntos sobre las \u00edes de su tiempo, se incorporaba, encendidas las facciones, y abandonaba la rueda. Su t\u00e9cnica de escritor era precisa y segura y a\u00fan lector encarnizado de Dostoiewsky, Ch\u00e9jov y Proust siempre supo ser \u00e9l mismo, desnud\u00e1ndose en la profunda piedad con que trataba a sus criaturas atormentadas y desamparadas. Ricardo G\u00fciraldes y Roberto Mariani eran las dos \u00fanicas devociones vivas de Roberto Arlt. Siempre tan incisivo y desbocado, frente a Mariani Arlt no se permit\u00eda hacer chistes ni aludir peyorativamente a nadie. Otro escritor, Salvador Yrigoyen, cuyos primeros trabajos tuve el honor de difundir, y a quien ahora, gracias al fervor nunca desmentido de Bernardo Verbitsky, se le empieza a hacer justicia, no ocultaba su admiraci\u00f3n por Mariani, admiraci\u00f3n que Mariani devolv\u00eda con su nobleza y su honestidad habituales. Cierta noche, sentados en una terraza de la Avenida de Mayo, uno de los contertulios hizo una alusi\u00f3n ofensiva a Yrigoyen y se puso a imitar su tartajeo, Mariano se levant\u00f3, se acerc\u00f3 al camarada imprudente y le cruz\u00f3 la cara de una bofetada, tan violenta que el chisgarab\u00eds cay\u00f3 sobre Ernesto Montenegro, que estaba a su lado. El chileno Montenegro, que acababa de llegar de los Estados Unidos, nos cont\u00f3 entonces la violencia que se hac\u00eda Sommerset Maugham para entenderse con los productores de Hollywood, pues padec\u00eda de una tartamudez cong\u00e9nita. Pero esta es otra historia.<\/p>\n<p>Habl\u00e1bamos del autor de El amor agresivo que, retra\u00eddo y \u00e1spero, despu\u00e9s de su grumetaje fugaz en las pe\u00f1as de Boedo y de la Avenida de Mayo, prefiri\u00f3 permanecer en la penumbra, trabajando calladamente, mientras otros m\u00e1s \u00e1vidos usurpaban su lugar, y distra\u00edan la atenci\u00f3n de la cr\u00edtica sobre una labor que, al lado de la suya, no ten\u00eda derecho a ninguna consideraci\u00f3n. Si existe una justicia esa justicia revisar\u00e1 la ligereza de un veredicto que no concedi\u00f3 a Mariani el lugar que le corresponde.<\/p>\n<p>El nombre de Le\u00f3nidas Barletta figura junto al de mi \u00e1lter ego \u2014Israel Zeitlin\u2014, como \u201csecretarios de redacci\u00f3n\u201d en las primeras salidas de Los Pensadores como revista pol\u00e9mica. Barletta confiesa ser un t\u00edmido. En todo caso no ser\u00e1 un t\u00edmido de la raza de Hamlet, sino de la del Quijote. Un t\u00edmido que arremete. Y es que no hay que confundir timidez con pusilanimidad. Barletta da la sensaci\u00f3n de muchas cosas, incluso la del fraile que ha colgado sus h\u00e1bitos, menos la del timorato. Pero si \u00e9l sostiene que es t\u00edmido debe ser as\u00ed. Por aquellos a\u00f1os era implacable como una divinidad caldea. Cuando Nicol\u00e1s Olivari y Lorenzo Stanchina, cordiales amigos suyos, tuvieron la remisible ocurrencia de publicar un libro ditir\u00e1mbico sobre Manuel G\u00e1lvez, Barletta los estuvo buscando semanas enteras para romperles la jeta.<\/p>\n<p>Escribiendo daba la impresi\u00f3n de una tormenta seca. Su intemperancia se fue calmando con los a\u00f1os. Tiene la edad de Eduardo Mallea y de Jos\u00e9 Rabinovich, dos narradores natos. Cuando lo conoc\u00ed sonre\u00eda poco. A veces gritaba como si el lector fuera un m\u00edtin. Barbusse era as\u00ed. Andaba por dentro. Barro de sue\u00f1os en el horno de la vida cada d\u00eda m\u00e1s cruel que impide tomar a broma los sue\u00f1os y la vida, lo que se hace y lo que se dice. Siempre tuvo vocaci\u00f3n de despertador. Un despertador estr\u00eddulo que suena de la ma\u00f1ana a la noche.<\/p>\n<p>Con ellos, es decir con Castelnuovo, Yunque, Mariani, Barletta y Luis Emilio Soto y con Jos\u00e9 Sebasti\u00e1n Tallon, el poeta infantil y cicl\u00f3peo de Las Torres de N\u00fcremberg, con Arist\u00f3bulo Echegaray, poeta genuino, compa\u00f1ero de remo en las galeras de \u201cLa Continental\u201d y un talento vital\u00edsimo, que recibi\u00f3 el espaldarazo de Miguel de Unamuno; con otros hier\u00f3dulos cuyos nombres sorprender\u00e1 encontrar en las trincheras de Boedo, como Augusto Mario Delfino y Pedro Juan Vignale, se echaron las bases de Claridad, la revista que tradujo las inquietudes de una generaci\u00f3n beligerante capaz de resistir en su momento el sirenismo de las consagraciones baratas.<\/p>\n<p>Cierto d\u00eda mi \u00e1lter ego recibe un regalo inesperado, los Di\u00e1logos de Plat\u00f3n, editados por la Universidad Nacional de M\u00e9xico. Y all\u00ed descubre la sentencia atribuida a S\u00f3crates en Fed\u00f3n o del Alma: \u201cUn poeta, para ser un verdadero poeta no debe componer discursos en verso, sino inventar ficciones\u201d. Sugestionado por la recomendaci\u00f3n y, sobre todo, ganoso de dar candonga a los camaradas mayores que se resist\u00edan a creer en los talentos del mequetrefe, el tal escribe una poes\u00eda dedicada a Tatiana Pavlova, la gran actriz \u00edtalorusa que por aquel entonces arrebataba al p\u00fablico de Buenos Aires desde el escenario de un teatro porte\u00f1o. Como curiosidad se\u00f1alemos que el gal\u00e1n de la compa\u00f1\u00eda era Victorio De Sica, tan desconocido como inadvertido.<\/p>\n<p>La poes\u00eda, tal cual baj\u00f3 del colodrillo a las manos del embaidor, que a\u00fan no hab\u00eda cumplido los 18 a\u00f1os \u2014circunstancia que aten\u00faa la magnitud de la fechor\u00eda\u2014 empezaba con estos versos:<\/p>\n<p>\u00bfTe acordar\u00e1s de K\u00e1tinka, tu amiga de la infancia,<br \/>\nesa rubia pecosa, nieta del molinero?<\/p>\n<p>K\u00e1tinka no pod\u00eda ser otra, claro est\u00e1, que la protagonista de Resurrecci\u00f3n \u2014la entonces tan trajinada novela de Tolstoi\u2014 y la t\u00f3nica de los versos engarzaba con puntualidad prefabricada en la est\u00e9tica redentorista de Boedo (o Boedowscaia, como dec\u00eda Enrique M\u00e9ndez Calzada, aludiendo a la devoci\u00f3n por Dostoievski, Gorki, Ch\u00e9jov, Tolstoi y compa\u00f1\u00eda, de los integrantes del grupo). Al adolescente entremetido le fue f\u00e1cil deslizar entre los originales de Claridad los versos firmados por Clara Beter, seud\u00f3nimo de transparente reminiscencia gorkiana. (Beter equivale a amargo). Semanas m\u00e1s tarde se correg\u00edan las pruebas de la revista y Castelnuovo descubre los alejandrinos nost\u00e1lgicos. Estaban presentes Barletta, Vignale, Julio R. Barcos, Antonio Zamora, am\u00e9n del autor de la supercher\u00eda. Castelnuovo, el gran Castelnuovo, se desata en un elogio ardoroso y se\u00f1ala con la mejor buena fe el poema subrepticio como un paradigma digno de oponerse a los nuevos poetas fan\u00e1ticos de la imagen por la imagen. Se resuelve entrar en contacto con la poetisa, estimular su vocaci\u00f3n, invitarla a reunir en un volumen sus versos, ba\u00f1ados en la trist\u00edsima luz de su drama \u00edntimo. Y sobre todo, conocer al fen\u00f3meno&#8230;<\/p>\n<p>\u00bfClara Beter ser\u00e1 realmente una Catalina M\u00e1slova, atrapada por el m\u00e1s antiguo \u2014y deprimente\u2014 de los oficios?<\/p>\n<p>\u2014Rezuman demasiada verdad los versos, sosten\u00eda Castelnuovo, para atribuirlos a una imaginaci\u00f3n desgobernada. Clara Beter existe.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Existe!, apoy\u00f3 Barcos.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Existe!, corrobor\u00f3 el director de la revista, que ve\u00eda multiplicarse la venta de la misma. Esa mujer escribe lo que escribe porque es lo que es.<\/p>\n<p>El poema dedicado a Tatiana Pavlova se public\u00f3 acompa\u00f1ado de una notable ilustraci\u00f3n de Manolo Marcarenha, un artista estupendo sepultado en las ajaquefas de una compa\u00f1\u00eda de seguros. Y, a los pocos d\u00edas, Alberto Zum Felde, el autor de Proceso Intelectual del Uruguay, maestro de cr\u00edticos, consagr\u00f3 a Clara Beter su glosa de El D\u00eda, de Montevideo, diciendo entre otras cosas: \u201cPor estos versos sea acaso redimida de su infamia que es la infamia de la sociedad entera, cuyo monstruoso ego\u00edsmo la ha condenado a remar en las galeras tr\u00e1gicas del vicio en el viraje largo a trav\u00e9s de los r\u00edos negros de la noche, fosforescentes de luces el\u00e9ctricas. Desgarradora tragedia la de esa alma de mujer, hondamente sensible y fuertemente intelectiva, presa de la infamia del comercio sexual, envuelta en la t\u00fanica de Neso del vicio errante y mercenario, arrojada al margen oscuro de los detritus humanos\u201d.<\/p>\n<p>Lo notable del caso es que Zum Felde \u2014alma p\u00e1nica al fin\u2014 lleg\u00f3 a inventar a su vez una biograf\u00eda de Clara Beter atribuy\u00e9ndole, no sabemos porqu\u00e9, desde el momento que los versos hablaban expl\u00edcitamente de la Ukrania natal un peregrino origen polaco&#8230;<\/p>\n<p>Pi\u00e9nsese en la preocupaci\u00f3n del zascandil frente a las proyecciones que estaba tomando la supercher\u00eda. Su criatura crec\u00eda por exigencias de los dem\u00e1s y no hab\u00eda manera de permanecer ajeno a sus andanzas y vicisitudes. Por esos d\u00edas un \u00edntimo amigo suyo, Manuel Kirshbaum, el actual presidente de la Sociedad Argentina de Grafolog\u00eda, escritor de fina sensibilidad y due\u00f1o de una caligraf\u00eda pasmosamente parecida a la de Alfonsina Storni, se radicaba en Rosario para cumplir con sus obligaciones de enrolador. La pensi\u00f3n de la calle Estanislao Zeballos donde se hospedaba el autor de Las Diversiones Exasperadas servir\u00eda de domicilio legal a Clara Beter.<\/p>\n<p>Poema va, carta viene, poco a poco se fue configurando el libro de poemas y ampliando el c\u00edrculo de admiradores de la Safo criolla. Ya en prensa el libro, al que los editores impusieron el nombre nada herm\u00e9tico de Versos de una&#8230;, la demora que pon\u00eda en transcribir las cartas de respuesta y los poemas el atareado corresponsal rosarino \u2014que m\u00e1s de una vez cometi\u00f3 la imprudencia de escribir a m\u00e1quina los textos de la presunta calientacamas\u2014 hicieron entrar en sospechas a Castelnuovo que se hab\u00eda comprometido a escribir el pr\u00f3logo del libro. Empez\u00f3 por delegar en dos amigos \u2014el escultor Herminio Blotta y el escritor Abel Rodr\u00edguez\u2014 la verificaci\u00f3n del domicilio y la consiguiente existencia de la invisible Clara Beter. En el domicilio rosarino les informaron que all\u00ed no se alojaba ninguna tal. Una excursi\u00f3n m\u00e1s prolongada y detenida por los barrios bajos, les permiti\u00f3 sorprender a una de las pupilas \u2014francesa por m\u00e1s se\u00f1as\u2014 escribiendo un epitafio rimado para un hijo que acababa de perder.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Vos sos Clara Beter!, salt\u00f3 Abel Rodr\u00edguez tom\u00e1ndola por los hombros e intentando besarla a los gritos de \u00a1Hermana! \u00a1Hermana! \u00a1Venimos a salvarte!<\/p>\n<p>Tuvo que intervenir la polic\u00eda de Sunchales para calmar al autor de Los bestias. Decepcionado, escribi\u00f3 a Buenos Aires dando cuenta de sus pesquisas. Todo in\u00fatil. Entonces se pens\u00f3 que se trataba de una ex, acomodada o casada, que no quer\u00eda, por razones obvias, dar a conocer su identidad. Pero Castelnuovo no cejaba en su empe\u00f1o de develar el misterio. Someti\u00f3 a todos los sospechosos de su relaci\u00f3n a una serie de pericias caligr\u00e1ficas, careos y confrontaciones. El enigma aparec\u00eda impenetrable y nada ten\u00eda que envidiar a la leyenda de Osian, el famoso bardo escoc\u00e9s del siglo III, inventado por Macpherson quince siglos despu\u00e9s&#8230;<\/p>\n<p>Mujeres inventadas las hubo y llenas de vida como Georgina H\u00fcbner a quien los autores de la supercher\u00eda tuvieron que matar cuando el gran poeta Juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez se propon\u00eda viajar a Lima para pedir su mano. \u201cIr\u00e9 hacia ti \u2014anunciaba\u2014 por sobre todas las dificultades, a casarme contigo al borde del sepulcro si es preciso\u201d. El original\u00edsimo poeta salvadore\u00f1o Ra\u00fal Contreras tambi\u00e9n invent\u00f3 a Lydia Nogales, una mujer de hacha y tiza y canto en su juventud. Y Arist\u00f3bulo Echegaray cre\u00f3 a Lidia Matilde Gay, que amenazaba eclipsar a Juana y a Alfonsina cuarenta y cinco a\u00f1os atr\u00e1s. Pero una perendeca haciendo versos conmoviendo a tantos varones preclaros no se hab\u00eda visto nunca.<\/p>\n<p>Lo cierto es que apareci\u00f3 la primera edici\u00f3n del libraco en la colecci\u00f3n \u201cLos Nuevos\u201d de la Editorial Claridad, y luego en \u201cLos Poetas\u201d y luego en una edici\u00f3n popular. Castelnuovo con el torcedor de la duda desgarr\u00e1ndole el entusiasmo firm\u00f3 el pr\u00f3logo prometido con su seud\u00f3nimo de batalla: Ronald Chaves. En el mismo hac\u00eda aquella famosa afirmaci\u00f3n que corri\u00f3 por todos los mentideros literarios \u2014los mejores escritores argentinos nacieron en el Uruguay\u2014 y que pareci\u00f3 enderezada a rectificar otra alegre salida de tono del poeta Jacobo Fijman quien sosten\u00eda estent\u00f3reamente que los \u00fanicos escritores argentinos que sab\u00edan escribir en espa\u00f1ol eran de origen ruso&#8230; Por supuesto que simulaba aludir a Alberto Gerchunoff, pero pensaba en s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>La venta del engendro alcanz\u00f3 cifras incre\u00edbles para la \u00e9poca. Zum Felde le dedic\u00f3 un segundo art\u00edculo en El D\u00eda, de Montevideo. Georg H. Neuendorff, desde Dresde, tradujo los poemas al alem\u00e1n con destino a una editorial suiza, la misma que public\u00f3 su versi\u00f3n de Las lanzas coloradas, de Uslar Pietri. El poeta Roberto Ib\u00e1\u00f1ez le dedic\u00f3 un estudio en La Pluma, de Montevideo. El persp\u00edcuo R\u00f3mulo Meneses escribi\u00f3 en Lima un ensayo que pudo leerse en su libro Nuestra unidad y otros panoramas, y en el cual caracterizaba a la autora de Versos de Una&#8230; con estas palabras: \u201cUna mujer que el duro pleito de la vida hiciera caer hasta las bajas sentinas del vicio, redimida por s\u00ed misma, por su talento y la propia religi\u00f3n de sus sentimientos, nos dice ahora en sus versos y recuerdos, el dolor ahogado en la verg\u00fcenza del mal vivir y aplastado por la torpeza de todas las infamias sociales. La prostituci\u00f3n ha dado un hermoso brote espiritual con Clara Beter, contradictorio loto azul de la marisma\u201d.<\/p>\n<p>El autor de la patra\u00f1a conoci\u00f3 en 1945 en Santiago de Chile a Andr\u00e9s Sabella, el gran poeta y novelista de Norte grande y Vecindario de palomas, quien le confes\u00f3 que siendo muchacho recitaba versos de la Beter \u2014que a\u00fan recordaba de memoria\u2014 en su Antofagasta natal, para deleite de sus camaradas. De tal modo corporiz\u00f3 y adquiri\u00f3 existencia f\u00edsica la autora que cierta vez lleg\u00f3 de Rosario un periodista amigo. Se encontr\u00f3 en el Tortoni con el poeta Jos\u00e9 Sebasti\u00e1n Tallon y lo primero que le dijo fue esto: \u2014Ten\u00e9s que hacerme un favor. Presentame a Clara Beter. Me dijeron que est\u00e1 en Buenos Aires.<\/p>\n<p>\u2014Justamente ah\u00ed la ten\u00e9s, le contest\u00f3 r\u00e1pidamente Tallon, tan amigo de divertirse. Y le se\u00f1al\u00f3 a una poetisa bastante poco favorecida y muy en boga por aquellos d\u00edas.<\/p>\n<p>Al observarla el periodista, que tra\u00eda su imagen hecha de Clara Beter, reaccion\u00f3 esc\u00e9ptico:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Qu\u00e9 va a ser ese loro! Lo que pasa es que no me la quer\u00e9s presentar.<\/p>\n<p>Alentado por el \u00e9xito del libro, el editor se empe\u00f1\u00f3 en hacer escribir a la enigm\u00e1tica trotacalles una novela que deber\u00eda llamarse sencilla y decididamente Una&#8230; En Claridad lleg\u00f3 a publicarse un cap\u00edtulo. Pero ya la supercher\u00eda asum\u00eda proporciones peligrosas para el autor. Zum Felde baj\u00f3 a preguntar por ella a la redacci\u00f3n de Nosotros. Chas de Cruz, que por ese entonces regenteaba una empresa distribuidora de pel\u00edculas sovi\u00e9ticas y se hab\u00eda propuesto escribir un gui\u00f3n con la historia de Clara Beter y enviarlo a Mosc\u00fa junto con la protagonista&#8230; \u201c\u00a1Se volver\u00e1n locos!\u201d, nos dec\u00eda a Eichelbaum y a m\u00ed, comiendo en el desaparecido restaurante Corrientes, de la calle hom\u00f3nima, a dos pasos de Callao. Roberto Arlt, con su alegre cinismo de siempre, hablaba de traerla a Buenos Aires, establecerla en una casa de tolerancia con letrero luminoso al frente y destinar las recaudaciones a la instituci\u00f3n de un premio Nobel para escritores argentinos. Castelnuovo y Julio R. Barcos se devanaban los sesos pensando c\u00f3mo atrapar al fantasma. Algunos masoquistas se atribuyeron la paternidad de la criatura. Para complicar m\u00e1s las cosas, un amigo del autor de la trampa, el poeta de Liquidaci\u00f3n, Carlos Serfaty, inscribi\u00f3 con su nombre Versos de una&#8230; entre los libros que optaban al premio municipal de a\u00f1o. El maestro Alberto Zum Felde, siempre ecu\u00e1nime, escribi\u00f3 entonces: \u201cEstamos dispuestos a perdonar al funambulesco autor la broma pirandelliana de que hemos sido objeto en gracia al talento puesto en la supercher\u00eda. El joven poeta ha creado un personaje de novela y lo ha hecho vivir como protagonista de sus propios versos admirablemente\u201d. Despu\u00e9s, Alberto Guill\u00e9n, el famoso poeta peruano, reproduc\u00eda algunos \u201cversos de una&#8230; (y de uno)\u201d en el excelente \u201cRepertorio Americano\u201d, que publicaba Joaqu\u00edn Garc\u00eda Monge en San Jos\u00e9 de Costa Rica. Y dec\u00eda entre otras cosas, refiri\u00e9ndose a nosotros: \u201cPublic\u00f3 con el nombre de Clara Beter un librejo que dio susto a mucha gente e hizo morder el anzuelo a sesudos cr\u00edticos. Cantos de suburra con la natural protesta proletaria. Una mujer dec\u00eda all\u00ed su desespero. \u00a1Oh, estado de cosas! \u00a1Oh, sociedad injusta! \u00a1L\u00e1stima que la mujer de todos fuera hombre, y hombre de ala y de sonrisa!\u201d.<\/p>\n<p>Muchos a\u00f1os m\u00e1s tarde, Camila Quiroga, la inolvidable gran actriz que pase\u00f3 nuestro teatro por los principales escenarios de las dos Am\u00e9ricas y de Europa, incorpor\u00f3 a su repertorio una farsa dram\u00e1tica titulada \u201cClara Beter vive\u201d, en la que el autor de la tramoya se permiti\u00f3 dar forma esc\u00e9nica a la historia y recrear al personaje. \u00bfQu\u00e9 habr\u00eda ocurrido si alguien, una mujer, claro est\u00e1, se hubiese prestado a hacer el papel de Clara Beter, de Clara Beter autora de los versos, no de Clara Beter, mujer p\u00fablica? Part\u00edamos del episodio real e invent\u00e1bamos sus derivaciones, lo que nos permiti\u00f3 postular una especie de metaf\u00edsica de la irresponsabilidad. \u00bfEl ser es lo que es porque hace lo que hace o hace lo que hace porque es lo que es? La vida de una ficci\u00f3n o la ficci\u00f3n de una vida asum\u00edan all\u00ed el perfil de un drama aut\u00e9nticamente vivido.<\/p>\n<p>Nada como la mistificaci\u00f3n para medir a las gentes. Por otra parte, enga\u00f1ar, seg\u00fan el Diccionario de la Lengua, significa tambi\u00e9n producir ilusi\u00f3n, como acontece con algunos fen\u00f3menos naturales seriamente probados. No tiene que arrepentirse el autor de haber fabricado un ser al socaire de la patra\u00f1a sobre todo si Manolo Machado afirm\u00f3 alguna vez que \u201chetairas y poetas somos hermanos\u201d, y Napole\u00f3n, poeta de la voluntad, nos ense\u00f1\u00f3 que la mejor defensa es el ataque. El poeta atacaba creando un mito. Y ya asegur\u00f3 Oscar Wilde que es m\u00e1s f\u00e1cil destruir un pueblo que un mito. La hero\u00edna de papel impreso se apoyaba en una hero\u00edna de carne y hueso, en Tatiana Pavlova, como para nutrirse de su sangre y de su cal hasta adquirir esencia y presencia, erguirse, caminar, existir. Y el milagro se produjo. Mientras todos cre\u00edan en la existencia de Clara Beter, nadie cre\u00eda en la existencia de Tatiana Pavlova. Y, sin embargo, no fue mero capricho que Clara Beter le dedicase su primer poema.<\/p>\n<p>Tatiana Pavlova naci\u00f3 en Ekaterinoslaw. Mi \u00e1lter ego tambi\u00e9n. En la misma calle y en la misma casa. Pero como est\u00e1bamos tallados en el remo de Ulises, Tatiana abandon\u00f3 los pagos de Helena Blavatsky por su propia voluntad y mi \u00e1lter ego cuando contaba reci\u00e9n nueve meses y nueve d\u00edas de existencia. Y no lleg\u00f3 a Buenos Aires andando, precisamente. Ekaterinoslaw fue fundada por Potemkin en 1786 y tiene comunidad jud\u00eda desde 1787. Esa es la antig\u00fcedad de nuestras respectivas familias de Ucrania. Lo que nunca imagin\u00e9 es que alguna vez pudiese hallarme cara a cara, y en Italia, con la protagonista de los primeros versos de Clara Beter, despu\u00e9s de haber estado separados durante cuarenta a\u00f1os por veinte mil kil\u00f3metros de distancia. Cuando la actriz se enter\u00f3, de labios del director Alberto D\u2019Aversa, que nos hab\u00eda acompa\u00f1ado hasta el camar\u00edn del teatro romano donde Tatiana estaba representando Lunga notte di Medea, de Corrado Alvaro, de la historia de Clara Beter y de los versos que yo le dedicara en aquel librejo escandaloso, se ech\u00f3 a re\u00edr m\u00e1s ruidosamente que nunca, repiti\u00f3 en ruso la f\u00e1bula a unas sobrinas que le hac\u00edan compa\u00f1\u00eda, y nos dijo con su voz abrasada y pat\u00e9tica:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Muy bien hecho, muy bien hecho! El mundo tiene las imposturas que se merece. Sim\u00f3n Mago fue un impostor, Homero fue un impostor, Dante fue un impostor. \u00a1Todos los novelistas, todos los poetas, todos los dramaturgos son impostores!<\/p>\n<p>Antes que ella el cardenal Carlo Caraffa, hab\u00eda dicho: Mundus vult decipit ergo decipiatur! (El mundo quiere ser enga\u00f1ado: \u00a1enga\u00f1\u00e9moslo, pues!). La vida misma es una fatamorgana, un gran enga\u00f1o, un fraude.<\/p>\n<p>Pero El\u00edas Castelnuovo, el prologuista del libro, no pensaba lo mismo. Cuando se enter\u00f3 del enga\u00f1o, public\u00f3 un art\u00edculo se\u00f1alando que todos hab\u00edan sido defraudados. Pues la tal prostituta hab\u00eda resultado un prostituto. El prostituto era yo.<\/p>\n<p>De Clara Beter y otras fatamorganas, Buenos Aires, Pe\u00f1a Lillo Editor, 1974.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>Clara Beter Por C\u00e9sar Tiempo gentileza www.elortiba.org Para hablar de Clara Beter debemos remontarnos a los a\u00f1os aquellos en que Enrique Tiraboschi cruzaba a nado el Canal de la Mancha, un punch formidable de Luis \u00c1ngel Firpo arrojaba del ring del Polo Ground de Nueva York a Jack Dempsey, Stefan <a class=\"mh-excerpt-more\" href=\"https:\/\/nomeolvidesorg.com.ar\/archivo\/clara-beter-por-cesar-tiempo\/\" title=\"Clara Beter . 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