LAS MUJERES QUE LUCHARON POR LA PATRIA GRANDE. Por Guillermo Sebastian Mircovich

Gentileza: www.peronvencealtiempo.coma.r

Es lamentable no conocer nuestra historia y mas deplorable es enterarse de la misma  50 años después de haber finalizado los estudios, primarios, secundarios o terciarios. No se entiende el porque cuando se debería tratar de encontrar los valores necesarios para compararlos con los del presente preparándose para el futuro, uno tenga que hurgar en libros vetustos o deslizarse por los vericuetos de la web parra hallar los profundos sentimientos de estas mujeres que hace 200 años pusieron en peligro sus vidas y las de su familia para lograr que pensamientos  de independencia tomados de hombres como San Martín, Belgrano o Guemes, por nombrar los más conocidos, lleguen a consumar esa idea de independencia política y económica que llevaban adelante.

Es tal, la actual confusión, que muchos jóvenes argentinos desorientados en sus aspectos emocionales eligen como figuras protagónicas o como ejemplos a seguir, a elementos delineados en protagonismos extranjeros porque sus ideales no fueron formados a tiempo, por lo tanto desarrollaron su ímpetu en buscar o exteriorizar su búsqueda en personajes que muchas veces no tienen el valor cultural de lo propio al acerbo nacional y popular, por ello tejen infinitas conductas que no siguen los cauces patrióticos que nos legaron numerosos héroes de nuestra nacionalidad, así esta el ejemplo de estas mujeres que hoy rememoramos desde las páginas de PERON…Vence al Tiempo.

JUANA AZURDUY, LA TENIENTA CORONELA de Mario “Pacho” o´Donell

En las cercanías de Chuquisaca nació Juana Azurduy, y tal destino geográfico influyó decisivamente en su vida. Fue hija de don Matías Azurduy y doña Eula­lia Bermudes.

Era niña agraciada que prenunciaba la mujer de la qué mentaríase su belleza. Una contemporánea, doña Lindaura Anzuátegui de Campero la describía así: “De aventajada estatura, las perfectas y acentuadas líneas de su rostro recordaban el hermoso tipo de las transtiberianas romanas (… ) Sabedora de que la hora de combatir le llegaría tarde o temprano, porque su deseo así lo auguraba, Juana ordenaba a sus ayudantes que le fabricaran muñecos de paja con los que luego ella se ensañaba, atacándolos con alguna espada que su esposo había abandonado por mellada e inservible. O los atravesaba con una lanza de larga vara que aprendió a sujetar con fuerza en su sobaco, taloneando su cabalgadura como su padre le había enseñado hacía; ya muchos años jamás olvidaría que había sido debajo de un olmo amarillento apretando los ijares con la punta de los pies hacia dentro, como queriendo juntarlos, para que la mula o el caballo saliesen como si el diablo los llevase(…) Doña Juana, enfervorizada, recorre las tierras de Tarabuco convocando voluntarios para unirse a la lucha por la independencia y por la libertad. Su presencia en los ayllus era tan imponente, encabritada sobre su potro entero y apenas domado, haciendo entrechocar su sable contra la montura de plata potosina, enfundada en una chaquetilla militar que lucía con un garbo varonil que la embellecía como mujer, tan absolutamente convencida de aquello que también convencía a Manuel Ascencio, que llegó a reunir a 10.000 soldados(…) La región en que combatieron los esposos Padilla­ Azurduy, integrante de las Provincias Unidas del Río e la Plata hasta 1825, se extiende desde el norte de Chuquisaca hasta las selvas de Santa Cruz, o sea, la última del contrafuerte andino al oriente, compren­diendo las ramificaciones de la cordillera de Los Fray­les y las serranías de Carretas, Sombreros y Mandinga, por cuyas vertientes corren los ríos de Mojotoro, Tomína, Villar, Takopaya, Tarvita, Limón, Pescado, Sopachuy y otros. Los pueblos principales son Presto, Mojotoro, Yamparáez, Tarabuco, Takopaya, Tomina, Ía Laguna y Pomobamba, pueblos estos últimos que ostentan hoy los nombres de nuestros protagonistas: Padilla y Azurduy. Sin parientes ni amigos, a los 82 años, en medio de la más absoluta pobreza y soledad, Juana Azurduy pasó sus últimos instantes.

JUANA MORO “ La Emparedada” 1785-1874

Nacida en Jujuy, durante las guerras de independencia, lideró en Salta, junto con Doña Loreto Sanchéz de Peón, una red de espionaje femenina conocida como Las Mujeres de la Independencia.

En el año 1814, después de invadir Jujuy y Salta, el Jefe realista, Joaquín de la Pezuela, le informa al virrey del Perú:

«Los gauchos nos hacen casi con impunidad una guerra lenta pero fatigosa y perjudicial. A todo esto se agrega otra no menos perjudicial que es la de ser avisados por horas de nuestros movimientos y proyectos por medio de los habitantes de estas estancias y principalmente de las mujeres, cada una de ellas es una espía vigilante y puntual para transmitir las ocurrencias más diminutas de éste Ejército».

La comunicación, interceptada por los patriotas, es un claro testimonio de la actuación de las mujeres. Una de las que desvelaba al jefe realista era la jujeña Juana Moro de López, delicada dama que humildemente vestida se trasladaba a caballo espiando recursos y movimientos del enemigo.

En una oportunidad fue apresada y obligada a cargar pesadas cadenas, pero no delató a los patriotas. Sufrió el castigo más grave. Cuando Pezuela invadió Jujuy y Salta. Juana fue detenida y condenada por espionaje a morir tapiada en su propio hogar. Días más tarde una familia vecina, condolida de su terrible destino, oradó la pared y le proveyó agua y alimentos hasta que los realistas fueron expulsados.

Fue emparedada a los 29 años, pero murió centenaria. A consecuencia de la difícil situación que atravesó fue su apodo: «La Emparedada».
Fuentes: – La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar

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