EL PARTIDO GORILISTA Y SU VISION DEL 17 DE OCTUBRE DE 1945 (CUENTO). Por Guillermo Sebastián Mircovich.

Nunca vi tanta chusma junta, le decía Jean Carlos a su amigo Washington Jorge, aquel 17 de Octubre, estaban parados en la esquina de Alsina y Defensa tomando un café cuando comenzaron a llegar trabajadores a Plaza de Mayo, trataban de cambiar los bonos que le había regalado el abuelo cobrados en una de las empresas de Patrón Costa, el abuelo residía en el norte argentino y una vez por año se podía arrimar a Buenos Aires, no sabían que esos bonos solamente se intercambiaban en el comercio de Ramos Generales que el mismo dueño manejaba.

Mientras la Plaza se iba colmando, Jean recordaba que el «pobre» abuelo juntaba los bonos ahorrando todo el año y mateaba solo para juntar unos bonos para su nieto…de pronto un trabajador grande y curtido dirigiéndose a ellos le espetó…¡¡Vamos que ganamos la libertad del Coronel!!…Jean lo miró sorprendido a Washington…no entendía nada…contaba que la abuela conoció al abuelo en un viaje al norte ganado por recibirse de maestra y en una noche de calentura espontánea quedó embriagada por la fortaleza de ese trabajador para poco tiempo después quedar embarazada…contó que le tenía como miedo…cada vez que le daba la mano le quedaban todos los dedos apretaditos…hay que bestia.

¡¡El pueblo gritaba ¡ Yo te daré te daré Patria hermosa te daré una cosa, una cosa que empieza con P…¡¡ PERÖN!! que sonaba como una bomba en las pequeñas calles de la Capital…Jean y Washington se tapaban los oídos.

Contaba que vivía en Villa Real, en la zona residencial, el papá Hernestino Herrera de Noble Alcurnia y su mamá Dominga Faustina De Sarmiento Facundo no querían que se juntasen con los negros cabecitas del barrio que salían a trabajar a las cuatro de la mañana rumbo a los frigoríficos de Ensenada, odiaba a los metalúrgicos como a los ferroviarios.

Le explicaba a Washington , que ellos poseían los campos en la zona de 9 de Julio, campos que habían heredado de los tatarabuelos que participaron en la campaña del desierto de Julio A, Roca que despanzurró a media indijenada porque se creían que eran los absolutos dueños de los campos esos indios de mierda.

De pronto, los negros cabecitas comenzaron a gritar ¡¡Queremos a Perón!! ¡¡Queremos a Perón!! Y pedían que lo soltaran…le dijo a su amigo….mira debe estar preso porque algo debe haber hecho.

Cada vez pasaban mas negros sudorosos musculosos, uno por ahí dijo…¡¡Es la Patria Sublevada!!..Nos miramos y al unísono dijimos…¿y ahora que hacemos? Nos tranquilizamos un momento pensando debe haber alguien que ponga un poco de orden, Sarmiento, Rivadavia, Mitre…por lo menos tratarían de matar a algunos,¿ O ya se habían muerto?.

Nos equivocamos ¡¡Se llenó todo, la Plaza, las calles adyacentes, decían que lo mismo pasaba en el interior del país, nos fuimos caminando y llegamos al diario Crítica justamente cuando algunos valientes parapetados y escondidos tiraban tiros a la gente que gritaba ¡¡Que valientes!! Por fin alguien ponía orden.

Yo estaba acostumbrado al orden…me acuerdo cuando papá en la estancia se trincaba a la mucamita en la cocina porque no servía como correspondía el desayuno o cuando me mandaba a levantarle la pollera y tocarle el culo ¡¡Hay que asco me daba!!…en aquellos años «el tata» estaba látigo y rebenque con los negros que no querían trabajar 15 horas por día…recuerdo que dormían en el suelo bajo los árboles del bosque a un kilómetro de casa.

Los negros seguían ¡¡Queremos a Perón!! ¡¡Queremos a Perón!! De repente vimos a Don Guillermo…¡¡El vecino del barrio!!, sabíamos que era un textil, pero nunca pensábamos que iba a estar ahí…era blanco y de descendencia europea, Croata, llevaba sobre sus hombros a su nene que tenía un año, era rubiecito y de ojos color del tiempo¡¡Que hermoso!!…lo que va a ser este niño cuando sea grande le dije a Washington, nunca imaginé que un rubio de ojos celestes fuera delegado Gremial Metalúrgico y Peronista.

Huimos de esa tragedia y nos fuimos a Villa Devoto donde se juntaban Joaquina Morales Solo Estoy, Magdaleno Ruiz Guiñada Pícara, Georgina La Nata de Leche, Marianita Grondona de Tic de Manos, ¡¡Eran un montón!!…como diez había…y todos decían lo mismo…aunque seamos solamente diez, estos negros de mierda no van a dirigir al país, de repente apareció la «mucamita» diciendo que había llegado la comida traída desde la confitería en una chata tirada por tres corceles, todos con correajes negros y con tachuelas, la confitería se llamaba «Se acabó la joda», se hablaban entre ellos…alcanzamos a escuchar algunos de sus nombres, a una le decían María Eva, Fermín, Arturo, Mercante, a un flaquito lo trataban de «Mordisquito», yo no comí mucho…me tenía nervioso eso de negros, feos, sucios.

Ya era 18 de Octubre de 1945

Pensar que treinta años después, Guillermo Sebastián, ese rubiecito, me cagó el orto a patadas.

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