Gritos de lealtad. Por Natalia Leiva

(Para Telam SE)

El 17 de octubre de 1945 se trató de un acontecimiento único que marcó el comienzo de un ciclo histórico distinto en el que el pueblo argentino se manifestó con verdaderas características insurreccionales.

Hermanados en el mismo grito y en la misma fe, los trabajadores irrumpieron en la Plaza de Mayo reclamando la libertad de su líder, el coronel Juan Domingo Perón. Sus efectos políticos y sus realizaciones aún hoy perduran, pues muchos señalan a la fecha como el nacimiento del peronismo.

Perón, quien desde su puesto en la Secretaría de Trabajo, hacía renacer la esperanza de la clase trabajadora, encarnó como ninguna otra figura en la historia argentina el valor de la justicia social. Se ganó la lealtad de los obreros a través de importantes medidas como numerosos aumentos de salarios y proyectos que, poco después, se concretarían como la Justicia de Trabajo o el pago de las vacaciones y el aguinaldo.

También dividió a la sociedad en dos bandos irreconciliables, con fuerte contenido de confrontación social. Los sectores populares tuvieron una adhesión generosa e irrestricta hacia el líder, mientras que las clases medias y altas lo rechazaron con el mismo fervor que sus seguidores lo defendían y exaltaban.

Dada la magnitud de la manifestación y el reclamo de sus seguidores, los militares se vieron obligados a buscar a Perón para que calmara al pueblo. Esa noche, Perón salió al balcón a tranquilizar al pueblo que lo aclamaba. Y entre cánticos y gritos, agradecido por el apoyo, Perón emitió su discurso “Muchas veces he asistido a reuniones de trabajadores, y siempre he sentido una enorme satisfacción pero hoy siento un verdadero orgullo de argentino porque interpreto este movimiento colectivo como el renacimiento de la conciencia de los trabajadores”, señaló.

Si bien cada momento histórico, en principio, se visualiza como una crisis, podemos observar que lo que parecen rupturas adquieren, con el tiempo, un hilo de continuidad. Tal es el caso del 17 de Octubre cuando los obreros marcaron el comienzo de una nueva Argentina. Fue un hecho tan contundente que, aún hoy, es recordado y evocado como bandera para las luchas por la dignidad nacional.

La importancia política y social del peronismo en los años cuarenta significó una transformación sin precedentes al incorporar al sector obrero a la participación tanto política como social. El pueblo clamó por su líder, para que éste defendiera y profundizara las intensas transformaciones que había impulsado desde la Secretaría de Trabajo y Previsión.

La palabra “lealtad” se asocia al origen del peronismo.

Surgió aquel 17 de octubre de 1945, el día en que el pueblo argentino junto a Perón puso en vigencia la esencia de un sentimiento vital: La Patria. El pueblo junto a su líder conformaron un nuevo perfil de Nación, más justa y libre por el que, 66 años después, se sigue luchando.

Es bueno reflexionar sobre qué y quiénes merecen nuestra lealtad. La lealtad política transcurre en un universo en el que es necesario entender la política como el terreno en el que se libran las peleas por más justicia, más transparencia y más equidad.

Pensar en la lealtad, nos lleva muy rápidamente a replantearnos en qué creemos, qué defendemos y quién nos defiende.

Rememorando sus palabras, recordemos que “cada hombre necesita confiar en la lealtad del que está al lado; cada pueblo necesita confiar en otro pueblo y en su conductor, así como para este es indispensable poder entregarse ciegamente a sus hombres y a su pueblo. La lealtad es la base de la acción; lealtad al que dirige, lealtad del grupo hacia sus dirigentes”.

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