CESAR MARCOS: ATIZADO DE FUEGOS.Por Lila Pastoriza

Por Lila Pastoriza

César Marcos, fue uno de los principales artífices de la Resistencia
Peronista. Personaje de múltiples facetas, autodidacta, fue, entre otras
cosas, frutero en el mercado de Dorrego y asesor de John W. Cooke,
suboficial del Ejército, escribiente de terceros y, en especial, formador de
militantes e intelectuales. Para la mayoría del público su vida y su muerte
pasa desapercibidas.
Este luchador popular fanatizó su actividad en charlas, discusiones y
tertulias políticas, casi sin dejar testimonio escrito. En las páginas que
siguen se reconstruyen aspectos claves de su historia a través de la memoria
de sus compañeros y amigos documentos y cartas personales.

-El mayor merito de la Resistencia fue que logro evitar otro Caseros.
Consiguió mantener y trasmitir la pequeña llamita, que el peronismo no se
cortara, y eso nos ahorró medio siglo o más. (César Marcos, 1972).

Cuando el golpe militar de 1955 derribo al gobierno peronista, César Marcos
había transitado más de la mitad de su existencia.

Seguramente nunca antes sospecho lo que vendría: que la vida podía darse
vuelta ( ese mundo sin peronismo donde todo cambió, la gente, los hechos, el
trabajo, el aire, el sol) y, menos aún, el papel que le tocaría jugar:
protagonista central de la Resistencia, iniciaría esa etapa a los 48 años.

-La Resistencia nació el día que cayó Peron, dirá luego. Irrealidad y
pesadilla la de esos tiempos… El 16 de junio, las bombas, los camiones, la
gente gritando, la masacre, el coraje, la impotencia de aquel milico que
disparaba con su 45 a los aviones… O el 19 de septiembre, cuando, muertos de
hambre, llegaron con el Bebe Cooke a Santa Fé y Junín, y vieron que en los
balcones la gente brindaba con champán y súbitamente Buenos Aires paso a ser
una ciudad extranjera. -El cielo entero se nos vino encima. De repente todo
se volvió anormal. Como fue anormal, absurda, alucinada, la odisea de la
Resistencia. Pigmeos contra gigantes..

Una odisea que despunto en las barriadas con los muchachos pinchando los
neumáticos, se contagió por guiños y tonadas, se plasmo en la PV del Peron
Vuelve adueñándose de las paredes hasta llegar, a puro fervor, a esa -etapa
superior del mimeógrafo que alumbro boletines y panfletos.

-EL GOLPE NOS AGARRÓ COMO RECIÉN NACIDOS…

Después del cuartelazo de junio, Peron designó a John William Cooke
interventor del Partido Justicialista de la Capital. En la febril actividad
del local de Piobamba y Cangallo, el Bebe y Marcos diseñaron el mínimo
aparato destinado a enfrentar la inminente clandestinidad.

-Cooke fue el único dirigente que, sin pérdida de tiempo, constituyó un
Comando de lucha en la Capital que confió a Lagomarsino y Marcos mientras él
estuviera en la cárcel…, dirá Perón en carta a Leloir.

Así surge el Comando Nacional Peronista, paradigma de la intransigencia,
cuyo Manifiesto del 24 de febrero del ‘56 levanta una consigna -la vuelta
incondicional del General Perón.- que prenderá y será bandera.

Junto con Raúl Lagonarsino (que reernplaza a Cooke ya preso) y Marcos,
estarán Tristán, de metalúrgicos, Héctor Saavedra, del Frigorífico, Salvador
Buzetta, Osvaldo Morales y otros, en aquellas horas, cuando todo debía ser
aprendido.

Salvo pocas excepciones, no hubo figuras de primera y segunda línea en la
Resistencia, -Del 55 al 58 lucho el pueblo y solo el pueblo, afirma Marcos.
Los dirigentes, o fueron detenidos (muchos) o se borraron (la mayoría).

La CGT hizo lo suyo: recomendo paz, silencio y tranquilidad. -La llamamos
CGT negra, como designaban los anarquistas a las instituciones oficialistas.
Abandonaba todo, el peronismo incluso, con tal de mantener su aparato…,
evoca Marcos.

El local de Ríobamba funciono a pleno hasta que lo cerraron, en
noviembre. -Fue entonces que comenzaron a formarse los grupos clandestinos –
relata Saavedra- organizados por Buzetta y César, ambos muy claros
ideológicamente.

La primera vez que lo escuché al Viejo habló durante cuatro horas. Mao,
Trotsky, la guerra de guerrillas, todas cosas nuevas para mí. Y ahí nos
entramos a formar…

LEER EN LA TERRAZA

Doña Emilia era hija de campesinos asturianos. Vino a la Argentina muy
joven. A los 17 años tuvo a César y poco después a Juanita. -Mamá. pobrísima
y analfabeta cuando llegó, creía que lo único útil en este mundo era saber.

No sólo aprendió ella a leer y escribir sino que nos enseñó, y ya sabíamos
hacerlo al entrar al colegio, recuerda su hija.

Muy inteligente, tesonera, orgullosa, Emilia será tenazmente rescatada por
César como vieja luchadora. Trabajaba por horas, lavaba, planchaba.

Vivían en piezas alquiladas en casas de familia, siempre en el viejo Palermo
o, por Gorriti, por la Rivera de entonces (hoy Scalabrini Ortiz).

Acosados por la pobreza, la lucha diaria era contra el frío y el hambre. En
el Colegio N 10, de la calle Pringles recitaba de memoria la historia de
Grosso.

Leía de todo -Creo que nació leyendo, que salió de la panza con un libro,
ironiza Juanita. -Gracias a él, muy chica conocí a Wilde, Shaw, Salgari y
Anatole France, que era su pasión. Siempre contaba que a los 12 años leía a
Marx en el tranvía.

Emilia lo mostraba. -No lo expriman, no le gasten el cerebro, repetiría. El
se instalaba a leer en el techo, junto al tanque de agua, y ella le cebaba
el mate que, acomodado en un balde, César hacía subir con una cuerda. -En
realidad, siempre fue un malcriado -precisa Lagomarsino-, a veces pienso que
su hábito de leer provenía, en parte, de lo molesto que le resultaba
moverse.

Terminados los estudios primarios -los únicos que curso- comenzó a trabajar
con un puestero en el mercado Dorrego para luego instalarse allí como
frutero. Pero ni el trabajo ni el dinero le atraían. Hacia la crisis del
‘30, el Ejército aparece como posibilidad de supervivencia.

Allí se engancha luego de la conscripción. -Voy a seguir en el
Ejército -escribe a su tía Ina-, total, sueldo seguro, jubilación y poco
trabajo. (…) Con un par de pesos para darme un gusto, un buen libro y una
pebeta que me quiera, el mundo es mio. (…) En casa, como siempre, comemos
poco, pero, divertirnos, nos divertimos (…) ¿Andar detrás del dinero?
¡cualquier día! Es bueno solo cuando se sabe gastarlo… –

A los 20 años ingresa en la Compañía de archivistas ciclistas que fue donde,
al parecer, escribió para otros por primera vez. El beneficiario fue el
Coronel Cernadas, un oficial que le tenia mucho aprecio, y luego, otros
militares.

Según Lagomarsino, esta función le dificulto obtener el retiro. -Es que lo
necesitaban, estaban encantados. César les escribía cartas, documentos y
discursos. Tuvo un jefe cuya única tarea era ordenar lápices, gorras,
etcétera y marcar, en una lista, posibles ascensos de su grupo. César le
llevaba pilas de papeles escritos. El jefe les medía márgenes con su regla
(debían ser de ocho centimetros) y los pasaba uno tras otro. Jamás los leia.
César pidió el retiro cuatro veces antes de lograrlo.

TIEMPOS DE NACIONALISMO

A los 27 años, cuando se casa con Ana Opfer, una hermosa y dulce polaca a la
que transformara en eximía tanguera, César Marcos militaba en
nacionalismo. -Mi madre era judía y papá – que pese a su catolicismo debió
aceptar el rito de ella – la arrastraba, ya en tiempos de la guerra, a los
actos neutralistas, relata Pupele (muñequita en idish), su hija Mercedes
Raquel Emilia le puso él, aunque la llamó siempre Ñusta, (princesa Inca).

Cuando después del golpe del’76, su yerno Mario Kestelboim es incluído por
los militares en el Acta Institucional, todos deben irse. -¿Sabes amorcito,
cómo figurabas en los papeles de CONAREPA? Como -la vinculada del
interdicto-. Decime, ¿no es un lenguaje obsceno? escribiría César a su hija.

En los largos años del exilio el le enviará larguísimas cartas escritas a
mano, con esmero, dibujos, poemas e historias. -Antes, Púpele, nuestro
silencio era ternura. Pero ahora me emociono de recuerdos y distancias,
dirá, para explicar su efusividad.

1944. Marcos asume como titular de la Dirección General de Espectáculos
Públicos. Ya se ha retirado del Ejército. Mientras aun estaba allí se
desempeñaba simultáneamente como sargento ayudante y secretario del
Instituto Cinematográfico del Estado. -Por entonces era un entusiasta
militante nacionalista y uno de los primeros afiliados al Instituto Juan
Manuel de Rosas -relata su presidente. Alberto Contreras-; lo conocí en el
35 y ya era un hombre de gran capacidad, muy modesto, a quien muchos pedían
que les escribiera. Y lo hacía. Pero lo mas notorio era su poder de
convicción, como lo demuestra el caso de Cooke. Cuando conoció a César era
unitario y rupturista. El lo convierte y el Bebe se lo lleva de asesor a la
Cámara. Lo quería y respetaba.

Marcos elaborará todo el trabajo sobre la oposición al Acta de Chapultepec,
impulsada por los norteamericanos, que Cooke expondrá brillantemente en
Diputados, en disidencia con su bloque.

-SE DIVERTÍA COMO LOCO…

-Mi viejo solía decir que él fue peronista antes de Perón, recuerda su
hija. -En un momento, junto con muchos compañeros, encontramos que el
peronismo estaba en nuestra línea. Y entonces lo seguimos, reafirmaría el
mismo. Al parecer, se vinculó a través del Bebe, cuya casa de la calle Santa
Fe frecuentaba asiduamente. En esa época conoció también a Ricardo Guardo a
quien, años despues, escribiría un libro, Horas Difíciles.

Por entonces, el serio y atildado Guardo sufría en carne propia las
consecuencias de ese activismo bullicioso, alegre y desenfadado, de César
y sus amigos. Como aquella vez en que estamparon su firma en una solicitada
y el viejo Sánchez Sorondo lo retó a duelo, reemplazándolo su hijo Matias,
campeón de florete. Guardo se pasó toda la noche, palido y estremecido
escuchando las lecciones de esgrima de un profesor alquilado
mientras Césár y el Bebe le escribían epitafios y entre carcajadas lo
acompañaban, ya en la madrugada, al campo de honor.

En aquellos primeros tiempos de gobierno peronista, César vivía en un
departamento alquilado en la calle Azcuénaga 71.

Plata había poca y cuando aparecía, César la gastaba. -Una vez que lo
indemnizaron se compró el almacén. Llegó muy alegre, con varias copas y un
peón que traía de todo. No le quedó un peso. Absolutamente inútil para las
tareas manuales, gran charlista, le gustaba beber y fumar. Y, mucho, las
mujeres.

Hacia 1950 se separa de Anita y se va a vivir a un departamento de Villa
Luro (que llamaban -la URSS por lo lejano); los libros, que se apilaban por
doquier, sostenían la gran cama con espejos. Una lámpara reemplazaba al
timbre. -Cuando fue allá andaba enamoradisimo. Y durante días, se encerraba
a leer.

-Como se había empeñado en hacer de mi un hombre culto (yo era fabricante de
sombreros) mi tarea en la URSS era leer y hacerle resúmenes, recuerda
Lagomarsino.

Pese a haberse divorciado con la ley dictada por Perón, una y otra vez
regresará con su -Aniuska. Sin renunciar claro a sus grandes amores, como el
que vivió durante años con -Champa, una enfermera y militante de la
Resistencia.

Desalojado de Azcuénaga, sus amigos le ayudan a comprar un departamento en
Cangallo y Billinghurst Allí muere Anita, en 1972. En esa casa, con un
balcón atestado de flores, pasará César los últimos quince años de su vida.

Lo acompañarán sus libros, los cuadernos y papeles que llena en las noches
insomnes y una mujer, Irma. Es donde permanece en los años de plomo cuando
el exilio de su familia, sumado a la ausencia y desaparición de muchos
compañeros y amigos lo sume en profundas depresiones. Pero ni sueña con
irse.

Seguirán viniendo los viejos camaradas y llegarán, pese a los malos tiempos,
otros nuevos, las cartas, los que vuelven.

-TANTAS VECES NOS MATARON…

-El jefe civil del complot era Raúl Lagomarsino (…) También figuraba en el
comando César Marcos, ex suboficial del Eercito, que ya ha sido fusilado…,
anunciaba _en su primera página La Razón, del 11 de junio del 56. En la
mañana del 2, una semana antes del levantamiento del general Valle, seis
dirigentes del Comando Nacional eran detenidos. César, Osvaldo Morales y
Copete Rodríguez, en una vivienda de Laferrere.
y Carlos Held no lejos de allí, Saavedra al dirigirse a su trabajo.

Efectivos de la Policía Federal y de la Marina los llevan al Arsenal Naval;
estarán unos días -desaparecidos hasta ser trasladados al Departamento de
Policía.

El grupo estaba al tanto del intento de Valle, pero, firme opositor a la vía
del golpe militar, no lo compartía en absoluto. -Nos habíamos reunido con
Valle, el coronel González y algún otro un viejo caserón de Belgrano. Nos
plantearon que incorporásemos nuestros grupos civiles, que ellos pondrían
las armas. Y una condición: cáda uno debía entregar su documento de
identidad como garantía de la devolución del armamento.Es que para los
milicos las armas en manos del pueblo eran peligrosas. Nos negamos de plano
a participar, evoca Saavedra.

No obstante el desacuerdo van todos presos y les endilgan cualquier
cosa. -Yo tenia un tubito de Asmaspirin, relata Lagomarsino, con el que sali
fotografido en los diarios. Se lo convirtió la droga. Además, eramos
homosexuales: un rico industrial sombrerero (yo) con un joven nazi (Held,
hijo de alemanes).

Producido el levantamiento, los llevan a fusilar. La noticia de la ejecución
sale en los diarios. -A papá lo habíamos visto unos dias antes, de lejos al
llevarle comida. Cuando leimos el diario corrimos al departamento Y ahi
estaba. Esa vez nos dejaron tocarlo, recuerda su hija. La hermana de
Lagomarsino se presentara a retirar los restos, a la madre de Morales la
llaman para igual trámite. La Orden existia, algo impidió que se concretara.
Cuando se lo llevan a Cooke, preso político en Caseros con igual fin, le
dicen que Marcos ha sido fusilado por la mañana. -Al devolvernos luego a la
celda -relata Cesar- la ropa. estaba apiladita junto con el inventario que
enviarian a nuestra familia después de ejecutarnos.

A Morales y Rodriguez les avisan que serán fusilados. No lo creen. -Pensé
que era un cuento aunque dudé cuando me enviaron el cura a la celda,
recuerda el primero. A Saavedra viene a buscarlo la gente del Ejército -para
interrogarlo pero la Marina no lo entrega. -¿Ves, pibe, que nosotros no
somos asesinos?, me dicen.

El tercer grupo lo pasa peor. Los llevan a la Escuela de Mecánica del
Ejército, en la calle Solís. Cuenta Marcos: -Era lóbrego ese cuartel en la
noche, mal iluminado. Habia un montón de tipos armados de civil, los
comandos, y un capitán muy buen mozo, altote. de anchas espaldas, con una 45
que me clavaba al preguntarme las cosas más idiotas… Otro capitancito. de
la Escuela Superior Técnica. muy bien vestido, bien afeitado, pálido, con
los guantes puestos. le preguntó a Raúl (esposado, chivudo, sucio) su fecha
de nacimiento. -El 17 de octubre de..! comenzó a decir y el oficialito lo
desmayó de una trompada. Nos miraban con asco, con odio, eso era lo más
intimidante. Y también ocurría lo increíble: como cuando llega un ayudante
con café y el escenario cambia, como si le hubieran pasado un trapo húmedo.
Yo me animo y pido un café. Y el grandote me alcanza la taza. me ayuda a
tomarlo y me da un cigarrillo. Luego. sin transición, todo vuelve a lo
anterior. Y nos llevan a la fila para fusilarnos .

A Lagomarsino lo habían sacado para un careo cuando escucha por la radio que
a pedido del Papa se suspendían los fusilamientos. -Ni respiraba para no
alterar el ambiente. Me llevaron al Departamento. Me pareció hermoso. Me
metieron en un sucucho para las escobas. Hacía un grado bajo cero ese mes de
junio. Yo estaba helado, casi desnudo y sin las pastillas contra el asma.
Había un vidrio roto que dejaba entrar el frío y a unas enormes ratas. Me
pasé la noche espantándolas con una caja de fósforos vacía. Por la mañana
algo dormi. Estuve así diez dias. Cerca de dos meses permanecieron allí.
Luego los llevaron a Caseros. Se pasaron como mínimo, un año. César salió a
fines del ’57. Raúl en 1958, con la anmistía.

-MANTENER LA LLAMITA

-El espontaneísmo cubria todo el país. Llegábamos a todos lados pero sin
organigramas. En realidad, cada uno se colocó en el agujerito que le
correspondia. Y el enorme fervor suplantó a la organización, precisaba
Marcos.

Desde el ’55, la clandestinidad. Iban de casa en casa. -César era un drama,
llegaba a un lugar y colocaba los estantes para hacer la biblioteca, se
queja Lagomarsino. Pero se arreglaban: -Vivíamos y nos reuniamos en las
casas de compañeros, de familias peronistas que nos albergaban.

La gente estaba como loca, queria participar de cualquier modo, recuerda
Morales. Empezaban con la propaganda. -Mantener la llamita. Volantes,
pintadas, algún apagón si había huelga. -Y fuimos armando los grupos.

Yo organicé el comando Mataderos, el del Frigorífico, el del Barrio Los
Perales y otros. Eran de poca gente, que no se conocia entre sí. -César
diagramaba ese esquema, relata Saavedra. La cárcel no frenó la Resistencia.

Regularmente, el Comando enviaba los informes a Peron, se giraban las
instrucciones y se redactaba la prensa (el Boletín Informativo, El
Guerrillero) que algunas compañeras sacaban afuera e imprimían Emmy, Carmen
y Tello Castiñeiras.

Esclarecer, mentalizar era fundamental. -Me conocí las cocinas de todos los
suburbios de Buenos Aires -cuenta Marcos-, era el sitio donde nos juntábamos
como una gran familia, la mesa de hule, el mate, un vino… Hablábamos de
Perón (porque estaba prohibido hacerlo) y de qué hacer.

Lo que más nos interesaba era que la gente no se enganchara en las aventuras
militares, que entendiera que todo dependía de lo que el pueblo hiciera por
sí mismo, que no habia coroneles providenciales. Y resultaba dificil.
Esperaban lo inmediato, el golpe.

Uno explicaba durante horas, todos decian estar de acuerdo. y al salir de la
reunión, el dueño de casa, sigiloso, cómplice, se despedia y preguntaba

¿ -Y… ¿viene el golpe?’.

-Es que lo teórico no bastaba, faltaba la propia experiencia… Saavedra
recuerda: -una vez fuimos a una reunión. allá detrás de Caseros. Corren una
cama y aparece la entrada a un sótano lleno de gente. Estaba hasta el famoso
trío de la CGT negra.

Hablaban de los contactos con militares, de que habia que largarse ya. Un
dirigente de UTA, dijo, eufórico, que tenía el uniforme de un general.

Nosotros escuchábamos, César no había dicho nada. Entonces habló. -¿Me
permite compañero? (no lo olvido más) ¿Sabe lo que yo hago con el uniforme
de un general? Me limpio el culo. Se terminó la reunión. ¡Lo que faltaba.
milicos que jugaban a peronistas! Era un chiste eso .

EL VIEJO CÉSAR

Agotada la primera etapa de la Resistencia (que culmina con la tajante
oposición de Marcos al pacto con Frondizi), habrá otra vez clandestinidad y
prisión y diversas posiciones ante las cambiantes contingencias políticas.

En el ’73, cuando retorna Peron, el escepticismo de César se estrella contra
la euforia general: prevé días sombríos. No obstante, desde la Unidad Básica
John W. Cooke logra abrir un espacio de discusión entre los sectores de la
Tendencia, en momentos en que el clima general no favorecía el diálogo. Más
adelante, su afán de poner vallas al avance de -la patria metalúrgica lo
lleva a colaborar unos meses con el gobierno de Calabró, en la provincia de
Buenos Aires. Pronto debe alejarse.

Enemigo del Lopezrreguismo y muy crítico de la gestión de Isabel Peron,
cree, sin embargo, que hay que evitar el golpe militar. -Si ésto se hunde
nos hundimos todos, sostenía. Sus posturas y actitudes son polémicas y le
granjean críticas. En general, coyunturales.

-En la Resistencia fue una especie de guardián de la doctrina, con una
fuerza de principios y una forma de expresarlos enormemente pura, que
orientó a los sectores dispersos desde una posición intransigente, sostiene
Osvaldo Morales.

Para Pino Solanas (bajo cuya dirección Marcos interpretara a Pardal en Los
hijos de Fierro) fue clave en la comprensión de nuestra historia. -Mi
generación le debe mucho a César -dice-; nos ayudo ayudó a profundizar
nuestra inserción en el peronismo.

Carlos Acuña, de la U.B. Cooke, lo rescata desde los años
recientes. -Apostaba a la revolución, a la gente. Lo amábamos al Viejo, era
un troesma .

-Todo aquel que pensara en una organización revolucionaria dentro del
peronismo iba a ver al Viejo, cuenta Leopoldo Halperín. -Era una especie de
oráculo. Lo conocí una noche en que Jorge RuIli me llevó a su casa, en los
’60. César, que funcionaba sólo de noche, estaba rodeado de una inmensa
cantidad de libros y papeles. Discutíamos cómo organizarnos. El mezclaba
anécdotas de sus tiempos, algo de marxismo, metafísica, lecturas de
Marechal. Un galimatías. Fumaba muchísimo y hablaba en un estilo casi
conspirativo. Era una autodidacto y sabía como un caballo. Una vez logramos
que diera un curso de historia. Arrancó de los carolingios, iba de las
anécdotas de la Resistencia a Childerico. Si lo vieras, con sus hojitas, tan
sistemático…

Por allí pasaron muchos: El uturunco Mena, Villalon, Saúl Hecker, Vallota,
Pancho Gaitán, el Gallego Alvarez, Licastro, Fernández Valloni, Quique
Pecoraro, Mendieta. Eduardo Vacca, el Negro Lamborghini, Pino Solanas,
Marcos Raijer, Luis Macaya, entre otros. Su larga e intensa trayectoria
explica la multiplicidad de contactos. -Jamas podría haber reunido a todos
–dice su amigo Carlos Abalo-; con cada grupo desarrollaba temas específicos.
Sólo él, muy respetado, podía hacerlo. Hombre de consulta, nunca volverá a
embarcarse en alguna corriente interna. -Jugaba de gurú, precisa Alcira
Argumedo, -gran francotirador, muy peronista pero muy crítico, era un
referente de la sabiduría en el análisis político. Irredimible, seductor,
desde su trono, un gran sillón de madera. contaba historias, que era su modo
de enseñar a hacer cosas.

La relación con el Viejo no era fácil. -Sobre todo de entrada- Y mantenía
siempre una cierta distancia pese a que cuando lograba armar un canal
específico, de compincheria, de complicidades, el requerimiento era alto y
uno súbita mente descubria una enorme proximidad, relata Abalo. Lo previo,
sin dudas, era el enganche afectivo.

-Después uno tenia que ser activo, pincharlo -anota Francisco Urioste-, y
entonces aparecia el Viejo César en todo su esplendor, esa especie de
filósofo o de Viejo Vizcacha. Sabía muchísimo pero nunca tiraba sus lecturas
sobre la mesa. Después de años uno descubría ese infernal basamento en que
sustentaba sus dichos .

Sin embargo, salvo para quienes lo trataron, fue un desconocido. Debe haber
tan sólo un artículo firmado por él. Escribió muchos, libros incluso, pero
para otros, y centenares de notas, anónimamente, en las publicaciones de la
Resistencia, en De Frente. Siempre estuvo en segundo plano, jugando de
atrás. ¿Por qué? Algunos lo atribuyen a una gran modestia y generosidad (-Se
alegraba cuando triunfaba una orientación suya, no tenía envidias, dice
Morales), otros, por el contrario, a su comodidad y a cierta indolencia.

Hay quienes enfatizan algún arrastre de la infancia ( -se escondió siempre,
quizá por algún complejo, aventura Lagomarsino) y están los que, como Carlos
Abalo, responsabilizan a su afán perfeccionista. -Era un cultor del
perfeccionismo. Si su identidad aparecía comprometida, el nivel de exigencia
le imposibilitaba escribir. César parece darle la razón. -Sólo me gusta
escribir, hasta divertido y despreocupado, cuando no lo hago para mi -dice
en una de sus cartas (…) pero expresarme por mí mismo me resulta como un
parto interminable y dolorosamente difícil…

Sea como fuere, el resultado fue lo que todos anotan como su mayor déficit:
no haber plasmado en una obra que quedara como testimonio objetivo, su
enorme conocimiento del peronismo y de la historia.

César Marcos no es encasillable. Intransigente en lo ideológico, flexible
políticamente, confió, más que nada, en los sectores populares. Creía que,
pese a todo, les llegaría su hora. El detonante sería lo social. Era
cuestión de tiempo. Había que esperar, y activamente. Armar redes con los
mejores. Juntar cuadros, ideas, cuidar que no se apagaran las pequeñas
luces. Atizar los fuegos, mantenerlos vivos. Eso, al fin y al cabo, fue lo
que él hizo.

COOKE DE CARNE Y HUESO

John William Cooke moría el 19 de setiembre de 1968. Tenía 48 años.

Tiempo después, en unas páginas inéditas, César Marcos intentará esbozar una
semblanza del Bebe -tal como era. Molesto con cierta izquierda que
armaba -una leyenda falsa con pretensiones de bronce y de mármol, tratará de
rescatar al hombre de -carne, hueso y sangre con todas las debilidades y
grandezas.

Marcos no escatima elogios a la actuación pública de Cooke. Lo describe como
quien cumpliera -todos los papeles que puede desempeñar un
político, salvo el de burócrata y resalta su rol de -teórico, ideólogo,
doctrinario fundamental. Pero también hablará del Bebe que él conoció, el de
las escapadas, los poemas y las noches.

Dirá que era un gran bailarín de tango ( -bailaba tan bien que hacía olvidar
su obesidad aplastante), -gran jugador de poker y buen jugador de cualquier
juego, gran amigo de artistas y de reos y personajes de la noche… Y así,
mano a mano en una mesa de fondín, frente a Luisito Dellepiane relataba
Verlaine (…) Como sabía recordar la musa del Negro Cele (…) O escandía
armoniosamente la limpida y fria belleza del Poema Conjetural.

Y lo evoca tal como lo recuerda, recibiendo a sus amigos en su casa de la
calle. Santa Fe. -Completamente despreocupado de su atuendo –Que recibia
permanentemente la ceniza inagotable de sus ininterrumpidos cigarrillos, sin
embargo, pese a esto y a su gran fisico, tenia una presencia agradable que
emanaba de sus ojos claros y de su rostro risueño, blanco e infantil..

UNA RELACIÓN FECUNDA

En 1959 yo publiqué un trabajo económico que era muy duro con el peronismo.
César, a quien no conocía, me hizo llamar por un compañero. Me dijo que algo
tan crítico y que él no podía rebatir, tenía que haber sido escrito por un
peronista. Como yo no lo era, quería conocerme. Así comenzó una relación
fecunda, por momentos muy intensa (de verse todos los días) y en otros mucho
más laxa. Discutíamos mucho y con un sistema: si descrepábamos en un punto,
lo repensábamos, escribíamos y volvíamos a abordarlo. Y todo desde un gran
afecto -mutuo- y con él instándome siempre a dar rienda suelta a lo que
pensaba. Era un peronista en serio; decía que yo también lo era, sin
saberlo, ya que criticaba todo lo criticable en el pais, y ésa, según él,
era función del peronismo. Habiendo tantas diferencias entre nosotros, me
costaba a veces entender la base de ese vínculo tan profundo y próximo.
Residía sin duda en los puntos de compinchería que él establecía y
desarrollaba: desde las pequeñas complicidades hasta el humor ácido e
irónico, la pasión por la historia, la crítica al peronismo (que me hacía
pagar con la suya a la izquierda). Esa relación fue única. Si supuso una
enorme identidad, pese a las diferencias, fue porque las complicidades
denotaban una lealtad mutua, y así el acervo común que se construyó venció
todo lo disímil. Por eso fue también una aventura. Ambos éramos conscientes
de ello y nos divertía mucho.

César ocupa un lugar muy importante para mí. Lo recuerdo con muchísimo
cariño y siento que al no estar dejó un gran vacío. A veces pienso que ese
vacío sería menor si lo hubiese visto más en las última época. Pero es una
fantasía. Lo que siento es su enorme ausencia.

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