LOS HOMBRES DE F.O.R.J.A. Y EL PERONISMO

Por Jorge Eduardo Rulli

El hecho de haber sido invitado a presentar el excelente libro sobre FORJA, por Delia María García, Francisco José Pestanha, Pablo José Fernández, Eduardo Rosa y Ernesto Adolfo Ríos, me obligó a indagar y reflexionar sobre las complejas relaciones y los numerosos desencuentros entre los hombres de FORJA y el Peronismo en los años cuarenta, y desde entonces, sobre la influencia del pensamiento forjista en los diferentes momentos históricos habidos hasta el presente. Quiero traer hoy a Horizonte Sur alguno de estos pensamientos que intenté exponer el viernes en la Manzana de las Luces, porque estoy convencido que ciertas complejidades, confusiones y frecuentes ininteligibilidades de los conflictos políticos, refieren a desafíos profundos que hacen a diversas concepciones de lo organizativo, y resultan inseparables de nuestras luchas como pueblo por hallar una identidad y un modelo que nos sea propio, y asimismo, tienen relación con los actuales problemas que enfrentamos y que no somos capaces de resolver.

FORJA se autodisolvía a finales del año 45, o sea a pocos meses de la revolución del 17 de Octubre. Quedaron entre sus miembros relaciones personales, afectos y sintonías, en especial entre aquellos que se sumaron al nuevo proceso abierto en la Argentina y que por afinidad, por formación o por oportunidad, les brindó la ocasión de compartir importantes funciones en el Gobierno y en particular en el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires que conducía el Coronel Mercante. Diversas circunstancias, de las que los hombres de FORJA no fueron ajenos, condujeron a un conflicto en los años cincuenta entre los antiguos camaradas, me refiero a Perón y a Mercante, que se resolvió con la salida del Gobierno provincial de este último y también con el desplazamiento de la mayoría de los intelectuales provenientes de FORJA que lo acompañaban en aquella gestión Según uno puede estimar, existían numerosas y variadas reivindicaciones de estos últimos, en especial referidas a la necesidad de una mayor honestidad en los manejos de la cosa pública, en la necesidad de una mayor coherencia y claridad en la línea de gobierno, etc. Pero el trasfondo de la confrontación en que no se discutía el proceso mismo de la Revolución Nacional, parecería haber sido, fundamentalmente una lucha por el poder en que se trataba sencillamente de reemplazar el liderazgo de Perón por el de Mercante, y evidentemente no existió un cálculo acertado de las fuerzas en juego y de lo que podía significar para la persona del Presidente que alguien alentara la posibilidad de desplazarlo.
Los conflictos volverían a repetirse años más tarde, con posterioridad a la caída del Peronismo, cuando los hombres de FORJA respaldaron a Alejandro Leloir, el tradicional estanciero originado de sus filas que se hallaba a la cabeza del Partido Peronista cuando sucede la Revolución Libertadora, frente al nombramiento por Perón de John William Cooke, como su delegado personal y sucesor en caso de fallecimiento. Asimismo, y como parte de la naciente Resistencia en la que participaban activamente, reclamaban un mayor apoyo primero y luego un mayor reconocimiento para la Revolución de Valle, del nueve de Junio del 56, y por último, comenzaron a ligarse al naciente frondizismo, a la revista Qué dirigida por Rogelio Frigerio, y ya en el año 58, reclamaron abiertamente un respaldo irrestricto a la candidatura del Dr. Arturo Frondizi, no tal solo como al final se hizo, con un pacto político por escrito, sino como un encuentro histórico o un modo de sumarse al nuevo movimiento de renovación y cambios que presuntamente Frondizi y la UCRI, expresaba en esos momentos.
En los años sesenta, un enorme esfuerzo de la llamada izquierda nacional, logró mediante intelectuales de la talla de Rodolfo Puiggrós, de Jorge Abelardo Ramos y Hernández Arregui, instalar en el imaginario de los sectores medios en proceso de peronización, la idea de FORJA como necesario eslabón y como puente histórico entre el radicalismo yrigoyenistay el movimiento peronista. La necesidad de hallar nuevos instrumentos intelectuales y programáticos que permitieran organizar y modernizar un movimiento popular presuntamente descerebrado e invertebrado al decir de un John William Cooke bajo la influencia cubana a mediados de los años sesenta, y el proponerse sumarle coherencia y pensamiento revolucionario por parte de esos sectores al peronismo, corría pareja con la reivindicación tardía de los hombres de FORJA y con la reedición masiva de sus obras, en las que abrevaba una juventud universitaria hambrienta por hallar las claves que le permitieran incorporar a la conciencia nacional sus aspiraciones a la modernidad, al desarrollo y al socialismo. Las propuestas forjistas y las memorias de sus hombres, lograban reunirse de esa manera, gradualmente, con los nuevos pensamientos e imaginarios que llegaban desde Cuba, y la posibilidad de un Socialismo Nacional de cuño propiamente argentino se tornó en horizonte aceptado y deseado que movilizó a nuestros sectores medios a partir del golpe de Onganía.

Así llegamos al 73, con mucho de confusión y de equívocos acumulados, en un proceso sumamente vertiginoso, recordemos que la mayoría de la nueva militancia no había comenzado antes de los años 67/68; con los grandes temas propios del proceso de la revolución irresueltos, y con una plaza del 25 de mayo desbordante de juventud y de sectores medios, bastante distante en lo social y en lo cultural, de aquella otra que 28 años atrás le diera origen al Peronismo. Lejos estarían del clima generado por el peronismo camporista, las revanchas tantas veces prometidas durante los años oscuros de la Resistencia. El odio alimentado durante años en el Pueblo, contra las felonías del Ejército argentino justificó en los primeros años y desde su exilio en Panamá, la amenaza y el compromiso de Perón de disolver las FFAA cuando alguna vez pudiera regresar a la Patria. Propuesta que por alocada y temeraria, merecería en su momento la dura reprobación de los hombres de FORJA, descreídos de las propuestas insurreccionales que alentaba tanto Perón como buena parte del peronismo y bien dispuestos ellos a una negociación con sectores militares que pudiera asegurar un paulatino retorno a las luchas políticas que les eran propias. En consonancia con aquellos viejos debates, en el 73, confraternizan y se ve marchar juntos, a las tropas juveniles de los que mataron a Aramburu por una parte con Gullo y otros líderes a la cabeza, y al ejército del General Carcagno por otra, en cuya quinta de la Comandancia en Jefe del Ejército solía reunirse la Conducción Nacional de Montoneros.
Yo me pregunto ¿en los años setenta, los desgarramientos internos del Peronismo que fueron en simultáneo desgarramientos que involucraron al conjunto del país, fueron luchas programáticas?, ¿fueron acaso, porque unos querían hacer el Socialismo y los otros eran en cambio unosvendidos al Capitalismo, que querían entregar el petróleo a Repsol y privatizar el ahorro jubilatorio de los argentinos? A Rucci, ¿se lo mata acaso porque quiere enviar tropas a Haití o tal vez, porque estaba abriendo nuevos mercados en China Popular? Es evidente, al menos para mí, que los enfrentamientos se vuelven a repetir como en los años cincuenta con Mercante, tan sólo como una lucha política por el Poder. No importa que esa lucha se enmascare de discursos inflamados, porque para los sectores medios a los que referimos el universo del discurso les es propio, pero lo que cuenta siempre es en definitiva la realidad y lo que se hace no tan sólo lo que se dice. No hubo una medida de gobierno en cualquiera de las provincias gobernadas por la izquierda en los años setenta, que demostrara la voluntad real de avanzar hacia una sociedad más justa. Repito: la lucha era por el Poder, una verdadera pulseada por el mero poder, y una de las cosas que lo prueban irrefutablemente, es que miles de aquellos demandantes del socialismo setentista, hoy están cómodos en sus puestos de gobierno, donde son funcionales a un modelo que bien podemos con generosidad, categorizar como neodesarrollista.
No se trata de un misterio, sino de un desafío tan lejano e irresuelto como la historia misma de los procesos revolucionarios o de cambios sociales en el mundo. Ya en el siglo diecinueve los contestatarios se diferenciaban entre rebeldes que confiaban en el espontaneísmo insurrecto de la plebe y en su capacidad de revolucionarlo todo, y aquellos otros que buscaban contener u organizar esas energías en los marcos de una organización que representara la rebeldía popular. El paso de los años y la extensión del marxismo en las luchas de clases, no han hecho sino acrecentar estos desencuentros, que no son menores para nosotros, porque el destino de nuestros pueblos se ha visto reiteradamente frustrado por los desvaríos organizacionistas de la pequeño burguesía, desvaríos y crisis de leninismo agudo que buscaban instalar un concepto de organización que ignora o menoscaba las formas profundas de organizarse de la gente del común, sus comportamientos y lazos organizacionales. No se trata en esto como se pretende, de izquierdas y derechas. Luego de tantos y tantos fracasos y cuando los revolucionarios de ayer son los que hoy nos proponen abiertamente alimentar a los niños con leche de soja transgénica y cierran convenios con Gustavo Grobocopatel, mientras nos continúan entreteniendo con sus propuestas de construir el socialismo, debemos concluir que de lo que aquí se trata, es meramente de un tema de poder, y nada más que de un tema de poder. Y en realidad, lo que quiero decir es: que se trata en verdad de la apropiación del poder de la gente, de su apropiación por parte de hombres o de camarillas que se encubren con ropajes distractivos.

Sé que lo que digo no es sencillo de asimilar. Desde cierta perspectiva alejada en que las buenas intenciones no importen porque a lo sumo pavimentan los caminos del infierno, podríamos colegir que todo da lo mismo. Pero no es así. Estamos refiriéndonos a una discusión que aún no ha comenzado en la Argentina o que está principiando. Es la discusión sobre el Poder y sobre el tipo de organización que condice con la Cultura entendida como algo que es patrimonio o que se genera desde el pueblo mismo. Y cuando referimos a los riesgos de una propuesta organizacional que liquida las iniciativas de cambio, estamos hablando de las asambleas vecinales a las que la izquierda psicótica liquidó sistemáticamente, y estamos también, refiriéndonos a las propuestas de modernidad y de crecimiento en medio de un planeta asolado por el cambio climático y donde los progresistas parecen la orquesta irresponsable sobre la cubierta del Titanic… Y frente a ese devenir del setentismo hacia un natural neodesarrollismo, estamos hablando también de quienes nos atrevemos a continuar soñando con la posibilidad de una sociedad más justa y sustentable, y a recordar que el planeta azul es nuestro hogar y que debemos ser amigables con los ecosistemasy no con las Corporaciones.
Nos aburren cada vez más los viejos revolucionarios que ahora a diario nos discursean con proyectos de puertos de aguas profundas para la exportación de Soja, o con plantas de biocombustibles que se abastezcan con batatas, tal como se preocupan de aclararnos: como si hacerlos con un alimento maravilloso como la batata fuera éticamente mejor que fabricarlo con un forraje de la peor calidad tal como puede ser la soja transgénica. Se han extraviado de todo principio ético y dejaron absolutamente de comprender los desafíos que tenemos por delante. Proyectan alimentar a los niños del socialismo del siglo XXI con leche de soja y ni siquiera se enteraron que la leche es algo que producen las glándulas mamíferas y que eso que llaman leche y que apenas es un bebible horrible, tiene suficientes disruptores hormonales como para frustrar los desarrollos de la capacidad critica ciudadana de un niño en crecimiento. Sueñan con chimeneas aunque sean finlandesas, tal como lo hacen los revolucionarios uruguayos; siguen optando por los pobres mientras convalidan las sociedades de exclusión, tal como tantos teólogos de izquierda que terminan confundiendo el orden temporal con el espiritual; se oponen a los desarrollos locales porque se mueven con paradigmas urbano industriales y continúan creyendo que el proletariado es el sujeto de la historia; ignoran y desprecian todo lo concerniente al campo e imaginan que la ecología es un tema propio de los escandinavos;justifican el complejo minero Pascua Lama bajo el presupuesto de tener que dar de comer al pueblo sanjuanino; y una de las cosas más penosas que hemos tenido que ver en estos tiempos difíciles: pelearon durante años para preservar un astillero nacional en manos de los trabajadores, y mataron y murieron mil veces durante los años de plomo, para ahora proponerse fabricar los cientos de barcazas que bajarán la soja por las aguas de la Hidrovía Paraná Paraguay. No, no importa la historia de la que vengan, son definitivamente funcionales al imperio de las corporaciones.

Si podemos comprenderlos tanto, es porque en mucho sentimos como ellos y porque provenimos de similares formaciones culturales. Lamentablemente, ellos han extraviado la sacralidad de los propósitos iniciales, si es que alguna vez la poseyeron. Así como ahora pretenden dar de comer, de igual manera, antes se propusieron organizar al Pueblo y hacer la revolución y el Socialismo. Son consecuentes, y han elegido el camino más fácil que es generalmente el que camina sobre alfombras rojas de despachos oficiales. El verdadero desafío es para el resto, o sea para nosotros, el desafío de continuar imaginando mundos más humanos, espacios en que reclamar una justicia que no signifique acrecentar los niveles de consumo, pensar cómo vivir bajo otros paradigmas en que los conceptos de progreso ilimitado, la idea de escala y la fascinación por las tecnologías, hagan lugar a desarrollos más sustentables y a una simplificación tal de la vida, que vuelva a ser amigable con la Naturaleza. Pero este es un sueño antiguo que, como dice Eduardo Galeano se amasa con la misma materia prima de esas pesadillas que se nos proponen a diario. Depende de nosotros hacer unos o continuar sufriendo con las otras.

Jorge Eduardo Rulli

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