Veteranos de la Guerra de Malvinas: ¿Víctimas o protagonistas? * Por Francisco José Pestanha**

La noción de víctima nos remite a aquella persona o animal sacrificado o destinado al sacrificio. Dicho vocablo puede aplicarse además a aquel «sujeto o grupo de sujetos que experimentan daño o menoscabo por causa ajena o fortuita»[1]. Desde el punto de vista del Derecho, la condición de víctima suele atribuirse a un individuo o grupo que sufren o han sufrido pérdida o detrimento de sus derechos esenciales.

Por su parte, el Diccionario de la Real Academia Española, define al protagonista como aquella “persona o cosa que en un suceso cualquiera desempeña la parte principal”.

El concepto de víctima nos remite la de victimización al que alguna vez hemos descripto como un dispositivo que se orienta a señalar un determinado estatus de sufrimiento, persecución o ensañamiento, con el fin de obtener un tratamiento que mejore la calidad de quien mantiene dicho estatus. La victimización constituye, en cierto sentido, un proceder deliberado que aspira a revertir una determinada situación de menoscabo.
Pero asimismo suele recurrirse a dicho dispositivo para neutralizar o anular cualquier conato de crítica respecto del sujeto o grupo victimizado, e inclusive, como dispositivo de transferencia tendiente a invertir la condición de victimario en la de víctima.

De lo expuesto, se infiere que la noción en análisis admite diversos sentidos, alguno de los cuales parecerían resultar, cuanto menos, contrapuestos.
Eduardo Botero[2] se ha dedicado profundamente a la cuestión y entre otras medulares reflexiones enuncia tres caracteres (o tal vez movimientos) en la construcción de la victimización: «la conceptualización del trauma, la defensa demagógica interesada e irrestricta de las víctimas y, finalmente, una cierta predicación de las virtudes de la memoria». Botero concluye que «la defensa demagógica e irrestricta de las víctimas se constituye en el lugar común a todas las ideologías que por distintos motivos se disputan el favor de las masas» y además, lo que logra la noción de víctima, es sustituir otra noción: la de sujeto: «La piedad y la conmiseración no hacen sino desconocer que las víctimas no están pidiendo un favor, sino exigiendo que se cumplan ciertos derechos. Conculcando la condición de sujeto, la victimización de los afectados (verdadera segunda masacre perpetrada contra su dignidad) no hace sino colocar la condición de sujeto en el Estado y en sus representantes, gubernamentales o no»[3].

La mirada de Botero nos permite ampliar nuestro horizonte de interpretación sobre el fenómeno, coincidiendo que la victimización sostenida en el tiempo puede contribuir a menoscabar la subjetividad delindividuo, y en cierto sentido, puede constituir en sí misma una herramienta de opresión.
Por su parte, en una conferencia dictada hace unos años en la Facultad de Humanidades y Artes de Rosario sobre la noción de justicia, Alain Badiou se interrogaba respecto a ¿quién es la víctima? El académico sostuvo en aquella oportunidad que «….estamos obligados a admitir que la idea de víctima supone una visión política de la situación; en otras palabras, es desde el interior de una política que se decide quién es verdaderamente la víctima: en toda la historia del mundo, políticas diferentes tuvieron víctimas diferentes. Por lo tanto, no podemos partir únicamente de la idea de víctima, porque víctima es un término variable“[4].

Resulta cuanto menos evidente que casi en forma inmediata al cese de hostilidades acaecido el 14 de junio de 1982, cuantiosas producciones mediáticas, académicas y de índole cultural, reprodujeron signos manifiestos del dispositivo victimizante en relación al universo de los veteranos de guerra que participaron del conflicto en calidad de conscriptos. Probablemente tales manifestaciones tuvieran como objetivo coadyuvar a reforzar el carácter despótico, abusivo y cruel de la dictadura cívico – militar.
No obstante ello, a partir de los numerosas indagaciones que hemos impulsado desde la cátedra de Derecho a la Información que se dicta en la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires, de entrevistas a veteranos y familiares, y de investigaciones desarrolladas por el Observatorio Malvinas dependiente de la Universidad Nacional de Lanús, hemos comprobado que, a pesar de los diversos matices que existen en las miradas de quienes participaron en la guerra, la victimización es rechazada por una considerable cantidad de veteranos ya que, según ellos, tal estatus, (el de víctima) no satisface ni contiene sus anhelos ni sus expectativas.
Así, un conglomerado significativamente importante de los entrevistados, consideran que la victimización transmutó su participación en un acontecimiento de alta significación histórica, en una condición de damnificado que los privó de lo esencial: el sentido por el que fueron a luchar y su carácter de protagonistas.

Algunos rechazan además el trillado argumento que sostiene que la derrota en la batalla fuera el hecho primordial que determinara el retorno a la democracia, ya que la restauración del sistema democrático sostienen, se debió fundamentalmente a la lucha popular entablada contra la dictadura

En aquellos países que como el nuestro carecen de un ethos guerrero, un episodio bélico constituye un acontecimiento excepcionalmente traumático.
Cabe interrogarse, entonces, si la victimización que recayó sobre nuestros veteranos constituyó un mecanismo eficaz y duradero para elaborar el trauma colectivo que generó la guerra, y muy especialmente, si constituyó un remedio eficaz para que argentinos que participaron directamente en las hostilidades procesaran su llaga.

A casi treinta años de la guerra, como hemos asegurado en alguna ocasión[5], la tentativa de reducir a nuestros combatientes al papel de simples víctimas, ha constituido una estrategia que en vez de incorporarlos, como merecen, al panteón de la historia, procuró aprisionarlos en la cripta del olvido. Pero más grave aún, su victimización ha intentado menoscabar al país todo, ya que una comunidad que noes capaz deenaltecer la dimensión sacrificial de sus integrantes, mal puede transitar con dignidad los senderos de su propio futuro.

Toda sociedad que se precie de democrática debe aspirar a contener las expectativas de cada uno de sus componentes, y por tanto, al momento de formular proposiciones y diseñar políticas tendientes para superar un evento traumático, debe necesariamente tenerse en cuenta dichas expectativas. Entiendo que la democracia argentina posee una deuda con los combatientes ya que a 30 años sus anhelos no han sido del todo verificados aún.

Afortunadamente el pueblo sin prisa pero sin pausa ha comenzado a devolver la subjetividad a nuestros combatientes.
Mientras la victimización de nuestros soldados fue impulsada de “arriba hacia abajo” la recuperación de su subjetividad se está operando “desde abajo hacia arriba” ya que en cada ciudad, en cada pueblo de la argentina por más pequeño que este sea, hay una callecita, una plazoleta, un recordatorio o un adoratorio en conmemoración a sus héroes y a la causa por la que batallaron. Y como enseña Rodolfo Kusch “Cuando un pueblo crea sus adoratorios, traza en cierto modo en el ídolo, en la piedra, en el llano o en el cerro su itinerario interior. La fe se explícita como adoratorio y deja en éste una especie de residuo. Es como si fijara exteriormente la eternidad que el pueblo encontró en su propia alma.»

De esta forma desde pequeños y humildes recordatorios hasta los más significativos monumentos pueblan día a día el país, como advertencia silenciosa respecto a una herida abierta que nos viene desde el fondo de la Historia.

Malvinas sigue siendo hoy aquella “hermanita perdida” con la que Atahualpa Yupanqui anhelaba un pronto reencuentro.

Pero esa hermanita ya no está sola.

Desde el 14 de junio de 1982 se encuentra entrañablemente custodiada por 649 quijotes que aún esperan ligarse definitivamente con un pueblo que, efectivamente, los recuerda con reverencia y devoción, no como víctimas, sino como verdaderos protagonistas.

[1]Diccionario de la Real Academia Española. Edición 1977.
[2]Botero Toro Eduardo: «Víctima, memoria, subjetividad y pensamiento»
http://boterotoro.blogsome.com/2006/03/02/de-historias-de-enredos-y-de-mitos/
[3]Botero Toro Eduardo: Queja y elaboración: dos caminos posibles para la memoria. http://masalladelprincipiodeldivan.blogspot.com/2011/01/queja-y-elaboracion-dos-caminos.html
[4] Badiou Alain: Conferencia ofrecida el 2 de junio de 2004 en el Salón de Actos de la Facultad de Humanidades y Artes de Rosario.
[5]Pestanha, Francisco José: “Otra mirada sobre Malvinas”. Malvinas la otra mirada. Editorial Corporación Buenos Aires Sur. 2008.

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