Propósito de la corriente revisionista.Por Pacho O´ Donnell

A estas alturas de la ardorosa polémica despertada por la oficialización del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego, que ha ocupado medios escritos, radiales y televisivos, las palabras han ido enredándose y perdiendo filo, por lo que será útil apelar a acciones que explicarán mejor el sentido y propósito de nuestra corriente, como es el caso de la reivindicación que la provincia de Córdoba ha hecho de su caudillo y gobernador Juan Bautista Bustos.

Antes, debo aclarar que los revisionistas celebramos el debate; es ése el mayor de nuestros propósitos, además de la investigación, producción y divulgación historiográfica, aunque es de lamentar que en algunos casos la comprensible disidencia haya dado paso a una injustificable agresión hacia mi persona, insistiendo machacona y quizá concertadamente en mi “pecado” de haber pasado en 1989, ¡hace 22 años!, del radicalismo al peronismo y haber desarrollado desde entonces una intensa carrera en sus filas: senador nacional, secretario de Estado con rango de ministro, diputado porteño, embajador dos veces.

Es una trayectoria de la que me enorgullezco. Y hoy apoyo la gestión de la presidenta Cristina de Kirchner sin ocupar ningún cargo rentado en el gobierno nacional, lo que no pueden ostentar nuestros críticos, solventados por becas, empleos, cátedras, subsidios, a costa del erario público, aunque seguramente merecidos.

En su último acto de gobierno, el ex gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, me invitó a ser el único orador de la inauguración del imponente nuevo Centro Cívico cordobés, al que se le impuso el nombre de Juan Bautista Bustos. En su frente, pocas semanas antes se había erigido un bello monumento ecuestre a su memoria.

La invitación fue en plena conflagración dialéctica, por lo que sentí el convite como una manifestación de solidaridad, entre otras muchas e importantes que he recibido en lo personal y que hemos recibido en el Instituto.

¿Quién fue Bustos? Fue un gran caudillo federal de gran predicamento entre el paisanaje, cuyos intereses representó ante el despotismo porteño. Héroe de la Independencia, jefe de Estado Mayor en el ejército de Belgrano; primer gobernador de Córdoba, desempeñó una meritoria gestión, sobre todo en el área educativa; convocó a un Congreso Constitucional federalista, que fue abortado por el saboteo de Buenos Aires. Fue desplazado de su cargo por su coterráneo, el unitario José María Paz, a quien luego enfrentó en el combate de La Tablada, formando en las filas de Facundo Quiroga, donde recibió heridas que le causarían la muerte.

Como fue el destino inevitable de los caudillos federales, los grandes derrotados en las guerras civiles del siglo XIX, Bustos fue postergado en la historia oficial.

El propósito, que De la Sota ha tomado como propio, es trasladar los restos del caudillo y gobernador, recientemente repatriados de Santa Fe, al atrio de la bella catedral cordobesa. Falta que el ADN confirme definitivamente que esos restos mortales le pertenecen.

Tendríamos entonces en los hechos un ideal de nuestra corriente, que no se propone desplazar a ninguna otra: compartirían el atrio catedralicio el mausoleo del Deán Funes, prócer de Mayo de ideas conservadoras y filohispánicas; el del “Manco” Paz, autor de las mejores memorias de la historia argentina y brillante representante del unitarismo provincial, y el de Juan Bautista Bustos, completando así con su federalismo popular el núcleo esencial de la historia cordobesa. Además estarían codo a codo, como señal de reconciliación, Bustos y el responsable de su muerte.

Eso es la metáfora de lo que los representantes y adherentes a la historia nacional, popular y federal ambicionamos: que se nos deje ocupar, sin intolerancias, el lugar que nos pertenece desde hace mucho tiempo, desde Alberdi y Saldías, y que finalmente nos ha sido reconocido por el Estado, que no ha hecho más que agregar un Instituto más a la decena existente, con carácter de ad honórem.

© La Nacion

El autor es director del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego

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