EL TELAM DE MARTIN GARCIA. Por Mario Paulella

Dice Mamerto Menapace: " La elminación de los inquietos es el suicidio de las comunidades"...


 
 Télam fue un invento de Juan Perón. Allá por 1945, al ya famoso coronel le preocupó algo que mucho después se conocería como "el relato". Se sostiene que fue don Raúl Scalabrini Ortiz quien sostenía que todo lo que el mundo sabía de China en aquellos años, lo sabía a través de las agencias de noticias británicas; y que todo lo que los chinos sabían del mundo, lo sabían a  través de esas mismas empresas inglesas. Es decir, Telenoticiosa Americana (tal el nombre original de la agencia) nació con la intención de crear la posibilidad que los pueblos de la América Latina (y de la Argentina, desde ya) pudieran generar su propia visión de, valga la redundancia, su propia historia y su propio devenir, sin el filtro de los intereses de las potencias coloniales. Télam nació como un proyecto de soberanía. Con el correr de los años, algunos mucho menos patriotas que Perón encontraron que tenía otros usos.
 
 
 
 
 
 Se convirtió en territorio de operaciones cruzadas de servicios de inteligencia de pelaje variado, de cuadros políticos y militantes de las sucesivas administraciones civiles y cívico-militares y en laberinto de operaciones y operadores de prensa de miles de intereses cruzados. El negocio que alimentaba semejante tráfico sobresaturado era la millonaria pauta publicitaria estatal. 
 
 Como se podrá ver, cuadros políticos, militantes son palabras que los oligopolios mediáticos parecen haber descubierto recientemente en relación a Télam. Más concretamente desde que en octubre de 2010 asumió el segundo "polemico" más famoso del país publicado: Martín García. 
 
 Antes, cuando estos multimedios CONTROLABAN Télam, se ve que esas palabras estaban fuera del Manual de Estilo. Y eso que todavía pasan revista a unos cuantos "periodistas militantes" de la causa oligopólica.
 
 Los números siempre aburren. Para los medios concentrados, decir que en los 14 meses de la gestión García la Agencia Télam, que YA NO ASIGNA pauta publicitaria, incrementó su plantilla de abonados en un 365% es aburrido. No le importa a nadie. Es más divertido hablar de una fiesta pantagruélica que nunca se hizo, del "Eternéstor" y del "periodismo militante". Es más efectivo aplicar un helado en la frente del propio público que debatir la democratización y la federalización de la información.
 
 Porque, en el fondo, Télam se convirtió (a partir de García) en un objetivo estratégico. No sólo por el desarrollo de herramientas para incrementar la oferta periodística de los medios de mediana y baja potencia de todo el país, sino por la visibilización de los mismos frente a sus propios pueblos y sus propias potenciales audiencias. El peso decisivo de una de las más importantes agencias de noticias de habla hispana del mundo, volcado al servicio de la comunicación popular, federal y plural.
 
 Imperdonable.
 
 Ese y no otro ha sido el pecado de Martín García: poner el poder de Télam a disposición de la comunicación democrática, que es el verdadero enemigo de los medios hiperconcentrados de la desinformación que crecieron al calor de las dictaduras y de los negociados. 
 
 Lo demás es cotillón para la gilada. 
 
 Cotillón que se alimentó con la inestimable colaboración de fracciones político/sindicales que, en orden a conservar viejas y redituables quintas y almácigos varios, no vacilan en operar y colaborar voluntariosamente con los medios enemigos del Gobierno al que teóricamente defienden.
 
 Para evaluar con justeza la gestión de Martín García al frente de la Agencia Télam, una misión que le confió el propio Néstor Kirchner, no es inteligente recurrir a Clarín, La Nación, Perfil o los diferentes vectores de los intereses antinacionales, sino, por el contrario, a los miles de comunicadores y pequeños medios de todo el país, esos que se sintieron por primera vez atendidos y escuchados, no por Télam, sino por el Estado Nacional. Esos darán la medida justa de lo que ha significado García al frente de Télam: la certeza sencilla de que, por encima de cualquier interés privado, insolidario y depredador, estaba el Estado para protegerlos y proveerlos, asegurando la aplicación de la Ley de SCA.
 
 Télam de García ha sido eso: el trabajo patriótico para que la ley de SCA deje de ser una abstracción y se convierta en realidad. Así de sencillo.
 
 En realidad, pensándolo bien, los oligopolios enemigos y sus colaboracionistas, también sirven para dar una medida del éxito de la gestión de Martín García. Lo han odiado, vituperado, vilipendiado y calumniado. Lo han atacado hasta la náusea.
 
 Si le han pegado tanto, es que algo bueno ha hecho por la patria y por su pueblo.
 
 
 
Mario Paulela
 
 

			    			
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