EDUARDO DUHALDE, JOVEN HISTORIADOR. Por Enrique manson

UN RENOVADOR DEL REVISIONISMO HISTÓRICO

EDUARDO DUHALDE, JOVEN HISTORIADOR

La desaparición de Eduardo Duhalde nos presenta la figura del luchador por las libertades cívicas, el perseguido por la tiranía cívico-militar, el ejecutor de una política de derechos humanos durante los gobiernos restauradores de 2003 en adelante.

Antes, sin embargo, había sido conocido junto a Rodolfo Ortega Peña, había sido un renovador del revisionismo histórico, al punto de abrir nuevas sendas para su desarrollo y, como no podía ser de otro modo, provocar la resistencia de los sectores más conservadores del Instituto Rosas.

En 1966, con Onganía en la Rosada, apareció el libro Felipe Varela contra el imperio británico de Ortega Peña y Duhalde. No era el primero que se ocupaba del Quijote de los Andes ni de las figuras posteriores a Caseros pero, como dirían los autores, el revisionismo había sido tal vez excesivamente rosista. Dorrego y Facundo, víctimas de los crímenes unitarios y precursores del Restaurador solían ser tenidos en cuenta en artículos y homenajes. No ocurría lo mismo con Varela, el Chacho Peñaloza y López Jordán, quienes no habían sido solidarios con Rosas.

Fermín Chávez había. escrito su Vida de López Jordán en 1957, seguido de José Hernández en 1959 y una Vida del Chacho en 1962, pero en general los autores revisionistas reconocían en estos caudillos la defensa de los valores tradicionalistas,

aunque opacados por la figura omnipresente de Rosas.

La aparición de Ortega Peña y Duhalde, que agregaron a su interés por los caudillos un componente interpretativo original, reavivó el debate interno, y en él, José María Rosa mostró una vez más una buena disposición hacia los recién llegados.

Los nuevos términos del debate historiográfico coincidían con los tiempos políticos. La decadencia del proyecto cesarista de Onganía preanunciaba la revalorización de Perón, su acercamiento con las juventudes rebeldes y la corrida a la izquierda de la política argentina. No es extraño que los viejos fachos, que pensaban desde unos años atrás que “Pepe Rosa se había vuelto comunista”, reaccionaran. Así lo hizo el antiguo amigo y abogado de Pepe, Juan Pablo Oliver.

El veterano historiador publicó un artículo de combate: Rosismo, comunismo y  lopizmo.[1] En las publicaciones sobre la Guerra del Paraguay en Mayoría, y en 1964 en el libro  La guerra del Paraguay y las montoneras argentinas, Rosa había cuestionado la versión mitrista del conflicto de la Triple Alianza.. El artículo de Oliver,  se presentaba como “A propósito de La Guerra Del Paraguay Gran Negocio, de León Pomer”, y era precedido por una toma de distancia de parte de la dirección del medio.[2][3]

Oliver rechazaba la versión según la cual el Paraguay de los López había sido un estado independiente y había desarrollado modernas tecnologías, como el ferrocarril, los altos hornos y una incipiente industria. En realidad se trataba de un “protectorado británico”, que intentaba provocar la secesión argentina y establecer un equilibrio en la Cuenca del Plata de republiquetas de independencia aparente.

Mitre no había hecho otra cosa que luchar frente a una agresión exterior. Para Oliver, la versión antimitrista de la guerra –que había expresado Luis Alberto de Herrera en su lejano La culpa mitrista– se trataba de una táctica de Moscú destinada a desorientar a los patriotas de los países semi coloniales. Tampoco perdonaban sus críticas a su (¿ex?) amigo Pepe Rosa, “distinguido publicista de fanta-historia y patricia prosapia porteña que vengo citando, quien a veces coincide con la realidad”.[4]

En el número siguiente del Boletín  se publicó la respuesta de varios historiadores, pero sobre todo, se informó que José María Rosa había recibido la orden nacional al mérito en grado de Gran Cruz por parte de la embajada del Paraguay. [5]

Ortega Peña y Duhalde publicaron una dura réplica. A ella se sumó Fermín Chávez. Con el encabezamiento de la manda del testamento de Rosas en que dispone “que mi albacea entregue a Su Excelencia, el señor Gran Mariscal, Presidente de la República Paraguaya y Generalísimo de sus Ejércitos, la espada diplomática y militar que me acompañó… por la firmeza y sabiduría con que ha sostenido, y sigue sosteniendo los derechos de su Patria, los autores de Felipe Varela y el imperio, denunciaban como “…un revisionismo mitrista” al artículo de Oliver. “Llama la atención”, afirmaban, “el silencio del crítico con respecto a autores revisionistas que se han preocupado seria y profundamente acerca de la guerra del Paraguay y las montoneras argentinas”.

Estos autores, José María Rosa, Atilio García Mellid, Fermín Chávez, entre otros,  aparecerían “instrumentados en una siniestra conspiración emanada de Moscú”.

Sigue una demoledora crítica que incluye “Los silencios del historiador mitrista”, en la que abundan las citas documentales y la profundidad erudita. Recordando el pasado de Oliver, los autores recuerdan cuando en 1957 colaboraba en la revista Columnas Del Revisionismo Marxista, y se preguntan si entonces “¿Era Oliver un eficiente compañero de ruta… y lo ha olvidado por razones psicoanalíticas, o el complot es imaginario… ?”

El artículo termina con una “Síntesis Para Nacionales”, en la que sostienen la lógica, para el revisionismo, de “defender al Paraguay del Mariscal López”. “Que el Revisionismo Histórico… es y será antimitrista, montonero y prolopizta”. Que “la supuesta táctica de infiltración comunista denunciada por el ‘revisionismo mitrista’ no es sino una argumentación de mala fe”, y que “la reivindicación histórica del Paraguay de López y de la montonera federal han contribuido a un acercamiento fraternal con el Paraguay contemporáneo”, cosa que quedaba demostrada en la condecoración a José María Rosa de que hablaba el Boletín anterior.

Chávez, a su vez, dice haber leído el artículo “de nuestro admirado Juan Pablo Oliver”, y confiesa “que en algún momento lo creí apócrifo”.

Luego lo critica prolija y duramente: “Oliver ha abandonado las categorías de Aristóteles para hacer suyas las de la CIA”.[6]

Destacaba luego la responsabilidad del partido liberal porteño y de sus jerarcas, Mitre y Sarmiento, que hablaban “del gobierno tan anómalo como el de Don Carlos Antonio López” y de la “solución del gran problema argentino”,

de los “intereses comunes entre las provincias del Plata y el Brasil” y que tal solución nos ha de garantizar “contra gobiernos como el de Paraguay”.

Recordaba luego la posición favorable al Paraguay de Don Juan Manuel, y concluía preguntándose: “¿Sería no más don Juan Manuel de Rosas un agente inglés?”

En el número 6, el Boletín “da por finalizada la polémica”, con la última palabra de Oliver.

Las casi 20 páginas del Boletín en las que contestaba, no pudieron ser respondidas por OP/D, como los llama el autor, ni por Fermín Chávez.

Los jóvenes historiadores quedaron sin derecho a réplica, pero se instalaban firmemente en el campo del revisionismo histórico, con la bendición de José María Rosa y Fermín Chávez.

Enrique Manson

3 de abril de 2012


[1] Boletín del Instituto Juan Manuel de Rosas de Investigaciones Históricas, 2ª

época, año II, Nº 4, abril de 1969

[2] “Juan Pablo Oliver pertenece a la primera línea de la promoción fundadora del Instituto

Juan Manuel de Rosas y ocupa hoy un asiento en su comisión directiva En treinta años

ha enseñado la historia argentina en innumerables conferencias y en la cátedra universitaria

y ha publicado artículos y monografías notables. En el que aparece aquí pone sobre el

tapete algunos temas espinosos: qué significó Francisco Solano López en el Paraguay, que

relación tuvo con la causa defendida por Rosas, de quién fue la culpa de la guerra del 65 y

como, por qué, y para qué se entromete ahora en la cuestión la política comunista.

Como el mismo autor manifiesta al final, caben otras interpretaciones lícitas en aspectos

secundarios. Pero hay rosistas que no son marxistas y sin embargo han adoptado posiciones

antagónicas con las tesis principales de éste trabajo. Según una tradición invariable

del Instituto, este Boletín está al servicio de la verdad, grata o dolorosa, oportuna o inoportuna,

y se dispone a acoger cualquier aporte que se haga para esclarecerla”. Ibídem.

[4] Boletín del Instituto Juan Manuel de Rosas de Investigaciones Históricas, 2ª época,

año II, Nº 6, septiembre de 1969. Pág. 32.

[5] Bajo el sugestivo título La condecoración del Paraguay a don José María Rosa es un

poco de todos, se relata el acto al que asistieron, entre otros, Roberto Roth, Ildefonso

Cavagna Martínez, Jorge Taiana, Arturo Jauretche, el comodoro Juan José Güiraldes,

Alberto Contreras y Eduardo Castilla

[6] Boletín del Instituto Juan Manuel de Rosas de Investigaciones Históricas, 2ª época,

año II, Nº 5, mayo de 1969.

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