GOBIERNOS POPULARES, MOVIMIENTO NACIONAL Y CLASES MEDIAS, UN DEBATE PENDIENTE (Primera parte).- . Por Omar Auton

A raíz de manifestaciones callejeras de algunos sectores de la ciudad de Buenos Aires y en menor medida Córdoba y Rosario el año pasado, corrieron ríos de tinta acerca de una supuesta fractura política entre el gobierno nacional y las clases medias, por una parte los partidos de oposición, escuálidos en número e ideas, se abrazaron con desesperación a estas expresiones, intentando encontrar una representación de la que carecen incluso entre los manifestantes, por otra parte los monopolios mediáticos, verdaderos demiurgos de las convocatorias, se afanaron por mostrar un divorcio definitivo y un enfrentamiento entre la “cuarta tiranía” y esta especie de nueva versión del estado llano de la revolución francesa.

No voy a detenerme en analizar las causas de estas expresiones callejeras, cosa que ya se ha hecho en números anteriores de esta revista, sin embargo hay dos conclusiones que no comparto y sobre las cuales quiero detenerme. Una de ellas sostenida por el grupo de intelectuales de conocida filiación antiperonista, cree ver una instancia mas del conflicto “civilización y barbarie”, encarnando los manifestantes los mejores y mas excelsos valores de “La República”, por otra parte desde el campo popular se suele caer en el error de aceptar que la clase media  “in totum”, es gorila, antiperonista o al menos susceptible de ser llevada de las narices a posiciones antinacionales.

Cuando Arturo Jauretche escribió “El Medio Pelo en la Sociedad Argentina” hizo referencia a un sector, que sin formar parte de la oligarquía, hizo suyo su esquema de pensamiento y de valores y que actuó como avanzada  de las fuerzas que derrocaron primero a Yrigoyen y luego a Perón, este pensamiento dio forma a una historia basada en la obra de Mitre, Sarmiento y Rivadavia, y parió las “zonceras” que alimentaron una iconografía escolar y literaria en la que se formaron varias generaciones de argentinos, sin embargo también es cierto que de estos mismos sectores medios surgieron los profesionales, intelectuales, militares, empresarios y hasta sacerdotes, que hicieron la Reforma Universitaria o enfrentaron desde FORJA al colonialismo, cuando aún la clase trabajadora no había dicho presente en nuestra historia.

En primer lugar considero que el peronismo no “es” el campo nacional, sino que constituye la fuerza principal de ese campo y que por lo tanto hay sectores que sin ser peronistas son parte del mismo. El campo nacional como espacio se ha expresado en distintos momentos a través de distintas fuerzas, Rosas, a mi manera de ver, fue su expresión, quizás defensiva, como lo fueron los caudillos y las montoneras federales, lo fueron Felipe Varela y el Chacho ante la defección de Urquiza, la Generación de Paraná (José y Rafael Hernández, Guido Spano, ) y Carlos Pellegrini (aún con sus contradicciones), la juventud socialista de fines del siglo XIX (Ugarte, Ingenieros, Lugones) que terminara expulsada del apéndice portuario de la socialdemocracia europea, lo fue el Yrigoyenismo, FORJA y los neutralistas y el 17 de octubre nace su instancia mas dinámica y vital, el Peronismo.

El naciente peronismo no vaciló en incorporar a forjistas, socialistas y hasta llevó a un radical yrigoyenista como vicepresidente (Hortensio Quijano). En esta enumeración, que reconozco parcial y antojadiza, y aún luego de la irrupción de la clase trabajadora con el peronismo, la clase media ha hecho un aporte fundamental con hombres e ideas, resulta muy peligroso olvidar que nuestro movimiento es una confluencia de hombres de las fuerzas armadas, empresarios, profesionales, comerciantes, el bajo clero y por supuesto con la centralidad que le da ser su columna vertebral, los trabajadores.

De derecha a izquierda se ha mostrado durante décadas la profunda incomprensión por la naturaleza misma de los movimientos nacionales que constituyen, en la Argentina y en todo el mundo, la expresión de los sectores que luchan por la independencia y soberanía frente a los distintos imperialismos. Agobiados por el peso de la importación de ideas, la dependencia cultural suele ser más difícil de romper que la económica, se han empeñado en hablar de “derechas e izquierdas” y de conflictos “de clases” y en endilgar al peronismo su “falta de ideología clara”, solamente por no poder encontrarla en sus manuales de sociología o ciencias políticas europeas.

Hago esta digresión para dejar en claro que el sentido de este artículo es plantear que no es lo mismo clase media que “medio pelo”, que la primera puede ser definida desde elementos económicos, sociales, culturales e históricos, y forma parte en forma natural del campo nacional (aun cuando no lo advierte), mientras que lo segundo es un sector minoritario, una excrecencia de la Argentina oligárquica cuyo ocaso comenzó en 1930 y que su furia o su intolerancia está basada en un deseo de volver a esa arcadia fenecida de las vacas y el empleo vinculado al país agroexportador, antes que a un proyecto a futuro, vive con los ojos en la nuca y son utilizados por los sectores del poder económico como fuerza de choque contra los gobiernos nacionales.

En su monumental “El Medio Pelo en la Sociedad Argentina”, don Arturo Jauretche, cita a Tobías Garzón en su Diccionario de Argentinismos, ahí al referirse al medio pelo se lo define como “Medio pelo es el sector que dentro de la sociedad construye su status sobre una ficción en la que las pautas vigentes son las que corresponden a una situación superior a la suya, que es la que se quiere simular”, el propio autor tratando de aproximar una definición se refiere a “En principio, decir que un individuo o un grupo es de medio pelo implica señalar una posición equívoca en la sociedad; la situación forzada de quién trata de aparentar un status superior al que en realidad posee”(1).

Procesos migratorios y clases medias.-

Nuestro país vivió dos grandes procesos migratorios, entre 1869 y 1914 el aumento de la población en la Argentina se explicaba en un 85% por la llegada de inmigración extranjera, la que se radicó fundamentalmente en los centros urbanos, especialmente en Buenos Aires (entre un 40 y un 50%), sin embargo el proceso de urbanización de la población se debió centralmente a la migración interna de la población rural a las ciudades. Pasó mas de medio siglo entre y uno y otro proceso y las consecuencias fueron ciertamente muy diferentes.

Existen dos fenómenos: a) los que conducen a la formación de las aglomeraciones urbanas y b) los que son una consecuencia de esta misma formación. Entre los primeros es decisiva la presencia del puerto, llave del sistema agroexportador, se convierte en el canal por donde debe pasar toda la producción, comercialización, transporte y financiación de los productos a exportar y como contracara la puerta de ingreso de manufacturas y bienes terminados, importados, en su tránsito hacia las provincias. Todo el aparato administrativo del Estado, pero también las oficinas de las firmas exportadoras, los bancos, compañías de seguros, transportes, se concentran en el puerto, que se transforma además en el gran centro del consumo y el trabajo , los consumos esenciales y también los suntuarios, lo indispensable y el lujo(2). Asimismo la cultura, los teatros, las bibliotecas, los grandes diarios y los centros de formación profesional, la riqueza en tránsito permite la formación de un sector que sin pertenecer a la oligarquía gobernante nace como consecuencia del modelo oligárquico.

Siguiendo a Jauretche, encontramos que, junto a este sector, encontramos otro, que aparece para responder a necesidades emergentes de esta aglomeración urbana, hay que pavimentar calles, establecer teléfonos, alumbrado, energía, aguas corriente y cloacas, construir edificios como los ministerios, universidades, Palacio de Tribunales y el Congreso de la Nación, todos los servicios esenciales de una sociedad moderna.

En este esquema el inmigrante que llega con su oficio de albañil, sastre, zapatero, etc., se encuentra más cómodo en estos centros urbanos que en el campo, donde además, los que provenían de esta actividad en sus patrias, se encuentran con la dificultad del escaso fraccionamiento de la tierra.

Ya por ese entonces, la izquierda colonial, mostraba su línea de pensamiento, y es importante citarla porque será uno de los bastiones del modelo cultural que inficionará el pensamiento de los sectores medios ilustrados desde entonces: “Han llegado un millón y medio de europeos, que, unidos al elemento de origen europeo ya existente, forman hoy la parte activa de la población, la que absorberá poco a poco al viejo elemento criollo incapaz de marchar por sí solo hacia un tipo social superior” esto se publicaba en el primer número de “La Vanguardia”, el 7 de abril de 1894.

Se comenzaba a producir una fractura entre los trabajadores llegados a nuestros puertos y el proletariado criollo o de origen rural, Ramos lo describe así “Rara vez el criollo fue asimilado a la industria en esos años. Se lo empleaba solamente como peón de estancia, resero, domador o jornalero. Era una prohibición tradicional en los ferrocarriles, por ejemplo, el ingreso de argentinos. El personal superior era inglés, el personal subalterno italiano o español…Este método imperialista se derivaba de la necesidad de contar con un personal asociado de alguna manera a la explotación extranjera del país. Si el chacarero italiano miraba con desprecio al “negro” de provincia al que acusaba de holgazán, borracho y pendenciero, el obrero europeo de la Capital Federal era inmediatamente educado por Juan B. Justo y sus discípulos en la abominación de la “política criolla”, la desconfianza hacia el Yrigoyenismo y el desconocimiento del país entero”(3).

Aquí, en la acción de la izquierda antinacional y oligárquica vamos a encontrar, las causas de la fractura en el pensamiento de la nueva clase trabajadora de los centros urbanos, especialmente Buenos Aires y los trabajadores del interior, este divorcio va a marcar a fuego el destino del Partido Socialista y sus derivados, por el desprecio hacia los trabajadores provincianos, su oposición a Yrigoyen , luego a Perón, y su alianza permanente a los intereses imperialistas.

Para que no queden dudas sobre esta afirmación, vamos a ver algunas opiniones de Nicolás Repetto acerca de los trabajadores de los obrajes y el campo: “¿Qué se puede hacer con los peones del campo? Confieso que para mí esta pregunta encierra una de las cuestiones mas difíciles. Lanzarse a hacer propaganda entre los peones de los ingenios y los hachadores de leña, es una obra dificilísima, llena de peligros para los que intentaran realizarla y a la que puede pronosticarse de antemano un resultado negativo. Se trata de gente muy ignorante, envilecida, en una vida casi salvaje, que llegaría después, tal vez, de un ímprobo trabajo de propaganda, a sentir vagamente la explotación de que es víctima, pero incapaz de disipar de su cabeza la idea supersticiosa que atribuye su triste condición a los designios de la fatalidad…”(4). Lla          mado a opinar sobre la política de entonces el Dr. Justo se expresará  así”…A la realización de todo esto no concurre el “lumpenproletariat”, proletariado de andrajos, que constituye actualmente el grueso de la masa electoral argentina” (5), pero quizás nada mas revelador acerca del pensamiento de estos “socialistas” que la opinión de Justo acerca de los latrocinios del imperialismo inglés en Africa, “No nos indignamos demasiado porque los ingleses exterminen algunas tribus de negros en Africa Central, ¿Puede reprocharse a los europeos su penetración en Africa porque se acompaña de crueldades?”(6).

Pero con los contingentes de inmigrantes también llegó otra ideología, el anarquismo, y éstos no le temieron  al “criollaje”, quizás ingenuos o equivocados, se internaron en obrajes, estancias, puertos y protagonizaron las luchas mas heroicas que se recuerdan contra “La Forestal” en el Chaco y Santa Fé, o la Sociedad Rural en la Patagonia, derrotados, asesinados o deportados, quedaba claro que en el peonaje de las provincias subsistía el espíritu rebelde de las viejas patriadas federales y estaban muy lejos de ser el “lumpenproletariat” o tener su cabeza llena de primitivas supersticiones o ignorancia.

Me he detenido en este aspecto porque considero imprescindible bucear en la contribución que esta prédica de la izquierda colonial ha tenido en la conformación del pensamiento de un sector de la clase media en formación,  además con variantes Leninistas, Trotskistas, Maoístas o Guevaristas, se han mantenido hasta nuestros días, porque han abrevado en las mismas fuentes del positivismo europeo y han demostrado la misma incapacidad para comprender la naturaleza semicolonial de nuestra patria, la tarea central de su independencia política y económica, y el carácter revolucionario de los movimientos nacionales.

De la totalidad de esa inmigración el grueso correspondió a italianos y españoles y mientras que los segundos se asentaron fundamentalmente en las zonas urbanas, los que se radicaron en Santa Fé, Entre Ríos y Córdoba, en sus zonas rurales, fueron fundamentalmente italianos dando lugar a la llamada “Pampa gringa”, y mal que les pese a los que sostienen que el problema argentino es que “descendemos de los barcos” y por eso carecemos de identidad nacional, la verdad histórica es que en nuestro país la inmigración se fue mezclando con la población nativa, adoptó sus formas de labor, sus costumbres y hasta su idioma (aunque se lo llamara “cocoliche”).

Volviendo a Jauretche (7), éste cita una frase de Homero Manzi, “La suerte del país estuvo en que el inmigrante, en lugar de proponerse él como arquetipo-y hubiera sido lo lógico y lo esperado por los promotores del progresismo-se propuso como arquetipo, el gaucho”, esto lo comprueba toda la literatura popular de la época, del circo al tablado, lo mismo se trate de actores, autores, payadores y poetas, del “negro Gabino Ezeiza, a Betinoti o Gardel, pasando por los autores de los dramas, de Florencio Sánchez al sainetero, de los folletines de Juan Moreira, Juan Cuello u Hormiga Negra, a los novelones de Radio del Pueblo, y cierra Don Arturo su reflexión con esta frase “…mientras esto ocurría con los inmigrantes, la “clase dirigente “viajaba en busca del arquetipo”.

Una creación del roquismo, la Ley 1420, de educación laica y gratuita fue clave en la incorporación de los hijos de inmigrantes a la comunidad nacional, por eso nuestra patria no conoció los guetos, tan así que si en 1914 la población extranjera superaba el 30% del total, apenas treinta años después solo alcanzaba al 15%, siendo además el 85% restante primera y segunda generación argentina. El inmigrante llegó, se aquerenció, se esforzó por incorporarse a la sociedad local y no fue rechazado, no está allí la causa del divorcio entre los sectores medios y la Política nacional.

Escuela y colonización pedagógica.-

Como hemos visto, a diferencia de otros países, en nuestra patria el inmigrante repitió el fenómeno de la conquista, se mezcló con el nativo y si del conquistador y el indio el resultado fue el criollo, mestizado luego con el negro esclavo liberto, en este caso lo que aparece es un tipo humano que se integra totalmente a la vida nacional, si existen asociaciones de socorros mutuos o las colectividades dan origen al primer sistema de salud a través de sus hospitales (Británico, Italiano, Español, Centro Gallego) no eran exclusivos sino que abrían sus puertas a ciudadanos de todos los orígenes. Como dijimos antes la escuela pública fue el gran instrumento homogeneizador de culturas, pero ¿que se enseñaba?

Aquí me permitiré una transcripción literal de Jorge A. Ramos (8) que por su claridad me eximirá de mayores comentarios, “En las naciones coloniales, despojadas del poder político director y sometidas a las fuerzas de ocupación extranjeras, los problemas de la penetración cultural pueden revestir menos importancia para el imperialismo, puesto que sus privilegios económicos están asegurados por la persuasión de su artillería. La formación de una conciencia nacional en ese tipo de países no encuentra obstáculos, sino que, por el contrario, es estimulada por la simple presencia de la potencia extranjera en el suelo natal…En la medida que la colonización pedagógica-según la feliz expresión de Spranger, un imperialista alemán-no se ha realizado, solo predomina en la colonia el interés económico fundado en la garantía de las armas. Pero en las semi-colonias, que gozan de un status político independiente, decorado por la ficción jurídica, aquella “colonización pedagógica” se revela esencial, pues no dispone de otra fuerza para asegurar la perpetuación del dominio imperialista y ya es sabido que las ideas, en cierto grado de la evolución, se transforman en fuerza material. De este hecho surge la tremenda importancia de un estudio circunstanciado de la cultura argentina o pseudo-argentina, forjada por un signo de dictadura espiritual oligárquica…La cuestión está planteada en los hechos mismos, en la europeización y alienación escandalosa de nuestra literatura, de nuestro pensamiento filosófico, de la crítica histórica, del cuento y del ensayo. Trasciende a todos los dominios del pensamiento y de la creación estética y su expresión es tan general que rechaza la idea de una tendencia efímera”.

Continúa “Es en este sentido que legítimamente puede hablarse de una verdadera devastación espiritual de las nuevas generaciones intelectuales. La juventud universitaria, en particular, ha asimilado los peores rasgos de una cultura antinacional por excelencia. Bajo estas condiciones históricas se formó nuestra élite intelectual, y en esta forma su función es la de ser fideicomisaria de valores transmitidos por sus mandantes europeos”, mas allá de la claridad y contundencia del autor, me permito agregar que la palabra “cipayo” tan usada en las décadas del 60 y 70 para anatematizar a los representantes de esta cultura colonizada, proviene de la India y era el nombre que recibían los regimientos de nativos que entrenados por Inglaterra enfrentaban los intentos independentistas de sus compatriotas, en nuestros países, las estructuras jurídicas son las emergentes de la balcanización de la América hispánica y el abandono del sueño de Bolívar y San Martín. Fracasados en 1806 y 1807 los intentos de transformarnos en colonias del imperio británico por la fuerzas de las armas,  la burguesía comercial del puerto y la aristocracia del latifundio pampeano se transformaron en el instrumento de la dominación política, económica y cultural, para ello se “diseñó” una Historia, una Sociología, que aseguraran esa dominación y la escuela fue el gran centro de transmisión de esa cosmovisión.

Jauretche recordaba que en su infancia el pueblo en que vivió apenas treinta años antes era territorio ranquel, sin embargo las primeras noticias que tuvo acerca de la existencia de indios americanos fue a través de Buffalo Bill, agrega que aprendió una botánica y una zoología que le mostraban el ornitorrinco pero nada de baguales o vacunos guampudos, conocía el Danubio y el Yang-Tse-Kiang pero ignoraba el Salado que nacía en las mismas lagunas donde buscaba, con sus amigos de infancia, nidadas en sus juncales.

Me permito aquí interrogar al lector ¿Tiene una idea clara acerca de lo ocurrido en Guayaquil?, ¿alguna vez se preguntó porque un niño transportado a España a los ocho años, forjado en el ejército español y héroe en la lucha contra el invasor napoleónico, un buen día regresa a su tierra y libera además Chile y Perú?,¿alguna vez le explicaron el efecto que tuvo la negativa de San Martín a posponer el cruce de los Andes y venir con sus tropas a enfrentar a Artigas tal cuál fue la orden de Pueyrredón?

En nuestra infancia y aún en la escuela secundaria ¿Cuántas veces recitó aquello de “llora llora urutaú/ en las ramas del Yatay/ya no existe el Paraguay/ donde nací como tú”, sin preguntarse porque un gran poeta y hombre de letras como Carlos Guido y Spano,( sí, el de “Argentino hasta la muerte”), lamentaba así la tragedia del genocidio de la triple alianza?, o se preguntó ¿Porqué si la guerra empezó supuestamente porque Paraguay entró sin autorización a territorio argentino para enfrentar las fuerzas brasileñas, Mitre en la arenga a sus tropas afirma que harán la guerra “bajo las banderas del libre comercio”?.

En mi época de estudiante secundario, el gobierno de Rosas (a quién el padre de la patria entregó su sable en reconocimiento por la defensa de la soberanía frente al bloqueo anglo-francés) era “la primera tiranía” y nos leían “Las tablas de sangre” de Rivera Indarte, o la “Amalia” de Mármol, contando sus latrocinios,  la Historia Argentina se detenía en 1945, porque allí comenzaba “la segunda tiranía” que se estudiaba en Educación Democrática o Instrucción Cívica, según la época, Perón era “El tirano depuesto” y Peñaloza o Facundo y Felipe Varela eran la “barbarie”, el atraso, ocultando que mientras que el primero pudo en uno de los tantos acuerdos con el ejército de línea de Buenos Aires, entregar todos los prisioneros que había hecho en los distintos enfrentamientos, no recibió ninguno de sus hombre porque las tropas de los ilustrados Mitre y Sarmiento “no hacían prisioneros”, Varela levantaba su bandera de “Por la Unidad Americana” oponiéndose a la destrucción del Paraguay y a la leva forzosa con la que los criollos eran llevados engrillados a morir en los campos de Curupaytí o Estero Bellaco, o Alejandro Heredia pagaba los estudios de Juan Bautista Alberdi.

He aquí entonces un nuevo factor de desnacionalización de los sectores medios, la escuela primaria y secundaria cumplen un papel dual y contradictorio, por una parta “unifican y nacionalizan” a los hijos de inmigrantes, los integran a una misma sociedad y evitan los guetos, por otra parte la instrucción por su falta de contenidos nacionales y locales conduce al desarraigo, insisto con un concepto este desarraigo no proviene del origen inmigrante de una parte de este sector, esta teoría no explicaría por ejemplo como en Estados Unidos o Australia donde el fenómeno de la inmigración fue igual o mayor que aquí, los resultados de su pertenencia y arraigo fueron muy diferentes.

En estos países la inmigración fue absorbida por la fuerza centrípeta de proyectos nacionales fuertes, del destino común que se instaló para esa absorción y la educación reforzó la tarea de construcción de esa Nación. En nuestros países por el contrario todo conducía al desprecio o lo que es peor al desconocimiento de lo propio, de sus orígenes e historia, no hubo proyecto de Nación porque éste había sucumbido junto a los sueños de Bolívar, lo que lo llevó a decir “He arado en el mar”.

La Argentina del Centenario.-

El fracaso del roquismo, fue el fracaso del último intento de la aristocracia provinciana de construir un país, Roca venció al inepto de Mitre y federalizó Buenos Aires, pero a fines del siglo diecinueve en esa capital ya se hablaba por teléfono, trece años después verá circular el primer subterráneo en países de habla hispana y el tercero del mundo, el alambre y el frigorífico habían consolidado la posesión latifundista y extinguido el gaucho. La vieja Argentina moría y la gran aldea se transformaba con el furor del progreso. Cierto es que todo ese progreso había sido logrado en forma simultánea con el control imperialista de los resortes básicos de la economía, la Argentina agroexportadora derramaba la riqueza emergente de la explotación de las tierras mas feraces del planeta, la burguesía comercial, derrotada por las armas treinta años antes, se fusionaba con los intereses provincianos de la región pampeana ganadera y agrícola, sobre los restos informes del viejo roquismo y el mitrismo nace el poder oligárquico que liquida a su manera el conflicto entre Buenos Aires y el interior, “El imperialismo británico y la pampa húmeda habían sido los factores decisivos de esa unidad”(9).

En ese marco de prosperidad los inmigrantes que habían levantado cabeza, fueron amasando riqueza y en algunos casos llegaron a superar a las viejas clases patricias, Jauretche menciona que”…fueron propietarios de casas de renta, preferentemente los italianos, o patrones del alto comercio, preferentemente los españoles. También les pertenecían las industrias…fábricas de rodados de tracción a sangre, confeccionistas, calzados, sombreros, en general productos de elaboración simple y bajo costo…así como industrias complementarias de la actividad agrícola” (10).

Para horror de los sectores oligárquicos, en el Club del Progreso o el Jockey Club, comienzan a aparecer apellidos “no tradicionales”, los Llorente, Ybarra, Lagomarsino, Campomar, Merlini, remplazan con el éxito económico su falta de prosapia, salvo unos pocos (los Dodero, Fortabat, Braun o Menéndez) nunca alcanzarán el reconocimiento social de las clases dominantes.

Sin embargo esta especie de burguesía en ascenso no se amilanó y en seguida estuvo a la altura del sector venido a menos de los sectores tradicionales, sin embargo aquí se produce un tercer fenómeno, capital para comprender el fracaso de conformar una burguesía nacional, volvamos a Don Ernesto “Este conflicto dejó de jugar a medida que los inmigrantes eran sucedidos por sus hijos que asimilaban la estética que los antiguos aportaban a la clase media en formación. Esta nueva clase media se caracterizó por la presencia de los graduados en la universidad que año tras año iba volcando nuevas promociones de profesionales liberales, que con su jerarquía se ubicaban en los mas altos niveles de clase media, y también en la carrera de las armas y en los rangos de la enseñanza, eran rematadores, comisionistas de bolsa o de bienes raíces, periodistas, escritores, artistas, periodistas y otras actividades culturales en que corren disciplinas muy típicas de la época”.

Quizás parezca abusivo consignar párrafos completos de la obra de estos patriotas, sin embargo me parece mas honesto que “piratear” conceptos, tan común en la literatura política actual, sin citar las fuentes, pero además y quizás lo mas importante, porque esta obra gigantesca de los Jauretche, Ramos, Hernández Arregui y tantos otros está a disposición de las nuevas generaciones y aunque en muchos programas escolares y aún universitarios se siga a los epígonos actuales de “la Academia” o sea el pensamiento antinacional, retomar su lectura es clave en la batalla cultural por un pensamiento soberano.

Como vemos, esta clase media o ya tenía los modos culturales y los valores de las clases tradicionales (los “venidos a menos”) o pugnan por ser aceptados en los círculos del poder oligárquico asumiendo esos valores, a veces con el fanatismo que caracteriza a los conversos, fracasa en conformar una burguesía nacional porque también llega tarde, no interpela al modelo agroexportador dependiente, se cobija en él, busca su lugar en él, absorbe el desprecio por la política nacional ( “política criolla”) y por el hombre del interior en la escuela y en las bibliotecas del Partido Socialista, compite con las familias tradicionales por conocer o traer las últimas novedades culturales de Francia o técnicas y económicas de Inglaterra, reniega de su pasado meridional europeo y muchas veces busca a través del casamiento con apellidos con bronce pero sin dinero de las viejas familias patricias la aceptación social. Sin embargo la Ley Sáenz Peña, catapultará al gobierno a estos nuevos argentinos a través del Yrigoye-

nismo, producirá la reforma Universitaria y verá aparecer los primeros nubarrones con la crisis del 30, de eso nos ocuparemos en la segunda parte de este artículo.

Bibliografía.-

1)Arturo Jauretche;”El Medio pelo en la Sociedad Argentina”; Edit. Corregidor, bs. As.; 2010

2) Arturo Jauretche, ob. Cit.

3) Jorge Abelardo Ramos; “Revolución y Contrarrevolución en la Argentina”; T. II y III; Edit. Plus Ultra; Bs As; 1973

4) Nicolás Repetto; “Mi paso por la Política”; Ed Rueda; Bs. As.1956; pág.48

5) Juan B. Justo; “La realización del Socialismo”; Edit. La Vanguardia; Bs. As.; 1947; págs. 170 y sgs.

6) Juan B. Justo; Teoría y Práctica de la Historia”; Ed. Lotito y Barberis; Segunda Edición; Bs. As, 1915; pags. 122 y sgs.

7) Arturo Jauretche; ob. Cit

8) Jorge Abelardo Ramos; “Crisis y Resurrección de la Literatura Argentina”; Edit. Indoamerica; Buenos Aires; 1954

9) Jorge Abelardo Ramos; “Revolución y Contrarrevolución en la Argentina; Edit. Plus Ultra; Buenos Aires; 1973, T II

10)Arturo Jauretche; ob. Cit.

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