Palabras de apertura de Diego Gutiérrez Walker (*) en la presentación del libro: “GUERRA DEL PARAGUAY: LA TRIPLE ALIANZA CONTRA LOS PAÍSES DEL PLATA” de Leonardo Castagnino en la Manzana de las Luces

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Hace exactamente un año presentamos en el Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, la obra de recopilación histórica “Juan Manuel de Rosas. Sombras y verdades” del ingeniero Leonardo Castagnino, cuya presentación estuvo a cargo del editor de la obra, Fabián D´Antonio y el escritor José Luis Muñoz Azpiri (h).

Hoy nos congratulamos en presentar una nueva obra de este infatigable historiador revisionista, relacionada esta vez con la Guerra del Paraguay y la infame triple alianza conformada contra aquella nación.

Como no podía ser de otra manera, esta obra también fue editada por Fabián D´Antonio, osado emprendedor que ha decidido dar batalla contra la sempiterna conspiración del silencio que el revisionismo padece en las grandes ligas editoriales. Ha lanzado su sello editorial, Ediciones Fabro, con una característica que tal vez la distingue de otras valientes editoriales del pensamiento nacionalista, del campo nacional y de la historiografía revisionista. D´Antonio ha decidido publicar, junto a la necesaria reedición de obras de consagrados autores revisionistas como Fermín Chávez o José María Rosa, libros de nuevos autores que de manera incipiente han empezado a incursionar en la ardua batalla por la victoria de la vera historia nacional.

Hoy tenemos el honor de estar acompañados por Alberto Gelly Cantilo, actual presidente del Instituto Rosas, quién será reemplazado próximamente por el constitucionalista Alberto González Arzac. Alberto Gelly Cantilo ha apoyado siempre desde el Instituto toda la prolífica actividad que Leonardo Castagnino viene desarrollando hace unos años. Desde la creación de ese interesantísimo y didáctico portal de internet “La Gazeta Federal”, hasta las diversas actividades relacionadas con las presentaciones de sus obras escritas, Castagnino ha encontrado siempre en Gelly Cantilo un decidido impulsor y un genuino auspiciante.

Además de sus reconocidas capacidades para la docencia y la investigación histórica, el Dr. Gelly Cantilo ha sabido poner de manifiesto y develar, para desmentirlo, uno de los prejuicios que siempre ha padecido el revisionismo histórico en general y el Instituto Rosas en particular. El Instituto Rosas, que siempre ha sido acusado de sectario, oscurantista, reaccionario y otras lindezas por el estilo; fue, como instituto histórico, clausurado y vuelto a abrir innumerables veces; siempre se ha caracterizado, paradójicamente, de abrir sus puertas, no sólo a todas las corrientes del revisionismo histórico, sino también a muchos docentes e investigadores de otras escuelas historiográficas, así como a permitir manifestaciones de todos los matices habidos y por haber en sus históricas publicaciones. Y esto no lo decimos imbuídos por un afeminado canto al pluralismo, o de una tolerancia ingenua que pone en igualdad de condiciones proposiciones naturalmente desiguales, sino porque ese espíritu que podríamos llamar escolástico (o dialéctico, en el sentido tradicional del término) ha caracterizado siempre al revisionismo histórico. Siempre el revisionismo buscó la controversia y la polémica, sea para impugnar o argumentar, para refutar o persuadir. Así lo han sabido expresar Irazusta, Castellani, Palacio, Rosa y tantos otros maestros de la casa.

Y ese espíritu Gelly Cantilo lo ha intentado mantener vivo. Siempre apoyó a todas las expresiones del campo revisionista que se han acercado al instituto. A nadie le midió el “aceite ideológico”, y su afabilidad y don de gente como anfitrión, impulsor y patrocinador de innumerables actividades no tuvo reparos para con nadie. De Mohammed Alí Seineldín a Horacio González, por citar dos ejemplos conocidos, nadie tuvo ningún tipo de cortapisa para expresarse abiertamente. Si alguien no participó en el instituto de alguna actividad fue porque no quiso, porque no quería compartir cartel con algún “fascista”; por no quedar pegado a algún amigo oficialista o algún conocido opositor, para no ser considerado “populista” u “oligárquico” según el caso, etc. Sea por lo que sea, insistimos, nadie que se haya negado a participar de alguna actividad del instituto lo hizo por un impedimento proveniente del Dr. Gelly Cantilo. Las omisiones, los silenciamientos y las galimatías que siempre se puedan generar o decir 0al respecto siempre han venido de afuera del instituto, nunca de adentro. Nos acompaña también hoy, como en aquella oportunidad de la presentación del primer libro de Castagnino, José Luis Muñoz Azpiri (h), académico de Número del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas “Juan Manuel de Rosas”.

Muñoz Azpiri es un escritor de prolífica producción periodística. Estudioso de la antropología nacional y americana, colaborador permanente de publicaciones de divulgación científica en el ámbito nacional e internacional. Su último libro, “Soledad de mis pesares”, es una contribución de inestimable valor para mantener viva la llama del espíritu malvinero en el pueblo argentino.

Polemista de fuste, siempre está presto a desenvainar su pluma para dar batalla, sea contra la desmalvinización cultural o contra las nuevas leyendas negras que intentan borrar de nuestra efeméride nacional los festejos del hispánico 12 de octubre que presidentes como Hipólito Yrigoyen o Juan Domingo Perón supieran enaltecer en su momento.

Como lo constatarán luego, es un orador de una gran enjundia y una pasión por la verdad histórica difícil de encontrar en estos días. Digno heredero de Ramón Doll, nuestro querido Pepe es una especie de arlequín de la vieja “Commedia dell´ arte”, afable y divertido juglar que con sus sarcásticos y punzantes comentarios pone de manifiesto no sólo las falsificaciones y las quiméricas apariencias de los que, por izquierda o por derecha, insisten en mantener actualizadas las consignas de la vieja historia oficial, sino que también sabe zaherir, con indiscutible afecto filial, sobre los clishés y defectos de los que pertenecemos al campo del revisionismo histórico, sea que nos identifiquemos con la corriente nacionalista, la izquierda nacional o el peronismo nacional, zoológico al que a nuestro amigo dice pertenecer…y que lo ha llevado a profundizar sus estudios antropológicos.

Si tenemos que buscar un defecto en él, debemos consignar que encontramos una virtud, su identificación con la verdad histórica es auténtica y muchas veces su afabilidad y su auténtica apertura de espíritu lo hacen convivir y compartir cartel con personas que están más sujetas a utilizar el revisionismo histórico para justificar o denostar situaciones de la coyuntura política actual; almas supérfluas que están para rebajar las grandes verdades que el revisionismo supo descubrir para adecuarlas a consignas publicitarias del momento que mañana estarán tan gastadas como un diario de ayer.

No es la militancia política lo que condenamos, entiéndase bien, es el envilecimiento de las grandes causas que la política con mayúscula debiera hacernos buscar, y para la que la historia verdadera debiera ser una guía para hacernos salir de este laberinto por el que no se encuentra salida ni de la mano de los tirios ni de los troyanos.

Todas estas preocupaciones compartidas y aflicciones comunes, que a muchos de nosotros a veces nos hace bajar la guardia y caer en el desaliento, son el combustible que Muñoz Azpiri utiliza justamente para mantener la voz de alerta y proclamar, pluma en mano, esas necesarias e incómodas verdades que con frecuencia nosotros no queremos oír o leer.

Leonardo Castagnino, el autor de la obra que hoy presentamos, es un auténtico militante de nuestra verdadera historia patria. Y decimos auténtico militante porque sabemos que esa expresión también ha sido devaluada en los últimos años por los unos y los otros. Nuestro autor milita por una causa justa que lo trasciende, deja muchas horas diarias de su esforzado trabajo y del calor de su hogar familiar para mantener actualizada una página de internet llamada “La Gazeta Federal”, compendio historiográfico, literario y político de lo más granado de la producción revisionista. Ciclópea tarea que ya se está empezando a ver reflejada en sus obras escritas.

Castagnino ha sabido columbrar la importancia estratégica de dar la batalla por la verdad histórica y la reivindicación de la obra de Juan Manuel de Rosas en los campos de la difusión digital.

Cualquiera de nosotros se ha acostumbrado a utilizar una herramienta como el correo electrónico para recibir y retransmitir textos o artículos historiográficos o políticos. Cuando Castagnino envía una nueva nota de su portal a 100 destinatarios, por estipular una cifra arbitraria, con que sólo el 10% de los que lo reciban hagan lo mismo y así sucesivamente, tendremos que en menos de 48 horas ese texto que empezó hacer rodar nuestro autor se ha multiplicado exponencialmente en su difusión. Pensemos asimismo los ingresos diarios que una página como “La Gazeta Federal” tiene y comparémosla con la cantidad de personas que estamos hoy aquí, para vislumbrar la importancia estratégica que esta página tiene para la difusión y promoción del conocimiento de nuestra historia y la obra política de los próceres del federalismo.

Si bien la modernidad arrasó con muchas sanas costumbres, gracias a Dios todavía no ha podido extinguir al libro y su formidable e inigualable forma de transmitir conocimientos. Por eso nos congratulamos con la idea de Leonardo Castagnino de publicar como su segundo libro esta fantástica recopilación de fragmentos historiográficos y literarios que retratan cruda y verazmente la Guerra del Paraguay, con un inteligentísimo criterio de selección bibliográfica que permitió entrelazar con una naturalidad impensada textos de diversos historiadores, cronistas y pensadores de distintas épocas, incluso de algunos que no se identificaron con la causa federal e hispanoamericana.

Y así como dijimos en la oportunidad de la presentación de su primer libro “Juan Manuel de Rosas: Sombras y Verdades” que Castagnino nos proponía , como Virgilio hiciera con el Dante en el purgatorio de la Divina Comedia, un viaje a través de distintos autores que abordaron la vida política de don Juan Manuel; ahora podemos decir que el autor nos propone un viaje al infierno, teniendo en cuenta la tragedia que la crónica que presentamos trata, para que conozcamos las furibundas recensiones que sobre esta guerra hicieran autores conocidos como Ibarguren, Muñoz Azpiri, Rosa, Vasconcellos y otros autores paraguayos e hispanoamericanos que desconocíamos y que descubrimos gracias a la tesonera labor de Castagnino.

Mención especial queremos hacer de la implícita reivindicación a Atilio García Mellid que el autor hace en esta obra, como una forma de desagravio al indigno manto de silencio que cubre la figura de su memoria.

Si ya nos parecía odioso el silenciamiento de grandes autores como Castellani, Nimio de Anquín, Palacio, Hugo Wast y otros porque su fidelidad a verdades inmutables los hace acreedores de cierta censura por esa especie de tribunal de la Inquisición Progresista que dicta las sentencias de lesa ideología, también nos resulta inexplicable la omisión de García Mellid del procerato de cierto neo revisionismo lavado con la asepsia de la corrección política, habida cuenta de su antigua filiación radical y forjista, y su exilio en Montevideo después del derrocamiento de Perón, desde donde escribiera su gran “Proceso al Liberalismo” y su “Proceso a los falsificadores de la Historia del Paraguay”. En fin, contradicciones que nos atrevemos a mostrar, pero que no podemos explicar debido a que la psiquiatría es una actividad que nos es absolutamente ajena.

Valga un agradecimiento especial entonces a Castagnino, por hacer que la eximia mano de Atilio García Mellid nos guíe por este impostergable viaje que debemos emprender para conocer las verdaderas causas de esta trágica guerra en la cuenca del Plata, la más virulenta e ignominiosa que nuestra región conociera en el siglo XIX.

Diego Gutiérrez Walker. Abril de 2011.
(*) (Mienmbro del Inst.de Invest. Hist.Juan Manuel de Rosas)

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