Francisco Clavero

Por Eduardo Rosa

¿Para qué Urquiza ha dado tres batallas?; se pregunta Alberdi, “el otro Alberdi”, el desconocido por sus panegiristas, el desengañado Alberdi de “Grandes y pequeños hombres del Plata”: Caseros, para ganar la presidencia, Cepeda, para ganar una fortuna y Pavón para asegurarla. Se equivocaba nuevamente Alberdi: Ya era riquísimo antes de Caseros, y su actuación en esta batalla no solo aseguró su fortuna, sino que fue en sí un gran negocio. Si lo dudan pregúntenle a Sarmiento que le echaba en cara no su traición a la patria (que para él era irrelevante), sino su voracidad para desplumar a los brasileros. Pero don Juan Bautista no se equivocaba respecto a Pavón. Pavón fue un arreglo para que lo dejasen disfrutar en paz de la fortuna malhabida. ¿Qué dio a cambio de su retirada?. Entregó a los gauchos al degüello sanitario de los nuevos amos.
Y comenzó la matanza civilizadora. Los sanguinarios coroneles de Mitre cazaban gauchos díscolos y los degollaban por consejo y con el aplauso del “maestro” sanjuanino. Sus tierras, si las tenían pasaron a engrosar los dominios de los doctorcitos liberales, hábiles para los papeles y sus mujeres destinadas a los prostíbulos que recreaban a la tropa obligada a tanta barbaridad.
Un Brigadier General, jefe del III ejército con asiento en Cuyo, asqueado e indignado le escribe al mitrista Taboada: ¿Por qué hacer una guerra a muerte, hermanos contra hermanos contraria a la hidalguía de la raza? : No hay objeto, pues la victoria ha sido amplia para los liberales y ¿A qué exterminar a los Federales? . El inocente militar se llamaba Ángel Vicente Peñaloza y le decían “el Chacho”: Lo echaron del ejército.
Peñaloza se dio cuenta que no quedaba otra opción que resistir, triunfar o morir junto al país que amaba.
Y se juntaron en la patriada los sobrevivientes. Uno de ellos fue Felipe Varela, otro, un viejo granadero de San Martín: El Coronel Francisco Clavero.
FRANCISCO CLAVERO
Nació en Mendoza en 1799 y, llevado por el entusiasmo patriótico de sus 15 años se incorpora al ejército que San Martín preparaba en El Plumerillo para libertar Chile. El enamoramiento con su PATRIA le duraría toda la vida. Combate en Chacabuco, Cancha Rayada y Maipú. En Talcahuano, por alertar a los sitiadores patriotas cae prisionero del los españoles, pero consigue escaparse al poco tiempo. Hace, con el General Arenales, la campaña de la sierra, en Perú actuando con bravura en Ica, Huamanga, Huancavélica, Jauja, Tarma, Pasco y en 1826, luego de la rendición de El Callao y la liberación completa del Perú, regresa enfermo a Mendoza.
Tal vez por no querer servir a Rivadavia, Clavero prefiere destinos militares en la frontera con los indios. Hace entonces campañas en la Patagonia (Limay y Neuquén), combate contra los Boroganos y Ranqueles y llega a entender y apreciar a sus adversarios, cuando estos pelean con nobleza, que en algún momento de su vida, como Martín Fierro, buscará refugio de sus perseguidores en las tolderías y en ellas será recibido con respeto.
En 1828 intenta conciliar las posiciones de dos de sus más admirados camaradas: Lavalle y Dorrego, ambos sus superiores cuando combatían en Perú. Aprovechando la disposición de Lavalle, lo acompaña a reunirse con Rosas en el famoso encuentro de la estancia del Pino, donde Lavalle espera que Rosas despierte de la siesta para cebarle mate.
En 1831 ya es capitán, en 1832 es escolta del gobernador Rosas, en 1834 con el grado de sargento mayor es destinado a la frontera con los indios, actuando hasta 1848 en Tapalqué y Bahía Blanca donde combate contre el cacique Yanquetruz y luego Azul, Bragado, Navarro y Guardia de Luján. En 1848 es llamado para integrar la división escolta de Rosas en San Benito de Palermo. Vuelve en 1851 a la frontera de Bahía Blanca, tal vez por que su espíritu inquieto no se hallaba con el boato de las marciales e inevitables paradas militares que el protocolo obligaba. Pero esto dura poco: estalla la guerra con Brasil y se conoce la traición de Urquiza y corre a sumarse a los defensores de la patria, comandando el regimiento de Lanceros Escolta y combate en caseros a las órdenes de un unitario, uno de esos unitarios que, como Chilavert, consideraron que la defensa de su patria era más importante que sus ideas sobre el gobierno: me refiero al Coronel Pedro Díaz.
Luego de Caseros pide la baja, pero Urquiza, que prefería un ejercito de federales no se la da, cambiándole el pedido por un destino en la frontera de indios en Chascomús y Dolores. Pero ya la lucha contra el indio ladrón se había convertido en una lucha de exterminio contra todos los indios. Ya no se cumplían las promesas ni se enviaban las yeguas ni llegaban a las tolderías los médicos para vacunar. Y Clavero no quiso pertenecer a la parte tramposa de una Argentina que aspiraba a ser Europa. Y en 1852, viendo en la rebelión de Hilario Lagos un atisbo de esperanza se incorporó a esa utopía y en San Gregorio, cerca de Samborombón obtiene un triunfo contra los liberales que pretendían separar Buenos Aires de la confederación. Pero fracasa Lagos y el ex rosista pastor Obligado inicia una sangrienta persecución de los “mazorqueros”, tomando preso a Clavero en una pulpería de San Nicolás, siendo posteriormente indultado y destinado nuevamente a la frontera, esta vez en San Rafael (Mendoza).
En 1860 los liberales sanjuaninos, encabezados por Aberastain asesinan al gobernador José Antonio Virasoro, junto a sus amigos y a un hijo que tenía en brazos y se apoderan del gobierno de la provincia. El presidente Derqui comisiona al gobernador de San Luis, Juan Saá para poner orden y este se acompaña con Clavero, En la Riconada del Pocito es vencido Aberastain.(“a lanza seca, según lo describirías Saá, frase que luego pasaría a ser su apelativo) y, prisionero, queda bajo custodia de Clavero – el 12 de enero del 61 se descubre un plan de fuga y Clavero recibe instrucciones de ejecutar a Aberastain. Los diarios liberales no dejan de batir el parche llamándolo asesino y Sarmiento carga la tintas escribiendo una versión imaginaria de la muerte de Aberastain donde lo pinta marchando sin ropa ni calzado, desde Pocito a San Juan, desmintiéndose todo cuando se comprueba que Aberastain es ejecutado pocas horas después de la Batalla y en el mismo sitio de su derrota. Cediendo a las presiones, el gobierno de Paraná ordena su prisión y procesamiento, y anoticiado de esto Saá y Clavero pasan a Chile, aunque en mayo de 1861 un consejo de guerra aprueba su conducta.
1861. Combate en Pavón y se produce la insólita retirada de Urquiza. Nadie comprende que ha pasado: Mitre, derrotado y sin caballería es alcanzado por la frase que se hace célebre: ¡No dispare, general, que hemos ganado!. Los traicionados federales se desbandan desconcertados. Unos esperan que Urquiza se “reponga”, suponiéndolo enfermo, Clavero, tal vez más conocedor de los secretos motivos elige irse a la toldería con sus amigos los indios desde donde pasa a Chile en compañía de Juan Saá. Se desata la matanza de criollos y, no pudiendo ser apresado, Clavero se tomó represalia contra sus hijos pequeños, (el mayor tenía 14 años), que fueron engrillados y encerrados en los calabozos del fuerte de San Rafael. Por eso decide entregarse pero cambia de parecer cuando el Peñaloza levanta su lanza y en 1863. Como bravo, este soldado de 64 años, toma el fuerte y libera a sus hijos. Para evitar su unión con Peñaloza Mitre comisiona al comandante José Manuel Puebla que lo derrota en Algarrobo Grande pudiendo Clavero escapar junto a 40 hombres luego de ser tomado prisionero. No consiguió Clavero unirse al Chacho y el 28 de junio Peñaloza es vencido en “Las Playas”. El Coronel Sandes ejecuta a todos los prisioneros, recibiendo por esa “acción enérgica” la felicitación de Mitre. Posteriormente Clavero es tomado prisionero y conducido a San Juan, a la sazón gobernada por Sarmiento quién no se atreve a juzgarlo por su prestigio como guerrero de la independencia, su inobjetable conducta en el caso Aberastain (pese a las acusaciones periodísticas que el mismo Sanjuanino contribuyó a inflar). Dos años permanece preso en Mendoza. Sarmiento le pasa el caso a Mitre. Dice Sarmiento: “Clavero no es un salteador ni un encubridor ni caudillo ni gaucho malo. Era un viejo veterano de granaderos a caballo de San Martín, que a fuer de antiguo soldado y valiente había llegado a Coronel al servicio de Rosas y la montonera.”.
Clavero desde la cárcel de Mendoza, llevado de un juez a otro, con 66 años, que por entonces se consideraba una edad avanzada queda olvidado en los vericuetos judiciales que nadie se atreve a sentenciar. Anoticiado del ataque español a Chile y Perú, solicita que se lo libere para poner su espada nuevamente al servicio de América pero no le contestan.
En 1867 es trasladado a Buenos Aires y luego internado en el hospital de hombres en calidad de arrestado.
Finalmente el consejo de guerra presidido por Mitre ordena su libertad.
Pero Clavero ya se había escapado del hospital de hombres y se encontraba en Jáchal donde se reunían nuevamente los viejos centinelas de la patria convocados por Felipe Varela para luchar bajo la bandera de la UNIÓN AMERICANA, contra la impopular guerra del Paraguay.
Clavero era una leyenda entre los montoneros. Se lo había dado por muerto y este viejo soldado de San Martín y mentado payador, tomó una noche la guitarra y punteó:
Dicen que Clavero ha muerto
Y en San Juan fuese enterrado
¡No lo lloren a Clavero
Clavero ha resucitado!
Una ola de emocionado respeto recorrió el campamento gaucho.
No se sabe si Clavero llegó a combatir junto a Varela, ya era un hombre muy viejo en 1867. Lo que se sabe es que muere en Buenos Aires el 13 de noviembre de ese año y que se lo entierra en la Recoleta.
Francisco Clavero es uno de esos grandes hombres que hicieron la patria y merecen que lo recordemos con admiración y que su ejemplo de lucha nos señale el camino.
Eduardo Rosa – Agosto del 2004
Bibliografía: Sandro Olaza Pallero, El Coronel Fransico Clavero – Rev. Instituto Juan Manuel de Rosas nº 43
Ortega Peña y Duhalde – Felipe Varela contra el imperio británico
Archivo Histórico de Tucumán: Felipe Varela a través de la documentación del arch.histórico de Tucumán
José María Rosa: La guerra del Paraguay y las montoneras Argentinas

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